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ESTAR BIEN

Xiomara Xibille  

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Fragmento

Prólogo

Pocas personas como Xiomara Xibillé han tenido la fortuna de transitar por tan diversos caminos en la sabiduría del bienestar y recoger de ellos sus enseñanzas para aplicarlas con éxito en su vida diaria.

Años de estudio y aprendizaje son la base para este regalo de Xiomara, y digo regalo porque en un acto de generosidad extraordinario este maravilloso texto nos ofrece con total apertura su conocimiento de forma clara, didáctica y por encima de todo práctica. Mayor es el mérito cuando sus recomendaciones nacen ya no solo del extenso estudio, sino de su propia vivencia y la de tantas personas que han tenido la fortuna de pasar por su consulta y por su vida.

La Real Academia de la Lengua Española define bienestar como: “el estado de la persona en el que se le hace sensible el buen funcionamiento de su actividad somática y psíquica”. El bienestar que encontraremos en este texto va aún más lejos, pues es una versión holística de la naturaleza humana la que guía toda la estructura del libro. El convencimiento absoluto de que somos personas integrales que requerimos de un correcto balance de nuestro cuerpo, nuestra mente y también de nuestra alma para obtener ese tan anhelado bienestar.

Recibe antes que nadie historias como ésta

En la vida de hoy buscamos estar bien de muchas maneras, pero por desgracia, hay una gran cantidad de personas que pasan su existencia buscando el bienestar en lugares equivocados sin jamás conseguirlo. Lo increíble es que ser feliz, tener salud y paz interior es mucho más sencillo de lo que pensamos; no obstante, estamos muy poco o nada preparados para ello. Estudiamos años en el colegio y en la universidad pero poco nos enseñan sobre nuestra felicidad interior y su relación con los demás seres humanos y con el mundo. Son precisamente estos pasos para obtener un estado superior de bienestar, recogidos de diversas filosofías y ciencias del mundo, los que Xiomara nos ofrece de una manera sencilla y práctica con rutinas y ejercicios para iniciar este viaje hacia la felicidad.

Dejar de lado los hábitos destructivos para construir vitalidad, alegría, amor, gratitud y un sentido de vida que nos permita estar de forma permanente en el mejor estado de bienestar.

Alimentación, yoga, meditación, higiene, conocimiento interior, incorporación de hábitos positivos, psicología, pranayama, relajación, detoxificación, cristaloterapia y musicoterapia son algunas de las muchas herramientas que encontraremos en este extraordinario texto. Invito al lector no solo a leerlo, sino a incorporar los ejercicios propuestos poco a poco en su vida diaria. Estoy seguro de que los resultados irán más allá de lo esperado. La vida es mucho más sencilla de lo que parece y Xiomara nos ofrece su mano para andar este camino con pleno bienestar.

Boris Chamás

Health coach y autor de El poder del alimento

(Grijalbo, 2014)

Introducción

Por alguna razón, desde edad temprana, he tenido una fuerte tendencia a buscar espacios de bienestar, y en mi proceso de vida han llegado oportunidades inigualables para acercarme al campo de la salud por medio de distintas experiencias. En especial, me ha llamado la atención profundamente el camino que debemos recorrer los seres humanos cuando, por alguna razón, perdemos el centro y nuestra vida que en lugar de ser una espiral ascendente hacia la armonía y la salud, se torna caótica y desordenada.

A los 14 años, cuando era bailarina consagrada de ballet, leí el libro Las claves de la nutrición deportiva, comer para vencer, del doctor Roberto Haas (1983), que promovía la dieta vegetariana como parte integral de la preparación que hacía a los deportistas olímpicos. Como yo soñaba con ser parte de la compañía del Ballet Bolshoi, empecé a probar qué pasaba si dejaba de consumir primero carnes rojas, si luego pasaba de los alimentos refinados a los integrales, si reemplazaba el azúcar por panela orgánica, si comía menos… Así, en ese camino —que decidí recorrer en búsqueda de la llave interior hacia el equilibrio, la paz y el control de mis sentidos— apareció el yoga y, de la mano de esta práctica, vinieron las primeras inmersiones en la meditación, un espacio de alimento para el alma que aún sigo practicando como uno de los pilares más importantes en mi proceso para estar bien.

