Loading...

BRAZALES DE DUELO (NACIDOS DE LA BRUMA [MISTBORN] 6)

Brandon Sanderson  

0


Fragmento

Título original: The Bands of Mourning (Mistborn 6) 

Traducción: Manuel de los Reyes 

1.ª edición: junio 2017 

© Ediciones B, S. A., 2017 

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España) 

www.edicionesb.com 

ISBN DIGITAL: 978-84-9069-764-1 

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos. 

Contenido Dedicatoria Agradecimientos Prólogo PRIMERA PARTE 1 2 3 4 SEGUNDA PARTE 5 Periódico parte 1 6 7 8 9 Periódico parte 2 10 11 12 13 14 Periódico parte 3 15 16 TERCERA PARTE 17 18 19 20 Periódico parte 4 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 Epílogo Recapitulación Ars arcanum Lista de metales Sobre las tres artes metálicas / Combinaciones Mapa de la cuenca de Elendel y los Áridos del norte / Mapa de La gran ciudad de Nueva Serrán Mapa de la ciudad de Elendel

PARA BEN OLSEN

Quien nunca pierde la paciencia

con el hatajo de escritores chiflados

que tiene por amigos,

y siempre encuentra tiempo para,

a pesar de todo, mejorar nuestros libros.

Agradecimientos

Este libro se publica el mismo año que señala el décimo aniversario de la serie de Nacidos de la Bruma. Habida cuenta de todos los demás proyectos en los que he estado implicado, yo diría que seis libros en diez años es un auténtico logro. Todavía recuerdo los primeros meses en los que me dedicaba a escribir la trilogía con todo mi empeño, esforzándome por generar algo que atestiguara lo que verdaderamente soy capaz de conseguir como autor. Nacidos de la Bruma se ha convertido en una de mis sagas insignia, y espero que este volumen os parezca digno de ingresar en el canon.

Para producir este título, como siempre, ha hecho falta el empeño combinado de numerosas personas. Tenemos las extraordinarias dotes artísticas de Ben McSweeney e Isaac Stewart; a este último pertenecen los mapas y los iconos, mientras que todas las ilustraciones del pasquín son obra de Ben. Ambos contribuyeron en gran medida a ampliar los textos de El Nuevo Ascendiente, además, y la parte que habla de Nicki Savage fue idea exclusiva de Isaac; puesto que la premisa de partida consistía en presentar a Jak alquilando sus servicios, nos propusimos darle una voz distinta a esa entrada. ¡El resultado me parece excelente!

La ilustración de cubierta es obra de Chris McGrath, en los Estados Unidos, y de Sam Green para la edición británica. Ambos artistas llevan mucho tiempo implicados en esta serie, y sus dibujos nunca dejan de superarse a sí mismos. El proceso editorial recayó sobre Moshe Feder, en Tor, mientras que Simon Spanton se encargó de coordinar el proyecto en el Reino Unido para Gollancz. Entre los agentes implicados se cuentan Eddie Schneider, Sam Morgan, Krystyna Lopez, Christa Atkinson y Tae Keller, de Jabberwocky (en los Estados Unidos), todos ellos bajo la asombrosa supervisión de Joshua Bilmes. En el Reino Unido podéis darle las gracias a John Berlyne, de Zeno Agency, un tipo increíble donde los haya que se dejó la piel durante años para conseguir que mis libros penetraran por fin en el mercado británico.

Entre los empleados de Tor Books a los que también me gustaría darles las gracias se cuentan Tom Doherty, Linda Quinton, Marco Palmieri, Karl Gold, Diana Pho, Nathan Weaver y Rafal Gibek. Las labores de corrección recayeron sobre Terry McGarry. El narrador del audiolibro es Michael Kramer, mi profesional favorito... el cual debe de estar ruborizándose en estos precisos instantes, puesto que no le queda más remedio que leer estas líneas en voz alta para todos los que las estéis escuchando. En Macmillan Audio, gracias también a Robert Allen, Samantha Edelson y Mitali Dave.

Controlar la continuidad, realizar observaciones sobre la revisión en general e innumerables labores más recayeron sobre Peter Ahlstrom, el Inmaculado. Otros miembros de mi equipo son Kara Stewart, Karen Ahlstrom y Adam Horne. Y mi encantadora esposa, ni que decir tiene, Emily.

