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Noticia

Guillermo Arriaga, fuego puro

Publicada el 09/03/2020

El autor acaba de ganar el Premio Alfaguara de Novela con 'Salvar el fuego'. Narcos, amor y danza.

En los últimos años Guillermo Arriaga subió unos kilos de peso y bajó unas horas de sueño. En los últimos años este escritor mexicano no hizo más que pasar su tiempo frente al computador sacando adelante una novela que lo venía persiguiendo desde hace más de dos décadas: 'Salvar el fuego', se titula, y acaba de ser elegida como la mejor entre más de seiscientas obras que se presentaron al Premio Alfaguara de Novela 2020.

Es una historia que une a dos personajes que habitan mundos diferentes. Un asesino preso y una coreógrafa de danza contemporánea. Se unen de forma inesperada, como suele pasar en las creaciones de Arriaga, tanto literarias ?'El búfalo de la noche' o 'El salvaje', entre otras novelas? como cinematográficas ?los guiones de 'Amores perros', 'Babel' o '21 gramos'?. Lo suyo es la acción, la calle. Caminos que se cruzan, personajes que toman rumbos marcados por el azar o por la violencia. Destinos definidos por esos momentos fortuitos que pueden cambiar una vida.

 

Llevaba muchos años con la historia de 'Salvar el fuego'en la cabeza?

Mira, alguna vez leí que García Márquez dijo que había tardado treinta años en madurar la historia de 'Cien años de soledad'. Pensé: qué tipo tan exagerado. Tenía razón. A veces las novelas tardan años y años en estar listas. Es el caso de 'Salvar el fuego'. Creo que se me ocurrió hace unos veintitantos años, pero no había encontrado el momento para contarla. Estaba la idea permanente. Ahora, no creas que yo desarrollo mucho ni que tengo la ruta de qué se trata, ¿eh? Es más, en mi cabeza la novela iba en una dirección y al final se fue por otro camino. No sabía que el protagonista era hijo de un indígena ni que iba a usar todas las voces que uso. Esa es la forma como escribo.

 

Sin mapas ni estructuras planeadas

Hay diferentes tipos de escritores. En algunos su obra proviene de la investigación y se meten a los archivos y más. Yo no. La verdad, soy muy vago para eso. No investigué nada para este libro. No fui a cárceles a ver cómo es el mundo ahí ni leí nada de danza. Todo está inventado. Una vez puse en Twitter: "Está lloviendo, a ver cómo influye en la novela". Y todo el mundo se empezó a burlar. Pero es así. Mi perro tuvo dermatitis. Si te das cuenta, la protagonista tiene dermatitis. Las cosas que me pasan en mi vida diaria, las meto. Y así voy construyendo. Sin ningún mapa, nada. Es como si me metiera al bosque a caminar a ver a dónde llego.

 

Y al contrario de lo que dicen muchos, para usted escribir es un proceso de puro gozo, no sufre nada haciéndolo.

Nada, cero. No solo es gozoso, sino adictivo. Nada más quiero estar frente a mi computadora. No sé por qué dicen que se sufre, yo me divierto muchísimo escribiendo. Aprendí que hay que ser un poco desfachatado. Si empiezas a obsesionarte con que te van a leer, te paralizas. Ahora, me considero un profesional. Yo reescribí esta novela seis veces y la corregí unas doce. Hay testigos de eso. Reescribo, reescribo, reescribo. Esta novela alcanzó a tener 1.446 páginas. Le quité unas ochocientas. ¡Eso es un trabajal! Pero como no tengo plan, voy echando todo. No importa, a lo mejor es malísimo. Ya lo corregiré. A veces no sale como quisiera y eso es parte del trabajo. Si saliera siempre como quiero, ya me habría ganado el Nobel. Pero haces lo mejor posible. Ya llevo setenta páginas del nuevo libro. Te digo que soy adicto.

 

En esta novela aparece la violencia del narcotráfico, en el norte mexicano, un tema que usted no había tocado.

