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¡ATREVETE A COCINAR!

Estefanía Borge

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Fragmento

Capítulo 1

Sabor, movimiento y buena energía

Através de estas palabras espero poder aportarle a tu vida un testimonio muy poderoso que ha transformado la mía. ¿Y qué cosas serán esas?, te preguntarás… ¿Será tan difícil como parece? Lo único que puedo adelantarte por ahora es que si sigues paso a paso lo que te propondré a continuación, serás testigo de una transformación personal a todo nivel. No te preocupes, nada de lo que encontrarás aquí te parecerá complicado. Lo que espero, cuando termines de leerlo, es que seas consciente de que cambiar sí es posible, que encuentres maneras fáciles y adecuadas para transformar tus hábitos alimentarios ¡y le añadas una buena dosis de diversión a tu vida!

Hace cuatro años di a luz a mi segundo hijo: Salomón. En ese momento, mi cuerpo experimentó cambios a todo nivel: subí de peso muy rápido, mi energía se mantenía en niveles muy bajos, mi ánimo era más bien apagado (sí, aunque no lo creas, jajaja) y, además, tuve que quedarme en cama los primeros tres meses porque el médico no quería que mi bebé corriera ningún riesgo. Recuerdo esa época como el momento que marcó el gran cambio que llegaría a mi vida. La panza apareció a partir del segundo mes, jajaja, ahora me río porque al cuarto mes ¡ya parecía de ocho! Cuando las personas me preguntaban cuántos días faltaban para la llegada de mi hijo respondía con evasivas, incluso al saber que en realidad hasta ahora estaba empezando mi embarazo. La verdad, fueron nueve meses en los que ni mi cuerpo ni mi mente querían esforzarse demasiado.

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Entonces, decidí darme la libertad de escuchar y experimentar sin ningún apuro lo que estaba sucediendo con TODO mi ser. Y es que sí, estaba en embarazo, pasando por muchísimos cambios y por eso me permití absolutamente todo: dormir más de la cuenta, comer lo que me provocara y dejarme llevar por todos mis antojos, no hacer NADA de ejercicio, socializar más bien poco y, en resumen, disfrutar de un estado meditativo durante los nueve meses porque mi cuerpo hormonalmente estaba tan alborotado que preferí tomarlo suave, jajaja. Sin duda, esta época marcó mi vida de una manera muy positiva, y a pesar de todos los cambios que experimenté físicamente y de los altibajos que atravesé con mi estado de ánimo y mi personalidad cambiante, fue un embarazo tranquilo y sin contratiempos, gracias a Dios. Sin duda es a Él a quien agradezco haber llegado a mi vida por muchas razones: especialmente por evidenciar que a través de mi conciencia puedo lograr todo lo que me proponga.

Llegué a pesar treinta kilos de más que después de dar a luz se redujeron a dieciocho. Un día, me miré al espejo y me invadió la inseguridad. Me pregunté: ¿Y ahora? ¿Quién me dará trabajo? Y es que no nos digamos mentiras: soy actriz hace dieciséis años y para nadie es un secreto que esta actividad depende en una gran proporción del estado físico. El mundo del espectáculo exige una competencia y una seguridad en ti misma que solo te brinda la experiencia. Durante todo el proceso caí en la cuenta de algo bien curioso, que tal vez te haya pasado a ti también si has sido mamá dos veces: en mi caso, el primer embarazo fue absolutamente distinto al segundo. Tal vez por la edad y seguro también por el momento de mi vida. Tuve a mi primera hija, Sofía del Mar, muy joven, a los dieciocho años, y te juro que no me dolió ni una muela. La panza me creció al terminar el séptimo mes y me subí tan solo doce kilos; lo que los médicos catalogan como «normal». No me dio ni un solo antojo y estuve más activa de lo acostumbrado. Curioso, ¡pero ajá! Hoy sé que cada momento de la vida es distinto y que todas las experiencias, por diferentes que sean, son absolutamente valiosas e importantes.

La alimentación de mi infancia

Mis papás me criaron en un entorno en el que hacía las cosas que me hacían feliz: jugar, bailar, cocinar, coleccionar stickers, pasar tiempo con mis amigas y estar en familia. Mi mamá me cuenta que era una niña muy activa, que me encantaba jugar en el jardín y regar las matas con la manguera, siempre fui risueña, no me gustaba quedarme quieta y, la verdad, eso no ha cambiado mucho.

En cuanto a la alimentación, recuerdo que desde muy pequeña no podía soportar el sabor de la canela; en cambio amaba el arroz, la carne asada, los helados y, sobre todo, los patacones. En mi casa siempre se cocinaba muy rico y la hora de las comidas era un espacio sagrado para compartir en familia: desde hacer el mercado, hasta cocinar y servir la mesa. Cada una de estas actividades las asumíamos con amor y mucha dedicación. ¿Y te cuento un secreto? Fue mi papá quien me enseñó a «mercar» y mi mamá la que me inspiró a convertirme en una artista en la cocina e inventar nuevas recetas. Hoy no me cabe duda de que la influencia de los papás en ese sentido es vital para crear hábitos alimentarios sanos, y para valorar y disfrutar la comida. En mis redes suelo compartir las recetas que le preparo a mi hijo de cuatro años, y es impresionante la cantidad de alimentos que prueba diariamente y sin peleas.

Y así, desde niña, adopté el hábito de comprar mis alimentos, una actividad que hasta el día de hoy disfruto enormemente, y que me lleva a elegir siempre lo más fresco de las estanterías. Eso sí, llegar a la cocina a organizar el mercado y empezar a crear recetas nuevas es la terapia ideal cuando ando con los nervios de punta o cuando simplemente estoy en esos días en los que solo quiero respirar y ya. Cuando entendí que del alimento dependía mi vida, fue cuando realmente logré cambiar mi manera de pensar y empecé a disfrutar este viaje, una travesía que me ha demostrado que soy solo yo quien decide cómo y para dónde dirijo mi vida, mi salud, mi bienestar y mi estabilidad física y emocional.

