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LOS GRUPOS SANGUíNEOS Y LA ALIMENTACIóN

Peter J. D´Adamo & Catherine Whitney  

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Fragmento

Título original: Eat Right for Your Type

Traducción: Federico Villegas

1.ª edición: diciembre, 2014

© 2014 by Peter D'Adamo

© Ediciones B, S. A., 2014

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

Depósito Legal: B 23672-2014

ISBN DIGITAL: 978-84-9019-928-2

Maquetación ebook: Caurina.com

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

 

 

 

Recibe antes que nadie historias como ésta

 

 

A la memoria de mi gran amigo,

JOHN J. MOSKO (1919-1992)

«Este es el día de la fiesta de Crispian (sic):

El que sobreviva a este día, y llegue a salvo a su hogar,

Estará alerta cuando se nombre este día,

Y cobrará fuerza en el nombre de Crispian.»

Contenido

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

 

Agradecimientos

Comentario

Introducción: LA LABOR DE DOS VIDAS

Primera Parte: SU GRUPO SANGUÍNEO IDENTIFICATORIO

1. Grupo sanguíneo: La verdadera evoluciónrevolución

2. Código sanguíneo: El programa del grupo sanguíneo

3. Solución para el grupo sanguíneo: Un mapa de rut

Segunda Parte: SU PLAN DE GRUPO SANGUÍNEO

4. Plan del Grupo O

5. Plan del Grupo A

6. Plan del Grupo B

7. Plan del Grupo AB

Tercera Parte: LA SALUD DE SU GRUPO SANGUÍNEO

8. Estrategias médicas: Conexión del tipo de sangre

9. El tipo de sangre: Un poder sobre la enfermedad

10. Grupo sanguíneo y cáncer: La lucha por la cura

Epílogo: Un cambio en la tierra

Comentario final: Un descubrimiento médico para las generaciones

Apéndice A: Diagramas de los grupos sanguíneos

Apéndice B: Preguntas frecuentes

Apéndice C: Glosario de términos

Apéndice D: Comentarios sobre la antropología de los grupos sanguíneos

Apéndice E: Los subgrupos sanguíneos

Agradecimientos

A muchas personas debo agradecer, ya que ninguna indagación científica es solitaria. En el desarrollo de este trabajo he sido motivado, inspirado y apoyado por todas las personas que depositaron su confianza en mí. En particular, debo expresar mi profundo agradecimiento a mi mujer, Martha Mosko D’Adamo, por su amor y amistad; a mis padres, James D’Adamo y Christiana, por enseñarme a confiar en mi intuición; y a mi hermano James D’Adamo (hijo), por haber creído en mí.

Estoy más agradecido de lo que puedo expresar con:

Joseph Pizzorno, por haberme inspirado confianza en la ciencia de la medicina natural;

Catherine Whitney, mi redactora, que imprimió a la materia prima un estilo y organización propios de un verdadero escritor;

El editor Gail Winston, quien hace mucho tiempo, con clarividencia, me llamó y preguntó si deseaba escribir un libro acerca de la medicina natural;

Mi representante literario, Janis Vallely, quien me hizo concebir esperanzas con respecto a mi trabajo, y no permitió que languideciera en algún rincón de un polvoriento archivo;

Mi editor de Riverhead/Putnam, Amy Hertz, cuya visión convirtió el manuscrito en el documento importante y valioso que creo ha llegado a ser.

Agradezco también a:

Dorothy Mosko, por su invalorable asistencia en la preparación del manuscrito preliminar;

Mi antiguo asistente, Scott Carlson, quien jamás pasó por alto un error;

La enfermera diplomada, Carolyn Knight, mi ayudante indispensable y flebotomista experta;

Jane Dystel, la representante literaria de Catherine, cuyos consejos fueron siempre oportunos;

Paul Krafin, quien contribuyó con su destreza en la edición y escritura durante el proceso de corrección final;

La dietista diplomada Dina Khader, quien contribuyó con las recetas y el planeamiento de las comidas;

John Schuler, quien creó las ilustraciones.

Además, quisiera agradecer a los médicos residentes de la Bastyr University, quienes diestramente indagaron en la amplia bibliografía médica concerniente al grupo sanguíneo, contribuyendo a hacer la información contenida en este libro tan completa como fuera posible.

Finalmente, agradezco a todos los maravillosos pacientes que en su búsqueda de salud y bienestar me honraron depositando su confianza en mí.

Comentario

Un comentario importante: Este libro no pretende ser un sustituto de las recomendaciones específicas de los médicos y otros profesionales de la salud. Más bien intenta ofrecer información que ayude al lector a cooperar con los médicos y los profesionales de la salud en procura de un bienestar óptimo.

Se han sustituido los nombres de las personas descritas en las historias clínicas para proteger la confidencialidad del paciente.

La editorial y el autor no son responsables de ninguno de los bienes y/o servicios ofrecidos o citados en este libro, y deslindan explícitamente toda responsabilidad en relación con el cumplimiento de los pedidos de cualquiera de los bienes y/o servicios y por cualquier perjuicio, pérdida o gasto para las personas o propiedades derivados o relacionados con ellos.

Introducción

La labor de dos vidas

Creía que no había dos personas semejantes sobre la faz de la Tierra; tampoco dos personas que tuvieran las mismas huellas digitales, ni las mismas impresiones labiales o vocales. No hay dos copos de nieve ni dos briznas de hierba semejantes. Como creía que todas las personas se diferenciaban las unas de las otras, no pensé que fuera lógico que todas debieran comer los mismos alimentos. Me pareció evidente que, dado que cada persona poseía un cuerpo especial con diferentes ventajas y desventajas y con distintos requerimientos alimenticios, la única manera de conservar la salud o curar una enfermedad era adaptarse a las necesidades específicas de ese paciente en particular.

