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BUSCANDO UN BEBé

Juan Luis Giraldo Moreno

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Fragmento

CAPÍTULO 1
¿Cómo se forma un embarazo?

UN EMBARAZO ES FRUTO DE UNA SECUENCIA de eventos complejos que deben ocurrir de manera sincronizada. Conocer las variables que influyen en este proceso y la forma como estas interactúan es fundamental para que una pareja con dificultad para lograr un embarazo pueda entender lo que esto implica, qué opciones tiene a su alcance y qué puede esperar de ellas. La integridad de los sistemas reproductivos femenino y masculino es una condición necesaria para que se dé una gestación con facilidad. Cualquier alteración en estos afecta de un modo directo las posibilidades de embarazo en cada ciclo menstrual, lo que conocemos como fecundidad. A continuación describiremos la anatomía y el funcionamiento normal de los aparatos reproductivos femenino y masculino, además de los puntos que deben interactuar adecuadamente para que se consiga la gestación de un nuevo ser, tu bebé.

Aparato reproductivo femenino

El aparato reproductivo femenino consta de un componente interno y otro externo. El externo comprende la vulva, los labios mayores y menores y el clítoris. Estos sirven de entrada al sistema reproductor y cumplen funciones importantes como la protección contra posibles infecciones provenientes del ambiente externo, el control de la humedad, la lubricación adecuada para una relación sexual y el desencadenamiento del orgasmo. El aparato reproductivo interno comprende la vagina, el útero, las trompas de Falopio y los ovarios.

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Aparato genital femenino interno

Tracto genital femenino.

Vagina

La vagina es un espacio tubular que se extiende desde la vulva hasta el cuello del útero, conocido como el cérvix uterino. Esta tiene características especiales que permiten que los espermatozoides tengan a su alcance el orificio de ingreso al útero para seguir su camino en búsqueda del óvulo. Por ende es elástica, lo que le permite acomodarse a la longitud y forma del pene, posibilitando una penetración propicia. Además, sus paredes son rugosas con el fin de estimular el glande del pene, y generar así el estímulo más importante para que el hombre logre el orgasmo y finalmente una eyaculación. Estos pliegues sirven de reservorio para que pequeñas cantidades de semen permanezcan en la vagina por un tiempo prolongado, luego de la eyaculación y extracción del pene, permitiendo así que los espermatozoides contenidos en el semen comiencen su trayecto hacia el útero. Por último, la vagina sirve de hogar a millones de bacterias que, sin causar infección, crean un ambiente con un PH adecuado para la sobrevida y el desempeño de los espermatozoides. Hábitos como rasurarse por completo el vello de los labios mayores, el uso de ropa interior de licra, el uso diario de protectores o apósitos genitales “higiénicos” aromatizados, el uso de jabones cosméticos, el exceso de aseo, el uso de pastillas anticonceptivas y/o agentes antibióticos y el uso diario de ropa muy estrecha pueden perturbar el equilibrio de estas bacterias normales de la vagina, desencadenando infecciones y alteraciones del PH vaginal. En teoría, esto podría afectar el desempeño adecuado de los espermatozoides en el aparato genital femenino.

Útero

El útero es el órgano genital femenino encargado de aportar el espacio en el cual el embrión se siembra para convertirse en un feto y completar su desarrollo durante nueve meses. Este tiene tres componentes importantes: la cavidad uterina, la pared uterina y el cuello uterino o cérvix. La cavidad uterina también se conoce como cavidad endometrial, pues el útero en su interior se encuentra completamente cubierto por una capa de tejido esponjoso conocido como endometrio. Este tejido es el equivalente a un terreno preparado y abonado en el cual se siembra una semilla. En este caso la semilla es el embrión y cuando este consigue sembrarse en el endometrio, la gran cantidad de vasos sanguíneos que llegan a esta porción del útero se encargan de permitir su nutrición adecuada. La capa de tejido endometrial crece todos los meses como resultado del estímulo que recibe por vía sanguínea de las hormonas producidas por los óvulos que se desarrollan en el ovario de la mujer, los estrógenos. En caso de que en un ciclo menstrual no logre sembrarse un embrión en el endometrio, las fluctuaciones hormonales del ciclo menstrual femenino causan que esta capa de tejido se desprenda y sea expulsada del útero, lo que se conoce como menstruación. Esta última no es más que la expulsión del tejido endometrial acompañada de sangre proveniente de los abundantes vasos sanguíneos que llegan a la capa más interna del útero.

