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En 'Diez cr√≠menes sorprendentes de la historia de Colombia', Fernando Salamanca narra, entre varias historias, c√≥mo viv√≠a un m√ļsico en un campo de concentraci√≥n colombiano, c√≥mo se castigaba a los ind√≠genas, c√≥mo se viv√≠a en la isla de los leprosos y c√≥mo fue el robo de un Goya en Bogot√°. ARCADIA habl√≥ con √©l.

En ?Diez crímenes de la historia de Colombia?, publicado por la editorial Penguin Random House, Fernando Salamanca presenta diez relatos históricos en clave de crónica acerca de la vida y la muerte de colombianos y extranjeros en el país, acerca de la brutalidad de la que el ser humano es capaz, de la mirada que se ha tenido en el pasado de las mujeres y los indígenas, y de las estafas en el mundo cultural, entre otros temas. 

 

¬ŅC√≥mo decidi√≥ ir a los archivos judiciales y construir algunas de las historias que incluye en el libro?

Hace unos a√Īos, asist√≠ a una conferencia de Fabio Zambrano en la que cont√≥ varias historias de extranjeros en nuestro pa√≠s, en particular una sobre un grupo de ciudadanos que llegaron huyendo del hambre y la pobreza de la Primera Guerra Mundial. Entre estos, hab√≠a un grupo de europeas que se dedicaron a la prostituci√≥n. Les dec√≠an ?Las francesas?, mujeres que desacataron los c√≥digos morales de su √©poca y pagaron cara su falta, pues fueron el blanco de persecuciones morales, sociales y judiciales.¬†Decid√≠ averiguar m√°s y esculcar el Archivo General de la Naci√≥n (AGN). La historia de los extranjeros perniciosos expulsados¬†se convriti√≥ en el primer eslab√≥n de este libro.¬†

¬ŅC√≥mo eligi√≥ las historias? Hay tres relacionadas con el arte, otras en las que las mujeres son protagonistas y dos sobre ind√≠genas...

La curadur√≠a del libro parti√≥ de la pregunta "¬Ņqu√© historias podr√≠an representar adecuadamente algunos episodios o periodos de nuestra historia?" y¬†de las posibilidades de responderla.

Lo hice tratando de recuperar¬†?a cualquier precio?¬†notas de prensa que hab√≠a encontrado por azar durante a√Īos, historias que conoc√≠a de primera mano¬†e historias que hab√≠a encontrado en el AGN. As√≠ logr√© reconstruir las notas de veinte historias. Fui eliminando las que me parec√≠an insalvables y quedaron unas doce, de las cuales dos se fueron a la basura¬†y las cr√≥nicas restantes tomaron aliento hasta el final. Ahora, la curadur√≠a ?como en toda selecci√≥n? es caprichosa y personal, sigue el camino de mis intereses como escritor y periodista, pero no por eso es menos rigurosa.¬†¬†¬†

 

La historia¬†de la Custodia y de su jefa, la se√Īora Trinidad Forero, demuestra la brutalidad de la que el ser humano es capaz. ¬ŅC√≥mo descubri√≥ esa historia y qu√© impacto le gener√≥?¬†

Ese relato es un viaje a lo más oscuro de la condición humana, un relato obsesivo y aterrador que encontré por casualidad en una nota corta del libro Mujeres perversas de la historia de Susana Castellanos de Zubiría y a la que decidí seguirle la pista. Esta historia se sumerge en los conflictos de dos mujeres de diferente condición social, económica, racial. Cuando reuní el material suficiente decidí contarla desde la perspectiva de la víctima. 

Ahora que escribo esto,¬†veo un puente entre la historia de Custodia y una cr√≥nica de mi libro anterior (CSI Colombia)¬†sobre una mujer asesinada por una lavada de ropa, por grupos paramilitares en Putumayo. Los dos casos son dur√≠simos y pertenecen a √©pocas distintas y distantes de nuestra historia, pero en ambos casos encuentro una coincidencia: la perversidad brutal en el cuerpo de la v√≠ctima. Por ejemplo, extraer la dentadura, quemar el cuero cabelludo y condenarla al emparedamiento durante cinco a√Īos, en el caso de Custodia, o ser ajusticiada y descuartizada, en el caso de la mujer que muri√≥ por una lavada de ropa. Es una tortura sistem√°tica y consciente.

