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TU MOMENTO ESTELAR

Luz María Doria  

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Fragmento

PRÓLOGO

Eugenio Derbez

Era finales de 2013… No se aceptan devoluciones (Instructions Not Included) acababa de convertirse en la película en español más vista en la historia, tanto en Estados Unidos como en el mundo entero. De inmediato mis agentes me estaban llamando para concertar cita con varios productores, directores y ejecutivos de Hollywood.

Por fin había llegado el momento que tanto había soñado. Mi “momento estelar”.

Tenía yo ocho o nueve años cuando mi mamá empezó a llevarme al cine cada fin de semana. Gracias a ella, me enamoré de esta carrera.

Un día, después de ver una ceremonia de los Óscar, ritual que no nos perdíamos cada año, le dije a mi madre: “Esto es lo que yo quiero hacer cuando sea grande. Quiero hacer películas, quiero contar historias... ¿Crees que pueda llegar a Hollywood?”.

Pero una cosa es lo que uno sueña y otra cosa lo que la vida te tiene preparado.

Me convertí en padre a los veintitrés y, sin darme cuenta, empecé a enfrentar la vida real y a dejar a un lado mis sueños… Y, aunque no me fue mal, la verdad es que nunca me di la oportunidad de luchar por aquello que tanto había soñado desde niño.

Recibe antes que nadie historias como ésta

No fue sino hasta los 41 años (cuando ya estaba incluso planeando mi retiro) que recibí la llamada de una agencia en Los Ángeles diciéndome que les gustaría tener una junta conmigo.

¡Claro! ¡Yo tenía un sueño! ¡Ya se me había olvidado!

Sentí mariposas en el estómago…

Inmediatamente busqué en internet “clases de inglés” y ese día, jugando, jugando y sin tomarlo muy en serio, empecé a retomar mis sueños…

Un año después estaba yo presentándome en Los Ángeles, en un teatro chiquitito, actuando por primera vez en inglés y sin siquiera entender al 100 % lo que estaba diciendo.

Tres años después debuté en Broadway con la obra Latinologues.

Mis sueños se estaban empezando a cumplir…, pero mi “momento estelar” todavía no llegaba.

Pasó otro año más y, en 2006, llegó mi primer papel en el cine con La misma luna, pero luego, nada…

En 2010, Adam Sandler me dio mi primera oportunidad de hacer cine en inglés con Jack and Jill. Pensé que mi momento había llegado y luego, nada…

En 2011, Rob Schneider me llamó para un papel estelar en su nueva serie. Se transmitiría en televisión abierta por CBS en horario estelar, justo después de The Big Bang Theory, que era, en ese momento, la serie más vista en Estados Unidos. “¡Por fin llegó mi momento estelar!”, pensé…

La serie duró solo una temporada y luego, nada…

Esa última decepción me hizo replantearme mi vida profesional y mi vida personal. No estaba yo dispuesto a seguir viajando y sacrificando el poco tiempo libre que tenía para mi familia luchando por un sueño que parecía imposible y al cual le había dedicado ya más de nueve años.

“Al menos lo intentaste. Ahora regresa a lo tuyo, a lo que sabes hacer”, pensé. “Si me obsesiono con el sueño americano voy a acabar frustrado o amargado si no lo consigo. Me retiro de esta lucha feliz, sabiendo que lo intenté”.

De alguna manera había logrado parcialmente mi sueño: hice televisión en Estados Unidos, un par de películas en Hollywood y teatro en Broadway.

¡El viaje había valido la pena!

Era enero de 2012 cuando decidí renunciar finalmente a mi sueño y regresar a mi mundo. Era hora de dejar de soñar y sentar cabeza. Regresé con la firme idea de casarme con la mujer que amaba, de dedicarle mas tiempo a mis hijos y a mi familia y, ahora sí, empezar a planear mi retiro.

Por el lado profesional tenía casi lista una nueva temporada de La Familia Peluche y, además, venía dispuesto a filmar, finalmente, una peliculita que había estado tratando de realizar por los últimos 12 años: No se aceptan devoluciones (Instructions Not Included).

Y como dice el dicho: “Lo que es para ti, aunque te quites…”.

Un año y ocho meses después de haber abandonado mi sueño, el viernes 30 de agosto, se estrena en Estados Unidos Instructions Not Included. El estreno en USA era un mero trámite, no esperábamos grandes resultados. Mejor dicho, no esperábamos nada.

El estreno importante era el de México.

Lo que no sabía yo es que no estaba solo en este viaje... Me acompañaron más de cuatro millones y medio de latinos que fueron al cine e hicieron de Instructions Not Included la película en español más vista en la historia en Estados Unidos.

