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LA ESTUPIDEZ COLECTIVA

Julián Torres Gómez  

5


Fragmento

Capítulo 1

La real definición de locura

Los que siguen a la multitud generalmente se pierden en ella.

Anónimo

El día que supe que Facebook había ayudado a elegir al presidente de Estados Unidos me di cuenta de que el mundo está jodido.

En el 2016 las noticias falsas se convirtieron en un fenómeno viral en internet. La elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos y la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit) nos mostraron a todos que las reglas del juego habían cambiado. Aunque a lo largo de la historia de la humanidad los políticos, los empresarios y las religiones utilizaron la desinformación como estrategia para influenciar al pueblo, alterar decisiones políticas y alcanzar objetivos económicos y sociales, solo hasta el 2016, debido al desarrollo acelerado de la tecnología y las comunicaciones, tomó una escala masiva y epidémica, capaz de transformar inclusive a los gobiernos más poderosos del mundo. Las redes sociales pasaron de ser una simple herramienta de comunicación entre amigos a ser el eje central del arsenal político de los más poderosos. Y aunque muchos no lo vimos venir e inocentemente accedimos a los términos y condiciones de unas novedosas plataformas para conectarnos con el mundo, en retrospectiva era casi obvio que tener a millones de personas agremiadas en un mismo lugar virtual, con la atención asegurada por varias horas cada día, sería como un pedazo de carne en un mar lleno de tiburones para los políticos, las empresas y los medios de comunicación tradicionales. ¿Cómo puede una red social ser capaz de movilizar naciones enteras hacia resultados electorales?

¿Alguien leyó los términos y condiciones?

En el 2013 fue fundada Cambridge Analytica, una empresa británica que combinaba minería y análisis de datos con comunicación para campañas publicitarias y procesos electorales. La empresa fue financiada por Robert Mercer, un reconocido científico informático e inversionista norteamericano perteneciente al Partido Republicano. A través de una aplicación llamada This Is your Digital Life, que ofrecía a sus usuarios dinero a cambio de responder una serie de encuestas, Cambridge Analytica logró recolectar información personal de ochenta y siete millones de usuarios de Facebook para construir perfiles psicográficos que dependían de las interacciones que tuvieran en la red social. La empresa pudo acceder a esta información de los usuarios gracias a una plataforma de Facebook llamada Open Graph, lanzada en 2010, que les da permisos a desarrolladores externos para obtener grandes cantidades de datos de los usuarios que le den aceptar a los términos y condiciones.

This Is your Digital Life originalmente fue descargada por alrededor de trescientas mil personas. Sin embargo, en la letra menuda de los términos y condiciones solicitaba permiso a los usuarios para acceder a toda su lista de amigos y extraer toda la información personal posible de sus perfiles, lo cual le dio el acceso a los más de ochenta y siete millones de perfiles. Con esta información, Cambridge Analytica pudo alimentar unos algoritmos complejos que, basándose en la información de los perfiles y sus interacciones con publicaciones, podía determinar qué clase de persona reaccionaría a ciertas noticias falsas, las tomaría como ciertas, y se inclinaría por apoyar a un candidato más que a otro. En 2016, la campaña electoral de Donald Trump invirtió fuertemente en anuncios en Facebook con la asesoría de Cambridge Analytica, y el resto es historia. En contra de cualquier lógica, el mundo vio cómo un candidato que comenzó con una campaña que muchos consideraban un chiste subió al poder en un abrir y cerrar de ojos.

Algo similar pasó con la campaña del Brexit. Varios donantes del Partido Conservador del Reino Unido tenían conexiones con Cambridge Analytica y Christopher Wylie, exdirector de la firma, aseguró en público que el Brexit no habría sido posible sin la intervención de los algoritmos desarrollados por la firma. Las formas tradicionales de hacer política fueron superadas por la consolidación de las redes sociales, la propagación de noticias falsas y la estupidez de nuestra generación, que está formando su criterio a partir de lo que lee en línea.

¿Cómo puede ser la gente tan estúpida?, se preguntaban millones de personas en todo el mundo el día que Trump fue elegido como presidente o el día que el Reino Unido votó por salirse de la Unión Europea. ¿Qué pasó? ¿Cómo puede ser que una red social como Facebook, aparentemente tan inofensiva, se convierta en una plataforma para manipular a las masas y permita a los más poderosos lograr lo que quieren? ¿Cómo puede ser alguien tan estúpido de creer lo que dicen las noticias falsas? Pues, al parecer, de alguna u otra forma, todos lo fuimos y lo seguimos siendo.

Un estudio realizado en 2017 por investigadores de las universidades Stanford y de Nueva York encontró que el 62% de los adultos en Estados Unidos se informan a partir de las noticias que ven en redes sociales y que, a su vez, la mayoría de estas personas —cerca del 60%— creen en noticias falsas cuando son expuestos a ellas1.

La hiperaceleración tecnológica y cómo el 2007 cambió el mundo

El mundo cambió. Pasamos gran parte de nuestro día conectados a internet y dedicamos un montón de tiempo a nuestros teléfonos celulares, y en especial las redes sociales. Cada vez es mayor el número de gente que deja de leer periódicos o ingresar a los portales de noticias y los sustituyen por el contenido que ven en redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram. Estas empresas han logrado desarrollar complejos modelos de inteligencia artificial y machine learning (serie de técnicas y desarrollos que permiten que las máquinas aprendan por sí mismas) para volvernos adictos a interactuar con su contenido. Combinando algo conocido como UX (experiencia de usuario) con análisis psicográficos de los usuarios, han encontrado la manera de suplir muchas de nuestras necesidades con sus diferentes funcionalidades: información, curiosidad, entretenimiento, socialización y relaciones interpersonales. ¿Cómo llegamos a esto?

El 19 de abril de 2018, la famosa Ley de Moore cumplió cincuenta y tres años. En 1965, Gordon E. Moore, el cofundador de Intel, ahora el mayor fabricante de procesadores y circuitos integrados del mundo, profesó que, cada dos años, aproximadamente, el poder computacional en los microchips se duplicaría. Esto quiere decir que, cada dos años, los computadores serían capaces de hacer el doble de operaciones en la mitad del tiempo. En su momento, esta era una afirmación bastante osada, teniendo en cuenta que solo las grandes corporaciones y los gobiernos tenían acceso a computadores y el computador personal estaba lejos de ser inventado. Fueron muchos los que creyeron que esta premonición era una locura y no se cumpliría, ya que supondría un crecimiento exponencial y un nivel de optimización imposible de obtener en cualquier industria a niveles tan acelerados. No obstante, y para sorpresa de todos, la ley se ha venido cumpliendo al pie de la letra desde ese año. El poder computacional en los microchips se ha duplicado aproximadamente cada dos años y ha traído a nuestras vidas innovaciones trascendentales como los computadores personales, los primeros teléfonos celulares, lo

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