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El escritor colombiano presentará el próximo 27 de noviembre  Lo que fue presente, libro editado por el sello Alfaguara. Entrevista.

¬†No muchos escritores colombianos se han atrevido a publicar sus diarios, Vargas Vila y Gait√°n Dur√°n, entre ellos. ¬ŅPor qu√© se arriesg√≥ a desnudar su vida privada de m√°s de 20 a√Īos, ?la impudicia de exponer, desnuda y en carne viva, mi intimidad?, como adelant√≥ en su columna de El Espectador, incluso su vida secreta, desde la masturbaci√≥n hasta la traici√≥n, como dice en el libro

¬†No s√© si no se han atrevido a publicarlos o si m√°s sencillamente no llevaban diarios. No es posible, en la vejez, escribir el diario que no se escribi√≥ en la juventud; pocos recuerdan exactamente qu√© hicieron el 30 de diciembre de 1985 por la ma√Īana. Un diario es un ejercicio de muchos a√Īos e incluso, en algunos casos, de toda una vida. No creo que la masturbaci√≥n o la infidelidad sean secretos muy graves: me parece que la paja y la traici√≥n en el matrimonio son m√°s comunes de lo que la gente admite. Grave ser√≠a tener que confesar que apu√Īal√© a un vecino, y por suerte no he ca√≠do nunca tan bajo. Cuando desnudo mi intimidad me refiero a asuntos mucho m√°s complejos, como sentir una tarde, de repente, que no quiero a mi hija.

 

Son 610 p√°ginas, pero la lectura fluye gracias a las intimidades que usted revela y el morbo del lector. En la medida en que avanzaba en la lectura crec√≠a mi inter√©s porque me preguntaba si es un acto de valent√≠a o irresponsabilidad. Ya convertido en libro, ¬Ņc√≥mo lo eval√ļa?

Sinceramente, aspiro a un lector que me lea más por placer que por morbo. Si lo piensa bien, la valentía tiene mucho que ver con la irresponsabilidad e incluso con la falta de imaginación. Los ejércitos están compuestos por muchachos muy jóvenes, porque la mayoría de estos tienen la sensación (irreflexiva e irresponsable) de ser inmortales. No me considero una persona valiente ni tampoco irresponsable. Lo que sí soy es más bien indolente: no me duele ni me alegra, ni me afecta mucho lo que piensen de mí. Y tengo imaginación: todo lo malo que puedan decir de mí, ya lo he pensado, e incluso mucho peor. Cuando me insultan, no me dicen nada nuevo, me he pasado la vida insultándome: ya tengo callo.

 

 

Tuvo un a√Īo para pensarlo entre la fecha del pr√≥logo y la versi√≥n final. ¬ŅQu√© fue lo que m√°s dud√≥ en publicar o no publicar y qu√© temas suprimi√≥ (400 p√°ginas) de la primera versi√≥n?

En realidad cortamos m√°s de 500 p√°ginas, casi 600. Y hablo en plural, porque no lo hice solo, lo hice con varios editores, con mi mujer y con un amigo. No hay temas suprimidos porque en 20 a√Īos, y en una persona obsesiva como yo, los temas regresan. Y fue eso precisamente lo que m√°s suprimimos: las repeticiones. No se omitieron temas sensibles o m√°s personales. Tratamos de quitar lo que pod√≠a volverse aburrido por repetitivo.

 

Usted cont√≥ que lo fue escribiendo para no enloquecer. ¬ŅMentalmente de qu√© se liber√≥ en esta larga terapia?

Creo que en √ļltimas me liber√© de m√≠ mismo. Ya no me interesa tanto mi propia vida, mi √©xito o mi fracaso, mi alegr√≠a o mi tristeza. Ahora me interesan mucho m√°s los otros; ahora prefiero escribir sobre otros y no sobre m√≠.

 

Y a nivel creativo, ¬Ņqu√© le deja un ensimismamiento o autorretrato tan descarnado que incluye lo que llama ?mis miserias?, sus miedos como hijo, hermano, esposo, padre, amante, exiliado, colombiano, suicida potencial?

