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RENACER

Ricardo Santamaría

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Fragmento

Introducción

Renacer

El 21 de noviembre de 2017 volví a nacer. Ese día, a partir de las ocho de la mañana y durante tres horas y media, estuve en una sala de operaciones de la Fundación Cardioinfantil en Bogotá, donde me practicaron una cirugía de corazón abierto.

Cuando desperté en la Unidad de Cuidados Intensivos y tuve plena conciencia de que la cirugía había sido un éxito, supe que me habían dado una segunda oportunidad para seguir en esta Tierra. Sentí que había sido tocado por un milagro, y que era un privilegio sagrado poder volver a empezar a la edad de 56 años.

Con el correr de los días, mis sentimientos fueron una mezcla de dicha, esperanza, agradecimiento y responsabilidad. Dicha por estar vivo y en mejores condiciones de salud que antes de la operación; esperanza por reiniciar mi camino lleno de ilusiones, pero con la experiencia y lecciones aprendidas; agradecimiento y cercanía con Dios como nunca antes la había sentido; y responsabilidad porque entendía que debía vivir distinto, que esta nueva etapa tenía un propósito y que debía encontrarlo y vivirlo a plenitud.

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Puedo decir que el pensamiento que mayor inquietud me ha producido a lo largo de todo este proceso de la cirugía, por encima incluso a la posibilidad de morirme, ha sido el de estar a la altura de esta oportunidad en un sentido trascendente.

El mismo día en que supe que para seguir viviendo debía practicarme esta operación, tomé una decisión que me cambió completamente la perspectiva de lo que me ocurría: lo enfrentaría no como un problema, sino como una oportunidad para entender y cambiar.

Me había situado en el campo espiritual de la situación y no solo en sus manifestaciones y consecuencias materiales, de las cuales por supuesto era muy consciente. Recuerdo que esa noche —solo, en mi casa— me dije y me repetí muchas veces que de todo este proceso saldría algo valioso y sagrado para mi vida, más allá de resolver un problema de salud que ya no daba espera.

Hice una oración y me entregué a Dios. Pedí por mi sanación pero acepté de antemano cualquier resultado. Sobre todo pedí, a Dios y a mi alma, que me mostraran el significado de lo que me estaba pasando. Pedí entendimiento y conciencia para superarlo y transformar mi vida. Ya no tenía más excusas. Fue un momento decisivo en mi camino. Todos los pensamientos que venía teniendo en los últimos días sobre los más diversos asuntos de mi vida cesaron de repente.

A partir de ese momento, esa misma noche, luego de hablar con mi médico horas antes y programar la intervención, mi ansiedad se calmó. Sentí que si había llegado al punto de necesitar una cirugía de corazón abierto, era mi responsabilidad. La acepté y estaba decidido a usar esta enfermedad y este momento como maestros.

¿Qué fue lo que me sucedió? Mi diagnóstico fue: miocardiopatía hipertrófica con obstrucción. En palabras sencillas, dentro del ventrílocuo izquierdo de mi corazón creció una masa que obstruía el flujo normal de sangre. El doctor Umaña, un cirujano experimentado, humano y sabio, extrajo con su bisturí una protuberancia de cuatro centímetros de largo por dos de ancho. Gracias a ello, mi corazón volvió a funcionar perfectamente.

Antes de la cirugía me ahogaba dando pocos pasos, caminando rápido o subiendo una corta escalera. Estaba expuesto a lo que se denomina una “muerte súbita”. Me explicaron que el ahogo, que podría ser fatal en cualquier momento, se producía debido a que la sangre no fluía normalmente a través del corazón y se iba para los pulmones.

Esa es la explicación médica. Días después de la operación, y ya en el reposo de mi casa, le pedí a Dios una respuesta espiritual de lo que me pasó, que no tardó en llegar y era tan obvia que no la vi antes por miedo o por no saber cómo afrontarla. Esto fue lo que sentí: por años, por miedo al abandono, bloqueé mis emociones y fui temeroso de dar amor para que no me lastimaran. Bloquear mis emociones me llevó a ser egoísta. Me cerré al amor y esto generó la masa dentro de mi corazón.

Pero cuando empecé mi viaje interior hace más de una década, dejé de protegerme y de ser exclusivamente racional. Es lo que cuento en mi primer libro, Un camino hacia la libertad interior, en donde relato ese reencuentro con el amor, con mi madre y mi padre, mi familia, mis amigos, mis exesposas, mi niño interior que encontré recogido, temeroso y abandonado. Fue un viaje en el que reconocí mis dolores y soledades, mis vergüenzas y excesos, pero también mis alegrías y talentos. Un viaje de perdón y sanación interior.

Reconocí y afronté, con todos sus dolores y lecciones, que llevaba más de tres décadas cruzando apenas unas palabras formales con mi madre y que mi padre murió y nunca pude conversar con él; que en el lapso de diez años me casé y me divorcié tres veces; y que me había refugiado en el trabajo, en la bebida y en relaciones sin compromiso, en un intento imposible por huir de mis angustias.

Gracias a esa travesía dentro de mí mismo, esa masa en el corazón empezó a estorbarme. Ya no podía vivir con ella porque yo había cambiado. Ya no necesitaba protegerme. Empecé a agradecer y a ser consciente de quién soy verdaderamente, más allá de mi carrera, mis logros o reconocimientos o de mis equivocaciones y tropiezos, y ya no podía vivir con el corazón bloqueado. Tenía que vivir sin estar a la defensiva, sin ser un permanente calculador. Mi corazón ya podía funcionar a su plena capacidad.

En un momento pensé que quizás podría vivir el resto de mis días con este corazón a media marcha, sin hacer esfuerzos o hacer ejercicio, sin sobresaltos ni grandes emociones, como cuando uno se mete al mar pero solo se moja hasta las rodillas. Pero no quería hacerlo, quería vivir a plenitud, con sobresaltos, alegrías y tristezas, y sentir todo lo que debía sentir. Quería vivir la experiencia del amor, zambullirme sin miedo en la vida. Equivocarme o acertar. Atreverme. Por eso, cuando el cardiólogo me dijo que la cirugía era necesaria, no lo dudé ni un segundo, ni pedí una segunda opinión. Ahí mismo, en esa cita, dije: “Muy bien, adelante”.

Fui consciente de que nuestro ...