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Sí PUEDO Y ES FáCIL

Antonina Andrea Paola Canal Dávila

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Fragmento

Introducción

Te saludo desde el centro de mi ser. Soy Antonina Canal y sí puedo y es fácil. Este libro es el resultado de las conclusiones a las que llegué cuando pensé que no podía dar más de mí y parecía que nada era fácil. Por eso decidí escribirlo con el fin de brindarte herramientas poderosas para que logres transformar tu vida y la de las personas que te rodean, reprogramar tus pensamientos, actitudes y hábitos y entrar en la vibración del sí puedo y es fácil, así como lo hice yo, luego de muchos años de búsqueda y aprendizaje.

A lo largo de mi vida me he cuestionado muchas veces, he estudiado, he buscado, me he caído, me he levantado otras tantas, me he saboteado, he absorbido la negatividad del entorno, he tenido que enfrentar momentos muy difíciles y duros, pero gracias a eso me he transformado y hoy puedo respirar, bailar, entender, responsabilizarme de todo lo que atraigo y de todo lo que creo en cada instante de mi vida. Aprendí a vivir con propósito claro y definido.

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En el proceso de la vida aprendí a reprogramar, a sanar, a perdonar y a agradecer. Comprendí que dentro de mí habitan infinitas posibilidades de transformación y evolución. Entendí que todas las situaciones, las personas y los eventos positivos o negativos que atraigo y que creo en mi vida son un espejo de lo que soy y que han llegado a mí para enseñarme algo, mostrarme lo que aún me falta por aprender y tener una comprensión superior. Te invito a convertirte en un canal donde sí puedes y es fácil, el mantra de poder más poderoso que he conocido hasta ahora.

Los mantras son decretos que al repetirlos varias veces modifican la información y pueden transformar tu entorno.

Este mantra llegó a mí en un momento muy difícil: mi hijo tenía cuatro meses de nacido y mi esposo, un cáncer terminal que día a día iba acabando con su vida. Además, tenía sobre mis hombros una gran responsabilidad con mi academia de danza oriental y mi centro de terapia y sanación Auro-Soma. No tenía plan B, ni ningún tipo de ayuda adicional. Debía asumir todos los frentes y acompañar a mi esposo a concluir su ciclo de vida, ser su apoyo durante sus últimos días en la Tierra. Fue un momento muy duro que tuve que enfrentar en otro país, sin mi familia, sin mis amigos, y en la absoluta soledad. En medio de ese dolor y oscuridad empecé a comprender la metáfora de la flor de loto de la que tanto se habla en las historias de sabiduría oriental: nunca es tan oscuro como antes del amanecer y en medio del lodo y del caos puede renacer una hermosa flor.

Una mañana me desperté y oí a mi esposo quejándose por los dolores que sentía. No podía dejarlo solo. Sabía que esos dos hombres dependían de mí, pero en vez de asumirlo con valentía, me sentía confundida, triste y sin esperanzas. De pronto a mi mente vino la imagen de mi hijo. Él había llegado al mundo por una razón y dependía de mi fuerza interior. Entendí que nadie me iba ayudar, que nada iba a cambiar, que la única que podía hacer algo era yo misma y que el único tiempo que tenía era ahora. Me senté a meditar, estuve un rato en silencio y lloré, llore mucho.

“Nunca es tan oscuro como antes del amanecer”.

Al terminar la meditación respiré profundo y pensé: “¿Qué tal si asumo esta situación como una bendición y decido que sí puedo con todo y que va a ser fácil?”. De repente, empecé a comprender lo que por tantos años había leído en libros y lo que trataban de decirme los maestros, gurús, swamis en la India y chamanes que había conocido a lo largo de mi vida:

“Cada situación esconde adentro su solución y la comprensión que necesitamos para una evolución superior; depende de cómo la miremos”.

De una manera asombrosa que aún no puedo explicar, decidí que sí iba a poder y que además, iba a ser fácil. Este pensamiento cambió totalmente mi sentir, mi energía y mi manera de ver el mundo. Fue en ese momento en el que inició mi viaje interno y mi proceso de transformación hacia el sí puedo y es fácil.

