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MAñANA TE ESPERO DE PIE

Alberto Mishaan  

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Fragmento

El diagnóstico

Los finales de año son siempre atareados. En diciembre del 2015 yo estaba dedicado a cerrar el año en mis negocios, como cualquier otro líder de empresa: revisar balances, trazar metas y planear la estrategia para el año siguiente. Todas estas tareas generan estrés, tensión, y uno que otro dolor de cabeza, pues hay que tener en cuenta muchas variables de tiempo, y en diciembre los días parecen correr más rápido. Tenía que cumplir también con eventos, invitaciones y compromisos sociales que aparecen en esa época del año, y que se convierten en una carga más, a pesar del disfrute de reunirse con amigos y familiares. Me preparaba también para salir unos días de vacaciones: pasaríamos con Susie, mi esposa, las fiestas de fin de año en la casa de Barú, una isla cerca de Cartagena, y luego viajaríamos a Miami, donde nos habían invitado al Bar Mitzvá del nieto de mi prima. Allí tendría unos días para descansar finalmente después de tanto ajetreo. Soñaba con tener tiempo para montar en bicicleta, salir a correr, y leer con la tranquilidad de saber que contaba con algunos días de vacaciones, así fueran pocos.

A finales de diciembre viajamos de Bogotá a Cartagena, y de ahí en una lancha nos fuimos a Barú. A los pocos días de haber llegado, estábamos con Susie almorzando en casa de unos amigos y al final de la tarde, ya de regreso en la casa, me sentí con el estómago pesado, a pesar de que había comido normal, como siempre. Casi nunca me excedía con la comida, he sido muy disciplinado. Salí a caminar, pensando que un paseo a esa hora me aliviaría, y cuando regresé, me fui a dormir; en la mitad de la noche me desperté con un fuerte malestar: tenía fiebre, vómito, diarrea, creía que me estaba dando un ataque al corazón. Le dije a Susie que me diera varias aspirinas, pensando que eso podría ayudar a prevenir un infarto, es lo que los médicos siempre han dicho que uno debe hacer en esos casos. Duré muchas horas con ese malestar, sentía que me estaba pasando algo grave, pero no sabía qué. El mar estaba muy picado y regresar a Cartagena en lancha a esa hora de la noche para ir al hospital no era viable, así que tuvimos que esperar hasta que se hizo de día y mejoró el tiempo. Una vez en Cartagena sentí que ya el malestar había amainado un poco, así que lo dejé pasar, supuse que se había tratado de una intoxicación estomacal ocasionada quizá por el agua no tan pura de Barú, o algo que había comido y me había caído mal.

Los días siguieron y llegó el 2016. Susie y yo seguimos nuestros planes de ir al Bar Mitzvá en Miami, a donde llegamos el 8 de enero. Para entonces ya me sentía mejor y seguía con las actividades normales de una persona que está en vacaciones: iba al gimnasio, montaba en bicicleta, caminaba por la playa. He sido siempre fanático del ejercicio. Para mí es la manera de recargar energía, de liberar estrés y de estar en contacto con la naturaleza. Me hace sentir bien, me hace sentir libre. Desde joven he practicado toda clase de deportes: estuve en el equipo de natación en el colegio, en

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