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EL REVéS DEL ALMA

Carla Guelfenbein  

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Fragmento



Índice

Portadilla

Índice

Dedicatoria

Daniela

Ana

Cata

Ana

Daniela

Cata

Daniela

Ana

Cata

Daniela

Ana

Daniela

Ana

Cata

Ana

Daniela

Ana

Cata

Ana

Cata

Daniela

Cata

Ana

Daniela

Ana

Epílogo

Agradecimientos

Créditos

Grupo Santillana Chile

Para Carlos Altamirano, por todo...

Daniela

A pesar de la lluvia, esta noche hay más gente que de costumbre. En los cristales empañados, las gotas forman surcos, semejantes al hilo de sudor que corre por la frente del barman. En nuestra mesa, un par de tipos que no conozco intentan medir sus fuerzas brazo contra brazo. Hay algo feroz y a la vez pueril en sus rostros. Cuando el más corpulento es vencido por el más débil, Rodrigo esgrime una sonrisa y luego saca una pequeña libreta del bolsillo de su chaqueta. Hace un par de meses que no se desprende de esa libreta. Ahí hace anotaciones y recopila gestos para su personaje, costumbre molesta, pues nunca se sabe cuándo una horrible expresión, de aquellas que uno ignora de sí mismo y desearía seguir ignorando, quedará inmortalizada. Él lo sabe y, por lo general, evita exhibirla en mi presencia. Aspiro mi cigarro y expulso el humo hacia su rostro. Rodrigo levanta la cabeza y por primera vez en la noche me mira con esa expresión atenta y envolvente que lo caracteriza. Basta una de sus señas para neutralizarme, para recordar —¿o imaginar?— que es a mí a quien ha elegido, y que todas esas mujeres revoloteando en torno a él le son indiferentes. Rodrigo vuelve a bajar la vista y termina de escribir. Una joven se acerca a nuestra mesa con una libreta similar a la suya. Al parecer, piensa que esa pertenencia en común le confiere el derecho a sentarse con nosotros. Es una mujer pequeña provista de unos senos que sobresalen formando un gran lomo de toro, esos que en las calles nos obligan a disminuir la velocidad. Con movimientos lánguidos y calculados en

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