Me resistía a hablar del narco, sí. Porque estamos cansados, tanto en Colombia como en México, de hablar de ese tema. Pero estaba ahí. Parte de la novela la escribí en el norte y dije: por más que quiera no puedo estar al margen de lo que está sucediendo en el país. Me la paso en el norte, desde chico. Voy unas ocho veces al año, paso mucho tiempo allá. Y como estoy en la mera frontera, lo conozco bien. No me he topado con ninguna balacera ni he sido amenazado, pero eso está en el aire. Sabes de las matanzas. De hecho, después de que entregué la novela, hubo una matanza muy parecida a la que narré.

 

Usa un lenguaje norteño, con todos sus modismos, en la historia de uno de los personajes principales

Sí, espero que ese 'slang' tan pesado no vaya a resultar difícil para los lectores. Así hablo. Cuando no doy entrevistas, así hablo. Fíjate que le mandé eso a una lectora española y me decía, ?no, yo no entiendo ese lenguaje, cámbiale, cámbiale?. Y empecé un poco a bajarle, pero luego dije no, qué voy a bajarle a esto. Así es. Así se habla en esa zona. "Caminas dos bloques donde están las luces, ahí parqueas la troca. Al frente está la washandería..." ¿No? En la frontera pasan del inglés al español pero rápido. Puse también 'slang' chilango y hasta puertorriqueño y colombiano. Palabras colombianas como traqueto.

 

En medio de toda esa atmósfera, lo que se cuenta en 'Salvar el fuego' es una historia de amor?

Una historia de amor. Todo lo que escribo son historias de amor. Estoy condenado a ello. 'El salvaje' es una historia de amor, 'Un dulce olor a muerte' es una historia de amor, 'El búfalo de la noche' es una historia de amor, 'Amores perros', 'Babel', '21 gramos' son historias de amor. Salvar el fuego claramente lo es. Y parece un amor improbable, pero la verdad no lo es tanto. Una mujer coreógrafa, culta, se enamora de alguien que a primera vista no tiene nada que ver con ella, pero no es así. Al contrario, es un tipo que tiene charla, que tiene cultura, tiene vida, tiene calle. Yo fui muy callejero. Eso es algo que he querido reflejar en mi obra.

 

También están siempre los personajes al límite, a punto de que la vida les cambie en cualquier momento?

Me parece interesante revelar el carácter de un personaje. Y un carácter se revela cuando estás en el límite. En la teoría dramática, la personalidad obedece a la probabilidad. Es muy probable que una persona se comporte de tal manera, pero nunca sabes hasta que llegas al límite. Ahí es donde realmente se muestra el carácter, por necesidad. Ahí es cuando dices: a ver hasta dónde es capaz de llegar una persona, cuáles son los valores más hondos que tiene, cuál es su capacidad de decisión. Por eso me interesa la gente al límite.

Yo quiero que mi literatura ?no sé si lo logre, no quiero sonar pomposo? sea una experiencia. Que te cambie los ritmos del corazón, que te saque de onda, que te provoque

 

Otro sello de su obra es que los caminos se cruzan, los tiempos se combinan. Ha relacionado esto con un trastorno que lleva consigo desde niño: el déficit de atención. ¿Cómo es eso?

Así es mi cerebro: va de un lado a otro. Y así escribo. Sé que hay gente a la que le gusta ser muy estructurada, yo no soy así. De hecho se me van muchas cosas por ese mismo déficit de atención. Yo no entendí la lógica, y algunas cuestiones de gramática y de sintaxis también se me van porque nunca las pude procesar. Tampoco pude procesar las matemáticas. En mi época no había medicamentos para eso. Había castigos y expulsiones de los colegios diciéndoles a los papás: ?Este hijo suyo es muy limitado?, ?Su hijo está muy cerca del retraso mental?. Por suerte me expulsaron de ese colegio donde me dijeron eso. Porque lo que tenemos las personas con déficit de atención es que se erosiona la confianza en sí mismo, porque no entiendes nada. Nada. Te distraes con cualquier cosa. Hoy me pasa un poco menos, pero todavía. Las personas me hablan y yo les respondo en mi cabeza y creo ya les respondí y a otra cosa. Mi hijo me dice: ?Para, regresa?, ?aquí está el mundo, regresa?.

 

¿De alguna forma eso ha sido un plus para el tipo de creación que le interesa?

