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UNA FIGURA EN LAS SOMBRAS

John Bellairs  

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Fragmento

 

Lewis Barnavelt estaba al borde del patio, viendo a los chicos mayores pelearse.

Era una pelea de verdad. Tom Lutz y Dave Shellenberger eran dos de los que manejaban el cotarro en su colegio. Por lo general, pegaban a todos los demás, aunque aquel día se habían liado a puñetazos entre sí. A Lewis le recordó, de un modo un tanto cómico, a las peleas entre dioses y héroes sobre las que había leído en la versión de Classic Comics de la Ilíada.

—Toma, a ver si te gusta esto. —Tom le tiró a Dave un puñado de tierra a la cara. Dave embistió contra Tom, y ahora los dos rodaban por el suelo sin cesar, pataleando, arañándose y gritando palabrotas. Lewis vio que la pelea podría acercarse adonde él estaba, así que retrocedió al callejón oscuro que había entre el colegio y la iglesia episcopal justo al lado.

Normalmente, Lewis no se habría acercado a una pelea así ni de lejos. Lewis estaba gordito y tenía cara de pan. Con su jersey marrón y sus holgados pantalones de pana, parecía un globo despegando. O eso era, al menos, lo que su tía Mattie había comentado una vez sobre él, y a Lewis lo de «globo despegando» se le había quedado grabado. Tenía las manos suaves y rechonchas, y no le salían callos ni cuando se las raspaba con papel de lija. Cuando intentaba sacar músculo, no le salía nada. Le daban miedo las peleas, y también que le pegaran.

Entonces ¿qué estaba haciendo allí, viendo cómo dos de los chicos más rudos del colegio se daban de tortas? Bueno, es que la puerta trasera de la escuela daba al patio, y Rose Rita le había dicho que la esperara allí, y cuando Rose Rita decía algo, lo decía muy en serio. Rose Rita Pottinger era la mejor amiga de Lewis, y la habían castigado a quedarse en el colegio después de clase por haber contestado mal a la señorita Haggerty, la profesora de sexto. Rose Rita tenía un año más que Lewis, pero estaban en el mismo curso, y eso a Lewis le gustaba.

Lewis recorrió el callejón oscuro de arriba abajo. ¿Por qué tardaba tanto? Se estaba poniendo cada vez más nervioso al ver la pelea acercarse. ¿Y si se cansaban de pelearse entre sí y decidían pegarle a él?

—¡Hola, Lewis!

Lewis dio un respingo. Se dio media vuelta. Allí estaba Rose Rita.

Le sacaba una cabeza y llevaba gafas. Tenía el pelo largo, oscuro y ralo. Llevaba un gorrito de felpa negra con un broche de marfil. Lo tenía decorado con un montón de chap

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