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El periodista y escritor Jacobo Celnik se embarcó durante dos años en un proyecto titánico: contar la evolución del rock colombiano desde los años sesenta. El resultado es un libro que todo melómano debería leer.

Las piezas de esta historia estaban regadas por ahí. Algunas en libros o investigaciones previas, otras en notas de periódicos o revistas, y la gran mayoría en los recuerdos de sus protagonistas. La  tarea no era sencilla: reunir en un libro, como si se tratara de un rompecabezas, la historia del rock en Colombia, desde sus inicios (por allá en los años cincuenta y sesenta) hasta finales del siglo XX, cuando agrupaciones como Aterciopelados le dieron la vuelta al mundo.

Para Jacobo Celnik, periodista, escritor y melómano, fue un reto que le tomó casi dos años. Lo que empezó como la idea de contar historias sobre el rock bogotano, se transformó en una tarea titánica pero desafiante: ampliar el rango a todo el país. ?Lo primero que hice -cuenta- fue sentarme con varios guías espirituales, como Eduardo Arias, Karl Troller y otros amigos para que me dieran los nombres de muchas personas. Empecé a llamarlos y a través de ellos llegué a otros, y así fue creciendo una lista de personajes con los que tenía que hablar?.

Así, y durante un tiempo, se reunió con muchos de los protagonistas del rock colombiano: miembros de bandas como Los Speakers, Los Flippers  o Los Yetis, los dueños de disqueras, los locutores que se arriesgaron a poner nueva música en las emisoras, los periodistas, los coleccionistas y los primeros organizadores de conciertos (una tarea que hace varias décadas no era tan común como lo es ahora).

 El resultado es un libro de 309 páginas que reúne historias, cifras, datos y testimonios de cuatro décadas de rock colombiano. Una historia que está organizada en décadas (desde los años sesenta hasta los noventa), cada una de ellas compuesta por pequeños capítulos que cuentan la historia de alguna banda, de algún disco o de algún hecho significativo. También por testimonios en primera persona de los protagonistas.

SEMANA habló con Celnik sobre su proceso para construir el libro y las historias que se encontró haciéndolo.

 

SEMANA: Llama la atención que comience a contar la historia del rock en Colombia con la llegada de la radio, ¿cree que ese fue el punto de inflexión que lo inició todo?

J.C.: Muchos de los que han escrito sobre el rock en Colombia cometen un error, a mi modo de ver, cuando dicen que el primer rock' n roll sonó en Colombia en 1957. Yo comencé a hacerme muchas preguntas más allá de esa fecha, en la que algunos dicen que Jimmy Raisbeck puso a sonar la primera canción de rock en emisoras El nuevo mundo. Y descubrí que para poder entender todo el fenómeno hay que remontarse mucho más atrás, a la llegada de la radio.

SEMANA: ¿Por qué?

 

J.C.: Cuando la radio llegó al país, en Colombia había la mitad de habitantes de los que hay hoy, o incluso muchos menos, por lo que entró con mucha fuerza y penetró gran parte de la sociedad.  Gracias a su influencia, poco después llegaron las rockolas y para abastecerlas apareció la industria del disco, con disqueras como Fuentes y Codiscos. Por el otro lado, algunos ritmos comienzan a llegar a Colombia en la medida en que empezaron a aparecer en Estados Unidos. Era un flujo muy lento, pero que se daba por migrantes o por curiosos que viajaban y traían lo que se estaba escuchando allá. Había empresas de electrodomésticos que, por ejemplo, hacían convenios con la RCA y vendían sus discos, que no solo eran instrumentales, sino de artistas como Elvis Presley y Billie Holiday. Eso lo hacía la familia De Bedout, en Medellín.  Esas canciones llegan a manos de los disc-jockeys y así empiezan a sonar en la radio.

SEMANA: ¿Y quién puso a sonar el primer rock en Colombia?

J.C.: Yéndome para atrás, descubrí que el primer rock no sonó en Bogotá, que era uno de los grandes mitos. El primero sonó en Medellín y lo puso Hernán Restrepo Duque en La voz de Antioquia, en 1955.

 

SEMANA: Usted cuenta que en esa primera etapa, durante los años sesenta, la radio jugó un papel fundamental para mover los grupos y bandas que había en la época. Pero luego, en los setenta,  hubo un bache, ¿Por qué?

