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¿POR QUé PIDO Y NO RECIBO?

Ana Mercedes Rueda  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

CÓMO ESTE LIBRO PUEDE GENERAR UN CAMBIO POSITIVO EN TI

¡He escrito este libro para ti!

Si descubres de manera consciente el poder que Dios puso en ti de poder hablarle, dirigirte a él y pedirle por lo que desea tu corazón —en tanto sea con respeto y, sobre todo, con fe—, querrás utilizarlo todos los días de tu vida. Este libro busca precisamente ayudarte en dicho descubrimiento: a través de sus páginas encontrarás por qué es positivo y necesario orar (“charlar” con Dios, como lo llamamos los ángeles y yo), qué puede estar obstaculizando tu comunicación con Él, qué puedes hacer para mejorar dicha conexión y cómo puedes asegurarte de que es a Él a quien estás escuchando y no algo producto de tu imaginación.

Mi objetivo principal es mostrarte que orar es más fácil de lo que parece, si logras establecer un método único y personal para conversar con Dios y con tus ángeles, que se convierta en parte habitual de tu vida y no algo que haces cuando te urge o como algo exclusivo para ciertas personas (quienes crees son las únicas que obtienen respuesta a sus peticiones). La verdad es totalmente distinta y aquí deseo demostrártelo.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Orar es, como dicen los adolescentes, cool y ¡hasta divertido! Si fortaleces tu comunicación con Dios y con tus ángeles, te prometo que nunca más te sentirás solo. Te lo digo por experiencia propia.

En la Parte I conocerás un poco sobre mi propio proceso y cómo comencé a recibir los mensajes de Dios a través de los ángeles. Si en algún momento has tenido la duda sobre la real utilidad de la oración, también encontrarás una explicación sobre qué es orar, para qué sirve hacerlo, y respondo un par de inquietudes que escucho frecuentemente sobre si es pecado pedir a los ángeles o a Dios por cosas materiales.

La Parte II explora en detalle el tema o la inquietud central de por qué no llega la respuesta que deseamos a nuestras oraciones: sus posibles causas, qué obstáculos pueden estar impidiendo que logremos una oración efectiva, cómo podemos ajustar nuestra comunicación con Dios y con nuestros ángeles, cómo identificar cuándo son ellos y cuándo es tu imaginación, así como algunos puntos importantes para tener en cuenta cuando queremos aquietar el ruido generado por la mente.

La Parte III es la sección práctica. En ella te comparto la manera como puedes prepararte para tu comunicación con Dios y con tus ángeles, los pasos para crear una oración clara, los métodos que los seres de luz me enseñaron para comunicarme con ellos y los diferentes niveles de oración que existen. Los métodos de la fe y de la oración afirmativa son una recopilación de distintos pasos que aprendí durante mis canalizaciones a lo largo de los años y que he querido mostrarte en este libro para que los utilices y puedas fortalecer y mejorar tus momentos de oración con Dios y con tus ángeles.

Acompañando al libro encontrarás un cuadernillo de ejercicios que te ayudará a poner en práctica los consejos recibidos a lo largo de estas páginas. Mi invitación es que a medida que vayas leyendo, en compañía de tus angelitos, medites en las palabras del libro para que al realizar los ejercicios puedas sacar el mayor provecho de aquellos mensajes que Dios, el Espíritu Santo y tus ángeles desean entregarte.

Finalmente, te comparto algunos consejos para saber esperar mientras la respuesta llega. También he incluido una lista de oraciones sobre algunos de los temas más relevantes en la vida de los seres humanos para que, si en algún momento tienes el deseo o la necesidad de utilizarlas, lo hagas a través de cualquiera de los métodos de oración que aquí incluyo y que te ayudarán a establecer una comunicación más clara con lo Divino.

Si practicas estas oraciones con constancia y fe, te aseguro que comenzarás a ver cómo empiezas a sentirte de una forma distinta y verás mucho más clara la manera como Dios está actuando en tu vida, guiándote hacia aquello que más te conviene.

Deseo de todo corazón que sientas la energía del amor que cada palabra en este libro contiene y que puedas estrechar aún más tu comunicación con ese Padre y esos maravillosos amigos que tanto te aman: Dios y tus ángeles.

Bendiciones angelicales,

Ana Mercedes Rueda

CAPÍTULO 1

QUIÉN SOY Y DE DÓNDE SURGIÓ LA IDEA DE ESCRIBIR ESTE LIBRO

La oración es el idioma de Dios y el idioma para utilizar con él.