Mientras trabajaba en Perú en un programa de televisión para niños llamado Nubeluz tenía unas jornadas de grabación y de viajes muy extenuantes y, a pesar de ser vegetariana, mi salud tuvo un quiebre muy fuerte. Mi sistema digestivo era un caos, mi ciclo menstrual desapareció durante un año, sentía frío constante y mi mente no hacía sino pensar en un peso ideal. Fue en aquel momento cuando conocí a Cecilia Gallegos, una médica trofóloga1 maravillosa, que trabajaba bajo los principios que se exponen en el Tao te ching, basados en la correcta combinación de alimentos para conseguir un resultado interno metabólico que autorregule nuestros desórdenes o enfermedades. Durante cuarenta días tomé un batido de jugo de naranja, tofu (queso de soya), fresas, papa pituca2 y fríjoles adzuki3 del cual obtuve un excelente resultado. Con el paso de los años, entendí que esto era una bomba fitoestrogénica4 maravillosa y que había vuelto a regular mi ciclo menstrual. Desde entonces, empecé a indagar sobre la relación que tienen los alimentos en nuestro cuerpo como principales agentes de salud.

Hipócrates, quien vivió en 460-377 a. C., decía “que tu alimento sea la medicina y la medicina sea tu alimento”, algo realmente muy cierto, aunque no suficiente, ya que la salud no solo depende de la buena estructura física o del buen funcionamiento fisiológico de nuestros órganos, sino también de cómo está nuestra mente y qué tan conectados estamos desde el alma con algo superior. Por ello, además de buscar e implementar un buen sistema de nutrición, he ido recopilando herramientas relacionadas con nuestros cuatro cuerpos: físico, emocional, mental y espiritual.

Mientras me formaba como psicóloga transpersonal, periodista y terapeuta ayurvédica llegaron a mi vida una serie de conocimientos muy valiosos que he practicado y decantado para construir mi propio plan de bienestar, herramientas para una adecuada manera de vivir.

Y este es el camino que quiero compartir contigo, con la plena certeza de que si algo de lo que aquí expongo resuena con tu ser, entonces serás tú el que asuma la responsabilidad de mejorar las condiciones de vida que te lleven a una salud mejorada y a un excelente estado integral no solo tuyo sino de quienes te rodean.

Este libro está dividido en nueve capítulos (y un capítulo de Referencias). Junto a la teoría hay una serie de herramientas prácticas, que serán útiles para tu bienestar. También encontrarás un completo recetario, que es fundamental para nutrir más esa maravillosa farmacia que es tu cocina.

Te sugiero que, antes de seguir, consigas una libreta o cuaderno que será una bitácora de este viaje que ahora comienza. De todos modos, en este libro tendrás la oportunidad de escribir tu experiencia, reflexiones y lo que consideres más relevante para tu plan de bienestar.

¡Bienvenido a tu nueva vida!

Xiomara Xibillé

1 Trofología es la ciencia que combina correctamente los alimentos. Es utilizada por los médicos taoístas en el yin-yang de la dieta (Reid, 1990).

2 Papa peruana con alto contenido en vitaminas.

3 Fríjoles del Japón de muy bajo contenido calórico, pero muy alto valor proteico. Son excelentes para mejorar la tonicidad de los riñones.

4 Estrógenos naturales extraídos de los alimentos como, por ejemplo, la soya.

CAPÍTULO 1
El terreno lo es todo

La base de cualquier proceso educativo,
en cualquier fase de la vida, es la formación
y transformación de los hábitos cotidianos.

Tomio Kikuchi

Podemos curarnos modificando el entorno interno de nuestro organismo

De la misma forma en la que al hortelano le interesa saber la calidad del suelo en el que va a plantar su semilla y observa si este es orgánico, ácido o alcalino, ya que de ello depende el fruto de su cosecha, a nosotros nos debería importar la calidad de nuestro terreno biológico, dado que de eso depende nuestra vitalidad y salud.

De la ecología interna depende el bienestar de nuestro organismo

Por fortuna, para lograr un adecuado cultivo es posible mejorar la calidad de cualquier suelo: el exceso de acidez se remedia añadiendo cal; la alcalinidad, con la adición de abono (compost) o estiércol; la inundación del terreno, con un buen drenaje; y las diferencias de oligoelementos pueden ser corregidas agregando las sustancias que hagan falta.

