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CSI COLOMBIA

Fernando Salamanca Rozo

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Fragmento

Introducción

¿Por qué crímenes?
¿Por qué CSI Colombia?

Era, decididamente, un tema que me interesaba: los crímenes que se han resuelto con la ayuda de la ciencia y la tecnología, de los aparatos que la televisión mostraba como flamantes artefactos en la búsqueda de la verdad de los hechos. Por eso me llamó la atención, un fin de semana de mediados del 2000, cuando observé varios reportajes sobre la historia de Luz Amparo Granada, una monja que desapareció misteriosamente de la sede de su convento, su cuerpo —desmembrado y quemado— apareció varios días después con un tiro en la cabeza. La resolución del caso fue un acontecimiento: la primera vez que investigadores, con la ayuda de luces fluorescentes, linternas ultravioletas, muestras de ADN y la ayuda del FBI, resolvían un crimen en Bogotá. A menudo me pregunto por qué uno elige ciertos temas y desecha otros. Es un vaivén. Aparecen, parece que se van, se quedan, insisten, hasta que admito que me interpelan: que hay en ellos algo que me llevará a dedicarles semanas, meses, años. La historia de la monja me quedó dando vueltas en la cabeza desde mi adolescencia, traté de verla mentalmente, de buscar la manera más eficaz de contarla; luego, cuando estudié sociología, de comprender el lado oscuro de la condición humana, sus multiplicidades y fuerzas, el secreto de una mente criminal. Cuando uno tiene un asunto que lo persigue, se le va armando en la cabeza durante un tiempo, averigua todo —una especie de Sherlock Holmes ajustado al tiempo en que la justicia es un espectáculo, y los hechos, en este caso un crimen, pueden ser tergiversados e interpretados por los distintos lenguajes que codifican la opinión pública—, y el día que revienta hay que sentarse a escribirlo, o se corre el riesgo de ser prisionero de la información y de los recuerdos.

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Este libro es un viaje profundo al mundo del crimen. Son siete crónicas de algunos de los crímenes más atroces que se han cometido en Colombia: nuestro CSI, siete crónicas para estremecerse, pero también para tener algo de confianza en nuestras instituciones; en Colombia también posible hacer justicia con tecnología de punta. No es gratuito que desde finales de los años noventa los médicos del laboratorio forense examinen los cuerpos teniendo en cuenta el concepto de evidencia física, en el que todo cadáver sirve como prueba; o la evidencia traza, lo que no vemos con los ojos pero que el cadáver trae consigo. La evidencia física ofrece información importante: es el material probatorio con el que se construye una hipótesis de un delito o se establece una teoría del caso, la identidad de una víctima o las personas asociadas al crimen. Algo que no ocurría hace treinta años.

Desde el 2004, con la entrada del sistema penal acusatorio (SPA), la productividad de la criminalística en el país ha sido vertiginosa: en el 2004, era del 35%, para el 2012 fue del 85%, para este año se espera que sea del 95%. Sin embargo, para continuar con la revolución de la criminalística son necesarios recursos, mantenimiento, equipos, capacitación de peritos, bodegas de evidencia. La inversión es necesaria, la tecnología por sí sola no es suficiente.

Las siete crónicas fueron escritas en el curso del último año. Antes de su forma actual y definitiva, tres de ellas fueron notas periodísticas que rescaté de los recovecos de la Internet para cumplir con notas de cierre, y otros dos fueron hallazgos que hice en la Hemeroteca de la Biblioteca Luis Ángel Arango, en una de mis acostumbradas revisiones a fondo de la prensa para contrastar datos, hechos o imágenes en historias de largo aliento.

Luego, durante seis meses tomé nota de los casos que encontré en los archivos de prensa, revisé enfoques y métodos de aplicación en cientos de libros y papers de criminalística, e hice un recuento minucioso de escuelas, textos y autores que trabajaron teorías sociales de la violencia y el delito.

No me di un día de descanso, revisé mi agenda de apuntes, en la que había registrado unos veinte casos judiciales que se resolvieron con la ayuda de ciencia y tecnología. Logré reconstruir quince. Como el mismo ejercicio de edición me sirvió de filtro, eliminé sin pensarlos dos veces los casos que me parecían insalvables, y quedaron diez. Esta vez me animaba la determinación de seguir escribiéndolos sin pausa, a pesar de la desgarradora experiencia de algunos casos, como el de Cata ...