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Charles Duhigg, ganador del Pulitzer, señala que no hay hábitos buenos o malos. Dice que son herramientas que podrían ayudar en la productividad.

Lo que para Charles Duhigg, periodista y escritor estadounidense, empezó hace siete años ?en medio de las obligaciones del trabajo y de su familia? con el deseo de encontrar la fórmula para evitar ir a comerse una galleta cada día a la misma hora, terminó con la publicación de 'El poder de los hábitos'.

Quería simplemente encontrar la manera de remplazar sus inveteradas costumbres por otras que le permitieran un mejor estado de salud y le facilitaran ejercitarse con frecuencia. Pero, por el camino, se encontró investigando el funcionamiento de estos actos repetitivos en nuestra vida, y la manera cómo es posible cambiarlos, e identificando lo que llama 'el bucle del hábito'.

Además de haber publicado dos libros sobre hábitos y productividad, Duhigg fue reportero de The New York Times por diez años y ganó un premio Pulitzer por su investigación ?The iEconomy?, sobre las empresas de Apple en China. Estudió historia en la Universidad de Yale y tiene una maestría del Harvard Business School.

Hoy sigue escribiendo artículos para The New York Times y para The New Yorker, dicta conferencias y Ted Talks sobre el funcionamiento de los hábitos, tiene un podcast de entrevistas y ha dispuesto un correo electrónico en su página oficial para que sus lectores estén en contacto con él. Tanto en las páginas de sus libros como en su sitio web tiene una promesa: todo aquel que lo contacte tendrá una respuesta de vuelta.

'El poder de los hábitos' llegó a la lista de los más vendidos de The New York Times y sigue siendo guía para miles de personas en todo el mundo.

Desde el siglo XIX algunos psicólogos propusieron que se requieren 21 días para adquirir un hábito. ¿Cuántas veces es necesario repetir una actividad para que se vuelva habitual?

No hay un número mágico de veces. Es diferente de comportamiento en comportamiento. Afianzar un hábito que implica ejercicio puede tomar mucho más tiempo de lo que tomaría dejar el hábito de comer alimentos azucarados. Pero siempre es el mismo mecanismo.

¿Qué pasa cuando las ansias que impulsan el bucle del hábito están motivadas por un factor como la baja autoestima o la depresión, que están más allá de la recompensa?

Un hábito nunca emerge por la depresión. Puede que no entiendas cuál es la recompensa que hay detrás. Puedes pensar ?hago esto cada vez porque estoy deprimido?, lo que no sabes es que estás haciéndolo porque te da algo que te hace sentir que no tienes que esforzarte demasiado y que te puede ayudar a escapar de las responsabilidades. No hay nada en la vida que hagas sin obtener alguna recompensa.

¿Qué pasa cuando el mismo hábito es la recompensa?


Siempre habrá alguna recompensa. Dices que te comes una galleta solo por el placer que te da comerla, pero la verdad es que comes la galleta porque sabe bien, o porque el azúcar te da una descarga de energía, o porque tienes hambre. Es más complicado que eso, siempre está pasando algo más grande y es tu trabajo tratar de descubrir de qué se trata.

¿Cómo cambiar hábitos en un ambiente de estrés constante?

Si es estresante o no, nuestro cerebro utiliza siempre la misma fórmula. Muchas personas cambian de hábitos en ambientes estresantes, también muchas personas crean hábitos en momentos difíciles. Cuando un atleta está entrenando para una maratón, ese es claramente un momento estresante, pero una de las cosas que ellos aprenden a hacer es a manejar el estrés y eso es un hecho importante de cómo se convierten en campeones.

Con el paso del tiempo, son más los desarrollos tecnológicos y el auge de la meditación... ¿Ha encontrado nuevas estrategias que puedan ayudar al desarrollo de hábitos?

Hay muchas maneras de seguir nuestros comportamientos. Ahora sabemos, por ejemplo, que con cualquier celular es más fácil para las personas saber cuánto tiempo están gastando en línea y eso nos ayuda a estar conscientes. Pero lo que tienes en tu cerebro ha estado allí por mucho tiempo. Hay muchas aplicaciones allá afuera, pero no necesitas una aplicación para esto.

La palabra 'rutina' parece tener mala fama. ¿Deberíamos recurrir más a las rutinas y desear menos escapar de ellas?

Depende de lo que estés hablando. Los hábitos no son malos o buenos, las rutinas tampoco, son herramientas. Piensa en un martillo: con un martillo puedes construir una casa o atacar a una persona. Lo importante es saber utilizar esta herramienta de la manera correcta. Y para hacerlo debes conocer la manera en la que esta funciona.

Ese es todo el punto del libro: enseñarle a la gente cómo funcionan los hábitos y de esa manera se puedan tomar mejores decisiones sobre los hábitos que queremos conservar y cuáles queremos cambiar.

¿Los hábitos pueden ser enemigos de la creatividad o todo lo contrario?

Si tienes hábitos que te permiten tener espacios para pensar y para ser contemplativo, probablemente serás más creativo. Sin embargo, si haces siempre las cosas de la misma manera, si nunca te paras a pensar si como lo haces está bien o está mal, entonces ahí se destruye la creatividad.

¿Cuál es su mejor hábito y cuál cree que es su peor hábito?

Creo que mi mejor hábito es la habilidad de terminar las cosas, no soy una persona que tienda a procrastinar, pues, siempre que tengo alguna tarea, tiendo a planear de qué manera voy a ejecutarla y eso hago. Mi peor hábito es tal vez el de aún quedarme despierto hasta tarde. Empiezo a ver televisión cuando debería estar durmiendo, pero de alguna manera es relajante.

¿Qué tanto cambió su vida durante la investigación, en virtud de las cosas que fue descubriendo?

Cambió bastante. Una de las razones por las que escribí este libro es porque quería saber cómo cambiar mis propios hábitos. No sabía por qué me costaba tanto trabajo hacer ejercicio, no sabía por qué era tan difícil irme a dormir a un tiempo razonable, entonces una vez que aprendí acerca del ciclo de la señal, la rutina y la recompensa me ayudó mucho a darme cuenta de cómo podía desarrollar los hábitos de ejercitarme más, descansar más temprano y comer mucho mejor. Eso ayuda mucho.

EL MÚSCULO QUE STARBUCKS EJERCITÓ PARA LLEGAR A LA CIMA 

Cuando el empresario Howard Schultz compró Starbucks, en 1987, no tenía más de seis tiendas. Solamente se necesitaron seis años para catapultar la compañía: en 1993 ya había más de mil sucursales regadas por varios países del mundo. A finales de los años noventa, esta cadena internacional de cafés empezó a diseñar una gigantesca estrategia de crecimiento.


Su modelo de negocio empezó a basarse en un excelente servicio al cliente. La compañía, entonces, desarrolló una táctica para enseñarles a los empleados a regular sus emociones y a saber cómo actuar en momentos de estrés laboral.

Desarrollaron un manual en el que los mismos trabajadores imaginaban situaciones difíciles y planeaban su reacción. Repitieron estas escenificaciones tantas veces que, al final, los empleados volvieron sus reacciones automáticas y las convirtieron en hábitos.

Duhigg, que estudia a detalle la experiencia de Starbucks en su libro, descubrió que la fuerza de voluntad es como un músculo que necesita ejercitarse, y que los hábitos son la mejor manera de hacerlo.

 

Noticia publicada por Portafolio:  https://www.portafolio.co/tendencias/el-poder-de-los-habitos-en-la-toma-de-decisiones-537950

 

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