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LA TRASTIENDA DE TRUMP

Daniel Estulin  

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Fragmento

Introducción

CAMBIO DE ERA

La gran política y la gran economía van siempre de la mano. En muchos países, las elecciones ya no son un tema meramente nacional o político, sino que también han adquirido una dimensión económica. Esto es especialmente cierto en países como Estados Unidos.

Dicho esto, es fácil ver por qué Donald Trump es en 90% una reacción inevitable a la política exterior de Estados Unidos y, seguramente, también a la política interior, porque hoy en día la línea que separa lo interior de lo exterior se ha desdibujado mucho.

La soberanía nacional ha sido sustituida poco a poco por la soberanía empresarial. Nutridas inicialmente por el Estado, las principales empresas transnacionales, instituciones financieras globales y comunidades internacionales en línea se han vuelto lo suficientemente potentes como para reivindicar políticas independientes y, en algunos casos, dictar las necesidades y oportunidades de países enteros, incluido Estados Unidos.

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Estos actores, que no son Estados, son los que dan forma a la actual agenda global. China, posible rival de Estados Unidos, se ha transformado en un gigante económico gracias a la globalización neoliberal, y puede que pronto ejerza presión para llevar a cabo una redivisión geopolítica del mundo.

Lo que estamos viendo hoy en día en el escenario global está tan relacionado con la geografía como con la política. Se está creando un nuevo orden en el que la geografía y el dinero están demostrando ser los triunfos definitivos de la baraja: la geografía se ha convertido en el principal factor en la toma de decisiones económicas. La geografía está generando la primera gran grieta política. La guerra por los cada vez más escasos recursos naturales ha empezado, por no hablar del agua y la comida en una era de explosión global de la población.

Todos sabemos lo que sucede en Oriente Medio: los regímenes laicos están siendo sustituidos por fuerzas antimodernidad. La elección del «caos controlado» como política exterior por parte de los demócratas estadounidenses ha tenido un papel importante en la destrucción de esos regímenes laicos y ha contribuido a la barbarización de grandes territorios y a dar la vuelta a la historia.

Históricamente, ha habido dos grandes tipos de ciclos en Estados Unidos. Periodos de expansionismo, habitualmente dirigidos por demócratas como Wilson, Roosevelt, Truman o JFK, seguidos de periodos introspectivos con republicanos al mando, con la excepción de George Bush hijo. La elección de Trump es la respuesta a la política expansionista, la necesidad de recuperar algo de espacio para respirar y centrarse en los temas nacionales.

«Primero Estados Unidos»; para dar un paso adelante y convertirse en un faro para el resto del mundo, como dijo Trump en su discurso de investidura, Estados Unidos necesita tomarse un descanso. Necesita volver a centrarse, reunir fuerzas y realinear sus recursos. La gran pregunta: ¿cuándo se llevarán a cabo estos cambios inevitables?

Dicho esto, el giro de Estados Unidos para centrarse en temas nacionales es temporal. Se espera que estos problemas internos se resuelvan a costa de inversores y factores extranjeros. Por eso se ha prestado tanta atención a Rusia, China, Irán y el mercado del petróleo. Por eso la inmigración es un tema tan candente, así como el ISIS.

Creo que Estados Unidos seguirá reafirmando su posición, pero por otros medios. Intentará minar a la Unión Europea y a China. Por supuesto, hay que tener en cuenta el nuevo orden global social y tecnológico emergente, que puede tener un gran impacto en todo Estados Unidos y en la economía mundial en su conjunto.

Esto ha sido así desde que la historia moderna sustituyó a la medieval en el momento en que se pusieron en pie las instituciones que distinguen por sí mismas una era de la otra. Eso sucedió en 1439 con el Concilio de Florencia. ¿Cuáles eran esas nuevas instituciones?

El concepto de las repúblicas modernas bajo el gobierno de la ley natural.

El papel central del cultivo de las ciencias y el progreso tecnológico como el mandato otorgado por la República.

Estas dos ideas representan un argumento crucial: su existencia como institución en cualquier punto de Europa cambió a todo el continente. ¿Por qué? Porque estos cambios incrementaron la proporción de desarrollo per cápita y por kilómetro cuadrado de la humanidad respecto a la naturaleza. Así que ninguna nación podía permitirse no progresar, no desarrollarse, por miedo a ser dejada inevitablemente atrás. Esto es lo que se encuentra tras el feroz conflicto de los últimos 580 años entre las fuerzas que representan la cultura clásica de Solón, Sócrates y Platón contra las fuerzas que representan el mal dirigido desde Venecia y sus lacayos modernos, representados por el Estado profundo y las élites supranacionales.

Cualquier innovación tecnológica tiene un impacto internacional directo. Sin embargo, la prevalencia de la capacidad de pago sobre factores productivos acelerará sin duda el proceso de «regionalización» del mundo. Es una forma de poner puertas a la globalización como manera de restringir el acceso a la competencia.

La tendencia a construir esas zonas económicas, corporativas y exclusivas no es nueva. Estamos hablando de los denominados Estados corporativos. Estas zonas exclusivas se están haciendo cada vez mayores y absorbiendo cada vez a más países. Recientemente, un investigador sénior de la New America Foundation publicó un artículo sobre el milagro de un futuro sin Estados.

