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BUEN CAMINO

Juliana Acosta

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Fragmento

Introducción

Amo observar las gaviotas que bordean las costas aleteando fuertemente contra muchas corrientes hasta que encuentran aquella que puede arrastrarlas, y cuando se conectan a ella, dejan de luchar, abren sus alas y se relajan para dejarse llevar. Yo soy igual que las gaviotas con mis procesos de escritura porque siempre voy en búsqueda de mis corrientes, y aunque aleteo en muchos lugares y contra muchas situaciones, no despliego mis alas hasta que no encuentro los vientos favorables para parir mis escritos, y cuando por fin doy con los destinos y con las energías indicados para darles paso a mis letras, me relajo abriendo mis alas mientras me dejo llevar con infinito agrado e inmensa sutileza. A este libro lo arrastraron los vientos del Norte español y se originó como una invitación del mundo espiritual que se manifestó en un sueño en el que una hermosa voz me pedía que leyera algo que había escrito en una pared. Miré en la dirección que me señalaba y en letras negras y grandes decía: ESPAÑA convoca a todos los propagadores de la luz para darse cuenta de que un libro es un árbol. Sonreí cuando terminé de leer y le pregunté a la voz: ¿Voy para España?, y se notaba mi inmensa alegría, sentimiento que me acompañó cuando desperté y recordé el sueño con mucha claridad. Debía regresar a España y entendí intuitivamente la invitación, en especial la parte que decía “que un libro es un árbol”, qué manera tan hermosa la del mundo espiritual de explicarme mi misión, ya que un árbol cobija y ampara a los que buscan su sombra, y mis libros han amparado a las almas que buscan su cobijo. Supe entonces que este libro contaría con el amparo y el padrinazgo de un país que amo con toda mi alma, y aunque mi plan era irme para la isla de Bali con unos amigos para ver si podía encontrar los vientos de mi escritura, mi espíritu es muy obediente y cambié mi destino.

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Volví a España veinte años después de haber sufrido un accidente en Gijón en el que un carro me atropelló y en el que el arcángel Miguel me salvó la vida. Este accidente y mi sorprendente vida con los ángeles los explico en mi libro Ángeles entre nosotros, pero quiero resaltar este hecho porque mi alma no deja cabo suelto y fue por esta razón que la primera parada que hice fue en la estación de trenes de Atocha en Madrid, el mismo lugar al que había llegado herida desde Gijón. Y con la excusa de esperar el tren que me llevaría a Pamplona, aproveché esta sincronía del destino para recoger los restos de mi alma que se quedaron en ese lugar. Porque el alma deja parte de su esencia en los lugares en los que ha tenido algún trauma o evento que la haya impactado. Atocha significaba para mí un gran dolor y, para muchos, la muerte, ya que una bomba estalló en el 2004 matando a muchas personas. Entonces aproveché la espera para respirar hondo mientras le pedía al arcángel Miguel y a su legión de ángeles que recogieran todo mi dolor del pasado, y de paso, limpiaran la energía del lugar. Mientras inhalaba luz y exhalaba más luz, este libro empezó a surgir dándoles paso a las palabras de los ángeles:

Alabada seas Juliana Acosta y bienvenida, España te ama y te recibe con inmensa alegría. Escribe desde el alma, respira, mi niña, te estamos acompañando en este hermoso recorrido y en este proceso de escritura. Sé tú, mi niña, con tus fallas y defectos, con tus virtudes e inmensas fortalezas, has llegado al punto cero, al arribo de tu alma y ella acepta tu humanidad en su plenitud, y te preguntas si puedes cambiar y te decimos que lo haces a cada segundo, que en la manera en que tienes conciencia de tu existencia cambias y te engrandeces, y aunque sientas que te has perdido en antiguos caminos, en caminos de desesperación, tu alma ya recuerda sus momentos para volver a actuar, entonces el poder de tu ego desaparece de manera inmediata. Y nos preguntas qué hacer y te decimos que vivir tu vida en la inmensidad de la luz. Una vez que las almas escuchan sus latidos de amor no regresan a sus estados de soledad y lo tildamos como soledad porque este es el sentimiento que más se asemeja a lo que sienten cuando “pierden” el contacto con la Fuente, pero eso en realidad no se puede hacer porque la Fuente los habita a todos por igual.