La pared uterina está compuesta por una gruesa capa de fibras musculares. Su misión es dilatarse a medida que el bebé en su interior crece durante nueve meses, sin que el útero se rompa. Su resistencia es tanta que posibilita que este llegue hasta quinientas veces su tamaño original sin romperse. Una vez culminado el desarrollo prenatal del bebé, las fibras musculares de la pared uterina comienzan a contraerse para impulsar la apertura del cérvix y la salida del bebé por vía vaginal.

El cuello uterino o cérvix es la porción más inferior del útero y el camino de salida y entrada a este. Este protruye en la parte más superior de la vagina. El cérvix es una estructura cilíndrica constituida por un tejido de consistencia firme, atravesado por un estrecho canal que comunica la vagina con la cavidad uterina o endometrial. Sus funciones son múltiples y muy importantes. Algunas glándulas en su recubrimiento interno liberan cantidades importantes de un moco espeso y filante en la época de la ovulación, similar a la clara de un huevo. Este genera en el corazón del cérvix un canal semilíquido a través del cual los espermatozoides depositados en la vagina nadan para ingresar a la cavidad del útero. Paradójicamente, a la vez que sirve de canal para los espermatozoides, tiene criptas y porciones estrechas que ejercen un efecto de selección, permitiendo el paso solo de los espermatozoides con mejor movilidad y evitando que las bacterias que por lo regular viven en la vagina puedan ingresar a través del útero y las trompas de Falopio hasta el interior de la cavidad abdominal, donde pueden ocasionar infecciones importantes. Por último, la consistencia firme del cérvix sirve como el método ideal de oclusión de la salida de la cavidad uterina durante los nueve meses que un bebé se toma para su desarrollo prenatal. Al final del embarazo, una combinación de sustancias bioactivas y de contracciones de la pared uterina causa que el cérvix se dilate y facilite la salida del feto por la vagina.

Trompas de Falopio

Las trompas de Falopio son una parte muy importante del aparato genital femenino. Ellas son unas largas estructuras tubulares que sirven de comunicación entre la cavidad uterina y la región donde se encuentran los ovarios. Sus funciones principales son capturar el óvulo liberado por el ovario, permitir la unión de este con el espermatozoide y transportar el embrión, una vez formado, hasta la cavidad del útero. Su estructura tiene dos porciones, una amplia que captura los óvulos, conocida como fimbria, y una que posibilita el transporte de los espermatozoides, óvulos y/o embriones. La fimbria es una estructura similar a una flor con pétalos evertidos y su superficie es sumamente adherente. Debido a su vecindad con los ovarios y a la laxitud que caracteriza a la trompa de Falopio —lo que le imprime mucha movilidad—, la fimbria tiene un buen chance de capturar el óvulo. Una vez el óvulo está dentro de la trompa, es allí donde se da la unión de este con el espermatozoide, proceso que se conoce como fecundación. La pared de las trompas, compuesta por fibras musculares, tiene un movimiento similar al del intestino (peristaltismo) que le permite transportar el embrión hasta la cavidad del útero, en un recorrido que dura aproximadamente cuatro o cinco días. El ambiente de la trompa de Falopio facilita las condiciones adecuadas para el desarrollo inicial del embrión.