Según él, estamos volviendo al periodo medieval. En 2030 veremos una nueva Edad Media dominada por paraestados y zonas de economía libre. Será un mundo de ciudades, principalmente portuarias, que tendrán un papel en el intercambio comercial global sin ningún centro de control único. Solo 10% de la población tendrá la suerte de vivir en este bonito y radiante mundo nuevo, mientras que el resto quedará relegado a una existencia bárbara y arcaica.

Todos tenemos que ser conscientes de esto. Pero ¿por qué Trump?

Estados Unidos debe concebirse no como un frente unido, sino como una muñeca rusa que contiene, al menos, tres Estados Unidos distintos. La primera capa es el Estados Unidos de Wall Street, la burocracia de Washington, Chicago, Hollywood y Silicon Valley. Es 1% de Estados Unidos, el Estados Unidos de la prensa escrita, los fondos especulativos, las aseguradoras, etcétera. Venden humo. Es un Estados Unidos que presta a otros, y está representado por Hillary Clinton. Por eso su campaña fue tan dura. Por eso jugaba a la defensiva. La economía del mundo real, incluido el sector servicios, acapara 80 billones de dólares, mientras que el mercado financiero global representa 800 billones de dólares, y si se tienen en cuenta los derivados, la cifra asciende a 1 500 billones de dólares de fraude organizado. En el futuro, alguien va a tener que pagar por estas transgresiones. El grupo de Clinton espera que no sean ellos. Pero ¿cómo pasas el tema sin asumir tus responsabilidades? Esta es una lucha que vale la pena, y este 1% está dispuesto a llevarla hasta sus últimas consecuencias.

Después está el segundo Estados Unidos, que es el postindustrial o corporativo. Apoya la producción y las empresas transnacionales nacidas de la segunda revolución industrial. Trump se convirtió en su voz. Pero, aún más importante para nosotros, es un matrimonio de industrias de la energía, el petróleo y los sectores militares con el de los servicios y la construcción.

Sin embargo, Trump nunca habría ganado si el tercer Estados Unidos no lo hubiera apoyado, al menos de momento, pero quizá también con cierta visión de futuro. Es el Estados Unidos de la alta tecnología. Es el Estados Unidos del conocimiento, de los intelectuales, de las nuevas tecnologías y las telecomunicaciones, que ha emergido en los últimos cuarenta años.

En el escenario global, Trump se ha convertido en símbolo y portavoz de aquellas fuerzas que no están preparadas para sacrificar Estados Unidos a los planes globales y que los esquivarán en nombre de la ideología de «Primero Estados Unidos».

Esta idea representa un cambio radical en el equilibrio de fuerzas en el terreno de juego global y, en consecuencia, un cambio en la dirección en la que está yendo la humanidad. Este es un tema que preocupa a escala universal. Somos testigos de un proceso mediante el cual el mundo entra en una nueva era. Una era marcada por el deseo de liberación nacional de sociedades separadas por fronteras y costumbres estatales que van en contra de un enemigo común: la dominación destructiva de la clase gobernante global en un contexto de derrumbe social inminente debido a la agresión de los especuladores globales de mente liberal.

El nuevo mundo con diversidad de poderes que nos acecha no será nada benevolente. Será horrible, estará lleno de conflictos y se parecerá al periodo entre las dos guerras mundiales, con su feroz nerviosismo del todos contra todos, que permitió formar las fantasmagóricas alianzas de la Segunda Guerra Mundial que llevaron, por ejemplo, a Polonia y Alemania a luchar contra Checoslovaquia y la Unión Soviética.

¿Cuál es la solución? Estamos ante la materialización de la amenaza real: la creencia enquistada de que debemos observar a los dioses de los principales medios de comunicación corporativos en busca de la verdad y el significado, y arrodillarnos como comulgantes neófitos ante las catedrales tecnoteatrales como acólitos de las prácticas de un brujo. El hombre moderno sigue siendo religioso, incluso en nuestra era gobernada por la ciencia. Lo único que ha hecho ha sido cambiar sus antiguos sacerdotes y dioses por unos nuevos, y en este libro voy a descifrar quiénes son y cómo ha sucedido esto.

DANIEL ESTULIN
Toronto, 21 de junio de 2017

PRIMERA PARTE

DONALD J. TRUMP,
PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS

1

LA INSURRECCIÓN

El principal conflicto de nuestro tiempo es el relacionado con la guerra y la paz. Durante dieciséis años, bajo los mandatos de George W. Bush y Barack Obama, Estados Unidos ha estado en guerra; una guerra colonial permanente que ha incluido cambios de régimen, revoluciones de colores, matanzas masivas con drones y asesinatos. Después, sobre todo durante el gobierno de Obama, hemos sido testigos de una gran escalada hacia el enfrentamiento militar estratégico contra Rusia y China.

Donald Trump no es un presidente republicano. «Hizo campaña de manera individual. Desafió a dieciséis candidatos en las primarias de los republicanos, la mayoría de ellos ligados a la Administración Bush anterior. En las elecciones, no solo compitió contra Hillary Clinton, sino también contra la facción proguerra, profundamente arraigada, del Partido Republicano. Se enfrentó a los ocho años de Barack Obama, pero también a las políticas y a las opiniones del régimen Bush/Cheney.