Tomé mi tren hacia Pamplona y en medio de mi somnolencia, aún no podía creer que iba de regreso a esa hermosa ciudad en la que estudié noveno semestre de Periodismo en la Universidad de Navarra. Le había pedido a Dios volver a Pamplona con todas las fuerzas de mi alma y ahora que estaba allí de nuevo me sentía como si hubiese saltado a otra realidad paralela a la mía, a la vida de otra Juliana, la del pasado, y ella de alguna manera permanecía en Pamplona. La sentía en cada calle y en cada rincón que hicieron de mi pasado un tiempo inolvidable para mí. Entonces supe que no estaba simplemente regresando a un lugar específico, de algún modo, estaba deshaciendo los pasos de mi pasado, los de la Juliana de hace veinte años, aquella que iba a toda prisa para sus clases, algo tarde como era mi costumbre porque siempre me entretenía admirando el hermoso campus de la Universidad de Navarra y contemplaba a todos los caminantes que iban hacia Santiago de Compostela. Yo siempre corría tras ellos cuando los veía perdidos y les señalaba el puente que conectaba con el camino a Santiago, y mientras ellos seguían su camino, yo continuaba el mío hacia el departamento de Periodismo, maldiciendo mi suerte porque en realidad quería seguir caminando sin parar siguiendo ese camino místico y viviendo mi día a plenitud. Desde esa época supe que debía llegar a Santiago y veinte años después me encontraba a punto de cruzar ese puente para iniciar mi propio camino. Iba a hacer el Camino del Norte, el camino de la costa, conocido como el más antiguo camino a Santiago, bordeando el mar, y lo más importante, no cargaría nada en mis espaldas y viajaría en bus y en trenes para llegar cómodamente. Miré el tan soñado puente que me había servido de referente de una libertad que tanto anhelaba en mi pasado y lo crucé sonriendo mientras extendía los brazos al cielo dándole las gracias a Dios por cumplirme todos los sueños del alma y, aunque era invierno, el cielo tenía un azul espectacular y me acompañaba un sol intenso como si fueran signos de aprobación del mundo espiritual en esta nueva aventura. Pocos pasos me llevaron al final del puente y encontré una gran señal que decía “BUEN CAMINO” en diferentes idiomas y en ese instante supe que este sería el título de mi libro y entendí su contenido. Mientras cruzaba el puente mi alma se manifestó y en cuestión de segundos me pidió que cumpliera mi función por excelencia, la de ser una guía que muestra los caminos de luz para aquellos que estén preparados para recorrer un camino propio, largo e incierto que es el camino de su propia grandeza. Y con la sola acción de cruzar este puente, mi alma me pidió que me enfocara en cada una de nuestras almas y en los desafíos que todos enfrentamos en este maravilloso y complejo camino que denominamos VIDA. No pude hacer nada más, salvo sonreír mientras miraba al cielo, y ese día no había nadie en el puente ni cerca de él, entonces supe que el mundo espiritual había organizado este momento para mí y que aunque no pudiera verlos, estaba rodeada de muchos ángeles que me habían escoltado hasta este punto para que pudiera comprender lo que seguía en mi vida. Cerré los ojos agradeciéndoles a mis libros anteriores por abrirme el camino para que ahora pudiera expresar la voz de mi alma y le di las GRACIAS a Dios por haberme dado el don de escuchar el mundo espiritual. También les di las gracias a los ángeles por todas sus enseñanzas y supe que ahora nos tocaba a mí y a mi alma seguir.

Entonces, queridos lectores, intentaré guiarlos en un hermoso viaje, el viaje hacia su interior, sin más testigos ni testimonios que verifiquen mis palabras, salvo la aprobación de sus corazones. Y como siempre digo, si se siente bien, agradable y conocido, entonces mi verdad se asemeja a lo que su alma recuerda, pero si, por el contrario, no siente empatía con lo que escribo y se siente incómodo, entonces no tiene por qué leer este libro. Nadie está forzado a compartir ninguna verdad ni mucho menos, a dejarse influenciar por las percepciones ajenas. Yo simplemente cumplo con el deber de mi alma y a ella le encanta escribir para compartir sus recuerdos.