De igual forma, en nuestro cuerpo el equilibrio orgánico también puede ser corregido y restablecido con la creación de hábitos de vida saludables, que tienen que ver directamente con la manera en la que nutrimos nuestro terreno interno (sangre) mediante una alimentación adecuada, una buena oxigenación (respiración), y el respeto por los ciclos naturales de la vida, que se relaciona con los ciclos circadianos (día y noche), mediante una actividad mesurada y un sueño reparador.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que no somos solo un cuerpo físico que necesita energía para sostenerse, sino que tenemos un cuerpo emocional (emociones), uno mental (pensamientos) y uno espiritual (conexión con la unidad), que también necesitan cuidado e higiene, pues estos constituyen un holos (la totalidad). Si alguno de estos cuerpos se sobrecarga o, por el contrario, se desvitaliza, inmediatamente se afectan los otros y transforman el medio ambiente interior de cada uno de nosotros.

En realidad, deberíamos tener unos hábitos de vida que suplan los requerimientos de nuestro cuerpo y, por ende, de nuestra mente y espíritu, para así tener la fuerza, la vitalidad y la salud que necesitamos.

Terreno biológico

Las células son las “unidades de la vida”, y dependen del medio en el que se encuentran. Como no pueden desplazarse necesitan que el oxígeno y las sustancias nutritivas les sean suministrados y los desechos que producen puedan ser retirados. Por eso, los líquidos orgánicos como la sangre, la linfa y los sueros celulares —encargados del transporte y desecho de las sustancias— son muy importantes. Antiguamente, se llamaban “humores” y se hablaba del estado de estos “humores”; hoy en día, en lugar de utilizar este término, se habla de “terreno”.

Uno de los trabajos más importantes del cuerpo es, por tanto, mantener la pureza de los líquidos orgánicos. Sin embargo, las casi cincuenta mil millones de células que componen el cuerpo humano excretan sus desechos en el medio humoral (terreno) como si fuese una cloaca. Cada día son arrojadas a la sangre y a la linfa entre cinco y siete mil millones de células muertas.

Para mantener el equilibrio homeostático de nuestro terreno biológico interior, nuestra sangre —que es el principal agente de distribución de los nutrientes— debería mantener una temperatura de 37 ºC y conservar un pH de 7,365. Recordemos que el pH es la medida utilizada por la Química para determinar la acidez o alcalinidad de una sustancia (por lo general, en la saliva o la orina). Para ello podemos usar unos papeles reactivos que se consiguen en las farmacias, los cuales indican la alcalinidad de nuestro cuerpo. La alcalinidad en todos los fluidos corporales, incluida la sangre, la orina y la saliva, es indispensable para la buena salud.

Para cumplir adecuadamente esta tarea, la sangre debe mantener un ligero nivel de alcalinidad. En una persona sana, el pH de la sangre, así como de la linfa, el líquido cefalorraquídeo, y otros fluidos se ubica entre 7,40 y 7,45. Cuando el nivel de acidez se incrementa debido a ciertos mecanismos de autorregulación, la sangre logra conservar este equilibrio vital. Lo hace por medio del aporte de bases (álcalis) que neutralizan los ácidos. Así, para obtener un metabolismo celular sano, es preciso que, junto al oxígeno, la sangre tenga un constante flujo de sustancias de naturaleza alcalina, a fin de neutralizar los ácidos. Por ello, en este libro encontraremos herramientas para lograr un medio interno que promueva el equilibrio alcalino, que es la base fundamental de una buena salud.

Así como la acidez de la tierra promueve el crecimiento de hongos y bacterias, nuestros trastornos fisiológicos son casi siempre el resultado de una cantidad excesiva de ácido que es el principal promotor de la enfermedad.

Nuestro sistema de autorregulación interna puede recurrir a la reserva alcalina de huesos, dientes y tejidos ya sea por exceso de ácidos o por carencias nutricionales. Cuando eso sucede, nuestra sangre —en lugar de aportar el oxígeno necesario para los procesos vitales en el organismo— se vuelve una especie de “ladrón”, por su afán de restablecer el equilibrio ácido-básico. Entonces, produce descalcificación y desmineralización, lo cual debilita nuestro sistema inmune.