¡Claro! Es un plus porque como no entiendes nada por lógica, armas todo y lo resuelves por intuición. Por eso no necesito esquemas y no me pierdo. Igual puedo ir a una ciudad y tampoco me pierdo, puedo estar en el monte y no me pierdo. Sé exactamente dónde estoy. Con la intuición sé dónde están las cosas.

 

Habla del monte, que es a donde va de cacería. ¿Por qué le gusta cazar?

No tengo idea, pero desde los dos años y medio quiero ser cazador. No sé de dónde viene. Mis papás lo que hicieron fue inculcarnos un amor muy grande a la naturaleza y a los animales. En nuestro caso ?porque los tres hermanos llegamos a cazar? nos surgió una pasión enloquecida por los animales y la cacería. Lo mío es eso: una pasión enloquecida. Hasta hace unos años lo hacía con arma de fuego. Pero un día fui con un amigo a cazar con arco y flecha y me gustó. De pronto dije: pues voy a hacerlo así. Y me hice mucho más cazador. Ahora sí siento que soy un cazador. Es mucho más difícil porque tú tienes el animal muy cerca. Cuando abres el arco, se van. Por el movimiento. Porque los tienes ahí, al lado, a quince, veinte metros. Cazo venado, pavo silvestre, pecarí, marrano alzado, ciervos...

 

Recibirá muchas críticas por esta actividad.

Muchas. Es complejo explicárselo a alguien que no ha estado ahí. Pero lo que sí es un hecho es que somos autores intelectuales de la muerte de muchos animales. Incluso los veganos. ¿La cantidad de montes que destruyen para sembrar zanahorias? Queman el monte, lo arrasan, matan codornices, conejos. Es un matadero, yo lo he visto. Pero como ellos no ven el proceso y solo comen zanahorias creen que son moralmente superiores. No lo son. Matar un animal es una cosa muy fuerte. No creas que es así de ¡yupiii! No. Impacta mucho matar un animal. Estar tanto tiempo quieto... Yo paso horas sin moverme, o arrastrándome. En ambos casos observas la naturaleza de una forma que no la ven otras personas. Y al conocer más el mundo real de los animales, conoces más la naturaleza humana. El monte te hace sentir vivo.

 

Además del amor por la naturaleza, sus padres le inculcaron el gusto por la lectura.

Mis padres son lo mejor que me pudo haber pasado. Nací en un hogar que puso mucho énfasis en las cosas que para mí son importantes. La cultura, la educación, la naturaleza, el diálogo, la lectura, el pensamiento crítico. Mi papá acaba de morir y es una tristeza porque nunca le di este libro nuevo. Se descompuso la impresora y ya cuando se lo di le quedaba solo una semana de vida. Solo leyó tres capítulos. Él siempre era mi primer lector. Él y mi madre. Mi madre no puede leer ahora por un tratamiento médico que le afectó la vista. Le tuve que platicar la novela. Pero sí leyeron 'El salvaje'. Mi papá lo presentó en un auditorio de ciento cincuenta personas.

 

Todas sus novelas están marcadas por la acción. Pasan y pasan y pasan cosas que hacen que los lectores pasen y pasen las páginas?

Uno escribe lo que puede, no lo que quiere. Esa es una cosa que aprendí muy pronto. Y cuando digo escribes lo que puedes es que perteneces a una tradición narrativa. Mi tradición narrativa es la de ser un contador de historias, de contar historias donde pasan cosas. Pertenezco a esa línea. Rulfo les decía a sus alumnos: ?Cuenten, no canten?. Hay autores a los que les gusta cantar, hacer toda una exploración del lenguaje. A mí no. Yo cuento, no canto. Y no tengo esa otra cosa. Por más que quisiera, no puedo. No está en mi naturaleza. Y más vale reconocerla y aceptarla. Álvaro Mutis tiene un libro donde habla del gran escritor y el gran narrador. Dice que el gran escritor es al que le dices, ah, qué gran manejo del lenguaje, pero no das vuelta a la siguiente página. En cambio, con el gran narrador no puedes dejar de leer. Tienes que estar metido ahí. Yo quiero que mi literatura ?no sé si lo logre, no quiero sonar pomposo? sea una experiencia. Que te cambie los ritmos del corazón, que te saque de onda, que te provoque. Ese es el tipo de literatura que me gusta. Ahorita la literatura está hecha como muy minimalista, no pasa nada. A mí me han pasado muchísimas cosas en la vida. Cómo no voy a contarlo.

