Loading...

POPULISTAS A LA COLOMBIANA

Jorge Giraldo Ramirez  

0


Fragmento

PRESENTACIÓN

“Son muy pocos los estudios significativos sobre populismo en Colombia”. Esta afirmación del sociólogo franco-colombiano Daniel Pécaut es congruente con los saldos que arroja la significativa bibliografía que existe en América Latina sobre el populismo, en donde nuestro país aparece como una referencia eventual —ni siquiera menor—, lo que se debe en gran medida a cierta notoriedad que rodea a la figura de Jorge Eliécer Gaitán pero, sobre todo, a su asesinato y al mito de que este dio inicio a una guerra civil1.

Esta limitación obedece a la convicción, muy instalada entre los académicos, de que el país ha sido inmune a los fenómenos populistas. La primera conclusión de este libro es que eso no es cierto. Puede aceptarse que el populismo en sus fases estatales no tuvo un peso equivalente al de casos como el argentino o el brasileño, pero es improcedente desdeñar la presencia de movimientos populistas en Colombia desde la década de 1930, eso sí, de modo intermitente y con diversos alcances.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Esta subvaloración está vinculada, también, con la torre de babel en que se han convertido las conversaciones sobre el concepto de populismo. La idea de que el populismo es indefinible se volvió un karma de los estudios políticos, como si la heterogeneidad de las experiencias populistas fuera mayor que la de los liberalismos y los socialismos históricos. Este desconcierto explica, quizás, la abundancia de textos contemporáneos que discuten qué es el populismo. Era razonable, por tanto, dedicar el primer capítulo al concepto de populismo y delimitarlo de una manera tan compleja y formal que permitiera aplicarlo, como se hace con los otros discursos políticos, a una amplia variedad de casos.

La escasez de textos fundacionales del populismo —de carácter programático o ideológico— no implica en modo alguno que no existan rasgos comunes entre los movimientos políticos que desde mediados del siglo XIX se catalogan como tales. Una muestra de ello surge de las críticas que el populismo ha recibido durante siglo y medio por parte de los ideólogos socialistas y liberales, las familias políticas que dominaron el panorama internacional hasta el fin de la Guerra Fría. De ellas me ocupo en el segundo capítulo.

El tercer capítulo está dedicado a lo que llamo nuestra miscelánea populista. Abarca un espectro que empieza con la creación de la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria en 1933 y termina con el populismo local de Gustavo Petro. Muestro las continuidades entre el gaitanismo y el gobierno militar de Rojas, entre el anapismo y el M-19, entre el rojismo y el uribismo. Una mejor comprensión de mi argumento deberá tener en cuenta la conceptualización ofrecida en el primer capítulo.

Las reglas académicas obligan a indagar acerca de lo que los populistas piensan. Los populistas son, por definición, hombres de acción. Los populistas colombianos, como casi todos, hablan mucho y escriben poco, no teorizan ni argumentan, exponen. Sin embargo, detrás de las tarimas públicas y de los salones del poder —entre 1940 y 1973— encontré la destacada figura de Antonio García Nossa, auténtico intelectual orgánico del populismo criollo. De su pensamiento me hago cargo en el cuarto capítulo.

El quinto y último capítulo se titula “ ...