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CAMBIEMOS EL MUNDO

Greta Thunberg  

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Fragmento

La primera vez que oí hablar de algo llamado «cambio climático» o «calentamiento global» tendría unos ocho años. Era algo que, por lo visto, habíamos provocado los seres humanos con nuestro estilo de vida. Me dijeron que apagara las luces para ahorrar energía y que reciclara el papel para ahorrar recursos.

Recuerdo que pensé que era muy extraño que los seres humanos, siendo solo una especie animal más, fuésemos capaces de cambiar el clima de la Tierra. Porque si fuera así y realmente estuviera sucediendo eso, no se hablaría de otra cosa. Al encender el televisor todo giraría en torno a ello: titulares, emisoras de radio, periódicos. No leeríamos ni oiríamos hablar de otro tema. Como si hubiera una guerra mundial.

Pero nunca se hablaba de esto.

Si quemar combustibles fósiles era tan malo que amenazaba nuestra misma existencia, ¿por qué seguíamos como antes? ¿Por qué no había restricciones? ¿Por qué no los prohibían?

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Para mí no tenía sentido. Era demasiado increíble.[1]

*

Y entonces, a los once años, enfermé. Caí en una depresión. Dejé de hablar. También dejé de comer. En dos meses perdí unos diez kilos.

Al poco tiempo me diagnosticaron síndrome de Asperger, Trastorno Obsesivo Compulsivo y mutismo selectivo. Esto último significa, básicamente, que solo hablo cuando lo creo necesario. Este es uno de esos momentos.

Para los que estamos en ese espectro, casi todo es blanco o negro. No se nos da muy bien mentir y no solemos sentir mucho interés por participar en el juego social que tanto parece agradar a todos los demás.

Creo que, en muchos sentidos, los autistas somos los normales y el resto de la gente es bastante extraña.

Particularmente con respecto a la crisis de sostenibilidad, en la que todos dicen y repiten que el cambio climático es una amenaza existencial y el problema más grave al que nos enfrentamos, y, sin embargo, siguen haciéndolo todo como antes.

No lo entiendo. Porque si las emisiones tienen que parar, entonces debemos pararlas. Esto es blanco o negro. No hay grises cuando se trata de sobrevivir. O continuamos existiendo como civilización o no. Tenemos que cambiar.

Es necesario que países como Suecia empiecen a reducir sus emisiones un 15 por ciento como mínimo cada año. Esto nos permitiría mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2 ºC. Sin embargo, como ha demostrado no hace mucho el Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC), aspirar no a esos 2 ºC sino a 1,5 ºC reduciría considerablemente el impacto climático; pero es fácil imaginar lo que implica semejante reducción de las emisiones. Sería lógico esperar que todos nuestros dirigentes y los medios de comunicación no hablaran de otra cosa, pero ni siquiera lo mencionan. Tampoco se mencionan los gases de efecto invernadero que ya están atrapados en la atmósfera ni que la contaminación del aire está ocultando el calentamiento, así que cuando dejemos de quemar combustibles fósiles, el calentamiento ya habrá aumentado aún más, quizá incluso entre 0,5 y 1,1 ºC.

Tampoco se habla apenas de que estamos inmersos en la sexta extinción masiva y que hasta doscientas especies se extinguen a diario. Ni de que a día de hoy el índice de extinción natural es entre mil y diez mil veces más alto de lo que se considera normal.

Por otra parte, nunca se habla del principio de equidad o justicia climática, claramente expuesto en el Acuerdo de París, algo absolutamente necesario para que este funcione a escala mundial. Eso significa que los países ricos tienen que reducir las emisiones a cero en un plazo de seis a doce años a la velocidad actual de las emisiones, y eso para que las personas que viven en los países más pobres puedan mejorar su nivel de vida construyendo algu ...