 

Entre esas cosas que le han pasado está un accidente automovilístico, que ha dicho que marcó el inicio de la escritura de 'Amores perros', '21 gramos' y 'Babel'.

Fue un accidente en carretera. Nos caímos a un barranco. Yo venía dormido en el asiento de atrás, por primera vez en mi vida sin cinturón. Había manejado toda la noche, venía acostado, descansando. El que iba manejando se puso a juguetear con otro y perdió de vista la carretera y nos fuimos. Fue una caída libre de varios metros. Me despertó el golpe. Mi cara pegó contra una piedra. La nariz se fracturó totalmente. Lo que ves es puro injerto. Tenía 27 años. Pero además de esto me pasaron muchas otras cosas. No solo fue el accidente, también la calle. Muchas peleas. Me tocó ver cuchillos, pistolas. Y te das cuenta de que la vida te puede cambiar de un momento a otro. Nunca sabes con qué día te despiertas y si ese día te vas a morir. Así nacieron mis guiones. Y mis libros. De las experiencias de la calle y del monte.

 

¿Esas peleas y ese accidente lo llevaron a perder el olfato?

Empecé a perder el olfato desde niño. Respiraba con la boca abierta y mi mamá me llevó con un tío abuelo que era otorrino. Me dijo: ?Tienes los cornetes muy grandes?. Lo que no sabía es que yo iba a medir lo que mido. Ahora ya no mido tanto, ya bajé dos centímetros ?nueve años de sedentario tienen su costo, ¿no??, pero llegué a medir 1,88. Entonces él me arrancó los cornetes. Se llevó gran parte de mi olfato. Y luego tantas peleas terminaron por destruirme lo que me quedaba. Pero sí huelo ciertas cosas. Huelo los marranos en el monte. Los huelo a la distancia. Un día le dije a mi hijo: 'ahí están los marranos', iban como a cien metros y los olí. Cómo, no tengo idea. A los venados no los huelo. El perfume de una mujer tampoco. Huelo el drenaje, los zorrillos, la mierda. Los olores desagradables, desafortunadamente.

 

Cuando habla de sus influencias literarias siempre nombra a William Faulkner. ¿Por qué?

Es el escritor que me impresionó y que refleja más lo que yo intentaba hacer desde chico. Empecé a escribir de un lado para el otro y sentía que andaba solo en eso. Hasta que llegué a Faulkner. Y a Rulfo. Faulkner me mostró que cada novela puede tener una estructura distinta. Y los temas: él hablaba de lo que conocía. Muchos escritores son investigadores, realmente. Escriben de cosas que no son ellos. Yo dije: quiero escribir de lo que conozco. Faulkner tiene Yoknapatawpha, pues yo dije voy a hacer la Unidad Modelo (la colonia en la que crecí). Y ese ha sido el centro de mi narrativa. Él no investigaba, él inventaba. Te das cuenta que está en la misma línea que tú. Quizás en términos de lenguaje no seamos tan parecidos, pero en todo lo demás siento que ha sido una gran influencia. Lo mismo Stendhal y Shakespeare. Shakespeare es muy importante porque siempre lleva las cosas a los extremos. Martín Luis Guzmán, Hemingway, García Márquez y Hernando Téllez, hablando de colombianos. Todos ellos han sido fundamentales para mí.

 

Algo que vivió en Colombia, precisamente, dio origen a uno de sus libros: 'Un dulce olor a muerte'. ¿Cómo fue eso?