¬†Me deja el testimonio de una larga b√ļsqueda. Es posible que haya logrado escribir otros libros, novelas, poemas, ensayos, cr√≥nicas y testimonios gracias al desahogo que estos diarios representaron. Fueron una v√°lvula por la que se escapaban mis peores neurosis, mis temores, mis ansias. Adem√°s, si uno intenta conocerse √≠ntimamente a s√≠ mismo, es posible que est√© aprendiendo a conocer tambi√©n lo que sienten muchas otras personas, pues al fin y al cabo todos tenemos aparatos neurol√≥gicos bastante parecidos. La introspecci√≥n, el ensimismamiento y el intento por comprenderse a s√≠ mismo son fundamentales para poder escribir con hondura de uno y de los dem√°s.

 

Otro valor de la obra es que no se trata de un acto de narcisismo sobre lo que usted llama ?partes luminosas? de su vida, sino de un acto de autocr√≠tica, ?el diario de un escritor que no escribe?, que le puede servir a otros que se enfrentan a vicisitudes similares. ¬ŅPens√≥ en eso?

Nunca pens√© en eso mientras lo escrib√≠a. Al publicarlos s√≠ creo que algunas personas que se sienten mediocres o anormales o incapaces podr√°n pensar, con la compa√Ī√≠a de estos diarios, que quiz√°s algunos abismos a los que nos asomamos no sean nada raros. Que vivir no es f√°cil y que uno se la pasa saltando entre una duda y otra, o de crisis en crisis.

 

Este acto reflexivo resulta una invitaci√≥n a cualquier persona para que escriba sobre su vida. ¬ŅNo cree que si los colombianos nos desahog√°ramos escribiendo un diario, se publique o no, podr√≠amos ser mejores seres humanos?

Es dif√≠cil saberlo, pero por m√≠ puedo decir que escribir es muy √ļtil, porque me ayuda a pensar, a pasar en limpio (poni√©ndolos en claro) la marea de las vivencias y de los pensamientos. Y en √ļltimas si uno se entiende mejor, si uno hurga en sus motivos, puede conocer y entender mejor tambi√©n los resortes afectivos de los otros.

 

¬ŅQu√© opina de otros grandes autores, por ejemplo el sudafricano Coetzee, que publican versiones ambiguas de su propia vida como ?Verano?, donde juega con supuestos fragmentos autobiogr√°ficos para proteger su vida privada?

Los juegos aparentemente autobiogr√°ficos de Coetzee me fascinan. Hay algo de falsas memorias en eso, de esconder y mostrar al mismo tiempo, revelando mucho sobre la condici√≥n humana. Creo que un diario √≠ntimo -no s√© si Coetzee los tenga, supongo que no- puede dar indicaciones muy claras sobre c√≥mo en la mente de un escritor las experiencias de la vida se transmutan en alg√ļn tipo de ficci√≥n. En mis diarios se muestra c√≥mo una experiencia vital de enamoramiento fracasado y de impotencia sexual se traslada a la ficci√≥n de mi primera novela, Asuntos de un hidalgo disoluto, bajo una forma muy lejana a la vivencia original, pero que de alg√ļn modo la contiene y la refleja.

 

En uno de los ep√≠grafes cita al nobel turco Pamuk: ?Yo te dar√© honestidad; t√ļ mu√©strame compasi√≥n?. ¬ŅNo cree que en Colombia m√°s que compasi√≥n le dar√°n palo; a nivel familiar por exponer la intimidad de otras personas, y a nivel p√ļblico, por mostrar sus debilidades?

Hay muchos tipos de lectores, de personas, de familias? incluso de entrevistas. Las hay agresivas y las hay amigables. Alguien que muestra sus debilidades no es débil; creo que es más débil quien las esconde. En todo caso no imploro ni busco compasión, y el epígrafe de Pamuk es una muestra de mi admiración por su escritura honesta, no una invitación a que me tengan lástima.

