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EL DORADO DE LAS FARC

Eccehomo Cetina   Camilo Chaparro  

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Fragmento

Índice

UNA RAZÓN

EL DORADO DE LAS FARC

LAS LECCIONES DE LA MAFIA

EL NARCOTRÁFICO

LAS MINAS

LOS BLOQUES, MÁQUINAS DE HACER DINERO

RUMBO A EL DORADO

COSTALES DE DINERO

EL BONO PENSIONAL DEL “MONO JOJOY”

EL HALLAZGO

LLEGARON LOS SUIZOS

CON LOS CAPOS DE LA MAFIA

LA PRIMERA CALETA

LA CALETA DE LOS DÓLARES

LOS RASTREADORES DE GUACAS

LA DAMA Y EL CABALLERO

BUITRES CONTRA DEMOLEDORES

LA MANO DEL SÉPTIMO HOMBRE

EL DELIRIO DE LAS GUACAS

DÓLARES CONTRA PESOS

UN CAMBIO DE SEXO

UNA TUMBA PARA UNA FORTUNA

LA CARAVANA DE LA FORTUNA

Una razón

El génesis de estas líneas está en el fantástico hallazgo de la multimillonaria caleta en la selva en el año 2003; de ahí salió un libro: La Guaca, la verdadera historia de la caleta de las Farc. Una crónica sobre ese descubrimiento por parte de dos unidades militares que en plena selva decidieron repartir el voluminoso botín y cuya historia terminó con casi todos los soldados presos.

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El escándalo nacional sobre la forma cómo los militares se apoderaron y gastaron esa fortuna, perdió de vista dos aspectos claves: ¿De dónde salió ese dinero? y ¿Por qué las Farc sepultaron esa colosal riqueza?

Durante 13 años esas dos preguntas nos siguieron rondando. Sabíamos que la investigación de La Guaca había quedado inconclusa. Muchos apuntes quedaron sueltos en nuestras libretas de reporteros. La necesidad de avanzar y concluir ese trabajo llegó con las dudas crecientes y los cálculos astronómicos que hoy se hacen sobre la fortuna de las Farc.

Decidimos juntar nuestros apuntes, recordar las historias inconclusas y terminarlas con una serie de entrevistas a guerrilleros desmovilizados, víctimas de las Farc y autoridades. El resultado está en sus manos: El Dorado de las Farc, un relato que también parece de ficción por el carácter insólito de algunas de las historias. Creemos que es una aproximación a un tema tabú en medio de un proceso de paz que alimenta de esperanza a millones de colombianos.

Como autores de El Dorado de las Farc, creemos que es un deber con los lectores aclarar que, como ciudadanos, creemos y apoyamos el proceso de paz, y que nuestro único interés es aportar información en la búsqueda de la verdad.

Los autores

El Dorado de las Farc

Mientras el Gobierno anunciaba por los medios de comunicación la muerte de “Raúl Reyes” como el más duro golpe en la historia de la guerra contra las Farc, esa semana del primero de marzo de 2008, alias Jorge Briceño Suárez o “El Mono Jojoy”, emprendió una cacería humana en las selvas de Putumayo, Huila, Caquetá, y no precisamente contra las fuerzas militares. Su objetivo era dar con el paradero de los contadores y testaferros del caído canciller de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

“El Mono Jojoy” iba tras la fortuna que durante tres décadas había acumulado “Raúl Reyes”. El jefe guerrillero tenía miles de hectáreas de buenas tierras agrícolas y ganaderas, principalmente en el sur del país. Además había cavado y sepultado a lo largo de cientos de kilómetros un considerable botín en caletas de pesados fajos de billetes.

El jefe guerrillero logró integrar durante años un equipo de 24 de sus hombres de mayor confianza y lo especializó en escoger los mejores escondrijos en la selva para abrir, sepultar, vigilar y controlar sus caletas. Seis de ellos eran reconocidos como contadores y cada uno tenía bajo su mando a otros tres guerrilleros. Reyes decía en broma que eran codirectores del ‘Banco de República’ de la subversión.