J.C.: Básicamente era una cuestión de oferta y demanda. Finalmente, la radio sí apoyaba. En emisoras El Dorado, por ejemplo, Julio Sánchez Cristo pasaba la música de Harold o de Génesis. Pero hay que ser honestos, tampoco había mucho.  El desarrollo del rock en Colombia en esa época no era muy avanzado. Las novedades se pueden  contar con los dedos de las manos y, además, cuando los discos se prensaban salían muy pocas copias, que muy pocas veces se reeditaban. El rock era un tema de nicho.

 

SEMANA: En el libro usted cuenta que al inicio el crecimiento del rock estaba a la par en países como Colombia, Argentina, México o Perú, pero ¿qué llevó a que esos países tuvieran este salto en su rock nacional y a que Colombia se quedara un poco atrás?

J.C.: La herencia y la tradición que países como Argentina o México recibieron con la migración  fue determinante. Colombia fue un país que, en términos generales, les cerró las puertas a los inmigrantes, tanto que aún hoy somos un poco conservadores y muy cerrados. Y el hecho es que todas esas olas migratorias que llegaron a países como Venezuela, México, Argentina y Brasil  se reflejaron en el tipo de música que escuchaban y que hacían.  Y hay otro aspecto fundamental, las instituciones culturales y académicas, en el caso de Argentina (que yo conozco bien), animaron a los estudiantes a crear y no solo a imitar.

SEMANA: ¿Cómo así?

J.C.: El Instituto Di Tella es uno de esos ejemplos que yo cuento en el libro. En un momento en el que muchos de los artistas se dedicaban a imitar a las bandas estadounidenses y británicas, ellos impulsaron a los músicos argentinos a ir más allá. No solo a imitar a las bandas famosas, sino a crear su propia música.  Y ahí es donde aparecen, finalmente, agrupaciones como Los Gatos, Almendra y todas las bandas de rock que empezaron a proponer algo diferente.  Pero no fue lo único que los diferenció de nosotros, también circulaba más música.

 

SEMANA: ¿En qué sentido circulaba más música?

 J.C.: Sí. En Argentina y en México, la cultura hace parte del cauce normal de la radio. En Colombia no. Acá incluso tocó crear la HJCK para ?culturizar' a la nación y para poner a sonar  lo que ?debería?  sonar.  Y eso hace una gran diferencia en materia de la música que suena, en la apertura hacia nuevos sonidos y en cosas más técnicas, como las tecnologías de grabación, los estudios disponibles y el acceso a los instrumentos (que allá llegaban a través del puerto de Buenos Aires mucho más baratos que en Colombia). Eso hizo la diferencia también.

SEMANA: ¿Por qué esa comparación con lo que pasaba en otros países de América Latina a lo largo del libro?

J.C.: Yo creo que los espejos son importantes.  En un momento dado, como hablábamos antes, Buenos Aires y Bogotá vivieron procesos muy similares, pero luego los argentinos se desprenden y van mucho más allá. Con Perú pasó lo mismo. El caso peruano es muy particular, porque hubo unos 50 grupos peruanos que grabaron rock en las décadas del sesenta y setenta, mientras que aquí no hubo más de 10. Y ellos hacían una música muy buena.  Si bien es cierto que Los Speakers fueron icónicos para toda una generación en Colombia, no hay comparación con la música que hacían en Perú, que era de otro nivel. Eso sirve para entender en dónde estuvimos y en dónde estamos parados.

 

SEMANA: En el libro usted cuenta que no hay muchas fuentes documentales acerca de la historia del rock colombiano, que no hay mucha memoria, ¿cómo llevó a cabo toda la investigación en ese contexto?

Jacobo Celnik: Al inicio tenía una lista de 30 nombres icónicos de la historia del rock colombiano en un periodo de 50 años. Es fue el punto de partida del libro, que en un principio solo estaba enfocado en los músicos. Pero después me di cuenta que solo con los músicos quedaba una historia coja, incompleta. Hay puntos de vista que el músico tiene, pero que el disquero probablemente no comparta o con los que el hombre de la radio no va a estar de acuerdo. Si un músico, por ejemplo, dice que la radio no pasaba su música, toca ir a hablar con el señor de la radio a preguntarle por qué. Así fui incluyendo a más personas y la lista terminó en 140 personajes. Ese es uno de los valores agregados que tiene el libro, que es una mirada global al entorno del rock en Colombia y tiene en cuenta a muchos de los actores involucrados.