Los Ángeles

Antes de entrar en materia, quisiera contarte brevemente quién soy y cómo ha sido mi proceso de aprendizaje en el tema espiritual.

Aunque soy periodista de profesión y ejercí mi carrera por más de dos décadas, mi misión de comunicadora social y escritora se manifestaría de una manera diferente a la que en algún momento pensé. Cuando Dios ha implantado un propósito o misión en nuestros corazones, ese momento de descubrimiento se presenta de una forma clara y contundente, cuando menos se le espera. En mi caso, esa misión se manifestó por primera vez a los cinco años de edad. Mi mamá fue el primer y único testigo de esa experiencia. Ella me cuenta que en una ocasión me vio sentada sobre mi cama con un cuaderno y un lápiz sobre mis piernas. Yo tenía los ojos cerrados pero, a pesar de ello, escribía rápidamente. Su primera reacción fue pensar que yo era sonámbula, así que simplemente cerró la puerta con cuidado y en silencio para no despertarme.

Pero esa no fue la única vez que sucedió. De hecho, se repitió varias veces, hasta que llegó un momento en que mi mamá no pudo contener más su curiosidad y miró el cuaderno en el que yo escribía. Al leer su contenido, se dio cuenta de que la escritura que utilizaba era muy distinta a la que en ese período estaba aprendiendo y, por lo tanto, no era fácilmente legible. Lo único que ella pudo entender del texto fue la palabra “Dios”, la cual aparecía en varios de sus apartes. De esa etapa —que he definido como la fase inconsciente— no existe ningún recuerdo en mi memoria y tampoco de manera tangible, pues el cuaderno se perdió.

Además de lo anterior, hace poco mi mamá me dijo que durante mi infancia le contaba cómo yo sentía “algo” que se sentaba en mi cama y escuchaba voces que me hablaban, pero nunca sentí miedo ante estos hechos. Ella simplemente me permitía expresarle mis experiencias sin juzgarme o dudar de mis palabras. Entre tanto, continué con mi vida normal, estudiando en el colegio y la universidad.

Esa era apenas la primera parte de la historia. En mis años de adolescencia ocurrió lo que defino como la fase consciente, durante la cual comencé a escuchar claramente una voz que hablaba en mi mente, entregándome palabras de amor y paz. Fue allí cuando los ángeles se presentaron de manera formal y mi misión de vida comenzó a hacerse más clara.

De esto han pasado más de veinticinco años. Ha sido un proceso absolutamente hermoso que partió mi vida en dos y poco a poco me ha ayudado a sentirme cada vez más cerca de Dios. Ese es su objetivo primordial en nuestras vidas.

A lo largo de este proceso personal e íntimo con Dios y los ángeles, he podido aprender a trabajar mi espiritualidad y, sobre todo, a sentir que los conozco mejor, pues me han enseñado de manera directa e indirecta —poniendo en mis manos libros que me han aclarado conceptos y enviándome mensajes a través de personas— cómo afinar mi conexión con ellos para sentir que sí es posible entablar un diálogo claro y preciso, y que sí nos responden.

Aquí es donde entra el tema de la oración y de dónde surgió la idea de escribir este libro. Quizás muchos de mis clientes y lectores se imaginaron que mi primer libro sería sobre cómo comunicarnos con los ángeles. Y es así, pero en un contexto mucho más amplio —y diría que es el orden correcto—, pues siempre debemos pensar primero en Dios y luego en ellos.

Recordemos que ellos son sus servidores y que es a él a quien debemos dirigirnos. Parte de mi aprendizaje para llegar a ser una canalizadora “profesional” de Dios y los ángeles (pongo la palabra profesional entre comillas, pues en esto no existen títulos o certificaciones) ha tenido que ver precisamente con cómo orar. Como lo mencioné en la introducción, defino la oración como la manera de charlar con Dios. Y no lo digo de manera irrespetuosa. Al contrario, es tanta la confianza que Dios y los ángeles me inspiran, que siento que estoy conversando con mis mejores aliados, con esos seres en quienes puedo confiar ciegamente y que nunca me van a defraudar. He establecido una relación de total cercanía con ellos ¡y se siente maravillosamente bien! Eso es lo que quiero que tú comiences a experimentar en tu vida.

Aplico la comunicación social a través de mi trabajo espiritual escribiendo artículos para diferentes medios de comunicación (¡y sí, ahora libros!), dictando charlas y conferencias sobre el tema y ofreciendo consultas individuales a aquellas personas que desean recibir los mensajes que Dios y los ángeles tienen para ellas.