Como en los cuadros de la mafia, cada uno de los seis grupos manejaba sin saberlo información incompleta sobre las cantidades y la ubicación de las caletas, de modo que resultaba imposible establecer una pista verídica sobre la naturaleza del escondrijo, si el mismo “Raúl Reyes” no consolidaba los datos que solo él sabía armar como las piezas de un rompecabezas personal. Esa fue la clave maestra de su bóveda de caudales en la selva: hacerle creer a sus hombres de confianza que tenían información completa, cuando la verdad estaba en todos y en ninguno.

La astucia en materia económica del llamado canciller de las Farc no conocía límites. Tenía —como también era usual entre algunos cabecillas— al menos dos contabilidades sobre los dineros que generaban sus actividades: la que correspondía a la organización y estaba a la vista del Secretariado y el Estado Mayor Conjunto y otra cuenta clandestina y personal, destinada a garantizar su seguridad económica dentro de las filas guerrilleras o en la vida civil si algunas vez, como todos esperaban, se llegara a firmar la paz.

Al lado de la máquina de guerra, la guerrilla ha montado una gran empresa de negocios lícitos e ilícitos en el país. Con los ilícitos ha nutrido en casi todo el territorio los negocios legales de finca raíz, construcción, ganadería, agricultura, transporte, minería y empresas de importación y exportación de todo tipo de productos. Y miles de millones los ha destinado a pequeños comercios desde tiendas, restaurantes y ferreterías, hasta hoteles y supermercados de baja categoría. Por ejemplo, uno de los renglones que ha llamado la atención de las autoridades sanitarias en Cundinamarca y otros departamentos —y que estaría cayendo en manos de la guerrilla— tiene que ver con la cada vez más creciente industria de plantas de sacrificios de pollos de menor escala hasta sofisticados y muy prósperos mataderos de ganado en varias regiones del campo, incluso en ciudades grandes y medianas.

Como en cualquier compañía legal los comandantes de bloques y frentes, que también hacen de gerentes, reportan las cuentas oficiales a sus camaradas del Secretariado y del Estado Mayor Conjunto (junta directiva), a una especie de comité central de finanzas de la guerrilla, encargado de administrar los recursos de la organización que garantiza el accionar de todas las unidades.

La dimensión del negocio es complicada: son 60 frentes, divididos y subdivididos en grupos más pequeños, recogiendo todos los días dinero en efectivo y reportando a las unidades financieras de siete bloques, que a la vez rinden cuentas a una central de economía del Secretariado.

Para las Farc, esta central es algo así como un ‘Ministerio de Hacienda’ que de acuerdo al plan estratégico militar de largo, mediano y corto plazo, debe calcular un presupuesto anual muy detallado. Establece los objetivos para que los frentes aporten determinados recursos, exigiendo metas de recaudo cada vez más altas y que permitan alcanzar los retos fiscales, no solo para sobrevivir, sino para que existan márgenes importantes de ahorro e inversión.

Entre las funciones está el inventario nacional y por regiones de las empresas colombianas y extranjeras que a través de extorsiones y secuestros de socios, ejecutivos, trabajadores y contratistas pueden aportar o aportan millonarios recursos a la organización.

La base de datos durante años ha sido alimentada de múltiples fuentes, entre otras por los informes “económicos” que rinden redes de apoyo y los mismos frentes.

Las Farc han aplicado un principio básico de la economía capitalista: sin dinero o fuentes de ingresos suficientes y permanentes, no hay crecimiento. Por eso cada expansión militar se da porque las condiciones económicas de la zona lo permiten y deben ser más que autosuficientes.

Cuando las Farc llegan a una zona lo hacen con dos elementos muy estudiados y resueltos generalmente: la seguridad de la tropa, desde lo militar, y de lo que va a vivir esa tropa, desde lo económico.Y los resultados operacionales se miden también en dos aspectos: la ocupación y penetración del terreno cubierto desde el punto de vista de la influencia militar que puedan alcanzar y los rendimientos económicos que deben aportar, planificado y ejecutado por el número de delitos y clase de víctimas de secuestros, vacunas, robos, extorsiones, narcotráfico, etc.

En esto hay un problema logístico similar al que enfrenta el narcotráfico, aunque a la mafia de las drogas le ha quedado más fácil manejar porque funciona desde las grandes ciudades con relaciones de alto nivel. Ese problema es el colosal volumen de billetes. Por estar en centros urbanos, la mitad de ellos internacionales, camuflan el capital en el sistema financiero legal —nacional e internacional—, en grandes empresas, en compañías de papel y desde luego, también encaletan mucho efectivo.