Pero yo nunca hubiera podido llevar a tantos latinos al cine si no hubiera sido por toda la ayuda de los medios. Y hubo alguien en especial que me dio todo su apoyo incondicional. Un verdadero ángel que me ayudó con una de las promociones más espectaculares que yo haya tenido en mi carrera. Alguien que, sin quererlo y sin saberlo y por puro cariño y amistad, fue una pieza clave para que, finalmente, llegara a mi vida ese tan ansiado “momento estelar”: mi querida Luz María Doria.

Luzma me abrió las puertas de Despierta América y me dejó colarme durante toda la semana previa al estreno: un día yo solo, otro día con Alessandra, otro con Sammy y, finalmente, con Loreto, la niña de la película.

Nunca, en toda mi carrera, me había tocado que me permitieran promocionar una película tanto tiempo en un espacio tan importante.

Se lo he dicho siempre y lo repito aquí: “Gracias, gracias, gracias Luz María Doria por ser una parte tan importante del proyecto que cambió radicalmente mi vida. Gracias por ayudarme a conseguir mi momento estelar”.

Y es aquí donde regreso al inicio de este prólogo…

Tres días después del estreno, en su primer fin de semana, la película había hecho números espectaculares. El lunes 2 de septiembre, justo el día de mi cumpleaños 52, la película había amanecido en tercer lugar general, con solo 347 salas.

Tenía invitación para ir a los programas de Jimmy Fallon y Larry King.

Mis agentes, que por nueve años no me habían encontrado nada, finalmente voltearon a verme. Me consiguieron cita en todos los estudios con la gente más importante de la industria.

Las puertas, finalmente, se estaban abriendo. El sueño al que había renunciado hacía un año y medio estaba regresando a mí, y ahora más fuerte que nunca.

Mis agentes me necesitaban en Los Ángeles todos los días para juntas, citas, castings, etc.

Pero yo vivía en México. Tenía una carrera en México. Tenía mi familia en México. Vaya, ¡tenía una vida en México!

Había llegado mi “momento estelar”. Tarde, pero había llegado. ¿Todavía lo quería? ¿Realmente lo iba a dejar ir?

Era hora de dar un salto al vacío o quedarme en mi zona de confort.

Pero saltar al vacío implicaba terminar con mi exclusividad en Televisa —la cual había significado un ingreso seguro por los últimos 20 años—, renunciar a mi trabajo, cerrar mi oficina, deshacer todo mi equipo —con el que había trabajado desde el inicio de mi carrera—, dejar amigos, familia, casa…

Tenía muy claro que un cambio así iba a traer mucho dolor, muchos sacrificios, mucha incomodidad…; pero sabía también que, si lo veía con optimismo, un cambio así de drástico podría ser una bocanada de aire fresco a esas alturas de mi vida.

La gente me decía: “Estás loco, ya no eres un niño, esos riesgos se corren cuando eres joven”. “Piensa en tus hijos, tienes una familia que mantener”. “En México ya tienes una carrera hecha, aquí eres el Rey, ¿qué más te puede faltar?”.

Y aunque en mi cabeza esos argumentos tenían sentido, mi corazón pensaba: “¿Qué más me puede faltar? Volver a sentir mariposas en el estómago… como la primera vez que pisé un escenario o la primera vez que salí en la tele o la primera vez que me pidieron un autógrafo”.

¿Se puede volver a sentir todo eso después de los 50 años? ¿Se puede volver a enamorar uno de su profesión 30 años después? ¿Se puede?

¡Yo sentía que sí! Sentía dentro de mí que aún podía dar más…, y estaba aburrido de hacer lo mismo por tantos años. ¡Tenía hambre de volver a tener hambre!

A fin de cuentas, pensaba: “Bueno, si por cualquier motivo las cosas no salen como yo planeo (que es lo más probable, dadas las experiencias pasadas), pues me regreso y listo, no pasa nada”.

Pero sí podía pasar… ¡y mucho! Tenía ganas de que pasaran cosas: buenas, malas, pero que pasaran.

Y por supuesto que siempre tuve claro que, si mi plan fracasaba, al regresar ya nada iba a ser igual. Iba a tener que empezar otra vez a formar un equipo, volver a pedir trabajo en Televisa (y con un sueldo mucho más bajo seguramente), etc., etc.

Pero pensaba: “No me importa, vale la pena. Vale la pena porque lo importante no va a ser si lo logro o no. Lo importante va a ser lo que voy a vivir durante este viaje”.

Qué paradoja… Mientras estaba planeando mi retiro, la vida me estaba poniendo enfrente la oportunidad de reinventarme…, de realizar finalmente mi sueño, ese sueño que había tenido desde que era niño. Había un 80 o 90 % de probabilidades de fracasar, pero también había un 100 % de probabilidades de divertirme en el proceso, de no quedarme con las ganas, de saber que no me iba a morir sin intentarlo.

