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SANACIóN CON CRISTALES

Andrea Cuellar

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Fragmento

¿QUÉ ENCONTRARÁS
EN ESTE LIBRO?

Estas páginas te darán las herramientas para establecer un camino personal a partir de tus chakras —o centros energéticos— con ayuda de los cristales. Sabrás qué cristales puedes usar y cómo utilizarlos para activar y sanar diferentes aspectos de tu vida como el amor, la salud, la abundancia y las relaciones. Asimismo, podrás determinar qué cristal es ideal para potenciar o equilibrar tu personalidad según tus rasgos más característicos.

Cuando estás en equilibrio, cuando tus chakras, que son tu sistema energético, están alineados, no solo vas a estar más tranquilo, sino también más presente, más creativo, más empoderado, más amoroso, más expresivo, más intuitivo, más conectado con la fuente divina, al fin y al cabo, más tú.

Puedes leer este libro en el orden que prefieras, aunque está diseñado en un orden ideal para trabajar los diferentes aspectos personales y movilizar la energía en un proceso sincrónico.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Bienvenido y bienvenida a este viaje al interior en compañía de los cristales. Espero de corazón que este camino nutra tu vida, la llene de magia, de conciencia, de verdad; que puedas ir hacia adentro, encontrándote, aceptándote y permitiendo que tu verdadera esencia emerja para experimentar la vida siendo la vida misma.

ANTES DE EMPEZAR

Emprender un camino de sanación y de conciencia es una tarea que muchas personas asumimos como parte de la búsqueda personal hacia la felicidad. Detrás de las situaciones que hemos tenido que enfrentar y de lo que ocurre en cada aspecto de nuestra vida hay una trama inconsciente que no podemos ver o que muchas veces ignoramos y que constituye la base de lo que somos, no solo como individuos, sino también como seres humanos. Para transformar realmente la vida y conectarnos con el más alto potencial que abunda en nuestro Ser, es necesario ir al fondo: a lo profundo como ser físico, emocional, mental, espiritual y cósmico. En este viaje los cristales juegan un papel fundamental porque nos recordarán quién somos, despertarán nuestra memoria inconsciente, y nos enseñarán el camino para vivir desde nuestra verdadera esencia. Nos ayudarán a que integremos en nuestra cotidianidad la sabiduría profunda de nuestra alma, porque trabajando con ellos podremos emprender un proceso de reconocimiento personal y de exploración del mundo interno para tener una conciencia más clara de nosotros mismo y de nuestra relación con el mundo.

¿Sientes que hay algo que debas sanar en tu vida?

El primer paso es reconocerlo, y el segundo, emprender un camino hacia el interior con herramientas que la Tierra nos regala día a día: me refiero, en particular, a los cristales. A través de su uso podremos acceder a lo más profundo de nuestro ser, alinearnos con nuestros minerales internos y con las estructuras cristalinas presentes en la sangre, los huesos y las células. En este libro están las bases para poco a poco empezar a recordar quién somos y conectarnos con el origen. Los cristales enseñan a ir hacia adentro, a reconocer la magia de lo sagrado y el lenguaje del Universo que se expresa a través de la geometría y de todas sus características naturales que aún no han sido intervenidas por la mano del hombre.

¿Qué son los cristales?

Los cristales son minerales que han vivido millones de años debajo de la Tierra y han surgido luego de un largo y constante proceso de transformación. Ellos nos enseñan que, al igual que su proceso natural de formación desde las profundidades de la Tierra hasta la superficie, la vida se vive de adentro hacia fuera. La ciencia ha comprobado las cualidades de los cristales para amplificar, almacenar, proyectar y transformar la información y la energía desde hace muchos años con aportes muy importantes. Entre ellos encontramos los de los físicos Hans Bethe y John Hasbrouck van Vleck, quienes estudiaron a profundidad la estructura electrónica y magnética de los sólidos cristalinos; el del científico e inventor de IBM Marcel Vogel, quien a través de variadas patentes y estudios comprobó sus cualidades; o los del científico Nikola Tesla, quien estudió durante varios años el poder vibratorio de los cristales. Las diversas investigaciones de la actualidad han dado paso a la Cristalografía, ciencia que ha permitido la utilización de sus cualidades en campos tan cotidianos como la tecnología y la medicina. En la naturaleza, silenciosos y pacientes, los cristales se han estado preparando, recopilando toda nuestra historia, albergando la sabiduría de los antiguos maestros, almacenando la información del cosmos, permaneciendo presentes y sosteniéndonos a través del tiempo, aguardando el momento para volver a emerger y que los podamos utilizar por medio de nuestra conciencia como herramientas de reconocimiento y expansión de nuestro poder interior, para que podamos reconocer nuestra verdadera esencia.