James D’Adamo,

mi padre

El grupo sanguíneo es la llave que abre la puerta a los misterios de la salud, la enfermedad, la longevidad, la vitalidad física y la fuerza emocional. Su tipo de sangre determina su susceptibilidad a la enfermedad, los alimentos que usted debería comer, y cómo debería practicar ejercicio. Es un factor clave en sus niveles de energía, en la eficiencia con que usted «quema» las calorías, en su respuesta emocional al estrés y quizás incluso en su personalidad.

La conexión entre grupo sanguíneo y dieta puede parecer radical, pero no lo es. Hemos sabido desde hace tiempo que existe un eslabón perdido en nuestra comprensión del proceso que conduce por la senda del bienestar o por la funesta huella de la enfermedad. Tenía que haber una razón por la cual existían tantas paradojas en las investigaciones sobre la dieta y en la supervivencia a la enfermedad. También tenía que haber una explicación sobre por qué algunas personas eran capaces de perder peso con algunas dietas especiales, mientras otras no lo eran; por qué algunas personas conservaban la vitalidad en una etapa avanzada de la vida, mientras otras se deterioraban mental y físicamente. Los análisis del tipo de sangre nos han ofrecido una manera de explicar estas paradojas. Y cuanto más consideramos esta conexión más valedera resulta.

Los grupos sanguíneos son tan fundamentales como la creación misma. En la lógica magistral de la naturaleza, los tipos de sangre siguen pautas inviolables desde los primeros tiempos de la creación humana hasta el presente. Constituyen la rúbrica de nuestros antiguos antepasados sobre el pergamino indestructible de la historia.

Ahora hemos comenzado a descubrir la forma de usar el tipo de sangre como una huella digital celular que revela muchos de los principales misterios que rodean nuestra búsqueda de una buena salud. Este trabajo es una ampliación de los recientes hallazgos sobre el ADN (ácido desoxirribonucleico) humano. Nuestra idea sobre el grupo sanguíneo constituye un paso adelante en la ciencia de la genética al establecer de manera inequívoca que todo ser humano es completamente único. No hay una dieta o estilo de vida correcto o incorrecto; sólo hay opciones correctas o incorrectas que se deben basar en nuestros códigos genéticos individuales.

Cómo encontré el eslabón perdido del grupo sanguíneo

Mi labor en el campo del análisis del tipo de sangre es la culminación de una indagación de toda una vida, no sólo la mía sino también la de mi padre. Soy un médico naturópata de segunda generación. El Dr. James D’Adamo, mi padre, se graduó en la carrera de naturópata (un programa de postgrado de cuatro años) en 1957 y más tarde estudió en Europa en varios de los principales centros naturistas. Observó que, aunque muchos pacientes respondían bien a las dietas vegetarianas de bajo contenido graso, que son el sello distintivo de la «cocina naturista», una cierta cantidad de pacientes no parecían mejorar, y otros apenas lo lograban o incluso empeoraban. Mi padre, como un hombre inteligente con una aguda capacidad de deducción y discernimiento, pensó que debería existir algún tipo de programa que pudiera utilizarse para determinar las diferencias en las necesidades alimenticias de sus pacientes. Pensó que como la sangre es la fuente principal de nutrición del organismo, quizás tuviera algún aspecto capaz de ayudar a identificar esas diferencias. Puso a prueba esta teoría analizando el tipo de sangre de sus pacientes y observando las reacciones individuales cuando se les prescribían dietas diferentes.

A través de los años y con numerosos pacientes comenzaron a aparecer pautas. Observó que los pacientes que pertenecían al grupo sanguíneo A parecían responder deficientemente a las dietas de altas proteínas que incluían porciones generosas de carne, pero respondían muy bien a las proteínas vegetales, como la soja y el tofú (queso de soja). Los productos lácteos solían producir abundantes cantidades de mucus en los senos nasales y las vías respiratorias de los individuos del grupo A. Cuando se les dijo que incrementaran sus niveles de ejercicio y actividad física, los del tipo A por lo general experimentaron fatiga y malestar; en cambio, cuando realizaban formas de ejercicio más leves, como el yoga, se sintieron animados y dinámicos.

Por otro lado, los pacientes del grupo O prosperaron con las dietas ricas en proteínas y las actividades físicas intensas, como el trote y el aerobismo, los fortalecieron. Cuanto más analizaba los diferentes grupos sanguíneos, más convencido estaba mi padre de que cada uno de ellos seguía una pauta diferente para el bienestar.

Inspirándose en el refrán «Lo que es alimento para un hombre, es veneno para otro», mi padre resumió sus observaciones y recomendaciones dietéticas en un libro que tituló One Man’s Food (El alimento de un hombre). Cuando el libro se publicó en 1980, yo cursaba mi tercer año de estudios en el John Bastyr College de Seattle. En esa época se hicieron progresos revolucionarios en materia de naturopatía. La meta del Bastyr College era nada menos que producir un médico alternativo completo, el equivalente intelectual y científico de un médico internista, pero con un entrenamiento naturópata especializado. Por primera vez se podían evaluar científicamente las técnicas, procedimientos y sustancias naturópatas con las ventajas de la moderna tecnología. Aguardé una oportunidad para investigar la teoría de mi padre sobre el tipo de sangre. Quería asegurarme de que era un argumento científico válido. Mi oportunidad llegó en 1982, en mi último año de estudios, cuando debido a los requerimientos de un desarrollo clínico comencé a investigar la bibliografía médica para ver si podía encontrar alguna correlación entre los tipos de sangre y una tendencia hacia ciertas enfermedades, y si algo de esto respaldaba la teoría dietética de mi padre. Como el libro de mi padre se basaba en sus impresiones subjetivas de los tipos de sangre más que en un método objetivo de evaluación, no estaba seguro de si podía encontrar alguna base científica para sus teorías. Pero lo que aprendí me sorprendió.