»Si uno observa la infame alianza que intenta derrumbar en estos momentos a la Administración Trump, esta incluye al ya exdirector del FBI, James Comey,1 al exdirector de la CIA, John Brennan, y a otros elementos turbios de la Inteligencia; también encontramos al recaudador del Partido Demócrata, George Soros, y a destacados miembros del congreso demócrata como el senador Charles Schumer; la alianza incluye también al exvicepresidente Dick Cheney, a senadores republicanos como John McCain y Lindsey Graham, y a otra gentuza neocon que ha quedado de la Administración Bush. Lo que tienen en común todas estas instituciones e individuos es que están locamente dispuestos a devolver a Estados Unidos al camino de una escalada militar contra Rusia y China.

»A primera vista, parece evidente que el núcleo del aparato para “hundir a Trump” son los neocon de la derecha o, más bien, como se les suele llamar actualmente, el fenómeno del “Estado profundo”. Sin embargo, esta caracterización, aunque acertada hasta cierto punto, es en última instancia superficial, en el sentido de que no indaga en la naturaleza más íntima del mal organizado que ha dominado de forma creciente las instituciones nacionales de Estados Unidos desde el asesinato del presidente Kennedy y, más en concreto, desde el ataque del 11 de septiembre de 2001.

»La naturaleza real de la bestia que ahora amenaza tanto al gobierno constitucional de Estados Unidos como a la paz mundial es el Imperio británico. En realidad, estamos combatiendo al Imperio británico moderno, un imperio cuyos intereses geopolíticos más preciados se ven amenazados por la independencia sin control del presidente Donald Trump, y por las iniciativas que ya ha tomado para normalizar las relaciones tanto con Rusia como con China.»2

El Estado profundo también incluye a los últimos imperialistas del Imperio Británico, que están llevando a cabo un esfuerzo frenético tanto en Estados Unidos como a nivel internacional. Su objetivo es aplastar el potencial que supone la presidencia de Trump, un potencial que podría mandar a estas élites y a su homicida «Nuevo Orden Mundial» post Segunda Guerra Mundial a la papelera de la historia.

Este potencial va más allá de las fronteras de Estados Unidos. «Contra los gritos que surgen a diario desde los medios controlados por ellos y por los hombres y mujeres de Davos, el motor real del crecimiento económico ha sido desatado en el mundo por China y su alianza con Rusia y la India, a la que Japón se ha unido recientemente. Al desatar una oleada de esperanza en los países en vías de desarrollo, esta alianza podría, si Estados Unidos se uniera a ella, guiar un renacimiento humano sin límites.»3

«Los votantes de Estados Unidos, Gran Bretaña e Italia han rechazado de forma decisiva la panacea del binomio formado por el libre mercado y la globalización, la base, supuestamente, de la sociedad civil de todos los Estados “democráticos” modernos. Desde la crisis financiera de 2008, las élites de los círculos financieros se han limitado a seguir expandiendo su asalto salvaje contra los estándares de vida de su población y las leyes del progreso económico físico, mientras seguían enriqueciéndose. Su sistema financiero está condenado y podría explotar en cualquier momento, lo que desataría un caos social inimaginable en todo el mundo. La idea de que Donald Trump unirá Estados Unidos con Rusia, China y la India en un nuevo paradigma de desarrollo económico se observa por su parte, no sin acierto, como una amenaza mortal a su existencia.

»Dicho esto, el nerviosismo extremo de las élites frente a Trump no tiene precedentes para las generaciones actuales. En pocas palabras, los imperialistas británicos han amenazado abiertamente con matar a Trump y con ir a la guerra contra lo que ellos ven como la amenaza creciente que China, Rusia, la India y Japón suponen para Eurasia. Periódicos tanto de Alemania como de Gran Bretaña (Die Zeit y The Spectator) han afirmado abiertamente que Trump dejará, y tiene que dejar, su puesto sea como sea, incluso aunque esto implique su asesinato. Este tipo de afirmaciones se dice que son habituales en los cócteles de Washington D. C.»4 Han sido pronunciadas por diversas figuras de Hollywood y periodistas «respetados», incluidos el rapero apodado Snoop Dogg (perro fisgón), que representó el asesinato del presidente en un videoclip violento que se ha emitido mucho, y Kathy Griffin, de la CNN, que apareció sosteniendo la cabeza cortada de Trump.

La élite «también ha desatado todo su aparato de propaganda difamatoria moderna, que data de la época post Primera Guerra Mundial, y pretende empujar a las masas a una enfurecida revolución en contra del presidente, todo esto bajo la tutela de los activistas expertos en revueltas populares y los líderes del “pensamiento” surgidos del consejo demócrata, que tomaron por asalto el Partido Demócrata después de la campaña de 2008 de Barack Obama».5

Para entender la trastienda de este asalto contra Trump, debemos tener en cuenta las dos vulnerabilidades flagrantes del decadente «Nuevo Orden Mundial» post Segunda Guerra Mundial creado por el Estado profundo.