Los cristales son una herramienta que está disponible para que emprendamos un encuentro personal profundo; son conciencias que se manifiestan en el plano físico, pues albergan la información de diferentes energías y momentos del cosmos y de la Tierra; y hacen parte del reino mineral, que constituye la base y el sostén de la vida. Así como nuestro cuerpo físico es el espacio en el que habita nuestra energía, los cristales son cuerpos que albergan diferentes energías y vibraciones y nos conectan con seres espirituales muy especiales.

Cuando hablo de los cristales no me refiero solamente a su color llamativo o a lo lindos que son; un cristal es un elemento cuyos átomos y moléculas se unen en una armonía perfecta para así formar una estructura ordenada, una geometría regular y geométrica. Es decir, son los elementos más ordenados de la materia, a través de un modelo que se repite periódicamente en tres dimensiones. Los cristales no son solo los que vemos en las tiendas: el agua se cristaliza, los huesos están compuestos de cristales, y, en general, a cualquier elemento de la materia que se ordena de esta forma se le llama cristal.

Los cristales tienen una estructura geométrica perfecta que no ha sido manipulada por el hombre. Por lo general tienen colores vivos, resultado de la interacción de varios minerales y las temperaturas a las que se someten cuando se encuentran bajo Tierra. Tienen una vibración (movimiento de la energía) y una frecuencia (ritmo de la energía) elevadas que los convierten en herramientas estables capaces de recibir, transmitir, almacenar, dirigir, amplificar y estabilizar la energía, entre muchas otras propiedades. No en vano son los primeros habitantes de la Tierra y por lo tanto, contienen la vibración del Universo. Los cristales son una expresión amorosa del Creador; sus colores expresan la magia, la geometría, la armonía y la perfección de la Creación; y su vibración estable nos recuerda nuestro origen divino.

Te invito a completar este rápido ejercicio para que comiences a conectarte con la energía de los cristales. Ten la seguridad de que te asombrarán los resultados.

Piensa en una intención que te gustaría trabajar con los cristales.

De la siguiente lista de cristales (tal vez los conozcas, tal vez no), señala con una X el que más te llame la atención.

• Amatista

• Citrino

• Aventurina verde

• Cuarzo ahumado

• Turmalina negra

• Cornalina

• Cuarzo rosado

• Calcita naranja

• Prehnita

• Ágata de encaje azul

• Sodalita

• Fluorita

• Cuarzo transparente

De las siguientes formas, escoge la que más te llama la atención: (círculo, cubo, tetraedro, hexágono, octaedro).

Imagina que una de las formas anteriores corresponde al cristal que elegiste. Ahora dibújala y coloréala con alguno de los siguientes colores: negro, naranja, amarillo, verde, rosado, azul, violeta o blanco.

Descubre con la lista que encontrarás a continuación el mensaje que el cristal que elegiste tiene para ti. Más adelante podrás ampliar la información.

De acuerdo a tu intención:

El círculo representa la necesidad de unidad y de conexión contigo mismo.

El cubo te habla de que, de acuerdo a tu intención, necesitas conectarte con la Tierra, con tu cuerpo físico y con lo concreto.

El tetraedro o triángulo te indica que algo se está transformando, que es momento de sacar tu fuego interno y de conectarte con la sabiduría del universo.

El octaedro te invita a soltarte, a conectarte con la energía espiritual y dejar fluir.

El hexágono te invita a aceptar y a unir las diferencias.

De acuerdo a tu intención, el color representa la energía que necesitas:

Negro: Liberar energía estancada.

Naranja: Activar tu creatividad.

Amarillo: Sacar a relucir tu fuerza y tu poder.

Verde: Equilibrar tus emociones.

Rosado: Conectarte con la energía amorosa.

Azul: Calmar las tensiones y expresarte.

Violeta: Conectarte con tu intuición.

Blanco: Permitir que tu luz emerja.

LAS RESPUESTAS ESTÁN
DENTRO DE NOSOTROS

Dentro de nosotros están todas las respuestas que necesitamos, todas las que hemos estado buscando, todas para las que aún ni siquiera hemos formulado la pregunta. Cada uno de nosotros es, como todos los seres humanos, un ser ilimitado y expansivo, con el potencial de vivir plenamente, de estar sano física y emocionalmente, con la capacidad de crear su vida, y sobre todo, de vivir consciente de quién somos.