Mi primer hallazgo vino con el descubrimiento de que dos de las principales afecciones del estómago estaban relacionadas con el tipo de sangre. La primera era la úlcera péptica, una enfermedad a menudo asociada con niveles de ácidos gástricos más altos que los normales. Esta enfermedad se consideraba más frecuente en personas pertenecientes al grupo sanguíneo O que en individuos de otros grupos sanguíneos. Esto me intrigó, ya que mi padre había observado que los pacientes del grupo O respondían bien a los productos animales y a las dietas-alimentos ricos en proteínas que requieren más ácido gástrico para una digestión apropiada.

La segunda correlación era una asociación entre el grupo A y el cáncer de estómago. Este cáncer a menudo estuvo asociado con bajos niveles de producción de ácido gástrico, como la anemia perniciosa, otra enfermedad más frecuente en los individuos del grupo A. La anemia perniciosa está relacionada con una carencia de vitamina B-12, que requiere suficiente ácido gástrico para su absorción.

A medida que analizaba estos hechos, comprendí que por un lado, el tipo de sangre O predisponía a las personas a una enfermedad asociada con una producción excesiva de ácido gástrico mientras que, por otro lado, el tipo de sangre A predisponía a las personas a dos enfermedades asociadas con una escasa producción de ácido gástrico.

Éste era el eslabón que estaba buscando. Efectivamente, existía una base científica para las observaciones de mi padre. Y así comencé mi progresivo compromiso con la ciencia y la antropología de los grupos sanguíneos. Más adelante, descubrí que la labor inicial de mi padre sobre la correlación entre grupo sanguíneo, dieta y salud era mucho más significativa de lo que había imaginado.

Cuatro claves simples para descifrar los misterios de la vida

Me crié en una familia que pertenecía principalmente al grupo sanguíneo A, y, debido a la labor de mi padre, consumíamos básicamente una dieta vegetariana que consistía en alimentos como el tofú, los vegetales al vapor y las ensaladas. Cuando era niño a menudo me sentía avergonzado y un poco disgustado porque ninguno de mis amigos comía alimentos extraños como el tofú. Por el contrario, ellos estaban felizmente comprometidos en otro tipo de «revolución alimentaria» imperante en los años cincuenta: su dieta consistía en hamburguesas, salchichas, papas fritas grasientas, barras de chocolate, helados y abundantes gaseosas.

Hoy todavía me alimento de la manera en que lo hacía de niño, y me encanta. Cada día ingiero los alimentos que mi organismo del grupo A requiere, y es sumamente gratificante.

En este libro le informaré sobre la relación fundamental entre su tipo de sangre y las alternativas de dieta y estilo de vida que le ayudarán a vivir de la mejor manera. Los fundamentos de la asociación con el tipo de sangre estriban en los siguientes hechos:

• Su tipo de sangre —O, A, B o AB— es una «huella digital» genética que lo identifica tan claramente como su ADN.

• Si usted utiliza las características individualizadas de su tipo de sangre como orientación para comer y vivir, será más saludable, alcanzará naturalmente su peso ideal y detendrá el proceso de envejecimiento.

• Su tipo de sangre es una medida de su identidad más confiable que la raza, la cultura o la geografía. Es una característica genética que lo identifica, una guía sobre cómo vivir más saludablemente.

• La clave de la importancia del tipo de sangre se puede encontrar en la historia de la evolución humana: el tipo O es el más antiguo; el tipo A evolucionó con la sociedad agrícola; el tipo B surgió a medida que los humanos emigraron hacia climas más fríos y severos; el tipo AB fue una adaptación totalmente moderna, un resultado de la mezcla de los grupos dispares. Esta historia evolutiva se relaciona directamente con las necesidades alimenticias de cada grupo sanguíneo actual.

¿Qué representa este importante factor, el tipo de sangre?

El tipo de sangre es una de las numerosas variantes médicamente reconocidas, como el cabello y el color de los ojos. Muchas de estas variantes, como las huellas dactilares y el más reciente análisis del ADN, son utilizadas ampliamente por los criminalistas y médicos forenses, así como por los científicos que investigan las causas y tratamientos de las enfermedades. El tipo de sangre es tan importante como otras variantes; en muchos casos es una medida más útil. El análisis del tipo de sangre es un sistema lógico. La información es fácil de aprender y de seguir. He enseñado el sistema a numerosos médicos, quienes me comunicaron que obtuvieron buenos resultados con pacientes que siguieron sus indicaciones. Ahora se lo enseñaré a usted. Al aprender los principios del análisis del tipo de sangre, podrá adaptar la dieta óptima para usted y los miembros de su familia. Podrá identificar los alimentos que le hacen mal, que contribuyen al aumento de peso y que ocasionan enfermedades crónicas.

Enseguida comprendí que el análisis del tipo de sangre ofrecía un poderoso medio para interpretar las variaciones individuales en la salud y enfermedad. Dada la gran cantidad de información disponible sobre la materia, resulta extraño que los efectos del tipo de sangre sobre nuestra salud no hayan recibido la atención que merecen. Pero ahora estoy dispuesto a compartir esa información, no sólo con mis colegas científicos de la comunidad médica, sino también con usted.

A primera vista, el estudio de los grupos sanguíneos puede parecer intimidatorio, pero puedo asegurarle que es tan simple y básico como la vida misma. Me referiré a la historia de la evolución de los tipos de sangre (tan cautivante como el relato de la historia humana), y desmitificaré la ciencia de los grupos sanguíneos para proporcionarle un plan simple y claro que usted sea capaz de seguir.

Comprendo que quizás sea ésta una idea completamente nueva para usted. Pocas personas han pensado alguna vez acerca de las consecuencias de su tipo de sangre, aun cuando sea una fuerza genética poderosa. Usted puede resistirse a incursionar en un territorio tan poco conocido, aun cuando los argumentos científicos parezcan convincentes. Sólo le pido que haga dos cosas: hable con su médico antes de empezar, averigüe su tipo de sangre si todavía no lo conoce, y pruebe la dieta para su grupo sanguíneo durante por lo menos dos semanas. La mayoría de mis pacientes experimentan algunos resultados dentro de este período —aumento de la energía, pérdida de peso, alivio de los trastornos digestivos y mejora de las afecciones crónicas, como el asma, las jaquecas y la acidez. Dele a su dieta del grupo sanguíneo una oportunidad de brindarle los beneficios que he observado en más de cuatro mil pacientes sometidos a dicha dieta. Compruebe por usted mismo que la sangre no sólo proporciona el nutriente más vital para su organismo, sino que también ha demostrado ser un vehículo para su futuro bienestar.