Como el multimillonario flujo de recursos que llega todos los días es en efectivo, los bloques y frentes, incapaces de manejar tanto el volumen y el peso de la plata física, terminan almacenando como pueden gran parte de los millones y millones de billetes que reciben. Al ser una guerrilla rural, sin apoyo logístico suficiente y de alto nivel, penetrar dinero en el sistema financiero es complicado.

Las Farc tienen una estructura financiera estable, pero por el movimiento de sus tropas, la persecución de las autoridades, las distancias entre los frentes, por la falta de tecnología y por seguridad, le ha resultado imposible concentrar todo el dinero, por eso el manejo real es descentralizado con responsables en cada frente que rinden cuentas a los jefes de bloques y estos a su vez reportan al Secretariado. Pero por diversos motivos la información no es totalmente real.

Desde las unidades militares más reducidas y más apartadas cuentan dentro de sus cuadros con responsables de las finanzas: pequeños ‘gerentes’ y ‘administradores’ que llevan minuciosas contabilidades de los ingresos, egresos, y casi a diario rinden cuentas a sus superiores. Algunos de ellos cuando caen en manos de las autoridades son presentados ante la prensa con bombos y platillos como jefes de finanzas.

Pero son los guerrilleros de alto y medio rango los que tienen sobre sus hombros la responsabilidad militar y la misión de recaudar y proteger el dinero de toda clase de ilícitos. Estos a su vez se apoyan en muy pocos subalternos a los que les tienen la suficiente confianza para administrar recursos.

Es tan concentrada esta misión en unos pocos, que durante años las autoridades han tratado de escudriñar este laberinto de los negocios y la riqueza de las Farc, pero a pesar de los avances aún le faltan muchas piezas al rompecabezas.

Gracias a cientos de computadores, cuadernos y libretas que las autoridades han logrado obtener en operaciones militares se ha ido armando un bosquejo muy inicial sobre las verdaderas finanzas de las Farc. No es completo, porque la información es fragmentaria, está compartimentada, está en diversas claves y otra no ha podido ser estudiada porque todavía permanece encriptada.

Además la información base en muchas de las unidades de la guerrilla es llevada de una manera artesanal, como tienda de barrio. Gran parte de los contadores, administradores y testaferros de la guerrilla son protegidos al extremo de no ser obligarlos, como los otros subversivos, a realizar operaciones militares e incluso no pasan mucho tiempo en los campamentos. Casi todos permanecen de civil en zonas urbanas administrando bienes, vigilando y trasladando dinero.

Todo esto lo dominaba “El Mono Jojoy” cuando puso en marcha su plan para rastrear a los hombres de confianza del canciller de las Farc, que lo podría llevar hasta los lugares donde escondía sus caletas. Pero el bombardeo sobre la frontera ecuatoriana —lugar de refugio de Reyes durante años— no solo acabó con su vida sino con la posibilidad de encontrar su fortuna calculada en varios millones de dólares y enterrada en innumerables caletas en varios puntos de la selva.

“El Mono Jojoy” sabía también que si quería rastrear dichas caletas debía actuar de inmediato, por lo que una vez se leyeron entre las filas guerrilleras los manifiestos fúnebres y se juró vengar al camarada caído, el mismo comandante jefe militar de las Farc y miembro del Secretariado dio la orden a sus hombres de buscar a los contadores de Reyes o del “enano”, como lo llamaba de manera despectiva.

La ‘cacería’ implicó movilizar guerrilleros con sigilo por los corredores de la selva, amenazar a delatores y pactar convenios con otros subversivos para encontrar a los sobrevivientes del bombardeo en el campamento de Reyes en Ecuador. La orden de “El Mono Jojoy” era que las caletas del ‘canciller de las Farc’ debían aparecer so pena de fusilamientos.

Una semana después tuvo en frente a dos de los más importantes contadores de Reyes. El comandante guerrillero estalló en furia cuando los hombres le confirmaron que durante el ataque de las Fuerzas Armadas tres de los contadores más cercanos habían muerto y que, por tanto, la ubicación de las caletas repletas de dinero se había ido con ellos.