En esta ocasión hemos sido especialmente exigentes con los lectores beta, puesto que el libro no tuvo ocasión de pasar por las manos de nuestro grupo de escritura. Ese equipo lo conforman: Peter Ahlstrom, Alice Arneson, Gary Singer, Eric James Stone, Brian T. Hill, Kristina Kugler, Kim Garrett, Bob Kluttz, Jakob Remick, Karen Ahlstrom, Kalyani Poluri, Ben «¡bieeen, me dedican un libro, mirad lo importante que soy!» Olsen, Lyndsey Luther, Samuel Lund, Bao Pham, Aubree Pham, Megan Kanne, Jory Phillips, Trae Cooper, Christi Jacobsen, Eric Lake e Isaac Stewart. (Por si alguien siente curiosidad, Ben fue uno de los miembros fundadores de mi grupo de escritura original, junto con Dan Wells y Peter Ahlstrom. Informático de profesión y el único de nosotros que no aspiraba a trabajar en el mundo de la edición, durante muchos años ha sido mi amigo y un valioso lector. También fue el que me introdujo en el mundo de la serie de videojuegos de Fallout, dicho queda.) En la comunidad de correctores de pruebas se incluyen la mayoría de los nombres antes mencionados, más Kerry Wilcox, David Behrens, Ian McNatt, Sarah Fletcher, Matt Wiens y Joe Dowswell.

¡Caray, vaya lista! Estas personas son estupendas, y si comparáis mis primeros libros con los últimos, creo que os daréis cuenta de que la contribución de toda esta gente ha sido crucial, no solo para exterminar las erratas, sino para ayudarme también a imprimir un carácter más sólido a la narración en general. Por último, sin embargo, no puedo dejar de daros las gracias a vosotros, los lectores, tanto por acompañarme durante estos diez años como por aceptar tan de buen grado las extrañas ideas que os lanzo. Todavía no hemos cruzado el ecuador de la evolución planeada para Nacidos de la Bruma. No veo el momento de que descubráis todas las sorpresas que aún os depara la serie; en este libro es donde algunos de los misterios comienzan a desvelarse por fin.

¡Que lo disfrutéis!

Prólogo

prologo 

Telsin! —siseó Waxillium mientras salía a hurtadillas de la cabaña de entrenamiento.

Telsin miró atrás de reojo, hizo una mueca y se agazapó un poco más. A sus dieciséis años, la hermana de Waxillium contaba uno más que él. Sus largos cabellos oscuros enmarcaban una nariz de botón y unos labios refinados; un colorido patrón de uves estampadas engalanaba la pechera de su tradicional túnica terrisana. El atuendo siempre parecía quedarle mejor que a él. En Telsin, resultaba elegante. Waxillium, en cambio, se sentía como si le hubieran echado un saco por encima.

—Lárgate, Asinthew —replicó la muchacha mientras seguía rodeando el costado de la cabaña, furtiva.

—Te vas a perder la recitación vespertina.

—No se darán cuenta de que me he ido. Nunca se fijan.

Dentro de la cabaña, el maestro Tellingdwar enumeraba con voz monótona las cualidades que se consideraban virtudes en Terris. Sumisión, docilidad y algo denominado «respetuosa dignidad». Se dirigía a los alumnos más jóvenes; los mayores, como Waxillium y su hermana, en teoría deberían estar meditando.

Telsin apretó el paso y continuó alejándose, atravesando el área forestal de Elendel que se conocía sencillamente como la Aldea. Sobresaltado, Waxillium se apresuró a seguir a su hermana.

—Te vas a meter en un lío —le dijo al llegar a su altura. Juntos, rodearon el tronco de un roble inmenso—. Y conseguirás meterme en otro también a mí.

—¿Qué más da? Además, ¿a qué viene esa obsesión con las reglas?

—No es ninguna obsesión. Lo que pasa es que...

La muchacha se adentró en el bosque. Con un suspiro, Waxillium continuó pisándole los talones, y al cabo se reunieron con otros tres jóvenes terrisanos: dos muchachas y un chico muy alto. Una de ellas, Kwashim, morena y espigada, miró a Waxillium de arriba abajo.

—¿Has venido con él?

—Me ha seguido —se defendió Telsin.

Waxillium le dedicó una sonrisita compungida a Kwashim, primero, y después a Idashwy, la otra muchacha. Esta, además de tener la misma edad que él, poseía unos ojos enormes. Armonía... era preciosa. Idashwy se fijó en cómo la observaba, pestañeó varias veces seguidas y apartó la mirada con una sonrisa recatada en los labios.