John McCain cita las violaciones de Trump de ese «Orden» como casus belli6 para la insurrección que está teniendo lugar en contra del presidente. «La principal vulnerabilidad de ese orden es su completo desdén por las leyes fundamentales de la física económica. Adictos a jugar con el dinero, sencillamente, no saben cómo construir una economía capaz de mantener un progreso económico y social sostenido. Basan su supervivencia en la esclavización continua de la población mediante propaganda, educación de muy bajo nivel, entretenimiento, drogas y guerras perpetuas. Como Roma, el modelo de imperio para el actual Imperio británico, están condenados a caer. La cuestión es si toda la raza humana se desvanecerá con ellos en una catástrofe nuclear.

»La segunda vulnerabilidad se encuentra en la criminal historia antihumana del Nuevo Orden Mundial en sí. Si la población entendiera de verdad lo que sucede, si se disolviera la cortina de humo, la élite no tendría escapatoria. Este breve manual básico quiere ser el primer paso de un proceso de educación urgente».7

EL PRESIDENTE TRUMP Y EL ESTADO PROFUNDO,
ALIAS EL IMPERIO BRITÁNICO MODERNO

«La página web de opinión y redifusión de noticias Breitbart ha estado publicando una serie de artículos irónicos bajo el título “Virgil” con actos de la permanente campaña contra Trump llevada a cabo por el “Estado profundo”. Imagina un comité central del Estado profundo, una división de guerrillas con manifestantes, una división de medios de comunicación, una de cultura, etcétera. Aunque es simplista y satírico, no se equivoca.

»El Estado profundo, tal y como lo definen quienes realmente acuñaron el término, es la entidad post Segunda Guerra Mundial consistente en los bancos y despachos de abogados de Wall Street y Londres y las agencias estatales y de inteligencia creadas y dotadas de personal por ellos, y los medios de comunicación, fundaciones y think tanks controlados por ellos. Una estructura que intersecciona con el crimen organizado y algunos políticos patrocinados. Genera en la sociedad sucesos “profundos” y desestabilizadores a nivel universal, como el asesinato de John F. Kennedy, de los que aparentemente sale ileso.

»Desde la muerte de Franklin Roosevelt, el credo de esta entidad ha sido el neoliberalismo, una “filosofía” nihilista y sin dioses, que promueve el existencialismo, el pesimismo y una forma de “libertad” que no es más que narcisismo, ya sea en forma del “egotismo” de Ayn Rand o los mantras de autorrealización de la clase profesional. Después de haber matado a Dios, se supone que reina el azaroso “libre mercado” que determina los asuntos de los seres humanos. Busca fronteras abiertas (de manera que la mano de obra pueda tener los salarios más bajos posibles) y el libre mercado (para que los bienes puedan producirse al menor precio sin tener en cuenta el desarrollo económico ni laboral). Esta filosofía está encarnada por el edicto imperial de Barack Obama: “Nosotros decidimos las reglas” y en las fallidas panaceas económicas de Friedrich von Hayek, Ludwig von Mises y Milton Friedman.

»Poco después de la Primera Guerra Mundial, la élite angloestadounidense se organizó para controlar el mundo mediante la manipulación de la opinión pública y modelos asociados de falsa democracia. El American Century Project ideado por Henry Luce creó diversos modelos de control mediante ingeniería social de la población, todos ellos puestos en práctica con la excusa de que la población estaba “eligiendo” su destino democráticamente.8 Esto es una actualización moderna del antiguo modelo oligárquico de sociedad en el que la élite saquea continuamente a una población ingenua».9

«A pesar de lo que enseñan en los colegios, Estados Unidos nunca ha pretendido ser una democracia pura. Los padres fundadores del país atacaban esa idea y la veían como poco más que la dictadura de las masas, las mismas masas que habían visto manipular repetidamente al Imperio británico».10

«La lista de golpes de Estado y baños de sangre documentados llevados a cabo por los “demócratas” imperialistas desde el final de la Segunda Guerra Mundial incluye Irán, Guatemala, Indonesia, Pakistán, Vietnam, Brasil, los Balcanes, Georgia, Filipinas, Panamá, Egipto, Irak, Libia, Malasia, la mayor parte de Centroamérica y Sudamérica, y, más recientemente, Siria, Ucrania y Yemen. Ahora mismo, Yemen está recibiendo el tratamiento completo: un genocidio horrible, una austeridad implacable y bombardeos para devolver al país al estado más primitivo de sociedad. Todo el continente africano ha sido el escenario de una guerra genocida similar, con saqueo de materias primas y niños soldados implicados en las matanzas. Las economías de México, Centroamérica y la mayor parte de Sudamérica se han convertido en pueblos donde se fabrica con mano de obra barata, aislada y subcontratada, rodeados por una infraestructura de producción y transporte de drogas. Los beneficios que se derivan sirven para alimentar el esquema Ponzi conocido como Wall Street y la City londinense.

»Numerosos líderes políticos han sido asesinados. […] La lista incluye a Patrice Lumumba, Aldo Moro, Indira Gandhi, Salvador Allende, John F. Kennedy, Robert Kennedy, Martin Luther King y Malcolm X. Han asesinado a banqueros prodesarrollo, como el alemán Alfred Herrhausen, que desafió abiertamente los regímenes de crecimiento cero y austeridad del FMI y el Banco Mundial.