Ovarios

Los ovarios son la fuente de la vida en el cuerpo de la mujer. Es la gónada femenina, siendo los testículos su contraparte masculina. Se entiende por gónada el tejido a partir del cual se producen las células sexuales o reproductivas. En la mujer estas últimas se conocen como óvulos, y en el hombre, espermatozoides. Los ovarios son dos, al igual que las trompas de Falopio, a diferencia del útero y la vagina, que son órganos únicos. Están localizados en el interior de la pelvis femenina en vecindad, mas no adheridos, a las trompas de Falopio. Tienen un tamaño similar al del huevo de una codorniz. Esta compleja estructura tiene dos funciones principales: producir los óvulos para que se pueda formar un embrión y secretar las hormonas sexuales femeninas conocidas como estrógenos y progesterona, que son fundamentales en la generación de los cambios necesarios a nivel del útero para que este pueda recibir al embrión y brindarle un sitio adecuado para su crecimiento y desarrollo. Aunque los ovarios y los testículos tienen el objetivo final común de producir células sexuales, estos funcionan de dos maneras diametralmente opuestas. Desde el momento en que el hombre alcanza su madurez sexual, los testículos comienzan una producción ininterrumpida de espermatozoides. Estos tienen un proceso de maduración de aproximadamente unos ochenta y cinco días desde el momento en que son producidos en el testículo, hasta el momento en que son eyaculados. Por esta razón la población de espermatozoides en el hombre es renovada de manera constante e independiente de la edad se encontrarán millones de espermatozoides recién formados en cada eyaculación masculina. Sorprendentemente, en el ovario se producen nuevos óvulos solo hasta el quinto mes de vida intrauterina. Para ese momento una mujer ha logrado acumular un número aproximado de cinco a seis millones de óvulos en ambos ovarios. De allí en adelante, y sin que se haya determinado la causa exacta de por qué ocurre, empieza un proceso de muerte celular que disminuye el número de óvulos en los ovarios a un aproximado de uno a dos millones en el momento del nacimiento de una niña. Es solo cuando llega la primera menstruación que los ovarios comienzan a liberar un óvulo mensual, lo que posibilita la formación de un embarazo. Sin embargo, para ese momento el proceso de muerte celular en los ovarios, que no descansa en el transcurso de la infancia, ha llevado a que el número de óvulos se haya reducido a 300.000 o 400.000. En resumen, los ovarios, a diferencia de los testículos, nunca producen un óvulo nuevo desde el momento del nacimiento; de ese momento en adelante solo administran una reserva de óvulos presente desde la vida fetal y permiten que se dé en ellos el proceso de maduración y liberación de estas células sexuales.

Aparato reproductivo masculino

A diferencia del aparato reproductivo femenino, el masculino tiene la mayoría de sus órganos fuera de la cavidad pélvica. Este puede dividirse en cuatro partes: el pene, los testículos, los conductos para el transporte de espermatozoides y semen y las glándulas accesorias.

Pene

Tracto genital masculino.

El pene tiene dos funciones primordiales desde el punto de vista reproductivo. La primera es permitir una estructura firme para la penetración de la vagina, durante una relación sexual, y depositar el semen en la parte superior de esta. Para alcanzar esto el pene está formado por dos estructuras llamadas cuerpos cavernosos, con una gran irrigación sanguínea y un material similar a una esponja. En el momento de la excitación sexual, la contracción de algunas fibras musculares ocluyen con facilidad las venas que recogen la irrigación sanguínea del pene, aprovechando la debilidad de las paredes venosas. Sin embargo las arterias, las cuales tienen paredes firmes y difícilmente comprimibles, continúan llevando sangre a los cuerpos cavernosos. Como resultado se da un fenómeno de acumulación de sangre en su tejido esponjoso, ya que entra sangre a ellos pero no sale. Esto se traduce en la erección del pene.

La segunda función del pene es facilitar la obtención del orgasmo con la consecuente eyaculación. Esto sucede gracias a la gran cantidad de terminaciones nerviosas en el glande, que, tal como ocurre a nivel del clítoris, al ser estimuladas desencadenan la sucesión de eventos neurológicos que llevan al orgasmo. Es de anotar que a efectos de lograr un embarazo espontáneo, a diferencia de la mujer, un hombre debe tener orgasmo y eyaculación.