Primera Parte

Su grupo sanguíneo identificatorio

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Grupo sanguíneo: La verdadera evolución-revolución

La sangre es la vida misma. Es la fuerza primordial que impulsa el poder y misterio del nacimiento, los horrores de la enfermedad, la guerra y la muerte violenta. Se han construido civilizaciones enteras sobre la base de los lazos de sangre. Las tribus, los clanes y las monarquías han dependido de ellos. No podríamos existir —literal ni figuradamente— sin la sangre.

La sangre es mágica. La sangre es mística. La sangre es alquímica. Aparece a lo largo de la historia humana como un profundo símbolo religioso y cultural. Los pueblos de la antigüedad la mezclaban y bebían para denotar unidad y fidelidad. Desde los tiempos más remotos, los cazadores efectuaban rituales para apaciguar a los espíritus de los animales que mataban, ofrendando la sangre del animal con la cual untaban sus rostros y cuerpos. La sangre del cordero se depositaba sobre las barracas de los judíos esclavizados de Egipto para que el Ángel de la Muerte no los tuviera en cuenta. Se dice que Moisés convirtió las aguas de Egipto en sangre para liberar a su pueblo. Durante casi dos mil años, la sangre simbólica de Jesucristo ha sido fundamental para el rito más sagrado de la Cristiandad.

La sangre evoca estas imágenes intensas y sagradas porque en realidad es extraordinaria. No sólo proporciona los complejos sistemas de aprovisionamiento y defensa necesarios para nuestra propia existencia: suministra una piedra angular para la humanidad, una lente a través de la cual podemos rastrear las huellas borrosas de nuestra historia.

En los últimos cuarenta años hemos estado en condiciones de utilizar indicadores biológicos, como el tipo de sangre, para rastrear los desplazamientos y agrupamientos de nuestros antecesores. Al conocer de qué manera estos pueblos primitivos se adaptaron a los desafíos planteados por las dietas, los gérmenes y los climas permanentemente cambiantes, estamos aprendiendo más sobre nosotros mismos. Los cambios en el clima y el alimento disponible produjeron nuevos tipos de sangre. El tipo de sangre es el nexo inquebrantable que nos une.

Finalmente, las diferencias en los tipos de sangre reflejan la capacidad humana para adaptarse a los diferentes desafíos ambientales. Por lo general, estos desafíos influyeron sobre los sistemas digestivo e inmune: un trozo de carne en mal estado podía matarnos; un tajo o rasguño podía convertirse en una infección mortal. Pero la raza humana sobrevivió. Y la historia de esta supervivencia está intrincadamente relacionada con nuestros sistemas digestivo e inmune. En estos dos aspectos se detecta la mayoría de las diferencias entre los tipos de sangre.

La historia humana

La historia de la humanidad es la historia de la supervivencia. Más específicamente, es la historia de dónde vivían los humanos y de qué se alimentaban. Concierne a la alimentación, cómo encontrar alimentos y desplazarse para dar con ellos. No se sabe con certeza cuándo comenzó la evolución humana. Los hombres de Neanderthal, los primeros humanos que podemos reconocer, se pueden haber desarrollado hace 500.000 años, o quizás más.

Sabemos que la prehistoria humana comenzó en África, donde evolucionamos a partir de homínidos o criaturas similares al hombre. La vida primitiva era breve, peligrosa y brutal. La gente moría de mil diferentes maneras —infecciones oportunistas, parásitos, ataques de animales, fracturas óseas, parto— y moría joven.

Los seres humanos primitivos deben haber pasado momentos horripilantes velando por sí mismos en este ambiente salvaje. Sus dientes eran cortos y romos, mal adaptados para el ataque. A diferencia de la mayoría de sus competidores de la cadena alimentaria, no tenían habilidades especiales con respecto a la velocidad, fuerza o agilidad. Inicialmente, la principal cualidad que poseían los humanos era una astucia innata, que más tarde evolucionó hacia un pensamiento racional.

Los hombres de Neanderthal probablemente consumían una dieta compuesta por gusanos, vegetales silvestres crudos y restos de animales muertos por los predadores. Eran más presas que predadores, especialmente en lo que concierne a infecciones y enfermedades parasitarias. (Muchos de los parásitos, lombrices, trematodos y microorganismos infecciosos que se encuentran en África no estimulan el sistema inmune para producir los anticuerpos específicos, probablemente porque los pueblos primitivos del Tipo O ya tenían una protección bajo la forma de anticuerpos que traían desde el nacimiento.)

A medida que la raza humana se desplazaba y se veía obligada a adaptar su dieta a las condiciones cambiantes, la nueva dieta provocaba adaptaciones en el tracto digestivo y el sistema inmune, necesarias en primer lugar para sobrevivir y luego para prosperar en cada nuevo hábitat. Estos cambios se reflejan en el desarrollo de los tipos de sangre (o grupos sanguíneos), que parecen haber surgido en momentos críticos del desarrollo humano:

1. El ascenso de los seres humanos a la cúspide de la cadena alimentaria (la evolución del tipo O hasta su máxima expresión).

2. El cambio de cazador-recolector a un estilo de vida agrícola más doméstica (aparición del tipo A).

3. La fusión y migración de las razas desde su tierra natal africana hacia Europa, Asia y las Américas (desarrollo del tipo B).