Capítulo 2

Los primeros pasos hacia una alimentación consciente

Ya sabes cómo comenzó esta historia pero todavía no conoces el paso a paso. Lo primero que me pregunté al iniciar mi proceso de transformación fue ¿qué es lo primero que debo hacer? Bajar de peso de una manera saludable era la meta, pero ¿cómo lo iba a lograr? Mi consejo es que busques la ayuda de un profesional, una persona que te guíe en el proceso de una manera consciente, responsable y, sobre todo, divertida. Y así apareció en mi vida Francisco Saavedra, un instructor y gran ser humano, quien aceptó entrenarme y enfrentar este reto conmigo: bajar dieciocho kilos de manera correcta, saludable y disciplinada. Durante todo ese tiempo no paré de entrenar. Todos los días iba religiosamente al gimnasio guiada por él y con una alimentación muy específica. Pasaban los días, los meses y las horas, y cada cosa que hacía ahora era diferente. ¿Por qué? Porque ahora me sentía con un reto personal que con el tiempo se transformó en la implementación de hábitos que me hacían sentir fuerte, linda, segura, empoderada y capaz. Y sí, tal vez no consiguiera el papel estelar, pero sí iba a conseguir algo más importante: aumentar mi autoestima y confiar en mí. Y eso, eso no me lo iba a quitar nadie.

Durante el entrenamiento yo obedecía, confiaba y me dejaba llevar. Francisco me decía: «come esto, haz aquello, evita lo uno, consume lo otro…». ¡Uff! Demasiada información que en ese momento no entendía bien pero que aun así ponía en práctica. Esto empezó a generar demasiadas preguntas en mí. La principal era saber para qué debía comer «limpio», un concepto que hoy en día significa todo para mí. La definición es muy sencilla: comer limpio es evitar a toda costa alimentos procesados y refinados, es tener una alimentación rica en frutas, verduras, carbohidratos, proteínas, grasas saludables y tomar mucha agua. Y entender que el proceso no es una dieta, sino una decisión.

Mi entrenador fue sumamente paciente porque yo no paraba de preguntarle todo lo que se me pasaba por la cabeza: para qué servían las pesas, por qué debía aumentar las sesiones de cardio, es decir, el ejercicio cardiovascular, por qué debía ingerir seis comidas al día y no tres, y fueron todos esos cuestionamientos los que me llevaron a emprender este camino que me ha conectado con muchas personas que, como yo, buscan una respuesta. Bueno, pero no voy a seguir «echándote lora», jajaja, más bien te invito a que te contagies de este mundo tan maravilloso que vivimos cuando descubrimos que el poder está en cada uno de nosotros.

A continuación, te invito a pensar en un proyecto, en una meta, en un sueño muy poderoso que tengas en mente en este momento y que evalúes en una escala del 1 al 5 (en la que 1 es el nivel más bajo y 5 el más alto), qué tanto de cada ingrediente le estás añadiendo:

Acabas de conocer el primer paso que siempre doy antes de cualquier cosa y que me ayuda a analizar el estado de las metas que quiero lograr para enriquecer mi vida. En mi caso, a través del alimento, he aprendido todo lo que sé: con mis creaciones culinarias he llegado a sentirme poderosa, he alimentado a los que amo y he logrado darle esa gasolina a mi cuerpo para que se sienta bien y dé lo mejor de él. Te puedo asegurar que todo lo que comes también está directamente relacionado con tus emociones. A partir de mi transformación, mi mente funciona mucho mejor que antes, y es ahora cuando me atrevo a decirte que será la mejor decisión que podrás tomar en tu vida. Transformar mi alimentación también implicó una serie de cambios notorios físicamente. Para empezar, mi piel empezó a lucir radiante y adquirió un aspecto más rozagante, terso y limpio. La celulitis comenzó a disminuir y, por supuesto, mi cuerpo empezó a cambiar gracias a la firmeza que fue adquiriendo poco a poco. Pero aquí no termina todo: mi sistema digestivo empezó a regularse y dejé de sufrir periodos de estreñimiento. Al aumentar las dosis de agua que ingería diariamente, mis riñones empezaron a funcionar mucho mejor. Mi fuerza mental, mi concentración, mi energía vital, la creatividad: todas mejoraron de una manera abrumadora. Y si mi vida no podía ser mejor cuando estaba despierta, al dormir no fue la excepción, jajaja. Empecé a tener periodos prolongados y estables de sueño, y algo en mi interior me llevaba a sentirme y verme más joven. No he vuelto a sufrir un resfriado, mi cuerpo es mucho más resistente a las temporadas de gripa y ahora me siento capaz de alzar a mi hijo por más tiempo del que lo hacía antes. En fin: los cambios han sido muy positivos. Te preguntarás ahora: sí, todo suena maravilloso pero, ¿no sufres aguantando hambre? La buena noticia es que NO. No paso hambre, al revés, como más y durante el día estoy llena de energía. Sin duda, ha valido la pena todo el sacrificio y el tiempo que me ha llevado… ¡y lo que falta, jajaja! Con el tiempo he llegado a la conclusión de que en este mundo las personas felices somos las que sobrevivimos, así que, ¿qué tal si descubres los poderes del alimento y te atreves a ser feliz?

¿Qué les gusta comer a los niños?

El proceso de alimentación con Salomón ha sido fantástico pues él siempre se ha visto involucrado de una manera u otra en la cocina. Tal como mi papá me llevaba al mercado desde pequeña y me mostraba los placeres de la ...