A plenitud, vive tu camino a plenitud, a tu propio ritmo y de tu propia manera. Buen camino, mi niña, te esperan rutas certeras, encuentros maravillosos y alegrías inmensas, y te preguntas si tienes derecho a la dicha y te decimos que dicha es tu esencia, que eres un alma alegre y ávida de aventuras y conocimientos que hacen que tus rutas se conviertan en mapas de luz, en ejemplos a seguir y en aventuras por compartir. Sé siempre tú y no mires atrás. Nunca mires hacia atrás porque todas tus decisiones han sido acertadas, aún las que consideras lo opuesto. Y si lo haces, si retomas el ayer podrás comprobar que aquello que te causó dolor te dio la fortaleza para surgir de nuevo, que aquello que te atemorizó te imprimió del carácter necesario para salir adelante y que quienes te hirieron, te revistieron con un amor especial, un amor hacia tu ser porque te mostraron que en tus manos residía el poder de salir adelante, en las de nadie más. Sigue siempre viva y contagia a la humanidad con tu rayo de luz. Sólo sonríe, mi niña, no es más. Te amamos inmensamente.

BUEN CAMINO debería ser la expresión que todos nos dijéramos, unos a otros, porque todos somos peregrinos de nuestras existencias y transitamos el mismo camino de la vida. Es increíble la sabiduría que estas dos palabras contienen ya que envuelven las principales verdades espirituales: todos venimos a transitar nuestro propio camino y deberíamos hacerlo de buena manera. Pero, ¿lo hacemos? ¿Tenemos un buen camino? Y también les pregunto algo: ¿nos deseamos lo mejor en nuestros peregrinajes? ¿O por el contrario, contagiamos a los demás con los miedos que hemos acumulado durante todos los recorridos?

Me tomó veinte años encontrar las maneras de transitar mi propio camino, no sólo a Santiago de Compostela, sino al centro de mi ser. Entonces le agradezco a este libro su petición de existir porque sé que estoy capacitada para guiarlos por un viaje personal, el que su alma quiere emprender y que considero que es el viaje por excelencia: hacia el interior de sus esencias. Y espero que estas páginas les ayuden a recordar aquello que está intrínseco en lo más profundo de su ser, ¡en esa partícula infinita que somos y que nos constituye por igual!

Ahora, imaginen su propio puente para que juntos lo crucemos, porque de manera ideal y simbólica, todos los viajes y grandes momentos deberían empezar en un puente, en una conexión que nos permita pasar de un estado a otro, de un sentimiento a otro, de una emoción a otra, de un destino a otro y de un estado anterior a uno que sea más compatible con nuestras esencias. ¡Los invito a que crucemos ese puente sabiendo que en el camino estaremos siendo guiados por la sabiduría y el amor incondicional de nuestros ángeles!

“El camino de Santiago es entendido como una metáfora de la senda marcada en el firmamento por la Vía Láctea que se dirige hacia el Finis Terrae (el fin de la tierra)”.

Museo das Peregrinacións e de Santiago

“El camino del alma se divide en dos etapas: el arribo a la tierra y el viaje interior”.

Los ángeles.

Primer viaje
Arribo a la Tierra

Capítulo 1
Eternos viajeros

Piensa en todas las etapas que vives antes de emprender un viaje, esas mismas etapas las viven sus almas y su grupo de asesores espirituales. Habla de la experiencia humana como un viaje del alma a este mundo, pero este viaje no ha sido el único que han experimentado y ciertamente no será el último para muchos de ustedes.

Es un viaje, emprenden viajes a diferentes galaxias, universos distantes y vivencias específicas que los harán crecer de acuerdo con sus propios códigos energéticos.