Mi camino ha sido totalmente vivencial y por ello no pretendo convencerte de que hagas algo o lo dejes de hacer. Nunca te diré que debes cambiar tus creencias. Sea cual sea la filosofía con la que más te identifiques en lo espiritual, siempre la respetaré. Aquí solamente me atrevo a deducir que tú y yo compartimos un pensamiento o sentimiento hacia Dios y los ángeles, pues si no fuese así muy probablemente no estarías leyendo este libro, ¿verdad?

Te invito entonces a que mantengas una actitud abierta y me permitas compartir contigo mis experiencias y lo que Dios, a través de sus ángeles, me ha enseñado. Lo más importante para mí es que te sea de utilidad y que sepas que, efectivamente, puede haber un cambio en tu forma de sentir y de actuar en tu vida.

Si deseas conocer más en detalle sobre mi trayectoria, te invito a visitar mi página web www.mensajedeangeles.com.

Ahora que ya conoces un poco más sobre mí, ¡manos a la obra!

CAPÍTULO 2

¿POR QUÉ Y PARA QUÉ ORAR?

Vive con los hombres como si Dios te viera; habla con Dios como si los hombres te oyeran.

Séneca

Me considero una persona afortunada. Ver a mis papás juntos luego de sesenta y tres años de matrimonio es un ejemplo palpable de ello.

Eso que llamo fortuna no es, de acuerdo con mis creencias, algo que proviene del azar. Sé que cada cosa que se da es un efecto o una consecuencia, sumado a lo que debemos experimentar en nuestro proceso de evolución espiritual. Es por ello que ahora, cuando siento haber superado la mitad de mi vida, me doy cuenta de que muchas de mis oraciones han sido respondidas.

El hecho de nacer en el seno de una familia con raíces católicas, en un país latinoamericano, me permitió ver cómo la oración y la religión formaban parte indispensable y obligatoria de mi crianza. Mis papás y, en especial mi mamá, han sido siempre personas muy creyentes en Dios. Desde que tengo memoria, he visto en mi mamá una relación muy cercana a Él. En nuestra casa ella siempre ha tenido un pequeño pero significativo espacio para sus momentos de oración, el cual ha ido evolucionando en sencillez y, al mismo tiempo, en significado.

Esta influencia continuó fuera del núcleo familiar, extendiéndose a mi colegio y universidad, los cuales eran también católicos y donde la espiritualidad obviamente formaba parte importante del proceso educativo.

Tal vez por la inmadurez de la adolescencia, en esos momentos yo no tuve conciencia de lo que aquellas cosas podían significar. Mis oraciones eran algo instintivo y hasta mecánico, pues consistían en repetir el credo, el padrenuestro y otras para cumplir con los requisitos de ser una buena practicante.

Sin embargo, con el paso del tiempo y, sobre todo, gracias a la influencia que la presencia de los ángeles ha tenido en mi vida, veo claramente cómo todo tenía una razón de ser para prepararme para el camino que estoy recorriendo ahora. Así he podido mejorar de modo significativo mi comunicación con Dios y, especialmente, ver de qué manera Él me responde constantemente. Esto es lo que deseo compartir contigo para que vivas la misma experiencia.

Primero que todo, ¿para qué orar?

Muchas personas me preguntan: “¿Para qué orar si Dios supuestamente ya sabe por lo que estoy pasando y lo que necesito?” o, “Yo solamente oro cuando estoy en la iglesia, pues desde pequeño me enseñaron que allí es donde uno reza y se dirige a Dios”.

No es que las anteriores afirmaciones no sean ciertas. Antes de que te confundas, permíteme explicarme: Dios es Dios y, obviamente, Él más que nadie sabe por lo que estás atravesando, cómo te estás sintiendo y cuál es la mejor solución a tus problemas y, para quienes hemos sido criados bajo las normas de una religión —principalmente católica—, la iglesia es un lugar donde podemos sentir una energía o concentración especiales para orar y dirigirnos a Dios. No obstante, el hecho de que Él ya sepa lo que te está sucediendo o cuál es la solución a tu problema y no estés en una iglesia, no significa que no puedas o debas orar. Por el contrario, la oración es algo que, según me han enseñado los ángeles, nos conviene hacer diariamente y en cualquier lugar. Créeme, en la medida en que lo comiences a asumir como una costumbre, se convertirá en algo muy fácil de hacer.