»El “pecado” de Donald Trump ha sido surgir retorciéndose en contra de ideas que la élite ha puesto en práctica a diario, desde la muerte de Franklin Roosevelt el 12 de abril de 1945, y que han sido establecidas como la ortodoxia estadounidense oficial.

»No crean la falsa simpatía ni la indignación al respecto de los refugiados. Han sido las bombas del Estado profundo y sus grupos patrocinados de terroristas y traficantes de drogas quienes han creado la crisis de los refugiados, y los críticos con Trump no abrieron la boca mientras miles morían en el Mediterráneo o eran asesinados por los cárteles de la droga en Centroamérica. No crean su indignación orquestada al respecto de la raza. […] Las ciudades estadounidenses y los suburbios que las rodean llevan décadas segregadas de manera estable y cuadriculada. La “raza” no es más que una “carta” más en el cínico juego de esta gente, una “carta” con la que jugar. Bill Clinton, Barack Obama y su consejo demócrata, impulsado por el senador del “abandonadlos a su suerte” Daniel Patrick Moynihan, no están en posición de quejarse sobre el racismo oportunista.11 De hecho, en nombre de su encargo de crecimiento de población cero, la élite ha asesinado y sacrificado a pueblos enteros durante casi un siglo.

»Donald Trump cometió su pecado capital cuando dijo que estaba abierto a negociar con la Rusia de Putin, y comparó negativamente el fuerte liderazgo de este con las debilidades de Barack Obama. Lo empeoró defendiendo el sistema de naciones soberanas frente a la idea de un mundo globalizado con un gobierno único. Unió la idea de hundimiento económico con la de hundimiento cultural. Declaró la guerra a las drogas y al papel de los bancos de Wall Street como facilitadores del blanqueo de capitales. También apoyó la separación bancaria de Glass-Steagall, lo que pondría fin a la economía de casino de la élite. Habló sobre avances científicos: volver a explorar el espacio y vencer enfermedades.

»Entonces, el 20 y el 21 de marzo de 2017, Trump cometió la peor ofensa de todas al abrazar directamente el “sistema estadounidense” de política económica, el tipo de economía que de verdad puso en pie Estados Unidos y que la élite pensaba que había sustituido completamente por su libre mercado y el Nuevo Orden Mundial global.»12

«Trump también heredó a los políticos corruptos y financiados por Wall Street de ambos partidos, que escupen políticas económicas británicas fallidas, ya sean estas las del apadrinado británico Milton Friedman o las del apologista del Imperio británico John Maynard Keynes. Los modelos, aunque divergentes en apariencia, acaban en el mismo sitio: crecimiento negativo de la población malthusiano, índices de productividad humana descendentes y el control imperial de la población mediante la cultura. Estas ideas monetarias extranjeras no tienen nada que ver con crear el desarrollo sostenido de la economía física y el desarrollo de los poderes productivos del trabajo, las preocupaciones de Alexander Hamilton y actualmente las de los chinos, con su gran Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda.

»Para ganar, el presidente tiene que eliminar completamente del tablero a la élite demoníaca de Washington. No hay dinero para construir un programa de infraestructuras que de verdad pueda crear puestos de trabajo y reiniciar la economía bajo los axiomas bancarios y presupuestarios predominantes. Es más, el polvorín que supone la burbuja económica de Wall Street y Londres puede explotar en cualquier momento. Glass-Steagall debe estar en funcionamiento antes de que esto suceda. Al mismo tiempo, los restos de Bush y Obama, junto con Londres y sus aliados de la OTAN, siguen su carrera bélica con Rusia, y son las insinuaciones de paz del presidente las que lo han convertido en el principal objetivo de la histeria macartista actual».13

Sea lo que sea de lo que se les acusa a los rusos de haber hecho en las elecciones estadounidenses, es peccata minuta en comparación con lo que ha hecho Estados Unidos mediante Soros y la Fundación Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés) al orquestar cambios de régimen en un país tras otro por todo el mundo, todo en nombre de las elecciones «libres».

«Las técnicas empleadas en esas “revoluciones”: la imagen malvada, monstruosa y caricaturesca del objetivo, el uso de distintos colores y otros símbolos14 para unificar a una población cuya ira se centra en un objetivo, la propaganda incitadora las veinticuatro horas en los medios de comunicación bajo su control y la completa ausencia de un programa político real o un liderazgo alternativo al del objetivo (dado que tanto la sucesión como el programa se están acabando de hacer en Washington o Londres) se muestran ahora con claridad en contra del presidente Trump».15

LOS RUSOS HAN ATERRIZADO
(VAYA, VUELVEN A SER LOS BRITÁNICOS)

«Según la “narrativa” que proporcionan los medios a la población estadounidense, hacia junio de 2016, dos semanas después de que Donald Trump fuera declarado candidato republicano, el Comité Nacional Demócrata descubrió que sus ordenadores habían sufrido un “ataque informático”. Este avisó inmediatamente a una empresa privada, CrowdStrike, que declaró que el origen de los ataques era ruso, en concreto, entidades estatales rusas.