4. La mezcla moderna de los grupos disímiles (aparición del tipo AB).

Cada grupo sanguíneo contiene el mensaje genético de las dietas y conductas de nuestros antepasados y, aunque estamos a una gran distancia de la historia primitiva, muchos de sus rasgos y características todavía nos afectan. El hecho de conocer estas tendencias nos ayuda a comprender la lógica de las dietas para los grupos sanguíneos.

Cronología antropológica del tipo de sangre. A partir de los tiempos más remotos, el diagrama destaca los diferentes desarrollos humanos en relación con la introducción de los tipos de sangre. Curiosamente, los cambios evolutivos en el tipo de sangre siguen una cronología casi bíblica. Cuando todos pertenecían al grupo O (el período más prolongado), y ocupaban un espacio vital concentrado, comían la misma dieta y aspiraban los mismos organismos, todo cambio adicional era innecesario. Sin embargo, con el aumento de la población y las migraciones consecutivas, la variación se aceleró. Los tipos sanguíneos siguientes A y B no tienen más de 15.000 a 25.000 años de antigüedad, y el tipo AB es mucho más reciente.

El grupo O es el más antiguo (de Old*)

La aparición de nuestros antepasados de Cro-Magnon, aproximadamente 40.000 años a. C., impulsó a la especie humana a la cúspide de la cadena alimentaria, haciendo de ellos los predadores más peligrosos de la Tierra. Comenzaron a cazar en grupos organizados; en un breve período, fueron capaces de fabricar armas y utilizar herramientas. Estos importantes progresos les confirieron fuerza y superioridad más allá de sus capacidades físicas naturales.

Cazadores diestros y formidables, los hombres de Cro-Magnon pronto perdieron el temor a sus rivales animales. Sin otros predadores naturales que ellos mismos, la población tuvo un incremento explosivo. La proteína —de la carne— era su combustible, y fue en ese momento que los atributos digestivos del grupo sanguíneo O alcanzaron su máxima expresión.

Desde su base en la ancestral tierra natal de África, los primitivos cazadores-recolectores del grupo sanguíneo O se diseminaron por todo África, Europa y Asia en busca de nuevas provisiones de caza mayor. A medida que encontraban condiciones ambientales cambiantes, comenzaron a desarrollar las características raciales modernas.

Los seres humanos se alimentaban con carne, y requería un tiempo notablemente breve cobrar las grandes presas dentro de su ámbito de caza. Había cada vez más gente que alimentar, por eso la competencia por la carne llegó a ser intensa. Los cazadores comenzaron a atacar y matar a otros que se habían inmiscuido en los que ellos consideraban sus territorios de caza exclusivos. Como siempre, los seres humanos encontraron a sus peores enemigos entre ellos mismos. Las buenas áreas de caza llegaron a ser escasas, y comenzó la migración de la raza humana.

Aproximadamente 30.000 años a. C., las bandas de cazadores se desplazaban cada vez más lejos en busca de carne. Cuando un cambio en los vientos alisios desecó lo que había sido un territorio de caza fértil en el Sahara africano, y cuando las regiones del norte, anteriormente heladas, comenzaron a calentarse, los cazadores se desplazaron de África hacia Europa y Asia.

Este desplazamiento sembró el planeta con una población básica que era del grupo sanguíneo O, el tipo de sangre predominante aún hoy.

20.000 años a. C. los hombres de Cro-Magnon se habían diseminado ampliamente en Europa y Asia, diezmando las manadas de grandes presas hasta tal punto que tuvieron que buscar otros alimentos. Es probable que en la búsqueda de algo comestible en cada nueva región los humanos carnívoros se hayan convertido rápidamente en omnívoros, con una dieta variada de bayas, larvas, nueces, raíces y animales pequeños. Las poblaciones también prosperaron a lo largo de las líneas costeras y de los prolíficos lagos y ríos, donde el pescado y otros alimentos eran abundantes. Hacia los años 10.000 a. C. los seres humanos ocupaban todas las tierras del planeta, excepto la Antártida.

El desplazamiento de los humanos primitivos hacia climas menos templados fue creando diferenciaciones raciales, pieles más claras, estructuras óseas más macizas y pelos más uniformes. A través del tiempo, la naturaleza los fue adaptando a las regiones de la tierra que habitaban. Los pueblos que se desplazaban hacia el norte desarrollaban una piel clara, mejor protegida contra la congelación que la piel oscura. La piel clara también era más apta para metabolizar la vitamina D en una región en la que los días eran más cortos y las noches más largas.

Los hombres de Cro-Magnon finalmente se extinguieron; su éxito fue un anatema. La superpoblación pronto agotó los territorios de caza disponibles. La población animal disminuyó abruptamente en lo que antes había parecido como una fuente inagotable de caza. Esto llevó a una creciente competencia por la carne restante. La competencia llevó a la guerra, y la guerra a nuevas migraciones.

El grupo A (de agrario)

El grupo sanguíneo A apareció inicialmente en algún lugar de Asia o del Oriente Medio, entre los años 25000 y 15000 a. C., en respuesta a las nuevas condiciones ambientales. Surgió en el punto culminante del período neolítico o de la nueva Edad de Piedra, que siguió a la vieja Edad de Piedra o período paleolítico, de los cazadores de Cro-Magnon. Las características salientes de su cultura fueron la agricultura y la domesticación de animales.

El cultivo de granos y la ganadería modificaron todo. Posibilitados de vivir al día y capaces de sostenerse a sí mismos por primera vez, los seres humanos establecieron comunidades estables y estructuras de subsistencia permanentes. Esta forma de vida radicalmente diferente y un cambio importante en la dieta y el medio ambiente originaron una mutación completamente nueva en los sistemas inmune y digestivo de los pueblos neolíticos; una mutación que les permitió ingerir y tolerar mejor los granos cultivados y otros productos agrícolas. Había nacido el grupo A.

