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Eduardo Lora, autor de Economía esencial de Colombia, explica por qué es tan importante que los colombianos de a pie conozcan sobre el pago de impuestos.

 Economista Eduardo Lora habla sobre su libro Economía esencial de Colombia  ?En Colombia es ridículamente bajo el impuesto a las personas naturales? Foto: Semana

SEMANA: Su libro es un ejercicio de explicarle economía a un público general ¿Cómo lo hizo sin fracasar en el intento?

Eduardo Lora: La clave fue pensar primero que todo en los intereses de los lectores y en los temas que podían ser relevantes para alguien interesado en entender sus propias circunstancias económicas. Luego, en cada tema, arranqué por los mensajes centrales que quería dejar y a partir de ahí busqué los datos que necesitaba para mostrarlo de la forma más sencilla posible. Y tuve mucho cuidado en no usar expresiones técnicas.

 

SEMANA: ¿Por qué es importante la enseñanza de la economía para todos?

E.L: Porque en la medida en que electorado esté bien informado y tenga criterio para saber cuáles políticas pueden ser exitosas, habrá gobiernos mejores que con un electorado ignorante que puede ser fácilmente manipulado por el clientelismo o por los populismos de izquierda o derecha.

 

SEMANA: A diferencia de muchos economistas, que se centran en estudiar el mercado, usted hace énfasis en las instituciones y en el marco en que se desarrolla ese mercado ¿Por qué son importantes las instituciones para la economía?

E.L: A los economistas a veces se nos olvida que el mercado es una construcción social: ningún mercado puede funcionar sin unas instituciones que le den soporte. Piense en lo siguiente: el dinero, los derechos de propiedad y la regulación son todas construcciones sociales. ¿Podría haber mercado sin estas cosas?

 

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SEMANA: ¿Por qué tendencia se inclina más: el liberalismo puro y duro basado en que el mercado regule las relaciones económicas o la de un mercado regulado?

E.L: Ese liberalismo ?puro y duro? del que usted habla sólo existe en los libros de texto. En todas partes, las relaciones económicas están regidas por la forma como está distribuido el poder y por las instituciones y la regulación que resultan de ahí. Por eso, el primer capítulo del libro se titula Quién tiene el poder.

 

SEMANA: El libro muestra una discusión sobre la clase media colombiana en la que todavía no hay consensos, para usted ¿Cuándo un colombiano pertenece a la clase media? Y ¿Colombia es un país de clase media?

E.L: Digamos más bien que en Colombia todo el mundo se cree clase media. Déjeme que le haga una pregunta a usted y a los lectores: En una escala de 1 a 100 donde 1 es el escalón de los trabajadores de más bajos ingresos y 100 es el escalón de los trabajadores de más altos ingresos, ¿en qué escalón está situado usted? La respuesta la encontrará en el libro, pero de momento le voy a dar una pista: el trabajador del escalón 50, que representa la clase media, gana menos de un millón de pesos mensuales. Así que no vaya a decirme que usted está en el escalón 70 u 80.

 

SEMANA: En su libro usted dice que el sistema bancario es, en cierta medida, una ficción que funciona gracias a la confianza de todos. En ese sentido ¿podría en la actualidad una economía funcionar sin la intermediación financiera?

E.L: Claro que no, si no hubiera bancos no habría dinero como lo conocemos en la actualidad y tendríamos que limitarnos a hacer trueques. Y, por supuesto, tampoco habría crédito. Un sistema financiero sólido y bien regulado es esencial para el buen funcionamiento de cualquier economía. Como cualquier institución, toma mucho esfuerzo construir un buen sistema bancario, pero es fácil destruirlo.

 

SEMANA: En el aparte sobre la crisis financiera no se toca un tema que inquieta a la gente. Este tiene que ver con el rescate que hace el Estado de los bancos y la poca ayuda que los bancos les dan a los deudores ¿Por qué los Estados prefieren rescatar al sistema bancario en vez de ayudar a sus usuarios que son los que sufren la mayoría de consecuencias de las crisis?

E.L: En momentos críticos es necesario rescatar al sistema bancario porque sería más costoso tratar de reconstruirlo más adelante. Pero eso no implica dejar que los pequeños ahorradores sufran las consecuencias. Por eso existen las garantías de depósito hasta ciertos límites. Proteger a los deudores es más complicado porque las amnistías dañan la disciplina de pago y favorecen sobre todo a los grandes deudores. Uno de los problemas que tiene el sistema financiero colombiano es que los deudores tienen demasiada protección en relación con los acreedores, lo cual lleva a que el crédito sea más costoso y difícil de conseguir. Pero me estoy metiendo aquí en temas que no se mencionan en el libro?

 

SEMANA: Usted afirma que, de acuerdo a investigaciones, reducir o eliminar el salario mínimo no ayudaría a resolver el problema de informalidad. Entonces, ¿por qué especialistas como Christopher Pissarides dicen que en Colombia el salario mínimo es desastrosamente alto y que eso va en contra de la productividad y el crecimiento?

