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NO HAY VUELTA ATRáS

Melinda Gates  

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Fragmento

Introducción

De pequeña, los lanzamientos espaciales eran todo un acontecimiento en mi vida. Me crie en Dallas, Texas, en el seno de una familia católica con cuatro hijos, una madre ama de casa y un padre ingeniero aeroespacial que trabajaba en el programa Apollo.

Cuando era día de lanzamiento, todos nos amontonábamos en el coche, íbamos a casa de un amigo de mi padre —también ingeniero del programa Apollo— y contemplábamos el espectáculo juntos. Aún siento en el cuerpo el suspense de esas cuentas atrás. «Veinte segundos y contando, T menos quince segundos, la orientación es interna, doce, once, diez, nueve, inicio de secuencia de encendido, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno, cero. Todos los motores funcionando. ¡Despegue! ¡Tenemos el despegue!»

Esos momentos siempre hacían que me estremeciera, sobre todo el momento del despegue, cuando los motores se encienden, la tierra tiembla y el cohete empieza a elevarse. Hace poco me topé con el término «momento de despegue» en un libro de Mark Nepo, uno de mis autores espirituales favoritos. Utiliza esta expresión para referirse a un momento de gracia. Algo «despegó como una bufanda al viento», escribe, su pena quedó silenciada y él se sintió en plenitud.

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La metáfora de Mark del despegue transmite la sensación de maravillarse, que para mí tiene dos significados: puede significar sobrecogimiento, y puede significar curiosidad. Siento mucha admiración, pero también curiosidad en igual medida. ¡Quiero saber cómo se produce un despegue!

Todos en algún momento hemos estado sentados en un avión, al final de una larga carrera de arranque, esperando con inquietud el momento del despegue. Cuando los niños eran pequeños y estábamos en un avión, listos para despegar, les decía: «Ruedas, ruedas, ruedas», y en el momento en que el avión se elevaba del suelo decía: «¡Alas!». Cuando los niños ya eran algo mayores, lo decían conmigo y lo repetimos todos juntos durante años. No obstante, de vez en cuando decíamos: «Ruedas, ruedas, ruedas» más veces de las que esperábamos, y pensábamos: «¿Por qué tarda tanto en elevarse del suelo?».

¿Por qué a veces tarda tanto? ¿Y por qué otras pasa tan rápido? ¿Qué hace que rebasemos ese punto de inflexión en que las fuerzas que nos empujan hacia arriba superan a las que tiran de nosotros hacia abajo, nos elevamos del suelo y echamos a volar?

Durante los veinte años que llevo viajando por todo el mundo realizando la labor de la fundación que creamos junto con mi marido, Bill, me he estado preguntando: «¿Cómo podemos generar un momento de despegue para los seres humanos, y en concreto para las mujeres?». Porque cuando logras que las mujeres despeguen, la humanidad despega.

¿Y cómo podemos crear un momento de despegue en los corazones humanos para que todos queramos ayudar a despegar a las mujeres? A veces lo único que se necesita para que las mujeres despeguen es dejar de tirar de ellas hacia abajo.

En mis viajes he sabido de cientos de millones de mujeres que desean decidir por sí mismas si quieren tener hijos o no, y cuándo, pero no pueden. No tienen acceso a los anticonceptivos. Y hay muchos otros derechos y privilegios que se niega a mujeres y niñas: el derecho a decidir si quieren casarse o no, además de cuándo y con quién. El derecho a ir al colegio. A ganar un sueldo. A trabajar fuera de casa. A salir de casa. A gastar su propio dinero. A organizar su presupuesto. A poner en marcha un negocio. Pedir un préstamo. Ser propietaria. Divorciarse del marido. Consultar a un médico. Presentarse a un puesto de trabajo. Montar en bicicleta. Conducir un coche. Ir a la universidad. Estudiar informática. Buscar inversores. Todos esos derechos se niegan a las mujeres en algunos lugares del mundo. En ocasiones les son denegados por ley pero, aunque ...