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Mamá, esposa, deportista, influenciadora de vida saludable, conferencista y actriz. Esta cartagenera es una mujer de retos y disciplina que agradece haber tenido treinta kilos de sobrepeso que la hicieron renovar su vida.

“Movimiento, sabor y buena energía”, es su lema. Movimiento, porque no se queda quieta: sale a correr, entrena en el gimnasio, dicta una conferencia, un taller de cocina, prepara a su hijo menor, Salomón, para el colegio y le queda batería suficiente para actuar. Sabor, porque de su papá heredó el gusto por la buena comida, sus antojos la llevaron a experimentar en la cocina y al deseo de cuidarse a investigar sobre la alimentación. Buena energía, porque esa es la clave que la ha llevado a transformarse para ayudar a los demás a crear cambios positivos.

Para que Estefanía Borge, la cartagenera a la que siguen miles de mujeres como referente en salud y deporte, llegara al momento de éxito en el que está hoy —con su propio libro, siendo imagen de marcas nacionales e internacionales y una deportista consagrada— tuvo que pasar por una historia de cambios, rabia e inseguridades.

Ser mamá por segunda vez: un resultado inesperado

“Qué vamos a hacer”, le decía su médico, “esto es preocupante”. Treinta kilos más durante el embarazo, veinte de sobrepeso semanas después del parto; una actriz entrada en los 30 que se llenó de inseguridades al mirarse al espejo. Su carrera fue lo que más la preocupó.

Se miraba al espejo y veía a otra mujer. Sentía rabia y miedo. “No está mal querer hacer cambios físicos. ¿A quién no le gusta verse bien? No nos hemos dado cuenta de que sentirnos bien nos hace vernos mejor”. Como no tenía trabajo, ir al gimnasio se convirtió en su mejor escapatoria. La relajaba, la mantenía ocupada y se sentía más tranquila. Por supuesto, siguiendo el consejo que siempre le dieron y que ella ahora repite constantemente: no dejarse coger del hambre, no comer en la calle, estar siempre preparada.

De entrenamiento en entrenamiento, receta en receta y compartiendo todo su proceso, Estefanía Borge no sólo consiguió la transformación física que buscaba, sino que se consolidó como un ejemplo de cambio. “Gracias a Dios me pasó lo que me pasó. Gracias a Dios me engordé 30 kilos. Sentí miedo, rabia e inseguridad porque los cambios empiezan por ahí”.

Asegura que la disciplina es un compromiso que tiene consigo misma y su objetivo es envejecer sin tener que ir al médico.

“El cartel de la coca”

—Usted tiene una responsabilidad grande porque muchas personas hacen lo que comparte.

—Todo lo que recomiendo y comparto hace parte de mi verdad. Por eso no recomiendo dietas, que la gente se limite o que corten cosas. Doy mi testimonio y pongo mi pellejo para que quienes se atrevan a hacerlo no vean sino un cambio muy positivo.

No planeaba sacar un libro y cree que cuando llegó la oportunidad fue una tarea que Dios puso en su vida. En él no sólo comparte sus exploraciones en la cocina, un laboratorio saludable, sino la historia de la transformación que comenzó con un momento de rabia frente al espejo y terminó en una Estefanía Borge renovada, con un montón de ocupaciones, pero llena de energía para el día a día. “Ahora tengo una segunda carrera: ayudar a transformar vidas”.

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