SEMANA: ¿Desde el inicio estaba pensado para contarlo por capítulos temporales?

J.C.: Al principio la idea era hacerlo por personajes, pero en la medida en que el libro creció, lo fui organizando por décadas, porque es mucho más fácil de ubicar en el tiempo. Lo más complicado cuando hay tanta información es definir cómo se organiza,  y uno de mis referentes sobre lo que no debía hacer era un libro que se llama ?50 años de historia del rock en Argentina?, de Marcelo Fernández Bitar.  Lo que él hizo fue coger año por año para contar qué estaba pasando en ese momento en el rock argentino: los protagonistas, las bandas icónicas, los éxitos en la radio y finalmente la discografía.  Y eso no está mal, pero si yo hubiera querido hacer lo mismo, nunca hubiera terminado el libro. Pero de ahí descubrí que la mejor forma era organizarlo por décadas y en cada una meter las historias que voy contando.

 

 

SEMANA: El libro se llama Historias del rock y no la historia del rock, ¿es por algo en especial?

J.C.: ¡Claro! Era muy muy difícil meter a todo el mundo, a todas las bandas y protagonistas, por temas de espacio. Así que me tocó hacer una curaduría y dejar algunas cosas por fuera. Entonces el ?historias? del rock en Colombia tiene una connotación muy especial, y es decir que esta no es una historia definitiva, que hay varias historias incluidas y que no están todas. El libro es un punto de partida inicial, es un libro que tiene que crecer y aún tiene mucha vida. Yo no soy la única voz que va a escribir sobre el rock en Colombia o que ha escrito sobre el rock en Colombia, y queda abierta la posibilidad para que más gente se meta en este asunto, para que otros escriban, para que existan otras versiones, para que esto se complementa. De todas maneras el libro sí tiene una discografía completa al final donde está mencionado absolutamente todo el mundo que publicó un disco de rock en Colombia.

 

SEMANA: ¿Por qué llegó hasta la década del noventa y no siguió con la actualidad?

 J.C.: Porque del año 2000 para acá apenas se está escribiendo  la historia y aún no existe un marco de referencia en tiempo y en espacio para evaluar lo que pasó. Yo no digo que Monsieur Periné no sea importante, que Victoria Sur no sea una cantante maravillosa o que Diamante Eléctrico no sea valioso para la escena del rock en Colombia. Todos ellos son muy importantes, pero aún están construyendo su historia y para hablar de ellos hay que esperar unos 20 años para ver las cosas en perspectiva.

 

SEMANA: Pero, en general, ¿cómo ve el rock que se hace hoy en día? 

J.C.: Esta generación está demostrando que con trabajo, talento y estudios se puede llegar muy lejos. Es lo que uno ve en grupos como Los Petit Fellas, La sociedad de la sombrilla, Telebit o Monsieur Periné. Es gente que canta bien, que se prepara, estudia e innova. Y se nota que tienen referentes.   Por eso, uno hoy uno escucha discos con mucha calidad. No es que eso no hubiera pasado antes, pues en los años setenta se vio con grupos como Columna de Fuego o Banda Nueva, pero ahora es un tema  más general.

 

SEMANA: ¿No será que lo tienen más fácil, con redes sociales, YouTube y un contexto en el que muchos artistas internacionales vienen a tocar a Colombia, a diferencia de hace varios años?

J.C.: Es más fácil y más difícil. Por un lado, las redes sociales ayudan mucho a moverse y sirven para darse a conocer, hay muchos más referentes internacionales cercanos y las tecnologías de grabación son mejores. Por el otro, es mucho más complicado hacer la diferencia porque hoy se hace mucha música y existen un montón de bandas.  Los que logran hacer algo diferente son los que triunfan. Ese es el secreto del éxito de Monsieur Periné, Diamante Eléctrico e incluso de bandas como ChocQuibTown, Puerto Candelaria o Bomba Estéreo. Ellos encontraron su voz.

 

 

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