 

Admite el fracaso en dos novelas, tituladas ?Antepasados futuros?, la primera, y ?Tal vez el centro?, la segunda. ¬ŅPuede explicar qu√© temas abordan y por qu√© decidi√≥ no publicarlas?

El fracaso de algunos libros ha sido una constante en mi vida. Un escritor no se hace solamente con la imprenta; se hace sobre todo con la papelera. Mi novela Basura est√° compuesta, precisamente, con un mont√≥n de desperdicios que hab√≠a escrito a lo largo de muchos a√Īos. El problema de Antepasados futuros no fue literario, sino extraliterario: sus protagonistas no quer√≠an que se contara esa historia, que nac√≠a de una experiencia privada. Y en Tal vez el centro el problema quiz√° se revela en el mismo t√≠tulo: en un momento dado perd√≠ el centro de la historia y me fui por las ramas.

 

¬ŅQu√© tanto lo angustia no superar un √©xito de ventas y cr√≠tica nacional e internacional como ?El olvido que seremos??

Hay escritores a quienes se les conoce por varias obras distintas, escritores de un solo libro y escritores de los que uno no recuerda ni un solo título. Me parece que tener un solo libro es mucho mejor que no tener ninguno. El éxito perjudica mucho a quienes no lo tienen. Que El olvido haya tenido y tenga todavía tantos lectores no me angustia, me pone muy feliz. Quería que mucha gente conociera la bondad de mi padre, y lo he logrado.

 

Reescribi√≥ en la entrada del 1¬į de enero de 1988 y por eso lo resalt√≥ en rojo: ?Me duele no poder ser el escritor que quise ser?. ¬ŅQu√© escritor quer√≠a ser y cu√°l es?

¬†No reescrib√≠ nada, solo lo copi√©, lo pas√© en limpio. Tenga en cuenta que en 1988 no hab√≠a publicado ning√ļn libro todav√≠a. De alguna manera mis ambiciones como escritor se truncaron durante a√Īos por el asesinato de mi pap√° y mi huida de Colombia. En 1988 pensaba que estaba derrotado como ciudadano y como persona; hab√≠a tenido que irme de Colombia, estaba solo y pobre, y no me sent√≠a capaz de retomar el rumbo de mi sue√Īo m√°s constante, que era ser escritor. En ese momento estaba jodido, deprimido, y cre√≠a que no podr√≠a ser escritor, sin adjetivos, ning√ļn tipo de escritor, ni bueno ni malo, ni comercial ni de culto.

 

Admite que no asumi√≥ las banderas pol√≠ticas de su asesinado padre, H√©ctor Abad G√≥mez, se culpa por haberlo dejado solo en su lucha, pero prometi√≥ honrar su memoria como escritor. ¬ŅCree que le cumpli√≥ como quer√≠a?

Mi padre no nos educ√≥ para que sigui√©ramos sus huellas o nos dedic√°ramos a sus mismas luchas, sino que nos educ√≥ en la libertad. Mi padre no nos hizo prometerle nada para que le cumpli√©ramos o para que honr√°ramos su memoria. El suyo era un amor incondicional, sin juramentos ni advertencias. As√≠ que no he tenido que ?cumplirle? nada. A√Īos antes de que lo mataran, √©l me dijo, me escribi√≥, que yo ya hab√≠a cumplido todos sus sue√Īos como padre. Lo que viene despu√©s, lo de si yo he honrado o no su memoria con mi propia vida, sabr√°n juzgarlo mis hijos y mis lectores.

 

Usted ha dicho: ?Mis editores han sido muy pacientes con mis fracasos?. Pero usted ya es un escritor comercial. ¬ŅC√≥mo enfrenta la presi√≥n de su editorial para que publique algo cada a√Īo?