Testículos

Los testículos, la gónada masculina, tienen como función no solo la producción de espermatozoides sino también la secreción de andrógenos, la hormona sexual masculina. Los testículos son dos, y al igual que el pene, se encuentran por fuera del cuerpo, contenidos por el escroto. Esto último tiene un cometido pues el proceso de producción y maduración de los espermatozoides debe darse de manera ideal en unas condiciones con temperaturas de aproximadamente un grado Celsius por debajo de la temperatura corporal normal. Para conseguir esto los testículos no solo están por fuera del cuerpo sino también sometidos a un sistema de circulación sanguínea abundante que simula un mecanismo de refrigeración en el que el agua, al circular por un sistema, recoge y disipa el calor que se produce en este. Es por esta razón que hábitos como el uso de ropa muy estrecha, ocupaciones que dificultan la aireación de la pelvis —como es el caso de los conductores—, o patologías que interfieren con la adecuada circulación sanguínea a nivel testicular —como el varicocele—, pueden potencialmente afectar la producción o maduración apropiada de los espermatozoides.

Conductos seminales

Los conductos a través de los cuales se transportan los espermatozoides y el semen son básicamente tres. El primero de ellos es el epidídimo, estructura ligada al testículo y que simula una manguera enrollada en su polo superior. A este llegan los espermatozoides recién producidos en el testículo y allí sufren un proceso de maduración que les permitirá obtener una mayor movilidad y capacidad de fecundar de manera adecuada el óvulo. El epidídimo se convierte más adelante en un conducto de mayor grosor y con una pared muscular que ayuda a impulsar los espermatozoides en su camino hacia fuera del cuerpo, por los conductos deferentes, que finalmente confluyen en la uretra. Esta última se origina en la vejiga y recorre todo el cuerpo del pene hasta terminar en el glande. La uretra tiene como función principal servir como conducto de evacuación de la orina; sin embargo, en el momento de la eyaculación, es por medio de ella que el semen logra salir del cuerpo.

Glándulas seminales

Las glándulas accesorias del sistema reproductor masculino producen el plasma seminal. Este es el medio líquido en el cual están suspendidos los espermatozoides. Por consiguiente, el semen tiene dos componentes, espermatozoides y plasma seminal. Entre las glándulas accesorias se cuentan la próstata, las vesículas seminales y las glándulas bulbouretrales.

¿Cómo se forma un embarazo paso por paso?

La posibilidad de que se dé un embarazo espontáneo en una pareja, como fruto de una vida sexual periódica, depende de que estén funcionando adecuadamente cuatro aspectos en el cuerpo del hombre y la mujer. Estos puntos fundamentales para la gestación son la actividad normal de los ovarios, que desencadena la liberación oportuna de un óvulo; la presencia de trompas de Falopio sanas y funcionales; un útero con una cavidad receptiva a los embriones y un semen saludable.

La ovulación: liberación adecuada y eficiente de óvulos sanos

Los ovarios son los encargados de dar inicio al proceso de formación de un embarazo. La liberación de los óvulos por los ovarios, conocida como ovulación, es un proceso que ocurre a consecuencia del control hormonal que el cerebro ejerce sobre el ovario. Una hormona es una sustancia producida en alguno de los órganos del cuerpo que estimula una actividad determinada en otro tejido del organismo, al cual llega generalmente por vía sanguínea. En pocas palabras, el ovario es comandado por el cerebro por medio de las hormonas que este produce en dos estructuras llamadas el hipotálamo y la hipófisis.

Desarrollo del óvulo en el ovario.

Los ovarios, como ya mencionamos, contienen un número importante de óvulos que desde la vida fetal están detenidos en su proceso de desarrollo y maduración genética. Estos óvulos están contenidos cada uno en una estructura conocida como folículo, compuesto por una pared celular delgada, con un contenido líquido en el cual se encuentra el óvulo. Las órdenes hormonales cerebrales, principalmente a través de la hormona folículo estimulante (FSH), desencadenan el crecimiento de cerca de 500 a 1.000 óvulos para cada ciclo de la mujer. Estos óvulos son microscópicos, y en un milímetro cabrían aproximadamente entre 8 y 10 de ellos. Sin embargo, el folículo que contiene cada óvulo llega a ser visible en determinado momento de su desarrollo y, por ende, detectable con métodos de diagnóstico como la ecografía. Este grupo de óvulos comienza una carrera desenfrenada por crecer y sobrevivir, marcada por la ley del más fuerte. A medida que el ciclo de la mujer avanza, los óvulos van madurando y los folículos creciendo, pero los más débiles van muriendo. Para la época de la ovulación, a mitad del ciclo de la mujer, de todos los folículos que iniciaron su desarrollo, solo uno sobrevive. Este es llamado el folículo dominante y en su interior contiene un óvulo maduro, listo para ser liberado y para recibir un espermatozoide en su camino de formar una nueva vida.