Uno de los hombres de máxima confianza de Reyes le confesó a “El Mono Jojoy” que su exjefe tenía al menos 42 caletas, 30 de ellas declaradas a la organización y las doce restantes de carácter personal. Que su ubicación era compartimentada y que solamente “el enano” tenía las fichas de ese rompecabezas. El hombre le dijo a “El Mono Jojoy” que las cuentas sobre el número de caletas en manos de Reyes las daba el hecho de que cada uno de los seis contadores manejaba al menos siete caletas.

Dentro del incisivo interrogatorio, “El Mono Jojoy” volvió a insistir a los dos contadores que entregaran mapas o indicios sobre el lugar de algunas de las caletas y el inventario de bienes raíces dejado por Reyes, pero ellos se limitaron a repetir una y otra vez que únicamente podían responder por lo que ellos administraban.

Algo sí confesaron los contadores al jefe militar de las Farc: revelaron que ellos sabían de la existencia de dos clases de caletas; unas grandes que al parecer eran de la organización, pues eran las que más ‘movían’ para enviar dinero al Secretariado, a diversos bloques y frentes y para hacer inversiones. Dijeron, además, que las de este tipo eran abiertas con frecuencia para ‘consignar’ más recursos; otras caletas correspondían a la fortuna personal de Reyes, las cuales solo eran abiertas para hacer ‘consignaciones’ de billetes, rara vez para hacer ‘retiros’.

La confesión de los dos hombres le permitió establecer a “El Mono Jojoy” que Reyes justificaba con astucia ante sus subalternos la existencia de las dos clases de caleta con la explicación peregrina de que unas, las oficiales y más grandes, eran las que garantizarían la existencia de la organización si se llegara a un acuerdo de paz con algún Gobierno, y que las otras, es decir, las personales, eran la caja de imprevistos.

De acuerdo con la información recibida, cada seis meses, “Raúl Reyes” ordenaba desenterrar su dinero para revisar el estado del papel moneda, vulnerable a la carcoma de la humedad y la devastadora acción de bichos y alimañas.

No fueron pocas las disputas internas en la guerrilla o los juicios sumarios por la pérdida de millones de pesos deshechos por acuíferos que inundaron las canecas o por la voracidad de las plagas inmunes a los insecticidas. Por tal razón, los responsables de tener caletas a su cargo las inspeccionaban con el mayor cuidado, siguiendo estrictos protocolos sobre el cuidado de estos recursos.

La versión que los dos contadores dieron a “El Mono Jojoy” fue confirmada al pie de la letra por uno de los guerrilleros que pertenecía al grupo de 24 hombres de Reyes y que, tras sobrevivir a los bombardeos en la frontera ecuatoriana, fue entrevistado para la presente investigación.

Según él, hubo una información —de las tantas reveladas por los contadores en poder de “El Mono Jojoy”— que causó un sobresalto en el jefe guerrillero. Los hombres le dijeron que había que buscar al guerrillero de mayor confianza de “Raúl Reyes”, a quien llamaban “El Turco”, por su supuesta destreza en los negocios y en la administración de dineros y bienes.

La ‘guerrillerada’ conocía a “El Turco” como Antonio, un hombre delgado, bajito y de ojos asustadizos, quien la mayor parte del tiempo permanecía en Ecuador. Él era el sexto de los contadores y encargado de las diligencias más confidenciales del ‘canciller de las Farc’. Algunos aseguran, incluso, que compró propiedades y abrió cuentas bancarias de Reyes no solo en el país, sino también en Ecuador, Venezuela, Argentina, Brasil, Panamá, México y Costa Rica. Todas con nombres supuestos.

Durante meses este guerrillero se convirtió en una obsesión para “El Mono Jojoy”. Lo rastreó con sus hombres por la frontera de los países vecinos mencionados, dispuso señuelos para atraer su atención, como el anuncio de ascensos de rangos en zonas de gran flujo de dinero, como Caquetá, Meta, Chocó y Antioquia y hasta anunció la conformación de una comitiva de la guerrilla para viajar al exterior pero al parecer nunca pudo localizarlo. Sencillamente, “El Turco” o Antonio no ‘picó’ la carnada y desapareció para siempre.

Sobre sus pasos antes del día del ataque aéreo al campamento de Raúl Reyes en Ecuador, algunas versiones señalan que “El Turco” estaba en Guayaquil, cumpliendo una misión para su je ...