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WA. LA VíA JAPONESA DE LA ARMONíA

Laura Messina  

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Fragmento

Wa 和

o Japón y la armonía

«El pueblo japonés es el primer patrimonio de Japón», escribió el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, que tanto amó al Sol Levante durante su vida y que, en esta afirmación, parece haber identificado de alguna forma el meollo del espíritu de wa 和, del kanji que lo representa.

A diferencia de lo que puedan pensar los extranjeros (y muchos japoneses), wa no es ni el kimono ni el sushi, no es la arquitectura de las casas tradicionales ni la exuberancia de los anime y de los manga. No es uno de los santuarios inmersos en la plenitud de una naturaleza tan venerada como sagrada; los ocho millones de dioses o los movimientos sinuosos y refinados de las geishas de Kanazawa y Pontochō no son wa. Tampoco lo es el maccha o el alboroto que organizan las niñas uniformadas que invaden la calle Takeshita-doori en Harajuku. No son wa la ceremonia en honor de los antepasados en primavera ni el suelo de tatami, ni las composiciones de ikebana, ni el laconismo y la sobriedad de las personas, ni el delicado tintineo de una pequeña campana en la brisa estival.

Entonces, ¿cuál es la esencia japonesa? ¿Dónde está el verdadero Japón? ¿Cómo se alcanza la armonía, prioritaria en su cultura y que domina las palabras y las actitudes de su pueblo? ¿Por qué es tan ordenada y pacífica la sociedad del Sol Levante? ¿Qué oculta el ideograma wa 和?

¿Qué significa wa?

Wa es una palabra bonita y misteriosa, y cuando una palabra resulta enigmática y se desea iluminarla, el mejor método para comprenderla sin correr el riesgo de simplificarla es, sin duda, consultar el diccionario de la lengua a la que pertenece.

Al buscar la palabra wa en el diccionario monolingüe Kōjien encontramos un amplio abanico de significados: Japón, las cosas japonesas (日本のこと); lo que es de estilo japonés, lo que se ha producido en Japón (日本風、日本製などの 意味); las cosas quietas, tranquilas, moderadas, amables, cordiales y serenas (穏やか、なごやかなこ); llevarse bien, estar en perfecta sintonía (仲よくすること); lo que se mezcla y une bien, el equilibrio entre las cosas, la capacidad de adaptarse y conformarse (合わせること); la suma, el total (二つ以上の数字を合 わせた値).

Abriendo con lentitud los pliegues del abanico descubrimos que wa 和 es el kanji japonés que alude a la «armonía» y que a la vez ilustra todo lo que está estrechamente relacionado con la cultura del Sol Levante: evoca lo que es apacible, sereno y moderado, el tono tranquilo, la unión pacífica y sosegada de los elementos, la calma y la gracia de las personas y las cosas. Aparece incluido en las palabras que significan «paz» (heiwa 平和 y wahei 和平) y en un término clave como chōwa 調和, «armonía y concordia», que, convertido en verbo (chōwa suru 調和する), significa «mezclar sin retorcer las partes». Desde un punto de vista comportamental, las actitudes que se promueven y alientan en Japón trazan un camino preciso: es necesario olvidar lo desagradable, procurar no reprender y optar más bien por guiar con el ejemplo. Tampoco es útil caer en la tentación de desahogarse, en la ilusión de que, haciéndolo, nos liberaremos de la rabia o de otras emociones negativas; en especial, no sirve pretender afrontar todo a toda costa, porque el precio siempre es muy elevado. En pocas palabras, la consolación del desahogo no consuela de verdad, más bien aplaca ciertos abscesos purulentos del ánimo, pero no los apaga; es como si los trasladara a otro lugar, de donde pueden volver a salir en cualquier momento.

El kanji de wa 和 precede a una serie muy extensa de palabras, que significan «culturalmente japoneses», de «producción japonesa», de «tradición japonesa» o de «estilo japonés», como es el caso de washi 和紙, el papel japonés, o washoku 和食, la cocina tradicional japonesa, wafuku 和服, la ropa japonesa, washiki 和式, el estilo japonés, o wayaku 和訳, la traducción a este idioma.

Antiguamente, Japón se denominaba Yamato 大和, un nombre que, descompuesto en sus ideogramas, significa hoy en día «gran wa», es decir, «gran armonía». En el pasado, sin embargo, correspondía a «paso entre las montañas», en referencia a la elevada densidad montañosa del territorio y porque, precisamente, los japoneses siempre se han reconocido en su paisaje de rara belleza, en las cimas nevadas, en los relieves cubiertos de vegetación, en las laderas jaspeadas por los cerezos en flor, de un color verde irisado de azul.

Desarrollada en una sociedad de carácter agrícola, la cultura japonesa ha tendido desde la Antigüedad a privilegiar la armonía del grupo, la colaboración en aras del objetivo común, frente al interés personal.

Esto se debe sobre todo a que wa hace especialmente referencia a la «mezcla», que no equivale a la disolución de un elemento en otro o en muchos otros, sino a la convivencia pacífica y respetuosa de las partes, al intercambio eufónico y equilibrado. Claude Lévi-Strauss, de nuevo, escribió que «[en] Occidente se suceden modelos de vida, [mientras que en] Japón parecen coexistir». Las implicaciones de este concepto son numerosas, como el hecho, por ejemplo, de que no es necesario creer en una única verdad, de que todo debe armonizarse (y que, por tanto, nada debe destacar de forma clamorosa), de que es posible conciliar lo que es en apariencia irreconciliable, como sugiere también el sincretismo religioso en el que conviven e incluso colaboran en el mismo territorio el sintoísmo y el budismo (kami). Wa se traduce también como «evitar el enfrentamiento de manera incondicional», lo que implica actitudes como la paciencia (nintai), pedir perdón de antemano incluso cuando no se tiene ninguna culpa (gomennasai), ignorar lo negativo (mushi suru), tener siempre en cuenta las emociones ajenas (omoiyari) y estar dispuesto a sacrificarse (gaman).

Cualquier comportamiento forma parte de una red de gestos y

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