Las causas más comunes de toxicidad y acidez en nuestro cuerpo son:

La comida cocinada en exceso. Carencia de alimentos integrales y uso indiscriminado de alimentos refinados. Comer en exceso. Comer rápidamente. La combinación inadecuada de los alimentos. Un estilo de nutrición no balanceada. Pensamientos y emociones negativas. Estrés. Sentimientos no expresados. Estreñimiento. Falta de ejercicio. Pesticidas y químicos presentes en nuestros alimentos. Cafeína, tabaco, alcohol y drogas. Contaminación del aire, el agua y la tierra. Ondas electromagnéticas.

Después de atender a cientos de pacientes, los doctores Robert y Shelley Young, escritores de La milagrosa dieta del pH, declaran que la sobreacidificación del cuerpo es la única causa de todas las enfermedades, y han determinado que la acidez y la toxicidad se pone de manifiesto en nuestro organismo por intermedio de:

Pérdida de energía. Sensibilidad e irritación (como el síndrome del colon irritable). Mucosidad y congestión. Inflamación. Endurecimiento de los tejidos blandos (“induración”, incluidos lupus, enfermedad de Lyme, fibromialgia, el endurecimiento de las arterias y el sarro). Úlceras. Degeneración (cáncer, insuficiencia cardiaca, ictus, sida, esclerosis lateral amiotrófica, esclerosis múltiple, diabetes).

También podemos presentar síntomas menos intensos como:

Erupciones cutáneas. Dolores de cabeza. Alergias. Resfriados. Gripa. Problemas en los senos paranasales.

Este desequilibrio en el pH de la sangre y de los tejidos da lugar a irritación y a inflamación, y prepara el terreno para el malestar y la enfermedad.

Retomando la analogía con la que empezamos este capítulo, el hortelano debe ser muy cuidadoso en saber qué sustrato necesitan las plantas para crecer y desarrollarse. Así mismo, nosotros debemos proveerle a nuestro terreno biológico vitaminas, oligoelementos, enzimas y otras sustancias de los alimentos que serán la energía con la que se nutran las células para su adecuado funcionamiento.

Los alimentos que se clasifican dentro de los sabores dulces contribuyen a la acidez del ambiente interno, pues humedecen y generan un moco anormal en nuestro organismo. Cuando hay ingesta en exceso de alimentos como lácteos, azúcares refinados y harinas de trigo refinadas, es decir, los alimentos que han pasado por un proceso de blanqueamiento, hay una propensión a la acidificación.

Como “somos lo que comemos”, para mantener un ambiente interno alcalino es importante que aportemos alimentos frescos, biológicamente activos, de buena calidad y preparados de forma correcta y sana. Este cuidado y atención se verán reflejados en el buen funcionamiento de nuestro cuerpo.

Como “somos lo que comemos”, para mantener un ambiente interno alcalino es importante que aportemos alimentos frescos, biológicamente activos, de buena calidad y preparados de forma correcta y sana. Este cuidado y atención se verán reflejados en el buen funcionamiento de nuestro cuerpo.

Durante cada instante de la vida nuestras células producen aproximadamente seis billones de reacciones, es decir, tenemos la capacidad de renovarnos. Por ejemplo, la piel se regenera una vez al mes; el recubrimiento del estómago, cada cinco días; el hígado, cada seis semanas; y el esqueleto, cada tres meses. Todos los órganos están en un cambio permanente. Los alimentos y la calidad de nuestros pensamientos tienen un efecto definido e importante sobre las estructuras tisulares y celulares del cuerpo. Por esta razón, son necesarios unos buenos nutrientes para el rejuvenecimiento y la regeneración de nuestro organismo, así como hábitos adecuados que permitan reemplazar los tejidos viejos con los materiales apropiados para reconstruir el cuerpo.

Para el profesor Claude Bernard, biólogo, teórico, médico y fisiólogo francés, fundador de la medicina experimental, el “terreno biológico”, nuestro ser, es igual o más importante que los mismos gérmenes, a los que muchas veces se les atribuye la enfermedad. “El microbio no es nada, el terreno lo es todo”, dice.

