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BIENESTAR TOTAL

Phoebe Lapine  

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Fragmento

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Nota de la autora

ANTES DE EMPEZAR

Mi historial de enfermedades es bastante soso comparado con el de la mayoría de la gente. No tuve epifanías en forma de colapsos corporales, diagnósticos errados u hospitalizaciones. El malestar en mi cuerpo se manifestó como pequeñas señales de advertencia a las que no siempre prestaba atención. No obstante, se fueron acumulando hasta contar la misma historia que seguramente los cincuenta millones de individuos con una enfermedad autoinmune experimentaron en algún momento de su vida. ¿por qué no me siento bien?

En enero de 2015, arranqué una serie anual de publicaciones en mi blog, Feed Me Phoebe, para intentar responder esa pregunta. Inspirada en el libro Objetivo: felicidad, de Gretchen Rubin, diseñé una docena de experimentos breves que me ayudarían a convertirme en la arquitecta de mi propia salud, haciendo un cambio de hábitos a la vez. Y la culminación de dicho proyecto es el libro que ahora tienes en tus manos.

Cualquiera que padezca enfermedades crónicas te dirá que alcanzar el bienestar no implica un proceso necesariamente lineal. Mi aventura con la tiroiditis de Hashimoto comenzó mucho antes de que decidiera emprender este proyecto, pero en lo que respecta a este libro (y para evitar confusiones), he condensado las principales acciones a un año de experimentos, sin que eso deje de corresponder de forma genuina a los altibajos que he vivido.

Buena parte de los desafíos para alcanzar el bienestar —como la desintoxicación de los vicios— tuvieron una duración limitada de una semana o un mes. Otros —como rehabilitar mi columna— se desarrollaron en el transcurso de varios meses. En ocasiones descubrí que había arrancado con una pregunta equivocada. El experimento de la alimentación hormonal sacó a la luz un problema mayor de control de la natalidad; la investigación acerca de la efectividad de los probióticos me hizo profundizar en qué significa verdaderamente limpiarse, y beber la mitad de mi peso corporal en agua me reveló qué tan contaminado está aquello que sale de nuestros grifos.

Aunque traté mi cuerpo como conejillo de Indias, no lo hice a ciegas. Recibí ayuda de un equipo muy calificado de profesionales bajo cuyo cuidado estuve antes de decidir escribir un libro, y cuyas identidades —salvo por la de mi acupunturista, Heidi Lovie— sentí que debía cambiar para honrar el privilegio unilateral de la confidencialidad médico-paciente.

Al final de cada capítulo encontrarás consejos que podrás poner en práctica al instante. Estos “Consejos de una hedonista saludable” aparecen en un orden de menos a más intimidantes —de lo más básico a lo complejo, en progresión lógica—, lo cual te permitirá elegir tu propio camino hacia el bienestar.

Esto me lleva a lo que más ansío decir antes de empezar: no puedo darte una receta perfecta para llevar una vida saludable. Necesitarás hacer tus propias investigaciones para revelar dónde residen tus propios dolores y qué beneficios justificarán el duro esfuerzo de cambiar hábitos muy arraigados. Ahora que estoy al otro lado del proyecto, puedo afirmar con cierta autoridad algo que siempre sospeché: el bienestar es un viaje que empieza desde adentro. Y me siento mucho más fuerte después de haberlo emprendido.

Hay muchísima gente en conflicto con su propio cuerpo que busca soluciones en discursos ajenos. Mi historia tal vez no ofrezca una solución sencilla, pero tengo la esperanza de que, al seguir ciertos pasos, serás capaz de encontrar tu propio equilibrio entre la salud y el hedonismo, el cual será único para ti.

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Prefacio

PASAR DE LA ALIMENTACIÓN DE MODA
A ENCONTRAR EL “EQUILIBRIO”

Enfermarse, mejorar y sentar las bases
de un hedonismo saludable

Siempre había creído que las imperfecciones en la piel eran una consecuencia negativa de la adolescencia y que, al igual que los frenos y los rayitos de colores en el cabello, quedarían atrás cuando terminara la preparatoria. No obstante, apenas un año antes de cumplir los treinta, no se me quitaba aquel sarpullido rosado alrededor de la nariz y la boca.

Era mediados de diciembre, durante aquel invierno que desató el vórtice polar y que obligó a los ha

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