Pero el hecho de establecerse en comunidades agrícolas permanentes planteó nuevos desafíos al desarrollo. Las habilidades necesarias para la caza en grupo ahora cedían paso a un tipo diferente de sociedad cooperativa. Por primera vez, una habilidad específica dependía estrechamente de las habilidades de los otros para hacer algo más. Por ejemplo, el molendero dependía del labrador para que le entregara su cosecha; el labrador dependía del molendero para moler su grano. Ya no se pensaba en el alimento como una fuente inmediata de nutrición o como algo ocasional. Era necesario sembrar y cultivar las tierras previendo una futura recompensa. Planear y asociarse con otros llegó a ser la orden del día. Psicológicamente, éstos son rasgos en los cuales el tipo A sobresale; quizás otra adaptación ambiental.

El gen del tipo A comenzó a prosperar en las sociedades agrarias primitivas. La mutación genética que produjo el tipo A a partir del tipo O ocurrió rápidamente —tan rápidamente que el ritmo de mutación fue casi cuatro veces más veloz que el de la Drosophila, la mosca de la fruta—¡poseedora del récord actual!

¿Cuál puede haber sido la razón de este extraordinario ritmo de mutación humana del tipo O al tipo A? Fue la supervivencia. La supervivencia del más apto en una sociedad superpoblada. Como el grupo sanguíneo A resultó más resistente a las infecciones comunes en las áreas densamente pobladas, las sociedades urbanas industrializadas pronto llegaron a ser del tipo A. Aún hoy, los sobrevivientes de la peste, el cólera y la viruela muestran un predominio del tipo A sobre el tipo O.

Finalmente, el gen del grupo sanguíneo A se extendió desde Asia y el Oriente Medio hacia Europa occidental, transportado por los indoeuropeos que penetraron profundamente en las poblaciones preneolíticas. Las hordas indoeuropeas aparecieron originariamente en el centro-sur de Rusia, y entre los años 3.500 y 2.000 a. C. penetraron en el sudoeste asiático, creando los pueblos y poblaciones de Irán y Afganistán. En su expansión se desplazaron más hacia el oeste hasta penetrar en Europa. En realidad, la invasión indoeuropea representó la revolución original en la dieta. Introdujo nuevos alimentos y hábitos de vida en los sistemas inmune y digestivo más simples de los primitivos cazadores-recolectores, y estos cambios fueron tan profundos que produjeron la tensión ambiental necesaria para diseminar el gen del tipo A. Con el tiempo, el sistema digestivo de los cazadores-recolectores perdió su capacidad para digerir su dieta carnívora pre-agrícola.

Hoy, la sangre del tipo A todavía se puede encontrar en más alta concentración entre los europeos occidentales. La frecuencia de este grupo sanguíneo disminuye a medida que nos dirigimos hacia el este desde Europa occidental, por la senda de las antiguas migraciones. Los individuos del grupo sanguíneo A están altamente concentrados a través de los mares Mediterráneo, Adriático y Egeo, particularmente en Córcega, Cerdeña, España, Turquía y los Balcanes. Los japoneses también tienen una de las más altas concentraciones del grupo A en el este asiático, junto con una cantidad moderadamente elevada de sangre del tipo B.

La sangre del tipo A había mutado a partir del tipo O en respuesta a un sinnúmero de infecciones provocadas por el incremento poblacional y los cambios en la dieta. Pero la sangre del tipo B era diferente.

El grupo B (de balanza)

La sangre del tipo B se desarrolló en algún momento entre los años 10.000 y 15.000 a. C., en la región montañosa del Himalaya, hoy perteneciente al Paquistán y la India.

Desplazada desde las exuberantes y cálidas sabanas del este africano hacia las frías regiones montañosas del Himalaya, la sangre del tipo B inicialmente puede haber experimentado una mutación en respuesta a los cambios climáticos. Apareció por primera vez en la India o la región de los Urales asiáticos entre las tribus caucásicas y mongoles. Este nuevo tipo de sangre pronto llegó a ser una característica de las grandes tribus de habitantes de las estepas, que por ese entonces predominaban en las planicies eurasiáticas.

A medida que los mongoles se trasladaban a través de Asia, el gen del tipo B se afianzaba firmemente. Los mongoles se desplazaron hacia el norte procurando una cultura dependiente de los rebaños y la domesticación de animales, como lo reflejaban su dieta cárnica y sus productos lácteos.

Dos grupos diferentes de individuos del tipo B se diseminaron a medida que los pastores nómades penetraban en Asia: un grupo agrario comparativamente sedentario en el sur y el este; y una sociedad nómade y guerrera que conquistió el norte y el oeste. Los nómades eran jinetes diestros que penetraron en el este europeo y diseminaron el gen de la sangre del tipo B, del cual todavía existe una gran proporción en muchas poblaciones de Europa oriental. En el ínterin, una cultura basada exclusivamente en la agricultura se había diseminado en toda China y el sudeste asiático. Debido a la naturaleza de la tierra que habían escogido cultivar y a los climas excepcionales para sus regiones, estos pueblos crearon y utilizaron técnicas sofisticadas de riego y cultivo, que mostraban una asombrosa mezcla de creatividad, inteligencia y planeamiento.

El cisma entre las tribus guerreras del norte y los agricultores pacíficos del sur era profundo, y ha dejado vestigios en la cocina del sur de Asia que utiliza muy pocos productos lácteos. Para los asiáticos, los productos lácteos son el alimento de los bárbaros, lo cual es lamentable porque la dieta que ellos han adoptado no es la más adecuada para el grupo sanguíneo B.

Orígenes y desplazamientos del tipo A y el tipo B. Desde sus orígenes en Asia y el Oriente Medio, el gen del tipo A fue introducido por los pueblos indoeuropeos en el norte y el oeste de Europa. Otras migraciones introdujeron el tipo A en el norte de África, desde donde se extendió hasta el Sahara africano. Desde sus orígenes en las montañas del Himalaya occidental, el tipo B fue introducido por los mongoles en el sudeste asiático y las planicies o estepas de Asia. Una migración adicional de los pueblos del tipo B ingresó en el este de Europa. Para ese entonces, los niveles de los mares de la Tierra habían subido, eliminando el puente de tierra que unía Asia con América del Norte. Esto impidió cualquier desplazamiento del tipo B hacia América, donde las poblaciones primitivas seguían siendo exclusivamente del tipo O.

