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Noticia

El llamado de la selva

Publicada el 04/02/2018

Una historia de amor y odio entre una mujer y una perra que se desarrolla en el Pacífico colombiano.

 

 

La historia es sencilla: Damaris, una mujer negra que vive en un caserío del Pacífico colombiano, adopta una cachorra de una perra envenenada y le da el nombre de Chirli, como hubiera querido llamar a la hija que no tuvo. Lo hace sin consultarlo con Rogelio, el pescador con el que convive, “un negro grande y musculoso, con cara de estar enojado todo el tiempo”. A pesar de su torpeza para darle leche con una jeringa y de la resistencia de Rogelio –son cuidadores de una casa en el acantilado y deben velar por otros perros– logra criarla y convertirla en el eje de su vida. Hasta que Chirli crece y empieza a escaparse a la selva –“ya probó el monte y se echó a perder”–; hasta que un día aparece preñada, se desentiende de sus cachorros cuando nacen –“la perra resultó ser una pésima madre”– y todo cambia entre ellas. El amor se convertirá en odio; el idilio, en tragedia: “Y Damaris tuvo la impresión de que ahora sí se había roto entre ambas algo irreparable. Contra lo esperado, le dolió”.

 

 

Un melodrama cualquiera, una narración muy simple que se desarrolla en el presente y se alterna con flashbacks al pasado de Damaris, lo cual va enriqueciéndola como personaje. Su gran frustración es no haber sido madre; en su entorno, el destino de la mujer es tener hijos: “¿Para cuándo los bebés? o ¿Qué hubo que se están demorando?”. No hubo yerbatera ni jaibaná que solucionara su infertilidad; tener relaciones con Rogelio dejó de ser un atractivo al igual que la relación con él: “Dejaron de tenerlas, al principio tal vez solo para descansar, y ella se sintió liberada, pero al mismo tiempo derrotada e inútil, una vergüenza como mujer, una piltrafa de la naturaleza”. Así, estaba a punto de llegar a los cuarenta, la edad en la que, según su tío Eliécer, “las mujeres se secan”. Pero apareció Chirli, claramente un sustituto de la maternidad frustrada y de su soledad. No es necesario hacer un análisis psicológico para entenderlo: “Sí, la llamé Chirli, como a la hija que nunca tuve”. Aunque no es lo mismo tener una mascota en la ciudad que allí, en un ambiente también hostil para los animales: no hay veterinarios que esterilicen, la superpoblación se resuelve arrojándolos al mar o envenenándolos en la playa, como le sucedió a la madre de Chirli. Y está la selva, “el llamado de la selva”, como bellamente lo dijera Jack London, por cierto, contando la historia de un perro.

 

Damaris carga con otra cruz: la muerte de Nicolasito, el hijo de los Reyes, los dueños de la casa en el acantilado que cuidan. Cuando eran niños, mientras jugaban juntos, a Nicolasito se lo llevó el mar. No fue su culpa, pero igual se la atribuyeron y la azotaron: “El tío Eliécer paró el día que habría tenido que darle treinta y cuatro latigazos. Habían pasado treinta y cuatro días, el mayor tiempo que el mar se había demorado en devolver un cuerpo”. Pérdidas, culpas, soledad, que distrae con la perra, las telenovelas y con cizaña de su prima Luzmila, que elogia su bonita piel, sin manchas ni arrugas, mientras le dice: “Claro, como no tuviste hijos”. Sin embargo, su lucha más tenaz, más persistente, es contra la naturaleza, la selva y el mar, con su belleza ambigua y traicionera: “El mar seguía tranquilo como una piscina infinita, pero Damaris no se dejó engañar. Ella sabía muy bien que ese era el mismo animal malévolo que tragaba y escupía gente”.

Se podrían decir tantas cosas de esta novela breve –porque es una novela breve, no un cuento alargado–; se podría hacer sociología sobre las condiciones en que vive la gente del Pacífico; hablar de la situación de la mujer, de las zonas marginales y olvidadas. Hay mucho para decir e interpretar, y más aún con su final abierto. Lo cierto, el punto de partida de la literatura, es que Damaris es un personaje que respira y vive y nos involucra en su drama existencial, y que La perra, con su lenguaje contenido, cuenta con eficacia una buena historia. Narrar con sobriedad la barroca selva y el barroco mar americano es ya un gran triunfo.

Noticia publicada en Revista Semana:  http://www.semana.com/cultura/articulo/luis-fernando-afanador-habla-de-la-perra-por-pilar-quintana/555842

 

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