¿Para qué orar? La respuesta es sencilla y precisa: para alabar, agradecer, recibir una respuesta y una ayuda. No olvides que la Biblia dice que el que pide, recibe. Así que la oración es la manera en que puedes pedir la asistencia de Dios para que Él, como ese Padre que te ama, te la envíe a través de sus seres de luz y puedas sentir que tu petición ha sido respondida.

Quisiera detenerme un momento en este punto para aclarar algo que los ángeles también me han enseñado: no se trata de que todo lo que se te ocurra pedir, Dios inmediatamente te lo envíe como lo quieres y en el momento que esperas. Esta es quizás la mayor confusión que existe y por la cual creemos que Él ignora nuestras peticiones. Dios es absolutamente generoso, todopoderoso y nos ama de manera incondicional, pero esto no quiere decir que vaya a concedernos todos nuestros caprichos. En muchas ocasiones, lo que le pedimos son eso, caprichos momentáneos que más adelante terminamos reconociendo que no eran benéficos para nuestra vida. Dios sí sabe lo que es mejor para nosotros y eso es precisamente lo que Él nos da.

Ahora bien, así como nuestros padres nos exigen o exigieron ser respetuosos y obedientes, Dios Padre también lo espera de nosotros. En mis palabras, y con base en lo que los ángeles me han explicado, para ver que Él nos da gusto en lo que deseamos recibir, es necesario que nosotros le demostremos obediencia, agradecimiento, amor incondicional, que Él es en nuestra vida “el número uno” y que cada día estamos procurando sentir más amor en nuestro corazón.

Todo este proceso es como un trabajo en equipo: ambas partes dan lo mejor de sí para lograr el mejor objetivo. Se trata entonces de dar y recibir.

¿Para qué orar? Para tener la oportunidad de expresar tus necesidades y sentimientos a Dios. La oración es la manera como el que cree en Dios y en su poder puede expresarle y pedirle por lo que necesita. Si tú crees que Dios existe y puede ayudarte, la oración es la única manera de expresarle claramente tus necesidades humanas y espirituales.

¿Para qué orar? Para sentir tranquilidad y confianza en que hay alguien que te está escuchando y puede darte una mano; para sentir que no estás solo y que cuentas con compañía y apoyo. La oración es una manera de desahogo y de tener tranquilidad sobre el hecho de que no estás atravesando solo tus problemas y retos. Al orar estás manifestando lo que te preocupa, lo que te inquieta, lo que te gusta y lo que deseas agradecer. Orar es hablar, conversar, dialogar. Orar no es solo pedir: es comunicarse, desahogarse, es conectarse con Dios y con tus ángeles.

¿Para qué orar? Para alabar a Dios, para agradecerle y reconocer lo que nos da.

Ahora, ¿por qué orar?

Porque es la manera como te comunicas con Dios. Es levantar el teléfono para hacer esa llamada para así poder hablar con alguien con quien necesitas o deseas conversar. Porque Dios está esperando que le hables. Él desea formar parte de tu vida, pero respeta tanto tu libre albedrío, que espera hasta que tú quieras acercarte. Él desea establecer un diálogo contigo, pero no que sea un monólogo o una conversación de una sola vía en la que solamente hable uno de los dos. Él te habla (esto lo examinaremos en más detalle) y espera que tú hagas lo mismo. Porque es la manera como puedes expresarte, desahogarte y contar tus asuntos a ese Padre que tanto te ama. Dios es tu confidente. Es tu mejor amigo. No te defrauda ni va a contar tu secreto a nadie. Lo que le cuentes quedará entre ustedes dos, a menos que seas tú quien se lo cuente a otras personas. Porque orar es la manera como te has de dirigir a Dios para pedirle por lo que necesitas. Es el lenguaje o código para que haya una conexión. Cuando necesitas entregarle un mensaje a alguien utilizas las palabras, ¿verdad? Así es como nos comunicamos los seres humanos: existen los idiomas, los lenguajes. Pues bien, la oración es ese idioma o lenguaje que permite una interacción con Dios.

Si tenemos en cuenta las definiciones del Diccionario de la Real Academia Española, orar es distinto a rezar. Orar es hacer oración a Dios, vocal o mentalmente, rogar, pedir, suplicar. En mi opinión, es hablar con Dios permitiendo que el corazón se exprese libre, honesta y abiertamente, confiándole nuestros más profundos sentimientos. Rezar, por su parte, es d ...