Práctica de bienestar: alcalinización del terreno biológico

Prácticas alcalinizantes

Dieta con preponderancia de alimentos alcalinos: arroz integral, quinua, alforfón, mijo, frutos secos, especialmente almendras, nueces del brasil, anacardos exceptuando el maní, frutas como limones, lima, toronja, mango, papaya, dátiles, manzana, higo, pera, verduras como las alcachofas, espárragos, aguacate, remolacha y sus brotes, repollo, zanahoria, coliflor, apio, pepino, guisantes, rábanos, calabacines y algunas leguminosas como los fríjoles mungo. Ejercicio físico. Buena oxigenación (mejora de la capacidad respiratoria). Beber abundante agua filtrada u ozonizada. El sueño reparador y la relajación. Las emociones positivas (alegría, optimismo).

Rutina para oxigenar y remineralizar el cuerpo

Ejercicios para la eliminación (apana) del aire remanente que debe salir del cuerpo

Vtskar kriya: siéntate en una postura cómoda, con las piernas cruzadas y las manos sobre las rodillas. Pon tu boca como un pico y “bebe” la mayor cantidad de aire que puedas, y llévalo al estómago. Usa pequeños sorbos, continuos, como si estuvieras tragando. Cierra un poco el cuello, bajando el mentón. Rota tu estómago hacia la izquierda sosteniendo la respiración, y luego en la dirección contraria y continúa durante el tiempo que te sea posible. Cuando no puedas sostener la respiración por más tiempo, endereza la espalda y exhala suavemente a través de la nariz. Repite este ejercicio dos veces más. Es mejor hacer este ejercicio con el estómago vacío, no más de dos veces al día. Este ejercicio ajusta el balance ácido del estómago. Para lograrlo, debes realizarlo regularmente, ojalá sin saltarte ningún día. Siéntate sobre los talones y lleva las manos al lado del cuerpo, toca el piso con la cabeza. Imagínate que tienes una gran cola que sale al final de tu columna vertebral. Imagina que la cola pesa 50 kilos y vas a tratar de romper un muro. Continúa así durante tres minutos, seguidos de cinco minutos de relajación. Este ejercicio fortalece el corazón. Acuéstate sobre la espalda y presiona los dedos de los pies hacia delante, levanta las dos piernas hasta 90 cm y mantén la respiración larga y profunda durante 2-3 minutos. Inhala, mantén el aire un momento y relájate. Este ejercicio adelgaza la cintura y limpia la vesícula biliar. Acostado de espalda, lleva las piernas por detrás de la cabeza y agarra los dedos del pie. Rueda hacia atrás y hacia delante sobre la columna vertebral, desde su base hasta el cuello durante 3 minutos. Este ejercicio renueva la circulación y equilibra los nervios. Siéntate en una postura cómoda y tan calmado como puedas. Haz una “u” con la mano derecha y cierra la fosa nasal derecha con el dedo pulgar, y la fosa nasal izquierda con el meñique. Inhala a través de la fosa nasal izquierda y exhala a través de la fosa nasal derecha durante tres minutos. Después, inhala a través de las dos fosas nasales, sostén la respiración y siente la energía radiando en todo tu cuerpo. Este ejercicio proporciona salud y vitalidad. En postura cómoda (sentado con las piernas cruzadas), haz la cerradura de venus (manos entrecruzadas, con el dedo pulgar encima) frente al pecho, a la altura del corazón, con las palmas de las manos mirando hacia el pecho. Inhala y gira tu cabeza hacia la izquierda, y apoya la barbilla sobre el hombro. Exhala mientras volteas la cabeza hacia la derecha durante 3 minutos. Los ejercicios 5 y 6 distribuyen la fuerza pránica (la energía vital), estimulan la tiroides y la paratiroides. Estira los brazos al lado del cuerpo, paralelos al suelo, y muévelos como si nadaras de espalda, en círculos largos, durante un minuto. Inhala, mantén la respiración, dobla los codos y lleva los dedos de las manos a los hombros, poniendo los pulgares por detrás del hombro. Mientras sostienes la respiración, la corriente eléctrica (aura) se está regmagnetizando. Exhala y deja que la energía fluya a todas las partes del cuerpo y siéntete refrescado.

Este es un buen ejemplo de una simple pero poderosa serie de ejercicios que fue guardada en secreto por aquellos yoguis que la aprendieron. Esto nos permite obtener el buen manejo del sistema digestivo y darle juventud a la apariencia de la piel. La edad no empieza con los años; empieza con la deficiencia nutricional, los problemas intestinales y una columna poco flexible que interrumpe su movimiento fluido.