No se conoce la razón que determina cuál folículo es el predestinado para sobrevivir, pero lo que se sabe es que este fenómeno constituye un proceso de selección natural, en el cual la competencia entre los folículos permite que solo el más fuerte tenga la oportunidad de dar origen a un nuevo ser. Esto aumenta los chances de que se dé un embarazo con un bebé en buenas condiciones y a su vez, desde el punto de vista evolutivo, conlleva un mejoramiento de la especie. El folículo dominante alcanza su tamaño máximo a mitad del ciclo. Para este momento tiene un diámetro aproximado de 20 a 25 mm y está produciendo grandes cantidades de estrógenos, que son las hormonas femeninas por excelencia. El cerebro vuelve a tomar acción en este momento y, al detectar los altos niveles de estrógenos en la sangre, libera una sustancia conocida como hormona luteinizante. Esta última es la encargada de desencadenar los fenómenos que culminan en la ruptura del folículo y por ende en la liberación del óvulo del ovario, la ovulación. El óvulo es expulsado del ovario hacia la región donde se encuentran los extremos adherentes de las trompas de Falopio, el punto más bajo de la pelvis interna femenina. Este espacio se conoce como fondo de saco de Douglas y está en la parte posterior del útero. Las trompas de Falopio son estructuras elongadas de 7 a 10 cm adheridas por un velo muy laxo y amplio a la pared de la pelvis. Esto les da una gran capacidad de movilidad. Además la fimbria, estructura muy adherente en su extremo, y una especie de presión de succión generada por el movimiento de la pared muscular de la trompa permiten que la trompa encuentre el óvulo y lo lleve a su interior. Es en este punto de la trompa, su extremo más alejado del útero, donde el óvulo es encontrado y fecundado por el espermatozoide.

El semen: condiciones adecuadas de cantidad, movilidad y forma de los espermatozoides

Luego de lograda la ovulación es fundamental que se deposite en la vagina un semen en buenas condiciones. El semen tiene muchas variables por analizar que deben cumplir unos parámetros determinados para ser considerado normal. La cantidad de semen depositada en la vagina durante una relación sexual con una eyaculación es de aproximadamente 1.5 a 5 ml. Cada mililitro debe tener más de 15 millones de espermatozoides, al menos 58% vivos y 32% o más deben tener una movilidad que les posibilite un desplazamiento anterior. Además, un 4% o más de los espermatozoides deben tener una forma o morfología normal.

La movilidad es fundamental pues los espermatozoides tienen por delante un largo recorrido hasta encontrar el óvulo. Estos deben atravesar el cuello del útero, que ofrece mucha resistencia a su paso. Luego deben recorrer toda la cavidad uterina en búsqueda de la comunicación con las trompas de Falopio. Una vez la encuentran, ingresan a ellas y comienzan su trayecto final hacia el óvulo que los espera en el extremo más lejano de la trompa. Este largo trayecto para el espermatozoide sería proporcional a una carrera de natación de 35 kilómetros, de allí la importancia de una buena movilidad espermática.

Depósito de semen en la vagina.