Siempre he tenido claro que nada llega porque sí; las semillas espirituales van germinando y florecen cuando más lo necesitamos. Empecé a repetir el mantra del poder que había descubierto y el peso que sentía sobre mis hombros se disolvió, todo cambió, empecé a fluir y a sentirme más liviana. Acepté la muerte inevitable de mi esposo, el hecho de que todos nos vamos a morir y que en esta vida lo único seguro es el cambio, en ese sentido la muerte es otro cambio, normal y natural dentro del proceso del ser humano. También acepté que iba a ser capaz de asumir sola la crianza de mi hijo y de sacar adelante todos mis proyectos. Entendí que el propósito de la vida es precisamente aprender a transformar.

Una mañana me desperté con la serenidad necesaria para sentarme a meditar con mi esposo, afrontar el proceso y así ayudarlo a liberarse de este plano en paz. Le pedí ayuda a mis ángeles, a mis guías y maestros para poder usar las palabras correctas, el tono apropiado, la mirada, la caricia y el poder de comunicar lo que estaba sintiendo mi alma. Ahí estaba a mi lado: un hombre menudo, frágil, de 40 kilos (que pesaba 85 cuando lo conocí). La mitad de su cuerpo estaba paralizado y su miraba desprendía rabia e impotencia. Respiré profundo y le dije: “Mi amor, eres el ser más admirable, amoroso, valiente y lleno de luz. Nunca te quejaste de nada, no tengo palabras para agradecerte. Tu hijo Aswan y yo saldremos adelante y te prometo que nunca le faltará nada. Ha llegado la hora de que continúes tu viaje hacia el infinito y liberes tu cuerpo físico, ya que tu vehículo ha terminado su recorrido en este plano y es tiempo de transcender. Estoy aquí para acompañarte en este tránsito. Ten presente que el cuerpo muere pero el alma es inmortal y para siempre estarás con nosotros”. Al ver en sus ojos la aceptación de alguien que sabe que va a morir, sentí que mi corazón se rompía en mil pedazos. Ha sido la conversación más dura, difícil y profunda que he tenido en mi vida.

Unos días después falleció. Aún recuerdo una frase que me repetía sin cesar: “¿Eres una bailarina? Entonces baila…”. Al principio no supe bien qué quería decir con esto, pero pasado el tiempo comprendí que la verdadera danza de la vida consiste en bailar todos los ritmos que nos ponen a vivir con gracia, honestidad y profundidad sin quedarnos en lo “bueno o lo malo”, “lo trágico o lo dramático”, ni en las opiniones del ego, o lo terrible que una situación o evento pueda parecer. Las cosas por lo general son mucho más simples de lo que nos imaginamos, pero siempre ha existido la tendencia de la mente de complicar todo, caer en la posición de víctima, quejarse y quedarse en “¿Por qué esto me pasa a mí?”.

Lo cierto es que eso nos pasa porque tenemos la capacidad de transformarlo y de salir de esa situación mucho más fuertes, sabios, poderosos, con mil enseñanzas en el alma, e incluso con el poder de apoyar a otros para que descubran que sí es posible y que tan solo se trata de decidir y de transformar toda esa oscuridad, el miedo, el dolor, el apego o el drama en una increíble y preciosa oportunidad de crecimiento.

¿Por qué a veces parece ser tan complicado?

Desde el día en el que decidí que yo podía y que iba a ser fácil, repito todos los días de mi vida: sí puedo y es fácil al enfrentar cualquier situación, desafío, momento o evento, y puedo decir que casi todo lo que he logrado en mi vida ha sido gracias a la reprogramación que hice en esa frecuencia. Cada pensamiento tiene una frecuencia, es decir, una vibración energética. Los pensamientos positivos tienen una vibración alta y los pensamientos negativos, una frecuencia baja, por eso al invocarlos bajan nuestra energía, nos enferman y nos reprimen. En cambio, al alimentar pensamientos positivos elevamos nuestra frecuencia y nuestra vibración. Estoy segura de que gracias a ese mantra he logrado producir junto a mi academia un espectáculo de perfecta sincronía con trescientas bailarinas en escena desde los dos hasta los setenta años de edad, ganar cuatro veces la medalla ...