Fuente: Gururattan Kaur Khalsa (1988)

Respiración de fuego (nadhi sodhana)

Esta respiración diafragmática es poderosa y altamente vitalizante. Activa el fuego digestivo e impulsa la combustión de las toxinas que genera nuestro metabolismo digestivo, oxigena rápidamente nuestra sangre y promueve la buena salud y la claridad mental.

Siéntate erguido y pon las manos en mudra de oración. Abre los párpados a una décima parte. Gira los ojos hacia arriba y concéntrate en el entrecejo. Inicia una respiración de fuego de 1 a 3 minutos. Luego, inhala y sostén por 19 segundos. Relaja. Permanece quieto y coloca las manos sobre las rodillas en gyan mudra, palmas hacia arriba. Observa el flujo natural de la respiración, y la corriente constante de sensaciones internas y externas. Continúa por 3 minutos. Inhala profundo, exhala. Repite esta combinación de 3 a 5 veces.

Fuente: Yogi Bhajan (2007)

Terreno emocional

Más allá de la ciencia oficial —que establece que la sangre es un medio vivo que aporta una serie de nutrientes a los órganos internos—, el cuerpo humano es un compendio de energías visibles y materiales, y de energías invisibles como los pensamientos, emociones y energía vital, tal como lo entendieron distintas culturas a lo largo de la historia de la humanidad.

Las emociones como deseos, alegrías, penas, sufrimientos o pasiones que habitan en nuestro cuerpo emocional son una forma de energía radiante sin forma física.

En la Biblia se utiliza el término nephesh, traducido como “suspiro y pulso de vida”. Según los cabalistas, el nephesh habita en un medio vital, descrito como un vapor humeante que reside en las cavidades del corazón, desde donde se distribuye por todo el cuerpo. Si bien la sangre es el vehículo para el movimiento de la fuerza vital (nephesh), a su vez es el vehículo para el movimiento de la conciencia.

Para los médicos tradicionales chinos, el concepto sangre incluye, además de la parte física, la energía inherente que está dentro de la sangre que se crea por la interacción del bazo-páncreas al extraer los nutrientes que han entrado en el tracto gastrointestinal.

La preocupación y la ansiedad, ejemplos de pensamientos en exceso, dañan las funciones del bazo-páncreas, su producción de sangre y la asimilación de nutrientes.

De la misma manera, la irascibilidad y el resentimiento se acumulan en el hígado; los miedos, en los riñones; la tristeza, en los pulmones, y muchas otras emociones que no hemos podido procesar de una manera adecuada quedan atrapadas formando corazas de resistencia en otras partes de nuestro cuerpo: articulaciones, fascias, nervios o cualquier otro lugar corporal. Esto produce tanto desequilibrio que podemos generar enfermedades autoinmunes, artritis, cáncer u otras muchas enfermedades asociadas a estas emociones atrapadas en nuestro interior.

La ciencia médica reconoce que muchas enfermedades corporales provienen o se agravan por la tensión resultante de la ira, el miedo, la ansiedad, la preocupación, la envidia, la codicia y cualquier otra actitud o emoción negativa, y afectan el cuerpo por intermedio de los sistemas nervioso, endocrino, muscular e inmune.

Las emociones como deseos, alegrías, penas, sufrimientos o pasiones que habitan en nuestro cuerpo emocional son una forma de energía radiante sin forma física.

A veces llevamos un equipaje tan cargado con este tipo de emociones que nuestra vida se torna caótica, nos volvemos reactivos, temerosos, amargados e incluso perdemos la alegría de vivir. Todo se hace lento; nuestra sangre se vuelve más densa, pues estamos en un estado constante de “alerta”, de reacción, de “huida”, de “tensión”. De esta forma, las emociones estimulan las glándulas adrenalínicas para que segreguen adrenalina, que a su vez, se convierte en epinefrina, dopamina y noradrenalina, sustancias químicas que desencadenan una serie de pensamientos y reacciones físicas como aumento del ritmo cardiaco y de la respiración, glucosa en la sangre y actividad muscular, pues son reacciones aumentadas distintas a las del ritmo orgánico normal, reacciones exacerbadas por la acción de las hormonas. El miedo deprime la respuesta inmunitaria, aumenta el ritmo cardiaco y la respiración y también hace que el sistema muscular se contraiga. Si estas respuestas se hacen crónicas, el estrés eleva significativamente el nivel de colesterol, mientras que el sistema hormonal aumenta y se desequilibra, sobre todo en las catecolaminas. Una de las consecuencias más claras cuando tenemos un desbalance en nuestro cuerpo es el ritmo cardiaco y la respiración que se vuelve corta, entrecortada, poco profunda como un jadeo que desgasta el sistema en lugar de oxigenarlo. De esta forma, los músculos del cuerpo se contraen manteniéndose tan tensos, que a veces se producen fuertes espasmos.

