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DIEZ CRíMENES SORPRENDENTES DE LA HISTORIA DE COLOMBIA

Fernando Salamanca  

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Fragmento

Prólogo

Hace un tiempo visité la exposición de Pedro Nel Gómez, una retrospectiva del artista antioqueño en el Museo Nacional de Colombia, en el primer piso del antiguo panóptico. Allí conocí su búsqueda de un estilo nacionalista inspirado en los indigenismos de la escuela muralista mexicana, su evolución estética y formal. La exposición tenía un título sugerente: “Relatos de nación”. Uno de los cuadros que me llamaron la atención estaba ubicado en una esquina de la sala, junto a varias acuarelas de desnudos de mujeres, en la sección de violencias políticas; se llamaba “Le incendiaron el rancho”. La obra fue pintada en 1950. Una mujer desnuda en la cima de una montaña observa el horizonte. La violencia que no avisa, como un animal pesado que se siente en la distancia, y que ella supo reconocer para escapar a tiempo.

Es un relato de quien entendía el arte como un instrumento discursivo en búsqueda de cambios sociales, la denuncia de una época sombría de nuestra historia, un arte comprometido y telúrico, como se decía entonces.

Para mí, fue la clave que permitió ajustar el engranaje de las historias que conforman este libro, que no es de historia, sino que se vale de ella para construir el relato (varios relatos) de una nación compleja y diversa y brutal y solidaria y muchas veces hilarante. Es una mirada de (sobre) esa historia, la incomodidad de asomarse a ella con una linterna y observar lo que muestra, también lo que refleja; una zona donde la razón se trenza a dentelladas con los sentimientos.

Esta linterna es un lugar de observación: la memoria conservada en archivos judiciales, de prensa o gubernamentales, y las voces vivas y muertas con las que intento narrar tantos conflictos: el repertorio de nuestra historia. El reto de sacar a luz las pasiones, vivencias y emociones de las gentes en nuestra vida colonial y republicana, lejos de la gloria de los próceres, las heroínas y los caudillos. Es la narración del país y su vida rudimentaria, campesina y chauvinista que hizo un rápido tránsito a la complejísima nación que es hoy, un empuje modernizador que lleva en su interior ruidos verbales, agresiones masivas y conflictos sin resolver. Colombia no logra acomodarse a lo que es, y por eso nuestra historia es una turbulencia prolongada. También es una mirada personal y una construcción subjetiva de tipologías de sujetos (nacionales y extranjeros, pobres y acaudalados) y de sus asaltos en un momento particular del país que tuve la oportunidad de investigar.

De esta manera, estos diez relatos son hechos históricos (por supuesto), también son hechos del lenguaje que ponen de presente la existencia de polémicas, cataclismos, descréditos, virtudes retóricas o insultos espantosos que escenifican la naturaleza misma de los seres humanos, de los colombianos.

La obra de Pedro Nel Gómez que visité hace un tiempo es un acto (un asomo, una mirada) sobre la violencia: “Le incendiaron la casa”. Una manera de contarla, interiorizarla y representarla, de negociar las versiones de nuestro pasado. Este libro de relatos de crímenes, delitos y culpas tiene ese espíritu: revisar nuestros conflictos en sus trajes estratégicos; contar nuestra historia desde lo cotidiano, desde los comportamientos y las relaciones de hombres y mujeres frente a una época y sus equilibrios de poder. Relatos de un pasado que puede existir en las palabras, del que solo nos queda el rastro de las palabras, de lo ya ocurrido. “Se ha perdido un cuchillo sin hoja al que le falta el mango” definió Lichtenberg el pasado. Este libro es una revisión atenta (un oído y una mirada atentos que buscan el cuchillo) desde un registro de lo denotado, de lo que está en los archivos y en las voces humanas, en la memoria de tantos, y en la mía.

Bogotá, mayo de 2019

I
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