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SáNATE A TI MISMO

Deepak Chopra/Tanzi Rudolph  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

BIENESTAR AHORA: DIVERSAS AMENAZAS Y UNA GRAN ESPERANZA

A finales de julio de 2017 apareció en televisión e internet una historia médica asombrosa. Era la punta del iceberg. Una historia reveladora, a pesar de que muy pocas personas cayeron en cuenta de ello en ese momento. En esa época se hablaba mucho sobre los riesgos de salud que la gente enfrentaba. Entre los riesgos más novedosos se mencionaba que trabajar más de 50 horas a la semana puede ser malo para tu salud y que las mujeres embarazadas corren un mayor riesgo de no producir suficiente yodo.

Estas historias no eran la punta del iceberg, sino los consejos habituales que la gente acostumbra no escuchar. Pero había un elemento diferente. Veinticuatro expertos en demencia senil, la mayor amenaza a la salud alrededor del mundo, fueron consultados para valorar las probabilidades de prevenir cualquier tipo de demencia, incluyendo el Alzheimer. Su conclusión publicada en The Lancet, la prestigiosa revista médica británica, decía que una tercera parte de los casos de demencia puede ser prevenida. No existe en la actualidad ningún tratamiento farmacéutico para curarla o prevenirla. Éstas fueron las noticias asombrosas.

¿Cuál era la clave para prevenir la demencia? Cambios en el estilo de vida con un enfoque distinto para cada etapa de la vida. Los expertos resaltaron nueve factores específicos que sumaban 35% de los casos de demencia: “Para reducir el riesgo, entre los factores que marcan una diferencia está recibir una educación (asistir a la escuela hasta por lo menos los 15 años de edad); reducir la alta presión arterial, la obesidad y la diabetes; evitar la pérdida auditiva durante la adultez o tratarla; no fumar; ejercitarse; disminuir la depresión y el aislamiento social en una etapa tardía de la vida”.

Sobresalía un elemento de la lista: seguir en la escuela hasta por lo menos los 15 años. ¿Qué? ¿Una enfermedad horrible en la vejez puede ser evitada o disminuida si haces algo en la adolescencia? También era peculiar que tratar la pérdida auditiva en la edad adulta estuviera relacionado con reducir el riesgo de demencia. Algo nuevo estaba sucediendo. Al observarlo de cerca, esta noticia evidenciaba una tendencia en la medicina que prometía ser una gran revolución. No sólo con respecto a la demencia, sino en toda la tabla de prioridades para la investigación de enfermedades y síndromes que amenazan la vida y que los investigadores buscan que retrocedan: hipertensión, enfermedades del corazón, cáncer, diabetes e incluso desórdenes mentales como la depresión o la esquizofrenia.

Cuando te resfrías notas los síntomas y te das cuenta, con molestia, de que estuviste expuesto al virus unos días antes. El periodo de incubación es corto e invisible, y sólo te diste cuenta de todo cuando aparecieron los síntomas. Pero las enfermedades generadas por el estilo de vida no son así. Su periodo de incubación es invisible y muy largo, puede detonarse en años o incluso décadas. Este hecho tan sencillo se ha vuelto cada vez más crítico en el pensamiento médico. Hoy en día abarca mucho más que cualquier otro factor en quien se enferma y quien no.

Los médicos, en lugar de enfocarse en enfermedades del estilo de vida hasta que los síntomas aparecen, o aconsejar la prevención cuando ya se ha desarrollado un alto riesgo, ahora exploran y se enfocan en la vida sana y normal 20 o 30 años antes de que los síntomas aparezcan. Está surgiendo una nueva perspectiva sobre la enfermedad y trae consigo muy buenas noticias. Si practicamos el bienestar desde el inicio de la vida, podremos vencer las diversas amenazas que nos atacan desde la adultez en adelante. El secreto es actuar antes de que surja cualquier signo amenazante.

Esto es conocido como “medicina progresiva”: el iceberg en cuya punta estaba la historia de la demencia. Tomemos como ejemplo lo que en apariencia es un descubrimiento extraño: los expertos estiman que la demencia podría ser reducida 8% alrededor del mundo si los niños permanecieran en la escuela hasta los 15 años. Por sí misma, ésta es una de las mayores reducciones de la lista. Las razones de lo anterior recorren un largo camino. Mientras más educación recibas, tu cerebro almacena una mayor cantidad de información y accede con más facilidad a lo que has aprendido. Esta construcción de conocimiento, que empieza en la infancia, nos lleva a algo que los neurocirujanos han bautizado como “reserva cognitiva”, que es aceite para el cerebro en términos de conexiones y caminos entre neuronas. Cuando te aceitas de esta manera, la pérdida de memoria asociada al Alzheimer y otras formas de demencia se ven limitadas porque el cerebro tiene rutas de sobra para seguir si otras se debilitan o enferman (discutiremos esto con más detalle en nuestra sección sobre Alzheimer al final de este libro).