»El 22 de julio, poco antes de la convención del Partido Demócrata, WikiLeaks publicó documentos internos del Comité Nacional Demócrata que mostraban que dicho comité estaba conspirando para destruir la candidatura del rival de Clinton, Bernie Sanders. La presidenta del CND en la época de Barack Obama, Debbie Wasserman Schultz, se vio obligada a dimitir a raíz del escándalo, junto a otros empleados del comité. En octubre, WikiLeaks publicó los correos electrónicos de John Podesta,16 el director de campaña de Hillary Clinton y líder del Center for American Progress, la fábrica de ideas de la Administración Obama. Los correos electrónicos de Podesta profundizaban en los serviles discursos de Hillary Clinton en Wall Street y los asquerosos pactos financieros de la Fundación Clinton. También mostraban que Donna Brazile, una comentarista de la CNN y entonces vicepresidenta del Partido Demócrata, que también es una criatura de la NED, ayudó a Hillary a hacer trampas en los debates presidenciales promovidos por la CNN, pasándole las preguntas de antemano.

»Existen unas cuantas anomalías que flotan bajo la superficie de la “narrativa” oficial de los medios de comunicación al respecto del presunto ataque informático ruso.

»1. Nunca se ha podido establecer que lo que sucedió en el Comité Nacional Demócrata (CND) o en la cuenta de Gmail de John Podesta tuviera nada que ver con las filtraciones incriminatorias de WikiLeaks.

»2. CrowdStrike está dirigida por un emigrante ruso y violento anti-Putin, Dmitri Alperovitch, de Atlantic Council, y un tal George Kurtz. Kurtz es un veterano de la seguridad informática que fundó CrowdStrike como proyecto especial de una entidad en la que el Estado profundo lleva tiempo invirtiendo, conocida como Warburg Pincus. CrowdStrike tiene múltiples contratos de seguridad con agencias de inteligencia de Estados Unidos y de otros países. El CND rehusó que el FBI examinara los ordenadores atacados y confió únicamente en CrowdStrike para las conclusiones forenses. El resto de la comunidad de la Inteligencia parece haber hecho lo mismo. Poco después, Alperovitch afirmó que los rusos habían usado el mismo equipo para atacar al CND y a diversos sistemas de navegación de misiles del gobierno ucraniano en Ucrania, una afirmación que fue desmontada casi al momento por toda la comunidad internacional de seguridad informática.

»3. Una de las presuntas alarmas internas del CND que les alertó de que algo malo pasaba con los ordenadores fue el informe de abril de 2016 de la consultora y miembro del equipo, Alexandra Chalupa, de que su ordenador había sido atacado. Supuestamente, estaba investigando la relación entre el entonces director de campaña de Trump, Paul Manafort, con Rusia y Putin, trabajando con “periodistas” y cargos de la Inteligencia en Ucrania para desacreditar a Manafort y Trump. En otras palabras, era una consultora de investigación de la oposición de Clinton (hablando en plata, una agente de la oposición que estaba reuniendo pruebas de Inteligencia contra el rival de Hillary a la presidencia), trabajando con la agencia de Inteligencia ucraniana y las de otros países, quienes, en cualquier caso, colaboran con el MI6, la CIA, George Soros y el aparato del proyecto demócrata NED. […]

»4. El FBI y la comunidad de la Inteligencia inicialmente no compraron las afirmaciones de la oposición sobre la interferencia rusa en las elecciones y los profundos lazos entre Trump y Rusia. El director nacional de inteligencia, James Clapper, por ejemplo, afirmó que no sabía “a qué venía tanto lío”. Clapper hizo alusión al hecho de que la ciberguerra es algo habitual entre agencias de inteligencia, incluida la de Estados Unidos. Clapper también sabe que Estados Unidos ha intervenido para manipular elecciones en todo el mundo, y se mostraba cauteloso y reticente a abrir esa puerta, dado que no había tenido tiempo para prepararse. Así, después de que su maniobra malvada contra Putin se estrellara públicamente e, irónicamente, pusiera la guerra y la paz directamente en el orden del día, Clinton y Obama crearon aún más filtraciones por parte de fuentes anónimas. Estas sostenían que el sistema electoral de Illinois y Arizona había recibido ataques informáticos por parte de los rusos, y que los rusos eran quienes habían atacado a grandes empresas de comunicación, incluidas el New York Times y la CNN. Estas historias aparecieron y desaparecieron de los medios públicos en muy poco tiempo.