Una vez alcanzan el óvulo, los espermatozoides comienzan a liberar algunas sustancias que tienen en su cabeza, acumuladas en una pequeña bolsa conocida como el acrosoma. Estas sustancias se encargan de abrir el camino a través de una coraza semirrígida que rodea el óvulo, la zona pelúcida. Un solo espermatozoide probablemente nunca sería capaz de atravesar este obstáculo solo. Sin embargo, con la acción conjunta de miles de espermatozoides se dan las condiciones para que uno logre llegar hasta el corazón del óvulo y depositar allí su material genético. Es así como se da la formación de un embrión, cuyo código genético es resultado de la combinación de genes aportados por el óvulo y el espermatozoide. Es de anotar que los espermatozoides que ingresan al tracto reproductivo femenino después de una relación sexual pueden sobrevivir allí hasta por un espacio de cinco días.

La salud de las trompas de Falopio: adecuada movilidad, capacidad de captar el óvulo y permeabilidad

Fertilización del óvulo y desarrollo temprano del embrión.

El embrión recién formado comienza su recorrido hacia el útero a través de la trompa de Falopio. Durante los cinco días que se toma para hacerlo va multiplicando sus células de manera exponencial, pasando de tener dos células para el segundo día de formado, a cientos el día en que llega a la cavidad uterina. Este recorrido se da gracias al movimiento rítmico y ondular de la pared muscular de la trompa de Falopio y del recubrimiento interno de esta, conformado por miles de pequeñas vellosidades que generan una especie de corriente en el líquido intratubárico.

En resumen, las trompas de Falopio deben cumplir varias condiciones para facilitar la formación exitosa de un embarazo: tener buena movilidad y una fimbria o extremo adherente en buenas condiciones que les dé un buen chance de encontrar y captar el óvulo una vez este es liberado por el ovario y, además, una buena permeabilidad que permita el tránsito adecuado del espermatozoide y del embrión en su interior.

El útero: una cavidad uterina receptiva para el embrión que debe alojarse en ella

La cavidad del útero debe estar preparada con antelación para la llegada del embrión. Toda su superficie está recubierta por un tejido esponjoso conocido como el endometrio, como ya se había mencionado. Las paredes del endometrio están en contacto una con otra, por lo cual la cavidad uterina es virtual y solo se forma en realidad cuando en ella ocurre algún evento que separe las paredes, siendo el embarazo el más común de ellos. Además, el endometrio está cubierto por una especie de microaspiradoras llamadas pinópodos, que absorben el líquido que llega a la cavidad, generando una presión positiva.

Estos dos factores causan que el embrión, al llegar a este espacio, esté en contacto cercano con la superficie del endometrio. Para este momento del desarrollo el embrión ha producido dos grupos distintos de células: uno en el interior, destinado a formar el feto, y otro que rodea el embrión, encargado de la formación de la placenta. Este último grupo de células tiene una gran capacidad para invadir el tejido del endometrio y los pequeños vasos sanguíneos que allí se encuentran, lo que posibilita que el embrión se siembre, se desarrolle la placenta y esta se conecte con la irrigación sanguínea de la madre. El crecimiento de la placenta libera en la sangre una sustancia conocida como gonadotropina coriónica humana (hCG), que es la sustancia detectada por una prueba de embarazo. Como ven, el embarazo realmente se da cuando el embrión logra sembrarse en el espesor del endometrio, no cuando llega a la cavidad uterina. Es así como después de toda esta cadena de eventos comienza la historia de una nueva vida.

Implantación embrionaria.

CAPÍTULO 2
¿Qué es la infertilidad?

EN UNA PAREJA SE REALIZA UN diagnóstico de infertilidad cuando ha estado expuesta al embarazo por doce meses o más sin que este se haya producido. Como pueden notar, no es un diagnóstico exclusivo de aquellas parejas que buscan activamente el embarazo, basta con el solo hecho de no evitarlo para entrar en esta categoría. Este concepto es de suma importancia pues muchas parejas desconocen que tienen un trastorno de infertilidad, aunque no hayan programado sus relaciones sexuales alrededor de la época de la ovulación. El solo hecho de tener una vida sexual y no utilizar ningún tipo de método para evitar el embarazo (incluidos los naturales) por un año o más es suficiente criterio para efectuar el diagnóstico. Esto denota un pronóstico de posibilidades de embarazo espontáneo a futuro.