La historia de Bah√≠a Manga, donde enviaron a decenas de personas con lepra, parece ficci√≥n. Usted dice que al visitar la isla le dio curiosidad la historia. ¬ŅPor qu√© estaba all√° y c√≥mo fue el proceso de descubrir los horrores a los que somet√≠an a estas personas?

Hace unos a√Īos, cuando trabajaba en el sector de museos, asist√≠ a un seminario en Cartagena. Cuando salimos de la charla en el planetario de la Base Naval, caminamos hasta uno de los m√°rgenes de la base y, del otro lado del muro, hab√≠a una zona des√©rtica en la que destacaba una edificaci√≥n colonial ra√≠da por el tiempo y el olvido. Una persona me cont√≥ que all√≠ funcion√≥ el leprocomio de la ciudad desde finales del siglo XVIII y que la vida de quienes padec√≠an la enfermedad Hansen fue dur√≠sima.¬†

 

¬ŅSi se hablara m√°s de la historia del primer periodista asesinado y de la defensa de Gait√°n al¬†militar que cometi√≥ el cr√≠men, la imagen que se tiene del l√≠der pol√≠tico ser√≠a distinta?¬†

Gaitán es un mito. Desde la independencia nadie había concitado el entusiasmo popular como él lo hizo (...) Gaitán intentó ahondar en la dimensión emocional y subconsciente de sus defendidos, por ejemplo, al conocer la necesidad sicológica del teniente José María Cortés cuando decidió disparar en contra de Eudoro Galarza, el primer periodista asesinado en nuestro país. Y elaboró una teoría del caso arriesgada: lo mató por honor, para defender el honor del uniforme militar. 

Lo trágico para la familia de Galarza fue que se enfrentaron a un gran abogado y político que, por capricho del destino, fue asesinado unas horas después de que el juez del caso dictaminara que aceptaba la teoría del honor y que el teniente Cortés quedaba libre de culpa. En ese momento, ya no peleaban contra un hombre sino contra un mártir. El asesinato de Gaitán invisibilizó la tragedia de Eudoro Galarza. 

Decía que Gaitán es un mito y, de vez en cuando, también es necesario sacudir a los mitos para contemplarlos en su condición humana, con sus virtudes y defectos, para mostrar que la estatua de oro tiene los pies de barro. Esa es la tarea del periodismo. 

En la historia de lady Paget se pueden ver varios prejuicios contra una mujer que no se¬†sigue lo que esperaba de ella la sociedad de los a√Īos 30. ¬ŅQu√© cambios puede ver en la sociedad colombiana y qu√© patrones se repiten?

Hace unos meses, Claudia Palacios escribi√≥ en su columna en¬†El Tiempo¬†(¬°Paren de parir!) sobre las miles de j√≥venes venezolanas que traen hijos al mundo en nuestro pa√≠s, y les recordaba que Colombia no es la Venezuela de Ch√°vez y Maduro, que apunta de subsidios convirtieron en paup√©rrimo el pa√≠s m√°s rico de la regi√≥n. Hay una relaci√≥n en estas dos historias, una xenofobia sin disimulos, una tendencia burocr√°tica brutal que ha envenenado la convivencia p√ļblica en Colombia y que demuestra, como pocas cosas, la estrechez de mirada de nuestros pol√≠ticos y diplom√°ticos de la primera mitad del siglo XX.¬†

Muchos creyeron que la inmigración era lo peor que podía pasar. Y no: la persecución a los extranjeros indeseables es una manera de silenciar nuestros problemas. Es miedo. La expulsión de una mujer extranjera como Lady Paget, que encarnó los contravalores de su época, es miedo, al igual que la petición de Palacios es miedo a nuestra nunca confesable mediocridad. 

 

La historia de la familia Alzate y sus falsificaciones hacen pensar en la importancia o no de la autenticidad de una obra. ¬ŅQu√© reflexiones le dej√≥?