Todos somos viajeros cósmicos, habitantes del espacio y peregrinos del camino de la vida. Todos hemos viajado de un estado a otro, de un plano a otro, de una galaxia a otra, de una estrella a este planeta, de una existencia a otra y de un cuerpo a otro. Y escribo estas palabras después de haber superado mis miedos iniciales y de escuchar las palabras de aliento de los ángeles para que siga escribiendo “mi verdad” y para que “siga compartiendo, cada vez más y con más personas” los recuerdos de mi alma. Porque les confieso algo, muchas de las cosas que sé me las han explicado los ángeles, pero la mayoría de mi sabiduría viene de mis recuerdos. Mi alma recuerda mucho, más de lo que me atrevo a confesar, y lo hace de manera natural, sin sentir traumas ni manifestaciones que se consideran “fuera de lo común”. Al contrario, mi alma es bastante cotidiana, simple y tranquila y cuando se encuentra a plenitud, especialmente en alguno de los viajes que hago “sola”, es decir, acompañada de muchos ángeles; es cuando por fin puedo respirar a plenitud mi existencia y las letras de mis libros aprovechan para surgir. Soy una escritora que escribe sólo cuando se siente libre y plena para ser ella, no la versión que otra persona quiere que sea. Y aprovechando la libertad que he conseguido y la fortaleza que los ángeles me han ayudado a recordar, les quiero contar más de mis recuerdos, sin tener que esperar el consentimiento de los ángeles ni sus mensajes para escribir lo que proviene de mi interior. Para empezar quiero decirles que todos somos eternos viajeros y estamos haciendo un camino sagrado, el de nuestra propia existencia.

Alabada sea tu esencia de amor, mi niña, vive a plenitud cada uno de tus días y brinda en los demás la gracia divina, el poder redentor de una sonrisa y la capacidad de estar siempre presentes en los hermosos procesos de sus existencias. Siempre hemos estado esperando este momento, en el que hagas valer tu poder y seas tú, lumínica, grande e inmensa en sabiduría, mi niña. Enhorabuena que asumas la vocería de tus libros porque en realidad ha sido tu alma la que ha escrito tus obras anteriores y nosotros simplemente te hemos acompañado y respaldado algunos de tus recuerdos. Has definido el eje del libro, son dos viajes, el intergaláctico y el interior, ambos van de la mano y se complementan a la vez y nos preguntas por qué lo hacen y te decimos que se relacionan, el uno no puede existir sin el otro y te decimos que una vez que el alma arriba a la Tierra empieza su propio viaje interior y en este viaje muchos de ustedes se pierden en sus búsquedas, confunden sus arribos y entregan su poder a los demás.

Sigue sonriendo siempre, mi niña, que los caminos te mostrarán los lugares, las personas y las vivencias. Siembra luz y esperanza para todos los que conozcas en el camino. Eres una caminante de la vida. Emprende este hermoso peregrinaje así como tu alma emprendió este hermoso viaje a la Tierra, y lo tildamos de singular porque ha sido un viaje constante, con pausas y recesos, pero con certeros retornos.

Si hay algo que mi alma recuerda es que es una viajera. Siempre ha estado viajando y no piensa dejar de hacerlo. Siempre me encuentro viajando a otros planos, a otros estados y a nuevos destinos que me brindan la luz necesaria para derribar las oscuridades que empañan las visiones de luz que siempre me han acompañado desde que fui creada. ¡Vengo de la luz y hacia la luz me encamino! Y todos lo hacemos. Nuestros viajes comienzan en la luz y en la luz deben terminar. Creo que estoy empezando por el final, pero para mí, ambos destinos son uno solo. Sin embargo, trataré de explicar el recorrido del alma de una manera didáctica para guiarlos en el camino de su propia grandeza. Pero ayuda mucho saber que el principio y el final son los mismos. Venimos y vamos hacia la luz y en el recorrido encontraremos la oscuridad y descubriremos infinidad de matices que harán que nuestros caminos sean meritorios.