Y aquí estoy…, lográndolo poco a poco de la mano del público y de amigos como Luz María… Derribando muros, rompiendo récords y haciendo historia juntos.

Gracias de corazón a todos aquellos que han comprado un boleto, a todos los que se han reído y divertido con mi trabajo y me han acompañado en este viaje tan maravilloso, porque es gracias a ustedes que estoy donde estoy.

¡Gracias por haberme ayudado a cumplir mis sueños!

Y es por esa necesidad de agradecerles que quise contar esta historia con el único fin de motivarlos a luchar por sus sueños.

Que no los detenga su edad…

Yo me mudé a otro país a empezar de cero a los 52 años.

Que no los detenga ningún obstáculo…

Yo sigo sin hablar bien inglés, pero tengo muy claro que nunca es tarde para seguir aprendiendo ni para sentir mariposas en el estómago ni para volverte a enamorar ni para luchar por tus sueños.

No dejen que sus miedos los paralicen. Solo piensen en cómo vencerlos y trabajen como nunca para lograr lo que siempre soñaron.

Usen el miedo como un motor…

Yo sigo levantándome cada día con el miedo de tener que enfrentar un mundo que apenas conozco, en un idioma que apenas mastico; pero cada obstáculo que logro vencer me hace más fuerte.

Y sigo preguntándome constantemente: “¿Cómo demonios llegué hasta aquí?”.

Gracias a que nunca dejé de escuchar la voz de ese niño que soñaba con contar historias…

INTRODUCCIÓN
Colorín colorado,
ESTE CUENTO HA COMENZADO

“Hoy he agregado una nueva definición a la palabra éxito:

Éxito es que te quieran todos aquellos que tú quieres”.

JORGE RAMOS,
20 DE AGOSTO DEL 2016

Con esas palabras cerré los ojos el 20 de agosto del 2016 y me acosté a dormir convencida de que estaba viviendo mi momento estelar.

Días después supe que me había equivocado. Y en este libro te voy a contar por qué.

Ese mensaje de texto que me envió Jorge Ramos después de servirle de padrino a La mujer de mis sueños —mi primer libro— y de presentarlo oficialmente el día del lanzamiento, fue la culminación de un día que yo llevaba año y medio esperando.

O que quizás, sin saberlo, había esperado toda la vida.

El mensaje de Jorge resumía el significado de lo que había sucedido horas antes en la librería Books and Books de Miami, atiborrada de libros y de gente. Atiborrada de gente que quiero mucho y que tal vez solo se hubiera juntado para despedirme en mi funeral.

Pero no era mi funeral.

Era un nuevo nacimiento a mis 51 años. Todos se reunieron allí para darme la bienvenida a mi nueva vida de escritora.

Y es que allí estaban no solamente los que habían sido mis jefes. También estaban los jefes que los habían contratado a ellos y que, por cierto, también los habían despedido.

Los invité a todos porque quería que supieran lo importante que habían sido en mi vida, y quería que les quedara muy claro el impacto que podían tener en la vida de otra persona.

Tal vez no lo sabían, pero cada uno de ellos me había llevado de la mano del alma en este camino que me condujo hasta mis propios sueños cumplidos.

Alguien con un sentido del humor muy ácido me dijo al día siguiente: “Si cae una bomba esa noche en ese lugar, se pierde más de la mitad de la historia de la televisión hispana en los Estados Unidos”.

Yo solo sabía que todos ellos: jefes, amigos, periodistas, compañeros de trabajo, familiares y conocidos eran los protagonistas de una de las noches más felices de mi vida.

La noche en que estaba presentando al público mi gran sueño: mi primer libro.

Era una noche importante para los miedosos, para los tímidos, para los que pensaban, como pensé yo alguna vez, que nunca iban a lograr lo que querían. Para que todos ellos entendieran —y entiendan, como lo hago yo ahora— que venimos a la vida con un libro invisible, que es nuestro guion, lleno de páginas escritas por el universo y de otras en blanco, que solo se escribirán felizmente si somos capaces de luchar con coraje por nuestros sueños.

Karma, ya no creo en ti

Unos minutos antes de la presentación, Jorge Ramos y yo nos encontramos en un cuartico atrás del local. “Yo te presento y luego tú hablas unos 20 minutos”, me dijo el valiente periodista de corazón generoso, que fue el mejor productor que pude tener esa noche, y quien, con una simple sonrisa, me dio la paz y la seguridad que necesitaba.

Jorge Ramos no es mi amigo, siempre lo aclaro para que la gente logre entender el tamaño de su generosidad. Él mismo se ofreció a escribir la contraportada de mi primer libro y aceptó acompañarme durante la presentación en Miami.