Tal vez hemos crecido con una idea errónea que nos ha llevado a sentir miedo y a creer que la vida tiene que ser difícil para que valga la pena y para poder recibir una recompensa. ¿Creemos realmente que hemos experimentado la presencia de Dios en nuestra vida? Y más importante aún, ¿qué tiene que ver esto con los cristales? Este libro no está escrito para dar respuestas definitivas, el objetivo es acompañar a sus lectores a generar reflexiones que los encaminen a ellas. Creo que muchas veces las respuestas específicas son innecesarias y que lo que realmente importa es lo que experimentamos en el camino de encontrarlas y, en ese sentido, este libro será de gran ayuda.

Todo está dado para que nuestra experiencia en la Tierra sea sana y profunda. Tan solo fijémonos en la naturaleza que nos rodea y cómo en ella habitan todas las energías necesarias para vivir. En los árboles encontramos el oxígeno; en la Tierra y en las plantas, la curación y el sostén; en los animales, la inocencia y el amor incondicional; y en los cristales, la conciencia divina. La humanidad en diferentes momentos de la historia se ha alejado de lo natural, creando espacios, alimentos y experiencias artificiales y buscando la seguridad en cosas externas. Esto solo le da fuerza a la creencia de separación según la cual estamos separados de Dios, de la vida misma, de los demás y de la naturaleza.

En respuesta a esta falta de conciencia en los seres humanos, los cristales han vuelto a estar visibles y se han convertido en una herramienta indispensable en la mayoría de aparatos electromagnéticos y en el diseño de interiores, y es esta cercanía la que brinda la oportunidad de acogerlos como compañeros que van más allá de un simple amuleto o de elementos que irradian buena vibración.

En mi caso, el camino de los cristales ha sido el mejor encuentro de mi vida. Siempre me he considerado una exploradora; desde muy niña percibí cosas que estaban más allá de la mente racional, de lo “normal”, y tal vez esas experiencias me hicieron reconocer desde siempre que había algo “más allá”. A pesar de no tener aún una explicación racional, soy consciente de los hilos invisibles que mueven todo lo que existe y que hacen que vivamos en la sincronía perfecta de la creación sin que nos demos cuenta, y experimentemos así las situaciones necesarias para poder lograr el encuentro con lo más importante: nosotros mismos.

¿CÓMO PUEDEN AYUDARNOS LOS CRISTALES EN LA BÚSQUEDA PERSONAL?

Cuando integré los cristales en mi vida fue como si todo comenzara a ordenarse dentro de mí, porque al fin y al cabo constituyen la materia más ordenada del Universo. La experiencia me ha enseñado que para alcanzar este orden, primero debemos hacer una pausa, como cuando queremos ordenar nuestro entorno y debemos analizar qué queremos hacer con lo que tenemos. Por “hacer una pausa” no me refiero a parar o a quedarse inmóvil; la pausa es un estado en el que sigue presente el movimiento, pero somos conscientes de lo que se mueve. Por ejemplo, los cristales: parecen estar siempre quietos, inmóviles, en una pausa eterna, pero no: están vivos y aún después de estar fuera de la Tierra siguen creciendo con una actividad energética activa y elevada.

Así que para empezar sugiero hacer una pausa para conectarnos con nosotros mismos, en la que nos sintamos y nos observemos desde otra perspectiva. En este espacio no debemos cambiar lo que estamos sintiendo, sino reconocer lo que Es. Es momento de intentarlo: imaginemos que nuestra vida se detiene; todos los proyectos que tenemos en marcha, nuestros planes hacia el futuro, los compromisos, las obligaciones, las responsabilidades y hasta el tiempo, todo se congela por un momento. Así será más fácil sentir nuestro corazón, sentir la vida que habita dentro de nosotros, reconocernos en el espacio en el que estamos y sentir ese lugar. Al hacerlo es útil responder las siguientes preguntas:

¿Cómo te sientes?

¿Cómo se siente ese espacio en el que estás?, ¿qué sensación te da estar ahí?

¿Qué pensamientos están en tu mente?

¿Cuál es tu siguiente pensamiento?

¿Pudiste darte cuenta de la pausa cuando revisabas tu siguiente pensamiento?

Respira profundo y trae toda tu energía al presente.

Mantente en pausa.

Siente tus pies, reconoce que están ahí, siente cómo vibran cuando les pones atención.

Recorre todo tu cuerpo y déjate estar.

¿Cómo se siente la pausa?

Este ejercicio, que a simple vista puede parecer sencillo, te hará caer en cuenta de que en la vida cotidiana no estás acostumbrado a las pausas.