Iba con mi mujer. Nos acabábamos de casar y viajamos a Bogotá. Yo trabajaba en una universidad jesuita y hubo una reunión de profesores en la Javeriana. Íbamos en un taxi, por el centro. Por cierto, a mí mujer le encantaba ir a Kennedy, a comprar botas. Que está peligroso, le decía yo, pero no, allá llegábamos. Bueno, entonces íbamos por el centro y de pronto acababan de asesinar a una mujer muy bonita. La vimos desnuda, un cuerpo muy lindo, piel muy blanca. Tenía una cuchillada en la espalda, estaba tirada en la calle. La acuchillaron y la aventaron de un piso. Desde la ventana del taxi la veía. Me quise bajar y el taxista me dijo: ?Por favor, se lo ruego, no se baje?. Ahí surgió la historia de 'Un dulce olor a muerte'. Pero ya luego lo cuento en medio de un mundo rural que conozco muy bien. En México lo llamamos ejido, que son las tierras comunales. Los ejidatarios que cito son compadres míos. Lucio, Pedro y Melquiades. Y lo más bonito que me pasó con esa novela fue esto: mi compadre Lucio no lee, es analfabeta. Le regalé un ejemplar porque, claro, él sale ahí. Y un día que fui a visitarlo encontré el libro todo deshojado, y me dijo que su hija ?que en ese momento tenía 12 años?, que sí sabía leer, todas las tardes le estaba leyendo la novela en voz alta. Luego empezaron a llevarla de ejido en ejido. Como la mayoría de adultos no sabía leer, se las leían los hijos. Ese es uno de los mejores homenajes que puede tener un libro mío. Creo que cumple uno de los propósitos centrales de la literatura: reunir a la gente en torno a una historia.

 

¿Le preocupa lo que dicen los críticos sobre su obra?

No me importa la crítica, siempre y cuando no se burle. La burla ya rebasa los límites. Si no, pues ni modo. Qué puedes decir. Algunos no entienden la novela. O creen que la literatura tiene ser lo que ellos piensan que debe ser. No me afecta, la verdad. Que digan lo que quieran. Las obras terminan por imponerse. Hubo gente que dijo que 'Amores perros' era una tontería de película, que era bobísima y no sé qué más. Ahí está, ahí siguen viéndola. Cuando publiqué mi primera novela, 'Escuadrón Guillotina', en 1991, un crítico dijo que yo no tenía futuro en las letras. Ni modo. Si uno se agüitara por las críticas, estaría paralizado.

 

'Escuadrón Guillotina', que está situada en plena Revolución Mexicana, es quizás la única obra suya que se aleja de sus vivencias...

Es el único de mis libros que no está basado en lo que me ha pasado en la vida. Yo estudié una maestría en Historia y nunca me aceptaron mi tesis. Entonces mi venganza fue escribir ese libro. Dije: voy a poner en duda la verdad histórica. Me han hablado historiadores para preguntarme de dónde saqué el dato de la guillotina (supuestamente usada por Pancho Villa). Les digo: está inventado. Como cuento unos ciertos casos reales, creen que sí hubo una guillotina. Pero fue una forma de burlarme de la academia. Y pongo citas de libros y archivos que no existen. Incluso he ido a congresos de historiadores con ese libro. A veces los críticos se decepcionan porque buscan referencias en mis novelas que no tienen base. Recuerdo a uno preguntándome si una escena de 'El salvaje' era una referencia a 'Érase una vez en el Oeste'. No, le dije, es que ese día me senté a escribir, después de cazar, bajo un molino de viento. Muy chistoso.

 

Va a dirigir una adaptación de 'Escuadrón Guillotina'. Y está produciendo una película. ¿Eso quiere decir que vuelve al cine?

Probablemente sí. Tengo planeado dirigir una adaptación de esa novela y también voy a producir la primera parte original de mi trilogía, 'A cielo abierto', que escribí en 1994. Nada más que había vendido los derechos por muchos años y los recuperé. La van a dirigir mis hijos. Son proyectos en camino, pero ahora estoy muy clavado con escribir novelas. La que estoy empezando tampoco tiene que ver conmigo. Quise cambiar un poco el registro, a ver qué tal. No se relaciona con la Unidad Modelo ni con la cacería, nada. Es completamente inventada y son épocas que no viví. El siglo XVIII, por ejemplo. Vamos a ver. Las novelas me han dado cosas muy buenas. Digo: el Premio Alfaguara. Si me preguntas, me emocionó más ganarme el Alfaguara que si me hubiera ganado el Óscar. Me tiene muy feliz.

 

Noticia publicada en EL TIEMPO:  https://www.eltiempo.com/lecturas-dominicales/guillermo-arriaga-habla-de-su-nueva-novela-salvar-el-fuego-470320

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