La infertilidad se ha convertido en un problema de salud pública. Si se tiene en cuenta la frecuencia con que esta ocurre en la población de parejas en edad reproductiva (15%), comparada con la frecuencia de otras patologías como la diabetes mellitus (1-2%) o la enfermedad coronaria (3-5%), es clara la importancia que este problema adquiere desde el punto de vista social.

¿Cuándo se debe buscar ayuda para lograr un embarazo?

La evidencia demuestra que el chance de embarazo de una pareja por cada mes de exposición al embarazo no es muy elevado y por ende debe darse un tiempo prudencial para que este ocurra. Este chance mensual de lograr el embarazo de modo espontáneo se conoce como fecundidad, la cual está calculada en un 15% por mes para los humanos. Otras especies tienen tasas de fecundidad mayores e incluso en condiciones normales tienen embarazos con múltiples crías. Los humanos hacemos parte de un grupo importante de especies que no tienen depredadores naturales, como las ballenas o elefantes, y que por tal motivo están destinadas a no tener una reproducción muy eficiente.

Posibilidad de embarazo según tiempo de vida sexual activa sin anticoncepción.

Es la exposición prolongada al embarazo lo que permite que se obtengan buenos chances de obtenerlo de manera espontánea. Aunque el chance por mes es bajo, durante el primer año de exposición continua y periódica al embarazo, 85% de las parejas consiguen llegar a él. Como ven, quince de cada cien parejas no logran embarazarse en el primer año. En ellas se hace el diagnóstico de infertilidad debido a que los estudios poblacionales han demostrado que durante el segundo año el chance de embarazo se disminuye tanto como a un 5% mensual. Es este el momento cuando se deben comenzar el estudio y tratamiento de las parejas infértiles para detectar las causas y emprender estrategias para corregirlas.

Sin embargo, las sociedades de medicina reproductiva americana y europea recomiendan que el estudio y manejo de las parejas que buscan un embarazo se inicien antes en algunos casos especiales. En parejas con mujeres mayores de 35 años el período límite de exposición al embarazo son seis meses y no un año, como en mujeres de menor edad. Esto se basa en la disminución acelerada del potencial reproductivo femenino que caracteriza esta época de la vida, causado por una disminución progresiva en el número y la calidad de los óvulos. Teniendo esto en cuenta, se considera que en estas parejas el manejo debe ser más proactivo debido a que se tiene menos tiempo con buen potencial fértil. También es recomendable iniciar el estudio con anterioridad cuando los miembros de la pareja tienen algún antecedente que haga predecir cierta dificultad para embarazarse. Entre estos antecedentes, para la mujer se cuentan síntomas como cólicos menstruales severos, irregularidades del ciclo menstrual, sangrados menstruales anormales o historia de infecciones pélvicas, infecciones de transmisión sexual, anormalidades congénitas del útero y las trompas de Falopio o cirugías pélvicas. Para los hombres se deben tener en cuenta antecedentes de trastornos de la erección, traumas testiculares, várices testiculares (varicocele), cirugías de corrección de hernias inguinales, testículos no descendidos al nacer o infecciones de transmisión sexual.

¿Puede ocurrir un embarazo espontáneo en las parejas infértiles?

Puede decirse, sin alejarse de la realidad, que el término infertilidad está mal acuñado. Este implica la ausencia de posibilidades de lograr un embarazo espontáneo. Aunque es cierto que estas parejas tienen chances disminuidos de obtenerlo, frente a aquellas que no tienen este diagnóstico, en la mayoría de ellas no están abolidos. Se calcula que para el segundo año de exposición al embarazo 3 a 5% de estas parejas pueden embarazarse cada mes sin ningún tipo de intervención médica. Para el tercer año este chance oscila entre 1 y 3% por mes. Por tal motivo el término adecuado para nombrar esta patología debe ser subfertilidad. Este término implica una disminución, mas no desaparición, de la posibilidad de embarazarse espontáneamente. Solo una reducida cantidad de parejas no tiene chance alguno de conseguirlo. Entre estas se cuentan las mujeres a quienes se les ha extraído el útero, las trompas de Falopio o los ovarios, y los hombres a quienes se les han extraído los testículos. Pueden incluirse en este último grupo los hombres que no producen espermatozoides en sus testículos o mujeres cuyos ovarios dejan de producir óvulos, lo que se conoce como menopausia. Es de anotar que incluso estas últimas dos condiciones pueden ser reversibles ocasionalmente. Esto explica los casos en los cuales las parejas con tiempos prolongados de infertilidad alcanzan un embarazo espontáneo cuando menos lo esperan. Las creencias populares intentan explicar este fenómeno basándose en que la resignación a la posibilidad de alcanzan un embarazo permite una disminución en el nivel de ansiedad de la pareja, siendo esto lo que facilita el embarazo. Sin embargo, esto no se ajusta a la realidad pues es simplemente un asunto de probabilidades estadísticas lo que genera este desenlace.