—Se chivará de nosotros —dijo Kwashim, provocando que su atención se desviara de la otra muchacha—. Lo sabes.

—No voy a chivarme —le espetó Waxillium.

Kwashim lo fulminó con la mirada.

—Te perderás la clase de esta noche. ¿Quién va a responder a todas las preguntas? El aula estará herrumbrosamente tranquila sin nadie que le haga la pelota al maestro.

Forch, el larguirucho, se había quedado guarecido entre las sombras. Waxillium, que no quería cruzar la mirada con él, se esforzaba por no girar la cabeza en su dirección. «No lo sabe, ¿verdad? ¿Cómo podría saberlo?» Forch era el mayor de todos, pero rara vez abría la boca.

Era nacidoble, al igual que Waxillium, aunque ninguno de los dos utilizaba mucho la alomancia en los últimos tiempos. En la Aldea, lo que se elogiaba era su legado terrisano: su feruquimia. A los de Terris les traía sin cuidado el hecho de que tanto Forch como él fuesen lanzamonedas.

—Venga —dijo Telsin—. Se acabó la discusión. Disponemos de poco tiempo, lo más probable. Si a mi hermano le apetece apuntarse, que lo haga.

La siguieron bajo el dosel del ramaje, con las hojas secas crujiendo bajo sus pies. Con semejante abundancia de vegetación, resultaba sencillo olvidar que uno se encontraba en el corazón de una ciudad gigantesca. El humo no se podía ver ni oler desde allí, y tanto la algarabía de voces como el repicar de los cascos herrados contra el empedrado sonaban distantes. Los terrisanos ponían todo su empeño en mantener esa sección de la ciudad plácida, serena y tranquila.

Waxillium debería estar encantado de vivir aquí.

El quinteto de jóvenes no tardó en llegar a la Cabaña del Sínodo, sede de los ancianos más influyentes de Terris. Por señas, Telsin indicó al grupo que la esperase mientras ella se acercaba corriendo a una ventana en concreto para escuchar. Waxillium se descubrió mirando a su alrededor, nervioso. Anochecía, el bosque comenzaba a poblarse de sombras, pero cualquiera podría aparecer de un momento a otro y descubrirlos.

«No te preocupes tanto», se dijo. Necesitaba formar parte de sus travesuras, como hacía su hermana. Así lo considerarían uno de ellos. ¿O no?

Regueros de sudor corrían por sus mejillas. Kwashim se había apoyado en un árbol a escasa distancia, la viva imagen de la despreocupación, con una mueca burlona cincelada en los labios al percatarse de lo nervioso que estaba. Forch se mantenía en la sombra, sin agazaparse del todo, pero... ¡Herrumbres! Su ausencia de emoción era tan absoluta que se mimetizaba a la perfección con los árboles. Waxillium echó un vistazo de reojo a Idashwy, la de ojos inmensos, y la muchacha apartó la mirada, ruborizándose.

Telsin regresó junto a ellos, furtiva.

—Está ahí dentro.

—Ese es el despacho de nuestra abuela —dijo Waxillium.

—Claro que lo es —replicó Telsin—. Y la llamaron para que acudiera porque se había producido una emergencia. ¿Verdad, Idashwy?

La chica, tan reservada como siempre, asintió en silencio con la cabeza.

—La venerable Vwafendal pasó corriendo por delante de mi sala de meditación.

Kwashim sonrió de oreja a oreja.

—Así que no estará vigilando.

—¿Vigilando el qué? —preguntó Waxillium.

—La Puerta de Estaño —respondió Kwashim—. Podemos salir a la ciudad. ¡Esto va a ser todavía más fácil que de costumbre!

—¿Que de costumbre? —repitió Waxillium, mirando horrorizado primero a Kwashim y luego a su hermana—. ¿Ya habéis hecho esto antes?

—Pues claro —admitió Telsin—. En la Aldea es imposible encontrar un trago decente. Dos calles más adelante, sin embargo, hay dos tabernas buenísimas.

—Eres un forastero —declaró Forch mientras se acercaba. Pronunció las palabras despacio, pausadamente, como si cada una de ellas requiriera una atención especial—. ¿Qué más te da que salgamos? Mírate, pero si

Recibe antes que nadie historias como ésta