No creo ser un escritor comercial (tal vez sea un escritor le√≠do, que es otra cosa) y mis editores no me han presionado nunca. Si se fija en mis t√≠tulos, nunca he publicado un libro cada a√Īo. En este siglo he publicado novelas o cuentos cada tres o cuatro a√Īos. Mi √ļltima novela, La oculta, es de 2014, de hace 5 a√Īos. He sido muchas cosas, menos un escritor precipitado. No hay nada de presi√≥n; es al rev√©s: ojal√° me presionaran un poco m√°s.

 

Y tambi√©n est√° la presi√≥n de los lectores que le preguntan ?¬Ņcu√°ndo vas a escribir, al fin, otra novela? Y les responde: ?No tengo nada, tal vez ya me sequ√©?. ¬ŅIntentar√° otra novela u otro libro de no ficci√≥n como ?El olvido??

Otra novela ya la escrib√≠. Se llama La oculta y fue la novela m√°s le√≠da en Colombia durante a√Īo y medio. Y nunca he dejado ni dejar√© de intentar. El mismo d√≠a que Lo que fue presente se fue a la imprenta empec√© una novela nueva. El hecho de que no publique mucho no quiere decir que no escriba casi todos los d√≠as. No concibo mi vida sin escribir, me paso la vida escribiendo, y quiz√° por eso mismo tengo o tuve diarios. A m√≠ no hay que presionarme para escribir, el problema ser√≠a al contrario, que me presionaran para que no escriba. Esa s√≠ que ser√≠a la peor condena: mi infierno ser√≠a un sitio donde est√© prohibido escribir.

 

¬ŅCree que un editor tan riguroso y un amigo tan cercano como Alberto Aguirre, citado en sus diarios, le hubiera publicado este libro o qu√© le hubiera dicho?

Aguirre, que fue mi mejor amigo, ya no era editor cuando nos volvimos √≠ntimos. Si hago el experimento mental que me propone, creo que nunca hubiera apelado a mi mejor amigo para que me publicara nada. No me gusta mezclar la amistad con el trabajo. Por suerte tengo editores rigurosos y profesionales como Gabriel Iriarte y Pilar Reyes, dos de los mejores de la lengua espa√Īola, que desde que les mostr√© una parte de los diarios me animaron a publicarlos. Aguirre, mientras estuvo vivo, fue siempre el primer lector de mis libros y nunca me dijo de ninguno: ?No lo publiques?.

 

Cuando usted habla de ?sus primeros 20 a√Īos de diarios?, ¬Ņsignifica que sigue escribi√©ndolos y que piensa publicar m√°s?

En rigor, ya no llevo diarios. Como le dije antes, mi vida personal ya me importa mucho menos que antes. Para llevar diarios hay que tener cierta obsesi√≥n por la propia vida, y ya carezco de eso. Apunto cosas de un modo ocasional, si mucho. En todo caso los diarios como tales s√≠ llegaron hasta algunos a√Īos despu√©s de 2006. No s√© si me anime a publicar m√°s p√°ginas de diario. Por ahora estoy en estos, en los que ya salieron, y en la novela que empec√©.

 

Como persona, defina al H√©ctor Abad que un d√≠a de 1985, a la edad de 27 a√Īos, se compr√≥ un cuaderno y empez√≥ a escribir un diario y al que presentar√° esta semana sus ?Diarios?.

Ese joven de 1985 no se hab√≠a graduado en la universidad, estaba esperando su primer hijo y no hab√≠a publicado ning√ļn libro. Quer√≠a ser un buen profesional, un buen padre y escribir buenos libros. El viejo que presenta los Diarios esta semana ha sembrado √°rboles, ha publicado libros y tiene hijos. El joven que fui no se esperaba, ni en sus mejores sue√Īos, el futuro que tuvo: mis hijos y mis libros son mucho mejores que yo. El que fui ten√≠a miedo de no poder lograr nada en la vida. El que soy, se puede morir ma√Īana tranquilo y sin pensar que desperdici√≥ su vida.

 

Noticia publicada en El Espectador:    https://www.elespectador.com/noticias/noticias-de-cultura/hector-abad-y-el-porque-de-sus-diarios-me-libere-de-mi-mismo-articulo-892489

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