¿Es la infertilidad una enfermedad?

La infertilidad es el resultado de alteraciones físicas y funcionales en una pareja que dan como resultado una menor posibilidad de lograr un embarazo espontáneo en el tiempo. Aunque no implica en la mayoría de los casos consecuencias importantes para la integridad física de la persona, son innumerables las consecuencias de índole psicológica que se relacionan con esta condición. Las parejas que la sufren tienen un mayor riesgo de desarrollar estados depresivos, crisis de ansiedad, alteraciones de la vida sexual y crisis en su relación que, con frecuencia, terminan en su disolución. Es así como, aunque las consecuencias físicas no son muy relevantes, aquellas psicológicas ameritan que la infertilidad sea concebida como una condición patológica del ser humano y reciba un manejo acorde con esta clasificación. Desafortunadamente, la mayoría de los Estados a nivel mundial no lo consideran así, dejando a estas parejas sin derecho, dentro de su seguridad social, a ser evaluadas y tratadas para solucionar sus problemas de fertilidad.

La infertilidad es una condición de pareja

Hasta hace no muchos años, cuando una pareja tenía dificultades para conseguir un embarazo la responsabilidad recaía sobre la mujer, probablemente por los antecedentes machistas que han marcado el desarrollo cultural y social de la mayoría de nuestra civilización. Era la mujer quien debía buscar asesoría médica y ser estudiada, e incluso tratada sin que su compañero fuera al menos entrevistado o sometido a una revisión médica. Solo después de agotar todas las instancias en el manejo femenino se procedía a estudiar a su compañero. Aun así, muchos renunciaban a alcanzar un embarazo antes de tener que acudir para ser estudiados y someterse al riesgo de cuestionar su virilidad.

Afortunadamente la inclinación machista de nuestra sociedad ha comenzado a ceder. Esto ha sido muy útil en la consolidación del estudio y manejo médico de las parejas infértiles. Gracias a la posibilidad de estudiar a los hombres se ha podido concluir que hasta el 35 a 40% de las causas de infertilidad son originadas por trastornos masculinos. Además, en un 30% de los casos de infertilidad se encuentran trastornos en ambos miembros de la pareja. Hoy sabemos que el potencial de fertilidad de una pareja es el resultado de la capacidad fértil del hombre en combinación con la capacidad fértil de la mujer. Esta aseveración, aunque hoy se vea lógica, le tomó a la sociedad un largo proceso para entenderla. Para comprender su esencia basta con anotar el siguiente ejemplo: un hombre que tenga una disminución leve en la movilidad de sus espermatozoides y busque un embarazo con una mujer joven sin ningún trastorno de fertilidad, probablemente no va a tener un cuadro de infertilidad y logrará su embarazo sin mayores dificultades. Sin embargo, si la pareja de este mismo hombre es una mujer con edad más avanzada o con algún trastorno leve en sus trompas de Falopio, es factible que tengan un cuadro de infertilidad. Si esta última mujer buscara un embarazo con un hombre con excelentes condiciones en su semen, es probable que consiga su embarazo con facilidad. Como ven, el potencial de fertilidad en una pareja es un concepto dinámico en el cual es tan relevante la mujer como el hombre. Para la me ...