»Según relatos aparecidos en los medios, y el testimonio del director del FBI Comey el 20 de marzo de 2017, el FBI abrió una investigación de contrainteligencia en julio de 2016 sobre los contactos de la campaña de Trump con Rusia y la “interferencia” rusa en las elecciones. El relato de los medios de comunicación afirma que se abandonó en octubre por falta de pruebas. Comey afirmó en su declaración ante el Congreso del 20 marzo que, sencillamente, se había abierto en julio y había seguido adelante. Una investigación de contrainteligencia suele implicar vigilancias a personas concretas y escuchas telefónicas relacionadas con la seguridad nacional que no se pueden mencionar por ley. La pena por revelación es de diez años de prisión. Según la orden ejecutiva 12 333, que regula la mayoría de estas vigilancias, los agentes pueden mentir sobre su existencia para proteger a “las fuentes y los métodos”».17

«5. En octubre y noviembre de 2016 empezó una nueva escalada en la campaña de demonización de Trump/Putin. El equipo de investigación de la oposición Obama/Clinton puso en circulación un informe sórdido y escabroso que afirmaba que el presidente electo practicaba actos sexuales perversos cuando estaba en Rusia,18 y que, como consecuencia de esto, estaba siendo chantajeado por Putin. El informe daba alas a afirmaciones públicas de la candidata Clinton y a un rumor de campaña que circulaba por Washington, que afirmaban que Donald Trump era un candidato con intereses ocultos, que era una marioneta de Putin. El 29 de octubre, Harry Reid, el político estadounidense actualmente retirado que había sido senador por el Partido Demócrata en Nevada, fue al Congreso a declarar que el FBI estaba reteniendo información devastadora sobre las relaciones entre la campaña de Trump y Rusia, y que él había recibido sesiones informativas confidenciales al respecto. El sórdido informe también aportaba numerosas alegaciones que respaldaban las afirmaciones sobre la falsa “interferencia” rusa en las elecciones, así como nuevos datos sobre los presuntos lazos de Manafort19 con los rusos. Aquel informe tenía tan poca credibilidad que la mayoría de las agencias de noticias que, en cualquier otro caso, se tragan cualquier dato que les den sobre Trump, se negaron a publicarlo.

»6. Pero entonces, en enero de 2017, Buzzfeed, que había publicado con regularidad historias sin elaborar de la oposición Clinton/Obama, publicó íntegramente el falso sórdido informe.20 La comunidad de la Inteligencia de Estados Unidos, en concreto el morboso gran inquisidor de Obama, el jefe de la CIA, John Brennan, procedió a darle credibilidad y filtró que tanto el presidente electo Trump como el presidente Obama habían sido informados de su contenido.

»El autor del sórdido informe fue Christopher Steele, un “ex” agente de la Inteligencia británica, quien, según informó The Guardian,21 había dirigido el departamento sobre Rusia del MI6 y ahora había sido contratado por el equipo de Clinton. Por lo tanto, el esfuerzo por deslegitimizar la presidencia de Trump surgía de los más altos niveles de la inteligencia angloestadounidense, los autores de innumerables golpes de Estado y asesinatos políticos. Esto vino acompañado por “valoraciones oficiales unánimes” que no aportaban ningún dato por parte de la comunidad de la Inteligencia de Estados Unidos (que arrastraron a regañadientes tanto al FBI como a la NSA). Estas “afirmaban” que Putin había dirigido personalmente la campaña de ataques informáticos para interferir en las elecciones e inclinarla del lado de Trump. En lugar de proporcionar hechos que respaldaran esta “afirmación”, el apéndice del informe oficial es un ataque a las agencias de noticias rusas, en concreto a RT (rt.com), por su exitosa campaña de “propaganda” en Estados Unidos. Como veremos, esta forma de señalar culpables, que pareció tan macartista y sencillamente rara en su momento, no fue para nada casual.

»Los demócratas, las cadenas de noticias y los republicanos del Senado, liderados por McCain y Graham, se volvieron locos, y empezaron a solicitar fiscales especiales e investigaciones en el Congreso,22 mientras bromeaban sobre que la caída era inevitable. El senador demócrata Mark Warner, con voz temblorosa y con el aspecto de adolescente crecidito que tiene, que es lo que es, declaró solemnemente que investigar y ahondar en esas afirmaciones era lo más importante que había hecho en su vida. Otros demócratas y medios de comunicación afines, como Thomas Friedman, del New York Times, claramente enloquecidos, afirmaron que Rusia había cometido un “acto de guerra”, presumiblemente en un intento de invocar el artículo 5 del tratado de la OTAN».23

Sin embargo, Bill Binney, uno de los mejores analistas de la historia de la National Security Agency (NSA), afirmó desde el comienzo que lo del CND no podía ser un ataque informático, tenía que ser una filtración. Un ataque informático afecta a toda la Red. A los rusos se les acusa de entrar en los correos electrónicos del CND y también de sacar a la luz los correos electrónicos de Podesta. Pero Binney dice: «Estas son las diapositivas que Ed Snowden sacó a la luz; estos son los puntos de rastreo, los mecanismos de rastreo. Y hay cientos de ellos en la Red. Así que, todo lo que pasa por la Red, sabes dónde empieza y dónde acaba, todo. Así que, si hubiera habido un ataque, la NSA lo habría sabido. La NSA no lo sabe».24

«7. El 1 de marzo de 2017, The New York Times reveló que Obama y sus colegas de seguridad nacional habían pasado los meses siguientes a las elecciones dejando “pistas”25 en documentos oficiales y filtrando información en un esfuerzo por destruir a Trump y seguir con sus políticas contra Rusia y China.