De todos los grupos sanguíneos, el tipo B muestra la distribución geográfica más claramente definida. Extendiéndose como una gran faja a través de las llanuras eurasiáticas y hacia el subcontinente indio, el tipo B se puede encontrar en gran número desde Japón, Mongolia, China e India hasta las Montañas Urales. Desde allí hacia el Occidente la proporción declina hasta alcanzar un bajo porcentaje en el extremo occidental de Europa.

El reducido número de individuos del grupo B entre los europeos occidentales representa la migración occidental de los pueblos nómades asiáticos. Esto se aprecia mejor entre los europeos occidentales que residen más al este, los alemanes y austríacos, que tienen una alta incidencia de sangre del tipo B si se comparan con sus vecinos más occidentales. La más alta incidencia del tipo B entre los alemanes ocurre en el área aledaña al río Elba superior y medio, que en épocas antiguas se consideraba nominalmente como la línea divisoria entre la civilización y la barbarie.

La India moderna, habitada por pueblos caucásicos, tiene una de las más altas incidencias de sangre del tipo B en el mundo. Los coreanos y los chinos del norte tienen porcentajes muy altos del tipo B y muy bajos del tipo A.

Las características del grupo sanguíneo de las diferentes poblaciones judías ha sido de gran interés para los antropólogos. Como regla general, sin considerar su raza o nacionalidad, hay una tendencia hacia un más alto porcentaje de sangre del tipo B. Los askenazíes y sefardíes, los dos mayores grupos judíos, comparten altos niveles de sangre del tipo B, y parecen tener muy pocas diferencias. Los judíos babilonios anteriores a la Diáspora difieren considerablemente del tipo O arábigo, predominante en la población de Irak (donde estaba situada la Babilonia bíblica) en que son principalmente del tipo B, con alguna incidencia del tipo A.

El grupo AB (moderno)

El grupo sanguíneo AB es raro. Surgido de la mezcla del tipo A de los caucasianos con el tipo B de los mongoles, se encuentra en menos del 5 por ciento de la población, y es el más reciente de los grupos sanguíneos.

Hasta hace diez o doce siglos, la sangre del tipo AB no existía. Después, las hordas bárbaras penetraron en la parte más débil y vulnerable de algunas civilizaciones declinantes, invadiendo del Imperio Romano a lo largo y a lo ancho. La sangre del tipo AB surgió como resultado de la mezcla de estos invasores del este con los últimos vestigios de civilización europea. Ningún indicio de la presencia de este tipo de sangre se extiende más allá de los novecientos a mil años atrás, cuando tuvo lugar una gran migración de los pueblos orientales hacia Occidente. El tipo de sangre AB raramente se encuentra en las sepulturas europeas anteriores al siglo x de nuestra era. Los estudios sobre las exhumaciones de tumbas prehistóricas en Hungría muestran una ausencia de este grupo sanguíneo en la época longobarda (siglos iv a vii de la era cristiana). Esto parecería indicar que hasta ese momento, las poblaciones europeas del tipo A y del tipo B no habían entrado en contacto y, si lo habían hecho, no se habían mezclado o unido.

Como el grupo sanguíneo AB ha heredado la tolerancia de ambos tipos, el A y el B, sus sistemas inmunes han mejorado su capacidad para elaborar más anticuerpos específicos contra las infecciones microbianas. Esta cualidad única de poseer anticuerpos A y B reduce sus posibilidades de padecer alergias y otras enfermedades autoinmunes como artritis, inflamación y lupus. Sin embargo, hay una predisposición a ciertos cánceres porque el tipo AB reacciona a todo lo semejante a A o B como «sí mismo», de modo que no elabora anticuerpos opuestos.

El tipo AB presenta una identidad sanguínea multifacética y a veces sorprendente. Es el primer grupo sanguíneo en adoptar una amalgama de características inmunes, algunas de las cuales lo hacen más resistente, mientras otras están en conflicto. Quizás el tipo AB plantea la metáfora perfecta de la vida moderna: compleja e inestable.

Bases de la mezcla

El grupo sanguíneo, la geografía y la raza se han entrelazado para formar nuestra identidad humana. Podemos tener diferencias culturales, pero cuando se considera el grupo sanguíneo, se puede apreciar hasta qué punto son superficiales. Su tipo de sangre es más antiguo que su raza y más fundamental que su origen étnico. Los grupos sanguíneos no son un hecho fortuito de actividad genética aleatoria. Cada nuevo tipo de sangre fue una respuesta evolutiva a una serie de reacciones cataclísmicas en cadena, desplegadas durante eras de trastornos y cambios ambientales.

Si bien los primeros cambios raciales parecen haber tenido lugar en un mundo que estaba compuesto casi exclusivamente por el grupo sanguíneo O, las diversificaciones raciales —junto con las adaptaciones alimentarias, ambientales y geográficas— fueron parte de la fuerza evolutiva que finalmente produjo los otros tipos de sangre.

Algunos antropólogos creen que clasificar a los seres humanos en razas constituye una simplificación exagerada. El grupo sanguíneo es un determinante de la individualidad y la similitud mucho más importante que la raza. Por ejemplo, un africano y un caucásico del grupo sanguíneo A pueden intercambiar sangre y órganos y tener muchas de las mismas aptitudes, funciones digestivas y estructuras inmunológicas, características que no compartirían con un miembro de su propia raza del tipo B.

Las distinciones raciales basadas en el color de la piel, las costumbres étnicas, los orígenes geográficos o las raíces culturales no son una manera válida de distinguir a los pueblos. Los miembros de la raza humana tienen mucho más en común entre sí de lo que podríamos suponer. Todos somos potencialmente hermanos y hermanas. De sangre.