Basta entrar a p√°ginas como eBay o AliExpress para¬†darse cuenta cuenta de que el mundo del arte falso es una industria como cualquier otra. Esta tradici√≥n del arte falso en el pa√≠s comenz√≥ con la familia Alzate, un grupo de taxidermistas antioque√Īos que emprendi√≥ una estafa con cer√°micas precolombinas. El arte sigue el camino del dinero. Adem√°s, hay un mercado del arte moderno colombiano poco regulado.¬†

Vale preguntarse por qu√© el arte falso es condenable m√°s all√° de una consideraci√≥n legal. Me refiero a que la jerarqu√≠a socialmente reconocida de las artes tiene una correspondencia con otra jerarqu√≠a: la de los consumidores. Hay personas que llevan toda su vida coleccionando falsificaciones. Un cuadro de Rubens como el que compr√≥ Rasgu√Īo o, en su momento, esas piezas de cer√°mica de los √Ālzate funcionan como marcadores de privilegio de clase. Y ese tema tambi√©n reviste consideraciones est√©ticas. Cuando una persona mira un cuadro de Picasso o de Botero, por ejemplo, siente que debe mirarlo ?seg√ļn normas que definen la est√©tica leg√≠tima?. El arte falso carece de esa legitimidad por condiciones hist√≥ricas, sociales, personales, en fin. Pero la vida, como el arte, es una ruleta rusa: hoy las cer√°micas ?falsas? de la familia Alzate son consideradas unas degeneradas fantas√≠as dignas de museo, un elogio a su vida como creadores. Pensemos, como un simple juego, cu√°ntos visitantes tendr√≠a una exposici√≥n de las obras de arte (falsas y aut√©nticas) que estuvieron en las colecciones de mafiosos y que hoy est√°n bajo custodia del Museo Nacional, entre estas, los dos Rubens de Rasgu√Īo... Ser√≠a un √©xito.¬†¬†¬†

En la historia del robo del Goya en Bogot√° uno se da cuenta de que, de no haber sido robado el cuadro, la exposici√≥n no habr√≠a tenido el mismo inter√©s. ¬ŅEl arte en Bogot√° sigue siendo un inter√©s de nicho?

Esta historia es un buen ejemplo de la manera en la que las personas se acercan al mundo del arte en Colombia: un espect√°culo, una noticia de portada en¬†la que est√°n involucrados artistas del canon, un delito, un profesor universitario que no dimensiona una broma (la autoincriminaci√≥n del robo), y la indignaci√≥n de la opini√≥n p√ļblica porque, "otra vez, nos est√°n haciendo quedar mal en el exterior".¬†

El acto del robo fue visibilizador, en lugar de sustraer la imagen del grabado del Goya, la multiplicó; pero al convertirse en noticia y escándalo, la imagen del grabado se invisibilizó y quedó etiquetada como mera parte de una anécdota. 

 

¬ŅC√≥mo fue el proceso de construir la historia alucinante del m√ļsico alem√°n que huy√≥ de su pa√≠s en el auge del nazismo y termin√≥ en un campo de concentraci√≥n en Sabaneta, Colombia?

Encontr√© la historia por azar. Estaba buscando informaci√≥n de ciudadanos extranjeros en los archivos de¬†El Tiempo, en particular, durante la guerra, cuando me encontr√© una nota peque√Īa en la portada del diario, de abril de 1944, con el titular: ?Internados hoy doce alemanes y japon√©s?. En la lista de trece personas me llam√≥ la atenci√≥n el nombre de Karl Ludwig Schweineberg y, en especial, la descripci√≥n de su trabajo: organista de la Catedral de Manizales. Intu√≠ que detr√°s de esta descripci√≥n hab√≠a una gran historia.¬†Despu√©s, encontr√© el nombre de Schweineberg en Las Listas Negras y en los expedientes de extranjeros que entraron al pa√≠s obligados por la llegada del nacionalsocialismo al poder en Alemania.

Su historia refleja los momentos de ambig√ľedad y contradicci√≥n en un mundo peligroso, ad portas de una guerra que trastoc√≥ el orden hist√≥rico conocido. Un conflicto al que Colombia no fue ajeno. La vida de decenas de alemanes recluidos en un campo de concentraci√≥n en Fusagasug√°, la mayor√≠a injustamente, es un examen moral-√©tico de nuestra historia. Y muestra lo que estuvo en el trasfondo de aquellos a√Īos dif√≠ciles para tantos que, de un modo u otro, fueron arrastrados por la tormenta de la guerra.

Noticia publicada en Arcadia:  https://www.revistaarcadia.com/libros/articulo/fernando-salamanca-habla-de-su-libro-diez-crimenes-sorprendentes-de-la-historia-de-colombia/78858

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