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El escritor habla de la adaptación teatral de su libro ‘Tratado de culinaria para mujeres tristes’.

Las historias detrás del libro ‘Tratado de culinaria para mujeres tristes’, de Héctor Abad Faciolince, podrían ser material para un buen libreto teatral. El escritor antioqueño recuerda que antes de publicarlo recibió nueve cartas de rechazo de igual número de editoriales, ya que muchas no sabían en qué genero clasificarlo. Fue entonces su exesposa quien lo publicó de “su propio bolsillo”, pero aquella edición se perdió en su totalidad porque, durante una Feria del Libro en Medellín, se cayó el techo encima el estand en el que estaban todas las copias.

“Una editora, Pilar Reyes, de Alfaguara, había comprado el librito y después de que se cayera el techo me dijo que lo quería publicar en una edición comercial... Todo el mundo piensa que a mí me empezaron a conocer o a traducir cuando publiqué ‘El olvido que seremos’, pero este fue en realidad el primer libro mío que tuvo lectores, y sobre todo lectoras” cuenta Abad sobre el ‘Tratado...’.

Ahora el libro llegó al teatro, en una adaptación dirigida por Johan Velandia y protagonizada por Carolina Cuervo, Cecilia Navia, Paula Estrada, Ana María Sánchez y Diana Belmonte que se presenta en el Teatro Nacional Fanny Mikey.

Es un texto que desde el formato de un recetario plantea miradas femeninas muy profundas sobre temas como el luto, las relaciones matrimoniales, la vejez e incluso la soltería. El autor asegura que no pretende decir que entiende a las mujeres, sino que simplemente las sabe escuchar.

“Creo que la literatura muchas veces consiste en tener orejas, en saber oír a la otra persona y, así uno no las entienda, saber de alguna manera reproducir lo que ellas dicen, lo que ellas sienten, lo que ellas cuentan... Digamos que yo lo he hecho muy naturalmente por haber crecido y haber vivido entre tantas mujeres, y siempre me ha interesado mucho lo que ellas dicen”, añade. Abad cuenta que la creación del libro, dedicado a sus hermanas y a su madre, fue cercana al asesinato de su padre (1987). Su familia quedó devastada, pero él no quería ocuparse para nada del hecho.

“De algún modo yo durante muchos años quise olvidar, pero una manera familiar de recuperarnos y de recobrar la alegría era comiendo alrededor de una mesa y hablando de asuntos que tienen que ver con la vida normal o, incluso, con la muerte de alguien no mencionado... Entonces, el libro está dedicado a ellas por eso, porque yo siempre confié en cierta capacidad sanadora tanto de las palabras como del acto amoroso de cocinar y de compartir una comida”, asegura.

La adaptación conserva esa mirada innovadora sobre la soledad y la tristeza, que usualmente se asumen con negatividad. Abad considera que parte de la condición humana es convivir con esas dificultades de la vida. “Más vale enfrentarlo directamente que seguir el consejo tonto de ciertas teorías de autoayuda que niegan el dolor, recetan una mente positiva, dicen que hay que pensar siempre positivamente (...). No nos inventemos un consuelo, sino que estemos tristes a fondo, del todo, porque la tristeza también es un mecanismo de recuperación; así como uno no puedo estar horas y horas feliz, así como no puede tener un orgasmo de horas, así también es imposible estar horas y horas en absoluto sufrimiento; entonces, vivámoslo como una parte de la vida”, afirma.

Esta llegada a la escena de la obra de Abad se da cinco años después de una polémica columna en la que el escritor sostenía que le tenía fobia al teatro, un episodio que Velandia recuerda jocosamente en la obra.

La respuesta del sector teatral a la columna fue fuerte; incluso, el antioqueño recuerda que quien “lo atacó con más furia” fue el director y dramaturgo Fabio Rubiano, con quien justamente hizo una obra semiteatral en la Feria del Libro de Guadalajara del año pasado sobre paz y reconciliación.

“Digamos que esa misma obra fue un ejemplo de reconciliación colombiana en un momento especial del país. Yo creo que todos aprendimos, yo aprendí a no ser tan injusto, a no meter a todo el mundo en el mismo costal, y algunos teatreros aprendieron a entender que, de verdad, a veces el teatro es muy malo, como todo; muchos libros que se publican son malos, muchas novelas son malas, muchos cuadros que se pintan son malos, muchas esculturas que se hacen son malas; también, muchas obras de teatro. Entonces todos, tal vez, debemos ser menos susceptibles los que reciben la crítica y menos feroces los que las hacemos, porque realmente uno se da cuenta de lo duro que mastica solamente cuando se muerde la lengua”, finaliza Abad.

Funciones de la obra

Martes a jueves. Teatro Nacional Fanny Mikey. Calle 71 n.° 10-25, Bogotá. Informes: 795-7457. Boletas: 50.000 pesos. Este martes, a las 6 p. m., Héctor Abad Faciolince participará en un conversatorio con Nicolás Montero y Johan Velandia. La entrada es libre.

YHONATAN LOAIZA GRISALES
Cultura y Entretenimiento@YhoLoaiza

 

 Publicado en El Tiempo:

 
 
 

 

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