A la inversa, las emociones positivas como el amor, la esperanza, la alegría y los sentimientos de bienestar y seguridad refuerzan nuestro sistema inmune y hacen que nuestro cuerpo físico tenga una mejor capacidad para rechazar la enfermedad.

Todos nos hemos preguntado qué es ser feliz. Este es un concepto que ha cambiado a lo largo del tiempo, y que cada persona interpreta a su manera. Para muchos, la felicidad ha estado directamente relacionada con las necesidades y anhelos externos que nos hacen pensar que ser feliz es tener objetos materiales, logros profesionales, reconocimiento, estatus, una familia para mostrar, un trabajo ideal y éxito en los proyectos. Así mismo, para otros, la felicidad es sinónimo de rebeldía y libertad sin límites, lo que los lleva a caer en la autosatisfacción mediante drogas, promiscuidad, excesos y deleite inmediato, que sirven como motivadores de las carencias individuales. Los gimnasios, las secciones de literatura de autoayuda en las librerías y los distintos lugares en los que hay algún tipo de trabajo espiritual, cada vez se ven más atiborrados de personas que buscan estímulos y respuestas para encontrar la felicidad.

Lo cierto es que cada uno de nosotros busca a su manera la felicidad y, aunque cada uno es el responsable de encontrarla, pocos sabemos cómo hacerlo. Tal como lo dijo Abraham Lincoln: “Cada persona es tan feliz como se propone serlo” y cada momento de la vida nos otorga la posibilidad de elegir entre ser feliz o infeliz frente a los sucesos que trae consigo cada día. Reaccionar de manera positiva o negativa frente a las adversidades es un trabajo diario que puede conducirnos a lograr un equilibrio que nos permita amar lo que hacemos aunque hacerlo a veces implique estar en medio del tráfico, largas esperas o resultados que no siempre se acercan a nuestros objetivos. Ser feliz es buscar un balance en lo que hacemos, y es entender que aunque no obtengamos éxitos y logros inmediatos, tenemos unas metas definidas; ser feliz es creer, luchar y amar el camino que debemos recorrer para lograr aquello que nos proponemos.

Cuando una persona realmente es feliz —entendiendo la felicidad como la posibilidad de elegir la actitud con la que afrontamos cada día y el equilibrio que logremos para enfrentar los retos, dificultades y logros que nos trae la vida— sus análisis de sangre muestran un sistema inmunológico muy activo, pues la emoción de la alegría y las ganas de vivir abren y expanden nuestro campo energético, y envían esta energía que se propaga por todo el cuerpo eléctrico y físico.

A la inversa, las emociones positivas como el amor, la esperanza, la alegría y los sentimientos de bienestar y seguridad refuerzan nuestro sistema inmune y hacen que nuestro cuerpo físico tenga una mejor capacidad para rechazar la enfermedad.

Los sentimientos de felicidad hacen que los nervios parasimpáticos, responsables de la regulación de los mecanismos homeostáticos de los organismos vivos, tomen el control y se presente la reducción del estrés, la mejora del equilibrio intestinal y la transmisión de mensajes al hipotálamo. Las fibras de este sistema llegan a casi todos los órganos y sistemas del cuerpo, desde la pupila del ojo hasta la motilidad intestinal. El sistema simpático nos ayuda a sentir las sensaciones de frío o calor, lo que nos permite experimentar mayor sentimiento de dicha.

¿Cómo ser menos reactivos y más proactivos con nuestras emociones?