Según la lógica médica, los caminos largos están cambiando el pensamiento de todas las personas, porque existen en muchas enfermedades, si no es que en la mayoría. De pronto ya no se trata de factores aislados como no fumar, perder peso, ir al gimnasio o preocuparse por el estrés. Se trata de un estilo de vida continuo en el que el cuidado de uno mismo es importante todos los días y de todas las maneras. No fumar, perder peso e ir al gimnasio siguen teniendo sus beneficios. Pero el bienestar a lo largo de la vida no es lo mismo que disminuir tu riesgo para el trastorno A o el trastorno B. Al final, sólo funciona un acercamiento holístico. El bienestar dejó de ser sólo una alternativa válida para la prevención regular. Es el iceberg, el gorila de 200 kilos y el elefante en la habitación, todos en uno. El bienestar es la gran esperanza que aparece por todos lados a nuestro alrededor. Cuando la sociedad realmente tenga conocimiento de este hecho, la prevención nunca será lo mismo. Pero para entender qué tan radical será el cambio, necesitamos dar un paso atrás y examinar la situación actual en el cuidado de la salud, donde la amenaza es cada vez mayor que la esperanza.

Crisis de inmunidad

Hoy en día la medicina moderna aparece en tantos encabezados de periódicos que todo parece lo mismo y se vuelve casi imposible diferenciar lo que sí es importante aquí y ahora. Pareciera que el simple hecho de estar vivo es un riesgo para la salud. Así que simplifiquemos las cosas. La crisis más urgente que enfrenta la salud humana hoy en día viene de algo que la mayoría damos por sentado: nuestra inmunidad. Aquí es donde la salud y la enfermedad chocan. La inmunidad es definida por la medicina como la defensa que constituye tu cuerpo contra amenazas invasoras, conocidas como patógenos. En el habla coloquial éstos son entendidos en conjunto como gérmenes, los huéspedes de las bacterias y los virus que existen por un propósito (y no es el de enfermarnos): promover su ADN. Como una biósfera, la Tierra es un campo amplio en el que el ADN evoluciona y, aunque nos sintamos especiales o incluso únicos por ser humanos, nuestro ADN es sólo una configuración más entre millones.

La inmunidad es lo que hace que nuestros genes se antepongan a amenazas por la supervivencia, y hasta la fecha ha tenido éxito. A pesar de eventos catastróficos en la historia de la enfermedad que han barrido nuestro ADN como un tsunami —la viruela en el mundo antiguo, la plaga bubónica en la Edad Media, el sida en tiempos modernos, sólo por mencionar algunos ejemplos terribles—, nuestro sistema inmune nunca se ha enfrentado a un nivel de amenazas como a las que se enfrenta hoy. La viruela, la plaga y el sida no aniquilaron al Homo sapiens como especie, así como no lo ha hecho ningún otro patógeno, todo gracias a estos tres factores de salvación:

Ninguna de estas enfermedades se puede comunicar tan bien como para que todas las personas en la Tierra se contagien. O bien, el germen no podría resistir al aire libre o la gente vivía con suficiente distancia la una de la otra para que la enfermedad no sobreviviera la separación entre ellas.

Nuestro sistema inmune es capaz de improvisar nuevos tipos de respuesta genética con mucha rapidez por un proceso conocido como hipermutación somática, que constituye una táctica inmediata para combatir patógenos desconocidos en el momento en que entran al cuerpo.

El desarrollo de la medicina moderna ha llegado al rescate con medicamentos o tratamientos quirúrgicos cuando el sistema inmune del cuerpo no puede pelear contra la enfermedad por sí mismo.

Estos tres poderosos agentes son necesarios para que te mantengas sano, pero han llegado a un punto de quiebre. La competencia global entre millones de variedades de ADN se ha calentado a niveles alarmantes. La inmunidad ya no puede darse por sentada, sin importar en qué parte del mundo vivas. Nuestro sistema de defensa contra la enfermedad está sobrecargado y cayéndose a pedazos. Esto es por una multitud de problemas que van más allá del aterrador potencial de una nueva epidemia: ya sea del virus del Zika o de la gripe aviar. Estas amenazas acaparan los titulares de los diarios, pero con mucha menos publicidad la situación general de la salud está llena de peligros desde distintos frentes.

¿Por qué estamos llegando a un punto de no retorno?

En el mundo moderno, la posibilidad de viajar ha reducido drásticamente la distancia entre las personas, y gracias a ello es mucho más fácil y rápido para los nuevos patógenos esparcirse y encontrar nuevos huéspedes.

Los virus y las bacterias mutan más rápido que nunca porque los huéspedes humanos continúan multiplicándose a una velocidad nunca antes vista en cuanto a crecimiento poblacional.

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