Hoy, cuando recapacitamos sobre esta notable revolución evolutiva, resulta evidente que nuestros antepasados tenían características biológicas únicas que complementaban su medio ambiente. Esto nos ayuda a comprender la dinámica de los grupos sanguíneos, ya que las características genéticas de nuestros antepasados subsisten hoy en nuestra sangre.

• Tipo O: es el tipo de sangre más antiguo y más básico, superviviente en la cima de la cadena alimentaria, con un sistema inmune resistente e ingobernable, dispuesto y capaz de destruir a cualquiera, amigo o enemigo.

• Tipo A: es el de los primeros inmigrantes, forzados por la necesidad de la migración a adaptarse a dietas y estilos de vida más agrarios... con una personalidad más cooperativa para adaptarse a las comunidades multitudinarias.

• Tipo B: es el del asimilador, adaptado a los nuevos climas y a la mezcla de poblaciones; representa la búsqueda de la naturaleza de una fuerza más equilibrada entre las tensiones de la mente y las exigencias del sistema inmune.

• Tipo AB: es el resultado de una rara fusión entre el tolerante tipo A y el tipo B de origen bárbaro pero más equilibrado.

Nuestros antepasados nos dejaron a cada uno de nosotros un legado especial, impreso en nuestros tipos de sangre. Este legado existe permanentemente en el núcleo de cada célula. Es aquí donde convergen la antropología y la ciencia de nuestra sangre.

* En inglés old significa antiguo, viejo.

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Código sanguíneo: El programa del grupo sanguíneo

La sangre es una fuerza de la naturaleza, la fuerza vital que nos ha sustentado desde época inmemorial. Una sola gota de sangre, demasiado pequeña para apreciarla a simple vista, contiene todo el código genético de un ser humano. El programa del ADN se conserva intacto y se reproduce dentro de nosotros interminablemente, a través de la sangre.

Nuestra sangre también contiene eones de memoria genética, datos de programación específica, transmitidos por nuestros antepasados en códigos que todavía estamos tratando de descifrar. Uno de estos códigos reside dentro de nuestro tipo de sangre. Quizás es el código más importante que podemos descifrar en nuestro esfuerzo por revelar los misterios de la sangre y su papel fundamental en nuestra existencia. A simple vista, la sangre es un líquido rojo homogéneo. Pero bajo el microscopio parece estar compuesta por muchos elementos diferentes. Los abundantes glóbulos rojos contienen un tipo especial de hierro que nuestro organismo utiliza para transportar oxígeno y crear el característico color de la sangre. Los glóbulos blancos, mucho menos numerosos que los rojos, circulan por nuestra corriente sanguínea como tropas vigilantes, protegiéndonos contra la infección.

Este complejo flujo vital de vida también contiene proteínas que proporcionan nutrientes a los tejidos, plaquetas que favorecen la coagulación y plasma que contiene los guardianes de nuestro sistema inmune.

La importancia del tipo de sangre

Usted puede no conocer su grupo sanguíneo, a no ser que haya donado sangre o necesitado una transfusión. La mayoría de la gente cree que la sangre es un factor inerte, algo que entra en juego solamente cuando se presenta un caso de urgencia. Pero ahora que usted está al tanto de la dramática historia de la evolución de los grupos sanguíneos, comienza a comprender que el tipo de sangre siempre ha sido la fuerza impulsora detrás de la supervivencia humana, cambiando y adaptándose a los nuevos ambientes, condiciones y ofertas de alimento.

¿Por qué es tan importante el tipo de sangre? ¿Cuál es el papel fundamental que ha desempeñado en nuestra supervivencia, no sólo hace miles de años, sino en el presente?

Su tipo de sangre es la clave para todo el sistema inmune de su organismo. Controla la influencia de los virus, bacterias, infecciones, sustancias químicas, estrés y todo tipo de invasiones y condiciones capaces de comprometer su sistema inmune.

La palabra inmune proviene del término latino immunis, que a su vez deriva de una ciudad del Imperio Romano a la cual no se le exigía pagar impuestos. (¡Si tan sólo su tipo de sangre pudiera proporcionarle esa clase de inmunidad!) El sistema inmune contribuye a definir «lo propio» y destruir «lo extraño». Ésta es una función crítica, ya que sin su sistema inmune podría atacar sus propios tejidos por error o permitir que un organismo peligroso ingresara a las áreas vitales del organismo. A pesar de toda su complejidad, el sistema inmune se reduce a dos funciones básicas: reconocer lo «nuestro» y eliminar lo «ajeno». En este sentido, su organismo es como una fiesta a la cual se asiste únicamente por invitación. Si el extraño cuenta con la invitación correcta, los guardias de seguridad le permitirán ingresar y disfrutar. Si la invitación no existe o ha sido fraguada, el huésped es violentamente eliminado.

Composición del grupo sanguíneo

La naturaleza ha dotado a nuestro sistema inmune de métodos muy sofisticados para determinar si una sustancia en el organismo es o no extraña. Un método comprende a los indicadores químicos llamados antígenos, que se encuentran en las células de nuestros cuerpos. Toda forma de vida, desde el virus más simple hasta los seres humanos mismos, tiene antígenos únicos que forman parte de su identidad química. Uno de los antígenos más poderosos en el organismo humano es el que determina su tipo de sangre. Los antígenos de los diferentes tipos de sangre son tan sensibles que cuando actúan eficazmente constituyen el mejor guardián de seguridad del sistema inmune. Cuando su sistema inmune evalúa un elemento sospechoso (es decir, un antígeno extraño de las bacterias) una de las primeras cosas que considera es el antígeno de su tipo de sangre para establecer si el intruso es aliado o adversario.

Cada tipo de sangre posee un antígeno diferente, con su propia estructura química específica. Su tipo de sangre se califica por el tipo de antígeno que usted posee en sus glóbulos rojos.

Imagine la ...