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INSóLITAS PAREJAS

Daniel Samper Pizano  

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Fragmento

Amores, alcobas y algoritmos

No se necesita acudir a una sopa de algoritmos para darse cuenta de que los principales motores de la historia son el poder, el dinero, la religión y el amor (incluido el sexo). Con un poco de benevolencia por la especie humana podríamos agregar también la libertad y la justicia.

Este libro trata sobre las extrañas uniones que producen el amor y/o el sexo y el extraordinario poder que ejercen estos sentimientos. Hace un tiempo publiqué Camas y famas, una colección de diez historias de amor raras y genuinas cuyos protagonistas fueron personajes célebres. Allí aparecían, entre otros, el escritor Honorato de Balzac y las dos mujeres que más amó; el sultán Solimán y su antigua esclava Roxelana; Antoine de Saint-Exupéry y la centroamericana que le inspiró El Principito; la gran Catalina de Rusia y sus múltiples amantes, el cuadrángulo de pasiones heterodoxas de Oscar Wilde y el perfil del siniestro Al Capone como marido ejemplar.

En el prólogo del pintoresco mosaico lamentaba no haber podido ocuparme de otras famosas y curiosas parejas, como Lucrecia Borgia, su señor esposo y el bardo que ella amó de manera clandestina; o el poeta Rubén Darío y una campesina española analfabeta; o los amores homosexuales del compositor Piotr Ilich Chaikovski y la desventurada mujer con la que se casó por razones de apariencia; o la emperatriz china que se enamoró de un eunuco del palacio, con fatal desenlace para él.

Todas las anteriores historias, y ocho más, figuran en el tomo que el lector quizás empezó ya a hojear sin detenerse en esta breve introducción. Son relatos que parten del motor erótico y su expresión tradicional: la cama. Pero que no se limitan a menudencias de alcoba, sino que exploran la sociedad y la época en que tuvieron lugar y las consecuencias que produjeron. Un buen número de ellas se desarrolló en dos siglos fascinantes: el XIX y el XX. Recreo, sin embargo, amores retorcidos durante el descubrimiento científico de América, hace doscientos cincuenta años, y enredos sorprendentes de las cortes chinas, donde en ocasiones el poder no nacía del filo del yatagán sino de la sensualidad de la almohada.

Se trata, con una sola excepción, de personas sobre las que cayó el amor como una bomba y provocó diversos trastornos y modificaciones. En algunos casos los resultados fueron lamentables y dolorosos; en otros, gratos y positivos. Lo que estas historias revelan es que el amor no siempre es un duende bendito que trae la felicidad, sino que a veces es un bicho que deja ruina y destrozos. Amor y sexo gozan de milenaria buena prensa y han inspirado obras artísticas sublimes: tragedias, poemas, novelas, óperas, esculturas, pinturas, sinfonías, ballets… También la cultura popular se alimenta de estas fuerzas emocionales: el cine, las telenovelas, las series, los boleros, las comedias musicales, las operetas…

Igualmente la Historia debe al amor guerras, crímenes sórdidos, injusticias, infamias… Otros poderes sufren a menudo los irracionales y severos embates del amor y/o el sexo, que desde hace siglos afectan al mundo de la política, de los negocios, de la religión. Un lecho bien servido puede crear o destruir imperios, desatar batallas, quebrar empresas, dividir religiones. Pero también es capaz de abrir nuevas ventanas en vidas aburridas y oscuras comunidades.

Y es que el amor es al mismo tiempo ímpetu del mal y don de la existencia, y no hay cifra de algoritmos que medir su fuerza pueda.

En una conocida zarzuela, el prior de un convento canta así:

El amor, el amor es un veneno

de un poder fatal.

Un licor, un licor con el perfume

de la flor del mal.

Su poder, su poder hace a quien bebe

el vino turbador

maldecir y temer al amor.

(La dolorosa, de Serrano y Llorente)

En cambio, una de las más célebres canciones del cine norteamericano proclama lo contrario:

El amor es algo esplendoroso,

es la rosa de abril que crece en la primavera temprana.

Amor es la manera como la naturaleza

ofrece una razón para vivir,

es la corona dorada que hace rey a un hombre.

(“Love is a Many Splendored Thing”, Fain y Webster)

Para saber si el amor es un veneno o una luz refulgente, aconsejo leer las historias que relatan estas páginas, donde cada quien puede formarse sus propias ideas. Aunque quizás es tarde, pues ya el bolero dictó sentencia:

Amor es una cosa loca

que da la vida, que da la muerte.

(“¡Qué cosa es el amor!”, de Gabriel Ruiz)

El amor da la vida y da la muerte. Las historias de este libro lo demuestran. Contra el bolero no hay quien pueda.

Daniel Samper Pizano

Lucrecia
Borgia
&
Pietro
Bembo
&
algunos más

Hace cinco siglos, la familia Borgia dominaba la Iglesia e influía en toda Italia. El campo de Lucrecia era el amor. Sobre todo el amor clandestino.

La cópula en la cúpula

A despecho de todo cuanto se diga sobre ella, Lucrecia Borgia era mucho más juiciosa de lo que se cree, y su verdadero amor no fueron ni su papá —el pontífice Alejandro VI—, ni su hermano, ni sus maridos, sino un poeta y cardenal que ardía por ella con pasión… platónica. Cosas como esta, y aún peores, ocurrían en la cúpula de la Iglesia católica hace cinco siglos.

Tan bella que la consideraban la mujer más hermosa de su tiempo. Tan inteligente que a menudo influyó en el poder desde sus discretos lugares de retiro. Tan infeliz que padeció varios maridos y amantes, pero quizás solo quiso de veras al que no pudo tener. Tan denostada que la llegaron a llamar “la puta del Papa”1 y “la puta más grande de Roma”. Procedía de una familia tan unida, que muchos creen que se acostó con su hermano y su papá (que también era su Papa). Aunque Lucrecia Borgia murió en 1519, es decir, hace cinco siglos, sigue cautivando a escritores, historiadores y guionistas de cine y televisión. Sobre ella se han escrito miles de páginas y, sin embargo, pocas exponen verdades rotundas, probadas. Solo chismes. Rumores. Consejas. Prejuicios. Esto es lo que llena la literatura sobre Lucrecia. Según la mejor biografía suya, escrita por Maria Bellonci, “la historia de los Borja es tan enredada que apenas surge un chisme, el chisme se vuelve sospecha y, a menos que nos sometamos a los límites de los documentos, la imaginación se desborda”. Oculto tras la imaginación desbordada y la avalancha de mala prensa se enc

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