»En este proceso se dieron dos acciones conocidas públicamente y extremadamente significativas por parte de la Administración Obama. El 24 de diciembre de 2016, Obama firmó la National Defense Authorization Act (NDAA, ley de autorización de la defensa nacional), que incluía la Countering Foreign Propaganda and Disinformation Act (ley para contrarrestar la propaganda y la desinformación procedente del exterior). Su objetivo era movilizar a todo el gobierno, medios de comunicación de Estados Unidos, el mundo académico, las ONG y los aliados y socios extranjeros para “sacar a la luz y contrarrestar” la propaganda y desinformación procedente del exterior dirigida en contra de la seguridad nacional y de los intereses de Estados Unidos y “hacer avances proactivos hacia una narrativa basada en los hechos que apoye a los aliados y a los intereses de Estados Unidos”. El principal objetivo de esta ofensiva de propaganda y noticias falsas es la población de Estados Unidos. Durante la Administración Reagan, este tipo de actividades se denominaban medidas activas y, al menos legalmente, estaban limitadas a objetivos extranjeros.

»El asalto increíblemente orwelliano a la primera enmienda por parte de la NDAA fue precedido por una historia del Washington Post publicada el 25 de noviembre de 2016 que nombraba a algunas agencias de noticias y las tachaba de fuentes de propaganda rusa.26 La lista de agencias de noticias falsamente acusadas de ser agentes rusas fue proporcionada por un grupo anónimo ligado al gobierno y autodenominado Prop or Not (falso o no). Esta lista no solo incluía RT y Sputnik, sino también Consortium News, Breitbart, Drudge Report, Truthout y otros críticos con Obama de la “izquierda” como AntiWar.com y Ron Paul Institute. En resumen, prácticamente todos los que habían criticado la guerra de Obama/Clinton contra Rusia. Facebook y otras agencias de noticias para redes sociales lanzaron inmediatamente iniciativas para censurar y restringir las “noticias falsas” (fake news).»27

«Entonces, el 15 de diciembre de 2016, el director nacional de Inteligencia, James Clapper, aprobó unos nuevos protocolos que permitían a la NSA distribuir datos crudos interceptados en toda la comunidad de la Inteligencia.28 Estos procedimientos se hicieron oficiales el 3 de enero de 2017, cuando fueron firmados por la fiscal general de Obama, Loretta Lynch. La revisión había durado más de un año. Lo que se discutía era la modificación de los protocolos sobre el secreto regulados por la Orden Ejecutiva 12 333, considerada por Edward Snowden y otros como la autoridad más significativa en nuestro actual estado de vigilancia completamente inconstitucional. Previamente, era necesario que la NSA filtrara y censurara la información relativa a ciudadanos estadounidenses monitorizados por actividades de contrainteligencia extranjera.29 Así, los agentes que habían estado filtrando datos crudos interceptados sobre Trump a las agencias nacionales de noticias podrían solicitar cierto grado de inmunidad ante la fiscalía con el efecto legal combinado de la NDAA y la O. E. 12 333 revisada. Es más, cualquier búsqueda de las fuentes de las filtraciones se hizo infinitamente más difícil.

»El New York Times y otras agencias se han referido constantemente a filtraciones interceptadas u órdenes judiciales de la FISA (ley de vigilancia de la Inteligencia extranjera) en toda su campaña de demonización de Trump. En algunos casos, las afirmaciones estaban relacionadas con dos supuestas solicitudes al tribunal FISA al respecto de Trump y sus asociados; una de ellas fue rechazada, la otra tuvo como resultado una orden de vigilancia en octubre. El FBI, a través de la división de Seguridad Nacional del Departamento de Justicia, hizo estas solicitudes secretas según investigaciones de contrainteligencia y terrorismo.30 La primera, justo después de que surgieran las noticias sobre el ataque informático al CND, era, supuestamente, demasiado amplia incluso para el tribunal FISA, que rara vez rechaza solicitudes. Esa solicitud, si existe, podría resultar importante a la hora de sacar a la luz las fuentes y las intenciones de quienes conspiran contra Trump. Se dice que la solicitud de orden judicial de octubre se limitaba a un servidor que, supuestamente, estaba relacionado con las afirmaciones relativas a los lazos de la campaña de Trump con dos bancos rusos. Otras filtraciones se refieren sencillamente a material interceptado.

»La mayoría de los expertos en la materia, incluido el exejecutivo de la NSA William Binney, el exembajador Jack Matlock y el exjefe del gabinete de Colin Powell, Lawrence Wilkerson, coincide en que la fuente más probable de esas filtraciones sea la información cruda interceptada por la NSA amparada por la O. E. 12 333 o material interceptado por el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno (GCHQ, por sus siglas en inglés), el equivalente británico de la NSA, que funciona según la O. E. 12 333 sin ninguna de las restricciones de la ley de Estados Unidos. El GCHQ monitoriza las comunicaciones de todos los canales mundiales mediante cables que pasan por el fondo del Atlántico. La prensa británica recoge que el jefe del GCHQ habría sido misteriosamente despedido31 en mitad de las disputas sobre el tema Trump-Rusia. Para añadir una pieza más al puzle, WikiLeaks publicó las herramientas para ataques informáticos de la CIA, que incluyen la habilidad para llevar a cabo operaciones bajo “bandera falsa”.32 En otras palabras, la CIA, el MI6 y su Inteligencia ...