Adorada Juliana, tus pensamientos son oportunos y llegan a tiempo porque están viviendo un despertar espiritual y se denomina despertar porque me están recordando, de alguna forma están dejando el oscurantismo atrás y me están recordando. Y te preguntas el porqué de esta demora y te digo que todos los procesos llegan a tiempo, en sus tiempos divinos. Sus primeras encarnaciones significaron un reto de sobrevivencia, luego fue un elixir del existir y ahora son una razón de vivenciar y de recordarme, de encontrar la verdadera grandeza que reside en su interior. Van a tiempo y por eso han encarnado tantas veces, para recordar y entregar sus legados a las almas que son más nuevas en este planeta y lo hacen con inmenso agrado. Tú eres una de ellas, te despides de un planeta que te ha formado mucho y al cual has amado con intensidad y como es tu último recorrido lo haces con amor y con inmenso agrado y por fin emprendes a plenitud el último recorrido, el recorrido al centro de tu ser, tu verdadero peregrinaje. Diles que sus verdaderos viajes son interiores y ahí he estado, estoy y estaré esperándolos. Gracias Juliana Acosta por hacer este esfuerzo, es un esfuerzo precioso que da paso a un legado lumínico para la humanidad. Siempre me has escuchado y has dejado plasmadas tus memorias de maneras que los otros puedan entender. Tus recorridos han sido extensos y tus amores eternos, lo escuchas bien, eternos. Siéntete inmensamente amada porque lo eres, mi niña, por muchos y de muchas maneras. Te amo y alabo tu recorrido por la Tierra y quiero que sepas que siempre has dejado legados de luz y has irradiado estelas de paz.

Tu Padre Celestial. Con amor, vive así cada uno de tus días.

Amén,

El Señor

¿POR QUÉ EMPRENDEMOS EL VIAJE?

Todo viaje empieza con un deseo, con unas ganas inmensas de dejar a un lado lo conocido para embarcarse en un proceso que reta cada una de nuestras capacidades. Y si nos encontramos en un estado reconfortante, de beneplácito y de confort, ¿por qué decidimos dejarlo y emprender un proceso incómodo y, en muchos casos, problemático? Y sé que estas palabras provienen de mi mente, de lo que considero como “incómodo”, pero mientras las escribo soy consciente de que mi alma no siente lo mismo, ni clasifica las experiencias en buenas, malas, trágicas, incómodas o molestas. Para ella son simplemente experiencias y mi alma las recolecta de acuerdo a sus necesidades. Bueno, quiero decirles que todo empezó como un deseo, surgió como un impulso de la Fuente de experimentar más, de expandirse siguiendo las pulsaciones de su propia esencia, ¿pueden creerlo? ¿Pueden llegar a imaginar que la esencia sentía la necesidad de crearnos y de expandirse? Yo sí puedo hacerlo y confieso que ha tomado todo de mí el entenderlo. De hecho, siempre que puedo le pregunto a Dios que por qué nos creó; es mi pregunta más frecuente, pero con el paso de los años y la enseñanza de los ángeles creo que por fin lo he entendido. La esencia simplemente seguía cada una de sus pulsaciones, cada uno de sus instintos por llamarlos de alguna manera, entonces, como no podía traicionar a su misma esencia, se expandió expulsando partículas que lo componían. Cada una de esas partículas constituye nuestras almas.

Partamos por definir lo que realmente somos, somos partículas divinas expulsadas por la ESENCIA en su inmenso deseo de expandirse. ¿Ya lo sienten? ¿Sienten esa conexión con la Fuente? ¿Han podido percibir lo que considero la verdad por excelencia?: ¿que somos ÉL? ¿Que cada una de nuestras chispas divinas o partículas que fueron expulsadas desde su núcleo es ÉL? Cierren sus ojos y pongan sus manos en el pecho y respiren con calma, ¿lo sienten? ¿Pueden acaso imaginar que la Fuente reside en nosotros? O dicho de otra manera, ¿que todos somos ÉL? Yo todavía me asombro de pensar que el plan de Dios es perfecto porque se escondió en el mejor lugar que existe: dentro de cada uno de nosotros. Entonces, partiendo de este principio, todos somos Dios, o dicho de otra manera, Dios se camufla en cada uno de nosotros.

Diles a todos que los habito, soy tú y cada uno de ustedes, ¿entonces por qué me buscan afuera? ¿En dónde creen que habito sino en ustedes? Y te preguntas que por qué los creé y por qué creé todo lo existente y lo que ...