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EL BRUJO, EL HORRIBLE Y EL LIBRO ROJO DE LOS HECHIZOS

Pablo Bernasconi  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

Todo comenzó con la clásica pelea de novios: noche de escalofríos, depresión, caos y el clásico pensamiento: “Ahora sí, ya no vale la pena vivir; nunca volveré a ser feliz. Se acabaron los hombres para mí. Mi existencia en este mundo cruel carece de sentido. Quiero morirme. ¡¿Por qué a mí?!”

Al día siguiente de esta caída emocional en picada, estrenaba programa y amanecí (si es que a eso se le puede llamar amanecer, porque en toda la noche no había pegado el ojo), o mejor dicho, amaneció y yo traía unos ojos que parecían haber sido golpeados por el Santo, el Cavernario y el mismísimo Bulldog. No había forma alguna de que pudiera aparecer en televisión nacional así; no podía ni caminar y seguramente no había maquillaje que lograra disimular los moretones rojo carmín que aparecieron en mis párpados. Ni novio ni esposo, ni hijos ni trabajo, ni nada. ¿Qué demonios hice para merecer convertirme en una solterona de treinta años, amargada, moreteada, desempleada y juzgada por todas mis amigas que sí lograron la foto “perfecta”, con el marido, los hijitos y todo el numerito? Lo había perdido todo. ¡Todo!

Ya lo sé. ¡Qué drama! Ni en las telenovelas, cuando Carlos Augusto abandona a María, “la de las fritangas”, hay tanta desgracia. Pero quien esté libre de pecado que cierre este libro y me diga cómo le hizo para no querer cortarse las venas con galletas de animalitos después de un desamor. Personalmente no conozco a nadie que se haya librado de esta pérdida de suspiros; por eso, justamente por eso, decidí comenzar a desahogar mis ideas mediante estas letras, señalar el origen de todos los convencionalismos sociales que nos han llevado al punto donde muchas estamos paradas, y mantener viva la esperanza; pues aunque no existe ninguna verdad universal sobre el Amor, lo cierto es que mueve al mundo, y para mí es la razón de nuestra existencia. Aclaro que algunas veces encontrarán la palabra “Amor” con mayúscula porque no sólo es un personaje más, sino el protagonista de este libro y de mi vida.

¿Que qué pasó con mi programa? Lo mismo que con mi corazón: una maquillista/maga ocultó las pruebas físicas de mi dolor, y yo, como toda la gente real que no sale en las películas ni en cuentos de hadas, no tuve más remedio que levantarme, ponerme un poco más de rímel, aprovechar los kilos que perdí por la depresión para ponerme ese vestido que no me entraba, y entender que el show, como la vida, siempre debe continuar.

Este libro busca ser una compañía para todas las etapas por las que atravesamos en el camino del Amor: los miedos, los suspiros, las expectativas, las “normas” sociales, los sufrimientos, las desilusiones, la plenitud y la magia de estar enamoradas desde todas las perspectivas. Y cuando digo “enamoradas” no me refiero sólo al sentimiento hacia una persona; hablo de eso que se siente cuando uno se halla en un estado de completa felicidad, lo cual puede ocurrir en muchas situaciones y no sólo con una pareja.

No soy psicóloga, adivina ni gurú; es más, ni siquiera estoy feliz o infelizmente casada. De hecho, en lo único en que me he vuelto experta es en equivocarme y levantarme (eso sí, cada vez con más estilo) después de tantas caídas sin límite de tiempo (a pesar del tictac biológico). Al igual que muchas de ustedes, he dedicado mi vida a intentar ser feliz, y hoy puedo decir orgullosamente que la mayor parte del tiempo lo soy. Sola o bien acompañada. El chiste es disfrutar el camino y saber que, para llegar a la cima, hay que escalar varias montañas (y sobarse varios golpes).

¿Por qué Como anillo al dedo? Muchos pensarán que éste es uno de los típicos libros de autoayuda, tan brutalmente juzgados, donde se da el abecé para encontrar marido; probablemente también lo juzgarán porque no es una novela histórica y porque muestra un mapa basado en estudios y experiencias propias y cercanas para elegir la ruta más eficaz hacia las relaciones funcionales. Sin embargo, esto no es de ninguna manera un manual que indique el camino del kínder al altar; ya saben, el espantoso: “Al salir de la prepa, haz un viaje con tus amigas; si vas a ‘golfear’, hazlo con un extranjero que NADIE conozca para no ‘quemarte’; regresando, haz una carrera MMC (mientras me caso); mantente siempre guapa, delgada y bien arreglada, para conocer al galán perfecto; niégate a salir con él las dos primeras veces que lo pida, pero a la tercera di que sí; sal perfecta SIN ser provocativa, amable pero no arrastrada, femenina pero no dejada...” ¡No! ¡No! ¡No! Todo lo contrario: aquí no se trata de ir como robotitos, palomeando lo que supuestamente debemos hacer, sino de vernos reflejadas en cada línea y analizar las situaciones con distancia crítica, humor y nuevas bases para reaccionar como profesionales de las relaciones. Y sobre todo, buscar y lograr lo que de corazón deseamos, lo que se ajusta a nuestra vida y a NUESTRAS expectativas, no a las de la sociedad.

Para algunas, la felicidad será un anillo de compromiso, pero no (solamente) por el enorme brillante o por cumplir con la lista de cosas que una “debe” hacer en la vida, sino por convicción y amor total a ese tipo de acuerdos. Para otras, será la soltería, no como resignación ante la escasez de buenos partidos, sino por la dicha y la satisfacción plena de disfrutar el estar con una misma sin responsabilidades de pareja. Habrá quienes decidan ser mamás solteras; otras, hacer una familia, y las demás, vivir para su trabajo o sus amigos.

Se vale todo. Cualquier camino que decidamos tomar está bien. Lo importante es hacerlo dejando atrás temores, roles, tabúes y todo aquello que termina atrapándonos en una jaula en la que nunca quisimos estar por convicción propia, sino por protocolo. Hay un abanico de posibili

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