Durante las clases de Humanología Yóguica que tomé mientras me formaba como maestra acuariana de Kundalini Yoga, el maestro Pritam Pal nos explicó de una manera muy clara cómo se desarrolla nuestro intelecto y cómo los pensamientos son las semillas de nuestras acciones. De la mente universal, que es como una gran computadora central, descendemos los pensamientos, estos se tiñen de algún color y se transforman en sentimientos que detonan en una respuesta hormonal, lo que se traduce en una reacción a veces muy primaria e instintiva. De esta manera, si nos damos un espacio entre sentimiento y respuesta hormonal podemos ser menos reactivos, estimular nuestro sistema hormonal, y activar una respuesta concreta en el cerebro que se traduce en una acción determinada. Este es el ciclo de nuestro intelecto.

Por eso, la pausa entre pensamiento y sentimiento y entre este y la respuesta hormonal en nuestro cuerpo es esencial para no ser reactivos e instintivos, sino seres conscientes, capaces de modular nuestras respuestas desde lugares más ecuánimes, más amorosos y más tranquilos. Y esa pausa se logra mediante técnicas como la meditación, la observación neuroconsciente, entre otras.

Cada pensamiento genera una emoción y cada emoción moviliza un circuito hormonal que tendrá impacto en los 50.000 millones de células que forman nuestro organismo.

Si vemos estas correlaciones energéticas, nos damos cuenta de que no solo los nutrientes de los alimentos son indispensables para que la fuerza de vida navegue por nuestra sangre, sino que los alimentos para la mente también son importantes: los buenos sustratos del corazón nutren adecuadamente este terreno emocional, pues la preocupación y las actitudes negativas aceleran el envejecimiento porque debilitan la sangre, que es la encargada de llevar los nutrientes necesarios para la regeneración de las células.

El doctor Juan Hitzing, autor del libro Cincuenta y tantos. Cuerpo y mente en forma aunque el tiempo siga pasando, estudió durante muchos años el mundo de las emociones y desarrolló el alfabeto emocional. Explica que el pensamiento es un movimiento energético que aunque inicialmente es intangible, rápidamente se convierte en emoción un movimiento de neuroquímica. Estudió las características de algunas personas longevas y saludables, y concluyó que más allá de las características biológicas, el denominador común de todos ellos radicaba en sus conductas y actitudes. Por ello, propone que cultivemos las conductas S que son: Serenidad, Silencio, Sabiduría, Sabor, Sexo, Sueño, Sonrisa. Estas promueven la secreción de serotonina, una hormona neurotransmisora de mensajes que controla funciones tan importantes como el estado de ánimo, la digestión y el apetito, y es precursora de la melatonina, la hormona del sueño. Así mismo, la serotonina influye en la sexualidad y en el umbral del dolor; cuando está hormona es secretada se inhibe el enojo o la agresión, y promueve ánimo, amor, aprecio, amistad y acercamiento.

De la misma manera, el doctor Hitzing también propone controlar las conductas R, correspondientes al Resentimiento, la Rabia, el Rencor, el Reproche, la Resistencia y la Represión, dado que estas facilitan la secreción de cortisol, una hormona corrosiva para las células que acelera el envejecimiento y promueve la depresión, el desánimo, la desesperación y, muchas veces, el sentimiento insondable de sentirnos desolados.

Mi maestro de chi-kung, Wong Ki Kut, antes de cada práctica nos decía: “Smile from your Heart” (“Sonríe desde el corazón”), pues si el corazón está sonriente todos los órganos también lo harán.

Práctica de bienestar: depuración emocional

Ejercicio para la calma interior

1. Busca un espacio en donde puedas permanecer por unos minutos en silencio, lejos de teléfonos, agendas y aparatos eléctricos.
Haz un par de inspiraciones y exhalaciones lentas y profundas, y en ese estado de tranquilidad lleva tus manos al corazón, este sencillo acto hace que liberemos oxitocina, una sustancia química también conocida como la hormona del amor. Con cada respiración permite que el amor empiece a recorrer cada parte de tu ser.

2. Lleva toda la atención al centro del corazón, al plexo cardiaco que es donde se transmutan las emociones y siente que haces la inhalación y la exhalación desde el corazón, hazlo un par de veces hasta que sientas que la respiración se vuelve natural y se acompasa con tu propio ritmo.

3. Continúa respirando con la conciencia en el corazón. Cada vez que inhales, siente que te llenas de tranquilidad, amor y compasión; exhala con suavidad. Siente que el corazón y todas las emociones que allí habitan se tranquilizan, se aquietan, incluso permite que el corazón sonrí ...