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VIDA DESPUéS DE LA MUERTE

Esteban Cruz Niño  

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Fragmento

Hombres semidesnudos susurraban sortilegios sobre el cuerpo del difunto en la parte más sagrada del templo. Un habitáculo oscuro donde la única luz provenía de lámparas de aceite. Ya habían pasado setenta días desde su fallecimiento. Su cuerpo había sido embalsamado con sales de natrium y otros ungüentos, cuya receta solo conocían los sumos sacerdotes. Los familiares y amigos esperaban afuera del recinto, ya que a la parte más sagrada solo podían entrar los hombres puros para estar en contacto con el espíritu de antiguos y poderosos dioses. Después de una ceremonia que duraba días se recitaban por fin las últimas palabras: “Que su oído escuche, que su nariz respire, que su lengua hable y su boca pronuncie hermosas palabras en la morada del cielo inferior”. Tras este último rezo, el que aparentemente estaba muerto ya estaba preparado para seguir con su vida en el más allá, en tierras ignotas para los vivos. Una travesía hacia lo desconocido que todos, un día, emprenderemos.

No podemos entender la civilización egipcia sin su obsesión por el paso al más allá. Por la creencia firme de que la muerte no es más que el principio de algo que desconocemos; un viaje hacia otra existencia que puede ser más plena y reconfortante que la que hemos tenido en esta vida. Los rezos para ese tránsito se esc

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