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TU ALMA: UNA JOYA PARA PULIR

Paula López Espinosa  

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Fragmento

DE MUY NIÑO ME LLAMARON LA atención las geodas. Esas piedras que se presentan con un aspecto exterior rugoso, gris, sin gracia, hasta con cierta vulgaridad, pero que en su interior, desarrollan una maravillosa luminosidad, brillo, coloración y belleza deslumbrante. Recuerdo que cuando vi por primera vez una geoda, pensé que dentro de cada piedra, dentro de cada roca, existía ese universo multicolor y fascinante. Pero me detuve a observar y estudié en el colegio que resultan de la sedimentación de ciertos elementos, o la presencia de burbujas de gas que se producen en la solidificación de algunas rocas, y que favorecen, bajo condiciones determinadas, el desarrollo de cristales en su interior. No sé si esta explicación es científicamente correcta, pero para mí es existencialmente válida. Es decir, no toda piedra desarrolla estos cristales maravillosos en su interior, sino solo aquellas que pueden aprovechar sus circunstancias y elaboran con algo que se sedimenta en ellas mismas esta maravilla multicolor.

En el correr de nuestra existencia, todos nos cruzamos con piedras. La vida misma parece arrojarlas ante nuestro andar con la expectativa de ver qué hacemos con ellas. David la usó para derrotar a Goliat y liberarse de la opresión del gigante. Recuerdo a mi abuelo, quien las utilizó para construir un muro decorativo en el jardín de su casa. No puedo olvidar esas enormes piedras a la orilla del mar en las que nos sentamos esa noche de verano con mi amada para prometernos estar juntos para siempre.

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