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La ex primera dama de EE. UU. habla de la experiencia de escribir su libro 'Mi historia'.

 Sin duda, uno de los fenómenos editoriales de este cierre de año promete ser Mi historia (Becoming), el esperado libro de Michelle Obama, la ex primera dama de Estados Unidos, que sale con un tiraje de tres millones de ejemplares en 31 idiomas, para todo el planeta.


En la publicación, la autora cuenta desde su infancia en el South Side de Chicago y los años como exitosa ejecutiva ?tarea que tuvo que compaginar con sus labores de madre? hasta cuando llegó a la Casa Blanca, como apoyo incondicional de su marido.

Y, claro, lo que ha sido regresar a una vida normal.

En esta entrevista, cedida a EL TIEMPO por la editorial Penguin Random House, Michelle Obama comparte un mensaje de tenacidad para que los lectores, y en especial las mujeres, nunca desistan ante sus sueños. 

¿Qué esperaba conseguir al escribir sus memorias? 

Mi principal aspiración era crear algo que pudiese ser útil para otras personas, darles algo que pudiesen usar en sus propias vidas, así que me centré en contar mi historia con la mayor sinceridad posible. No buscaba ajustar cuentas ni ofrecer un relato político pormenorizado, sino acercar a los lectores la experiencia de una niña que creció en una familia de clase trabajadora del South Side de Chicago y llegó a ser la primera dama de Estados Unidos. En esas páginas está todo lo que soy, y eso hace que ahora me sienta un poco vulnerable. Pero espero que, si yo he sido capaz de contar mi historia, con todos sus altibajos, otra gente también tenga el valor de contar la suya.

 

Usted comenta lo duro que fue la época en que ejerció el derecho. ¿Qué consejo les daría a quienes no han encontrado su camino?

Si tienen la suerte de poder plantearse si su carrera los satisface o no ?hay mucha gente que no tiene esa suerte?, creo que lo mejor que pueden hacer es escucharse a sí mismos. Hacer un verdadero esfuerzo por escucharse. Y asegurarse de que no estén intentando cumplir las expectativas que otros han depositado en ellos. Ese fue mi problema. Me pasé mi primera juventud intentando cumplir con todo aquello que creía que la sociedad esperaba de mí, hasta que me di cuenta de que eso me estaba haciendo infeliz. Pasé por un período de intensa introspección. Escribí diarios. Y tomé conciencia de que lo que realmente necesitaba hacer era ayudar a otras personas, lo que me llevó a orientar mi carrera hacia el servicio público. Así que les diría que se esfuercen por escucharse a sí mismos y dejen de prestar atención a todo lo demás. 

Durante su vida ha pasado por épocas buenas y malas. ¿Cómo se ha adaptado a los hechos impredecibles del camino recorrido?

He aprendido que a veces hay que soltar las manos y dejarse llevar por la montaña rusa. No hay libro de instrucciones que valga cuando uno debe compaginar la crianza de dos hijas pequeñas, un trabajo exigente y un marido que tiene elevadas metas; o cuando las hijas son algo mayores y uno tiene que decidir qué tratamiento emplear para dirigirse al primer ministro que tiene sentado al lado en la cena.

Usted reflexiona sobre sus luchas internas, y en ocasiones se cuestiona si fue lo suficientemente buena. ¿Alguna recomendación para combatir las inseguridades? 

Puede que haya tenido ciertos éxitos en mi vida, pero no he olvidado la vergüenza que sentí cuando me equivoqué al deletrear una palabra delante de mis compañeros de preescolar. Aún recuerdo mis inseguridades por ser una estudiante de clase trabajadora y perteneciente a una minoría en un campus universitario de gente con dinero y mayoritariamente blanca. Creo que todos recordamos momentos así, y quiero que se sepa que no desaparecen cuando uno de pronto tiene que hablar ante estadios repletos o conoce a la reina de Inglaterra.

Lo que me ha ayudado ha sido hacerme mayor y vivir lo suficiente como para superar algunas de esas inseguridades, y darme cuenta de que no son el fin del mundo. De hecho, pueden suponer un nuevo comienzo. Evidentemente, esto no hace que sea más fácil pasar el mal trago, pero, al final, las inseguridades pueden ser útiles, siempre que no dejemos que determinen cómo nos vemos a nosotros mismos. Todo forma parte de nuestra historia.

¿Qué le sorprendió del proceso de escritura? 

El proceso acabó siendo algo muy importante para mí. Dediqué mucho tiempo a pensar y reflexionar, que es algo que apenas pude hacer durante prácticamente una década. Desde que Barack inició su campaña a la presidencia, cada día fue como un esprint (una contrarreloj), así que agradecí poder bajar el ritmo un poco y preguntarme '¿cómo he llegado hasta aquí? ¿Dónde dio un giro mi historia?' Descubrí muchísimos pequeños momentos que mucha gente quizá desconozca, pero que fueron realmente esenciales para convertirme en la mujer que soy.

Noticia publicada por EL TIEMPO:   https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/michelle-obama-habla-de-su-experiencia-al-escribir-mi-historia-300058

 

 

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