Vivimos inmersos en una cultura que nos ha educado según ciertos parámetros y normas que nos obligan a creer que debemos cumplir un destino desde que estamos en el vientre materno, cumplir unas expectativas y ser lo que se espera que seamos con la promesa implícita de que al seguir ciertas pautas, podremos ser felices; y claro, es lo que todos queremos, pero en realidad muy pocos han experimentado la felicidad más allá de ciertos momentos de gozo influidos en su mayoría por circunstancias externas determinadas, sin conectarse con un verdadero propósito.

Somos seres espirituales que, de alguna u otra manera, han buscado una conexión con la Divinidad que nos muestre el camino. ¿Pero qué pasaría si integráramos esto como una experiencia real en nuestra vida?, ¿viviríamos las emociones como las vivimos?, ¿la felicidad sería una búsqueda constante o un estado habitual?, ¿seríamos infelices?, ¿lucharíamos por el poder?, ¿viviríamos en la carencia?, ¿tendríamos inseguridades?

A partir de lo que he experimentado a lo largo de mi proceso personal en compañía de los cristales, Dios ha dejado de ser una creencia para convertirse en una experiencia y en una certeza, y eso ha transformado completamente mi estar en la vida. Una de las primeras cosas que nos enseñan cuando somos niños es que a pesar de que algo nos ocurra, debemos obviarlo y seguir adelante, sin procurar la reflexión y el aprendizaje, porque hemos establecido de antemano cuáles experiencias emocionales son buenas y cuáles son malas. Y son estas últimas las que muchas veces decidimos rechazar.

Pero las emociones que muchas veces percibimos como negativas en realidad no lo son. Al contrario. Son necesarias para que un niño se pueda desarrollar: la rabia, el miedo, la tristeza y la frustración son experiencias que nos conectan con nuestro mundo interno y en una primera instancia nos ayudan a reconocernos. Si aprendemos que al caernos debemos distraer el dolor para no llorar, y que no pasó nada, probablemente nos convertiremos en adultos desconectados de nuestras emociones, o peor aún, conscientes de las emociones, pero generando un constante rechazo, resistiéndonos a lo que sentimos y juzgándonos por sentir lo que creemos que no debemos.

Asimismo, también aprendemos que la responsabilidad de lo que nos pasa no es nuestra; que la vida crea unas circunstancias ajenas a nosotros y por eso nos volvemos víctimas de las situaciones. Si un niño se golpea con una mesa y los adultos le enseñamos que la mesa es la culpable, cuando sea adulto ¿dónde estará su capacidad de discernir, de decidir, de actuar desde la propia libertad?, ¿cuándo se hará cargo de lo que siente?

Y así, tal vez, desde que éramos niños, nuestros padres establecieron un plan de lo que sería mejor para nuestra vida, cómo debíamos comportarnos, qué nos debería gustar, qué no y en qué debíamos creer. Así, posiblemente nos convertimos en lo que nuestros padres querían de nosotros y hoy en día dedicamos nuestra vida a hacer lo que ellos esperan para sentir que somos merecedores del amor, la validación, la importancia y el reconocimiento, que a la vez constituyen la base de la supervivencia.

Con seguridad nuestros padres actuaron con amor, tal vez hoy en día nosotros hagamos lo mismo con nuestros hijos. Pero tengamos presente que esta actitud solo limita el encuentro con el propósito y la realización personal y espiritual, nos aleja de nuestra alma, cuya esencia es experimentar y evolucionar, y además, nos lleva a guardar en nuestro inconsciente una gran cantidad de información limitante que establece en gran medida las bases de nuestro presente y de nuestro futuro.

El encuentro personal es un camino de conocimiento interior y un proceso en el que, si lo permitimos, se manifestará nuestra verdadera esencia que vibra al unísono con la fuerza del Universo. Consiste en cuestionarnos, reconocer qué nos hace vibrar, qué nos moviliza, qué nos da sentido y qué no, más allá de lo que hayamos establecido inconscientemente en la infancia.

Este maravilloso proceso nos permitirá ver más allá de lo que nos han contado de nosotros mismos y nos llevará a descubrirnos y a dejarnos sorprender por nuestros dones y capacidades, por nuestra conexión con el Universo y con la naturaleza. Nos ayudará a comprender cómo los diferentes eventos de nuestra vida se conectan, cómo las experiencias nos van llevando a distintos aprendizajes, cómo las personas que nos encontramos en el camino llegan de acuerdo a nuestra propia vibración, y entre otras cosas, nos permitirá reconocer la sincronía en n ...