E.L: Dudo que Pissarides haya estudiado en detalle el efecto del salario mínimo en economías como la nuestra. En el libro yo resumo las conclusiones de un ?metaestudio? sobre los efectos del salario mínimo en las economías en desarrollo. Déjeme que le lea exactamente lo que dice ese ?metaestudio?: ?Hay poca evidencia de que el salario mínimo en economías emergentes tenga impacto alguno sobre el empleo? Hay alguna indicación de que aumentos del salario mínimo llevan a pequeños aumentos del empleo informal, aunque la mayoría de los resultados son estadísticamente insignificantes?. Cuando los economistas y los gremios colombianos hablan de salario mínimo hacen siempre énfasis en su posible efecto sobre el empleo pero se cuidan de no decir nada sobre su efecto en la pobreza o en la distribución del ingreso. A este respecto las investigaciones sí que son concluyentes: aumentos ?moderados? del salario mínimo ayudan a reducir la pobreza y la concentración del ingreso. El 6 por ciento de aumento en el 2019 cabe perfectamente dentro de la definición de ?moderado?.

 

SEMANA: Por qué defiende la propuesta de una pensión básica universal?

E.L: Son muchas las razones, pero en esencia es un asunto de justicia social. El principal problema de nuestro sistema pensional es que no ofrece protección a quien más la necesita. Sólo una de cada cuatro personas en edad de jubilación recibe actualmente una pensión, pero en eso el gobierno se gasta casi la tercera parte de lo que recibe en impuestos. Una pensión básica universal equivalente a un tercio del salario mínimo eliminaría la pobreza entre los adultos mayores, con un costo mucho menor para el fisco. Con una pensión básica universal podría marchitarse el régimen de prima media y podría hacerse voluntaria la afiliación a las AFP, ya que todo el mundo tendría asegurado un ingreso básico para la vejez. Sin contribuciones obligatorias para el sistema pensional, sí que se reduciría la informalidad y sí que aumentaría el empleo formal.

 

SEMANA: ¿Cuál es la mayor fortaleza de la economía de Colombia?

E.L: La estabilidad, así de sencillo. Hay un dicho que dice que ?el pez no sabe que está en el agua?. Pues bien, los colombianos no son conscientes de que viven en una economía estable, que sólo ha tenido una crisis económica de importancia en los últimos 80 años y donde la inflación es baja y bastante predecible. Colombia es una economía tan estable como la de cualquier país desarrollado. Esa es una fortaleza que puede perderse fácilmente porque la mayoría de los políticos y de sus electores no saben lo que se requiere para mantener la estabilidad.

 

SEMANA: Para usted ¿Quiénes pagan más impuestos en Colombia? ¿Las personas naturales de ingresos medios? ¿Las PYMES? ¿Los grandes industriales y multinacionales?

E.L: En Colombia es ridículamente bajo el impuesto a las personas naturales: quienes ganan menos de cinco millones de pesos mensuales, que son el 95% de los trabajadores, no pagan impuesto a la renta. Como los ingresos de las personas casi no están gravados, los pilares del sistema tributario colombiano son los impuestos directos a las empresas y el IVA. Pero ambos tienen el problema de que no aplican por igual a todos los sectores o a todos los artículos. Los sectores que tienen más poder se las arreglan para recibir exenciones. Y, en general, quienes tienen más dinero, conocen mejor los mecanismos para evadir, sea a través de paraísos fiscales, sea encubriendo como inversiones y costos de sociedades lo que en realidad son gastos suntuarios, sea evadiendo el IVA con facturas falsas. La evasión tributaria rara vez es investigada y castigada. A casi nadie le importa.

 

SEMANA: Una pregunta de actualidad ¿En este ambiente de polarización cómo podría afectar el desempeño de la economía colombiana?

E.L: El problema en sí mismo no es la polarización, sino el poder tan reducido que tiene el actual gobierno para movilizar el respaldo de los partidos en el Congreso. Lo que pasó con la reforma tributaria a fines del año pasado puede repetirse en el futuro cuando el gobierno tenga que acudir al Congreso para cubrir un faltante de recursos o para intentar resolver el problema pensional. En ese momento las calificadoras de riesgo y los inversionistas internacionales van a perder la paciencia. Como siempre en esas circunstancias, muchos ricos preferirán sacar su plata del país. Vender Ecopetrol u otros activos valiosos sólo sería reconocer las dificultades, y alborotaría más el avispero político. No veo que pueda hacer el gobierno para impedir algo así. Pero estoy dispuesto a que me sorprenda.

 

Noticia publicada en SEMANA: https://www.semana.com/economia/articulo/economista-eduardo-lora-habla-sobre-su-libro-economia-esencial-de-colombia/622510

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