Meses antes había vivido uno de los momentos más trascendentales de su carrera al ser expulsado por el entonces candidato Donald Trump de una conferencia de prensa en Iowa, cuando intentó preguntarle cómo iba a deportar a 11 millones de indocumentados. Trump no se imaginó que, gracias a su falta de respeto y arrogancia, Jorge Ramos iba a vivir uno de sus momentos estelares. Gracias al desplante de Trump, la popularidad de Ramos se multiplicó en Estados Unidos entre hispanos y anglos.

Hoy, ya hasta existe un best seller escrito por Jorge llamado Stranger, con la foto de ese momento incómodo en la portada.

Primera lección de este libro: los momentos incómodos pueden dar paso a momentos estelares.

Por todo eso, sinceramente, para mí era casi irreal que Jorge estuviera ahí conmigo esa noche a punto de presentar mi primer libro. Pero la vida nos sorprende y en este libro yo quiero llevarte a hacer un recorrido por todas esas sorpresas que el universo también tiene listas para ti.

Todos, seamos honestos, nos imaginamos secretamente ese momento estelar que queremos vivir y que, sin permiso, nos da vueltas y vueltas en la cabeza. Ese minuto en que por fin ves el sueño cumplido y empiezas a recibir todo eso en que pensaste tantas veces en los semáforos en rojo o mientras subías y bajabas por Instagram o cuando te quedabas en pausa, mordiendo el lápiz, antes de firmar un cheque para pagar una cuenta… O en el que pensabas todas las noches, hasta quedarte dormido, mientras abrazabas la almohada.

Esa noche yo me di cuenta de que ese sueño cumplido no es como uno se lo imagina.

Es mucho mejor.

Y que vale la pena todo, absolutamente todo lo que has vivido para llegar hasta él.

Y justo aquella noche feliz empecé a creer más en la amistad y dejé de creer tanto en el karma. Si esa ley fuera realmente cierta, pensé, yo merecería que este lugar estuviera vacío, porque durante toda mi vida he dejado a todo el mundo esperando en los eventos. No me gusta la vida social.

Esa noche comprobé que el karma no le pasa la cuenta ni se venga de las amigas que, como yo, dejan plantadas a otras amigas en sus fiestas. A las almas buenas, pensé, nunca las abandonan el resto de las almas buenas.

Tengo que confesar que a mí no me preocupaba mucho si el lugar se llenaba o no. De hecho, nunca me pasó por la cabeza la importancia de que hubiera o no mucha gente. Yo lo que más deseaba es que todo el que asistiera saliera convencido de que los sueños se cumplen si uno pierde el miedo a luchar por ellos.

Ahí estaba yo, la miedosa de Cartagena, la productora que siempre estuvo detrás de las cámaras, la que nunca asistía a eventos para no mezclar el trabajo con la vida personal, lanzando un libro de su vida, con su foto en la portada y de la mano de una personalidad mundial.

(Razón tiene el gran Guillermo Arriaga cuando dice que todos los escritores son unos vanidosos.)

Aquel sueño de inspirar a todos los miedosos del mundo y de demostrarles que podían dejar de ser invisibles había comenzado muy bien.

Los que me conocen y los que me han leído saben cuánto me ha costado hablar en público. Que me sudan las manos y a veces hasta me quedo en blanco. Sin embargo, mi vida como escritora me estaba enseñando rápidamente, desde aquel primer día oficial, que para vivir nuestro momento estelar hay que ponerle una zancadilla al miedo, tumbarlo al piso y pararse encima de él.

La vida: ese juego donde todos tenemos derecho a ganar

Si tú apenas me estás conociendo te lo puedo explicar mejor: siempre he sido una de esas miedosas invisibles. Yo soy de las que prefería mojarse antes que usar paraguas.

Yo no acepté una fiesta de 15 porque me daba vergüenza ponerme un traje largo y bailar ante 400 ojos mirándome (tengo que reconocer que mi papá, que no sabía bailar, tampoco ayudaba mucho para motivar el sueño).

Yo no me quise casar por la iglesia de solo pensar que en el trayecto hacia el altar me iba a enredar en el vestido de novia y me podía caer. Legalicé ante Dios mi matrimonio el día que bauticé a mi hija Dominique, y lo hice a propósito para que la protagonista en la iglesia fuera ella y no yo.

Y de pronto escribo un libro y se vuelve más importante lo que puse en aquellas 260 páginas que lo que precisamente viví antes de contarlo en ellas.

Recuerdo que esa noche en Books and Books volví a confirmar que a todos nos pueden pasar las cosas que soñamos, que nuestra vida puede cambiar de la noche a la mañana y se puede saborear el éxito, siempre y cuando esas cosas que soñemos tengan un buen ...