Loading...

Noticia

La selva, ese cielo protector

Publicada el 25/07/2019

 Santiago Zapata, el narrador protagonista de Frontera, la segunda novela del bogotano Felipe Martínez Cuéllar, viaja a la Amazonía para huir de los demonios del desamor, de las decisiones mal tomadas.

Allá, en medio de un paisaje sobrecogedor, descubre el poder sanador y destructor de la naturaleza. Hablamos con Martínez Cuéllar sobre los retos de la novela colombiana actual y los autores que le ayudaron a encontrar su voz narrativa.

 

 En la novelística colombiana hay dos ilustres ejemplos del relato de frontera -aquel en el que el protagonista huye del centro-: La Vorágine y Cuatro años a bordo de mí mismo. ¿Para escribir su novela los tomó en cuenta?, ¿ellos hacen parte de su inventario de lecturas?

Con Cuatro años a bordo de mí mismo no tengo una relación demasiado cercana. La leí en mis años universitarios, con admiración, pero no es una novela que haga parte de mi universo personal.

Con La Vorágine, por el contrario, la historia es diferente. No recuerdo cuándo hice mi primera lectura de ella, debió ser en mi adolescencia, aunque es una novela acerca de la cual en mi casa se hablaba mucho, mis abuelos la mencionaban, así que hizo parte de mis referencias familiares aun antes de haberla leído.

Es una novela que me ha mostrado mejor que cualquier otra la rudeza de la realidad de nuestra Historia. Una rudeza transmitida no sólo por sus relatos sino, incluso, por su estilo. Arturo Cova representa, para mí, una especie de espíritu violento y arbitrario que resume de una manera poética y cruel ciertas tendencias de la realidad colombiana.

Por otra parte, fue mi primer acercamiento al paisaje de la Amazonía. La visión previa que tenía en mi mente antes de poder viajar por primera vez era la de las descripciones de Rivera en su novela.

Me gustaría mencionar a otro autor que también me ha acompañado desde hace años y toca el tema de frontera y del choque con la selva: Horacio Quiroga.

 

 

En efecto, la selva no solo es un escenario en su historia, tiene el peso de un elemento activo: transforma las vidas del profesor Lucho, de Magdalena, de Santiago. ¿Hasta qué punto lo hizo en la suya?, ¿qué atrae hoy de la selva?

La selva transformó mi vida de una manera sutil, aunque permanente. No puedo decir que mi vida haya cambiado por completo, pues apenas he pasado allá el tiempo suficiente para ir desvelando un poco los misterios del paisaje (han sido unos 15 viajes los que he hecho, nunca mayores a 10 o 15 días cada uno). Pero sí me hizo ver con una claridad muy intensa ciertas perspectivas de lo humano que antes apenas eran sospechas o formulaciones teóricas: la pequeñez del hombre frente al mundo, la capacidad casi sin límites de la naturaleza, la vanidad de muchas intenciones humanas, lo vanidosos que podemos llegar a ser. Cuando uno se encuentra en medio de un río, a 6 o 7 horas de cualquier lugar habitado, rodeado de murallas de árboles que superan los 20 metros de altura, es capaz de comprender cuánto valemos. Y a la vez, los paisajes desolados por la deforestación o la minería, son la otra cara de la moneda: cómo nos las hemos arreglado para echarlo todo a perder. Entonces, creo que el cambio más profundo que la selva ha causado en mi vida ha sido poner en perspectiva esa dualidad entre la fragilidad y el poder de destrucción del hombre. Y me ha hecho, también, un poco más cínico ante el progreso.

 

 

En la novela se mencionan dos libros: El cielo protector, de Paul Bowles, y Papillon, de Henri Charrière. ¿Cuáles son los libros y los autores que le han ayudado a encontrar su voz de narrador?

Como tantos otros lectores colombianos, el primer escritor que me apasionó fue García Márquez, a mis 13 o 14 años. Lo he seguido leyendo constantemente y es una compañía permanente. A lo largo de los años, sin embargo, muchos otros autores han sido capitales en la búsqueda de una voz. Borges, Dostoievsky, Philip Roth, Coetzee. Y, por supuesto, Paul Bowles. Creo que ese viaje espiritual que es El cielo protector es una de las obras literarias más intensamente humanas que se han escrito. Actualmente estoy leyendo a Balzac y a Julian Barnes.

 

Mucho se ha discutido sobre la puerta que abre el posconflicto para narrar regiones alejadas del centro del poder. ¿Cuáles son, en su opinión, los principales retos que enfrenta el novelista en la Colombia de hoy?

No sé si se pueda pensar en un reto para los novelistas colombianos a partir del llamado posconflicto. Creo que el reto del novelista, en cualquier circunstancia histórica en que se encuentre, es buscar una voz que sea honesta y libre. La realidad, con o sin posconflicto, es lo suficientemente amplia, rica y contradictoria para que los novelistas puedan bucear en ella para encontrar historias dignas de ser narradas. De hecho, en los tiempos de la autoficción, una sesión de dos horas mirándose el ombligo da para una novela. Quizás la posibilidad de contacto con esas regiones que estuvieron aisladas por la violencia permita sacar a la superficie cientos de historias que eran invisibles. Lo importante, sin embargo, es la voz que sepa contarlas.

 

Noticia publicada en EL ESPECTADOR: https://www.elespectador.com/noticias/cultura/la-selva-ese-cielo-protector-articulo-873177

Compártelo: