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Podría ser un hecho fortuito, un asunto normal en estos días de redes y trolls: a Horacio Pizarro, un reconocido profesor bogotano de filosofía, lo apedrean en Facebook por compartir un artículo de Scientific American que afirma que las mujeres que han tenido hijos son más inteligentes que aquellas que no.

¬†Lo comparti√≥ sin mala leche ni intenciones perversas: era un gui√Īo a su hija, que estaba embarazada. Ese post inofensivo tendr√≠a el peso de una tormenta, pues una de sus colegas lo acusar√°, en pleno Facebook, en pleno 2016, de machista y de mis√≥gino, dej√°ndolo completamente expuesto. Las respuestas ??cerdo machista?, ?abusador de mujeres??, las reacciones y los likes y los debates ef√≠meros de los comentarios son el pretexto para que el profesor Pizarro diseccione, con un humor fino y sin darle demasiadas concesiones a la indignidad, esta nueva forma que tiene el mundo de comunicarse, de proponerse (o imponerse) sus ideas.

A partir de ese personaje, entonces, se ponen en marcha las historias que componen Cómo perderlo todo, la más reciente novela del escritor Ricardo Silva Romero, publicada por Penguin Random House. Se trata de una serie de historias diferentes, compuestas como relatos que se superponen y se tocan de formas diversas, como en una carrera de relevos en la que cada personaje, cada trama, toma y retoma el testigo para dar cuenta de su calvario, de su voz.

Como un fresco hecho desde historias de amor mínimas que se juegan su vida en las paredes de sus casas y sus cuartos, Cómo perderlo todo pone en escena las formas en las que compartimos, amamos y nos relacionamos en estos días de redes sociales, información a la mano y noticias devastadoras que llegan a una velocidad impresionante.

Esas noticias devastadoras van por cuenta del bisiesto 2016, a√Īo en el que se desarrolla la trama de la novela. Detr√°s de las historias de los personajes, latiendo como un ruido que termina siendo definitivo, est√°n los hechos de esos 366 d√≠as: la victoria del no en el plebiscito, el ascenso de Trump, el brexit, el terrorismo en Europa, el asesinato de Yuliana Sambon√≠, los tambaleos del Acuerdo de Paz, las marchas contra el matrimonio gay y la adopci√≥n igualitaria.

?Como en las historias de Navidad, en la que la Navidad es el accidente que les sucede a los personajes, en C√≥mo perderlo todo a los personajes les sucede el bisiesto 2016, con sus giros y sus traiciones. Es decir, en la trama, en el tejido, se encuentran los hechos de ese a√Īo con los protagonistas de las historias de pareja, y as√≠ ten√≠a que ser?, comenta Silva Romero.

Una abogada prestante que hace parte del equipo negociador en La Habana y que tiene un romance con un exministro cuya esposa despierta de un coma de varios a√Īos; una estudiante que intenta salir adelante con su relaci√≥n mientras busca de vuelta el afecto de su madre; un taxista infiel que es seguido por su amante; un matrimonio reci√©n inaugurado que apenas est√° aprendiendo c√≥mo es eso de vivir en pareja; un actor hundido en su derrota que quiere recuperar a su esposa; un fot√≥grafo procaz que ya no sabe qu√© m√°s decirle a su novia celosa, una modelo con sus propios golpes. Tambi√©n hay m√°s personajes y situaciones que avanzan, ceden la voz y dialogan mientras los hechos y la realidad los atraviesan. ?Creo que los personajes de ficci√≥n le hacen muy bien a la realidad. Y que los personajes reales ganan mucho cuando son explicados desde la literatura. Se humanizan todos y existen gracias a los otros. Las novelas, a diferencia de los peri√≥dicos o de las columnas de opini√≥n, son el territorio de la ambig√ľedad, de la fascinaci√≥n ?no del enfrentamiento? con las personas que piensan diferente de uno y con las situaciones que suelen sucederles a los otros, pero que podr√≠an sucederle a uno si no les sucedieran a sus personajes. Resulta fundamental, desde mi punto de vista, que la novela no sea el veh√≠culo de ninguna hip√≥tesis, de ninguna ideolog√≠a, pero suele llevar adentro una visi√≥n del mundo. Resulta fundamental que una novela no sea una columna puesta en escena?.

Silva Romero construye una novela actual en la que abundan las referencias comunes de nuestros d√≠as (Twitter, Facebook, Instagram, Deezer, Uber) para dar cuenta de c√≥mo han cambiado nuestros ritmos de vida y c√≥mo sobrellevan estos personajes los d√≠as y el amor a pesar de s√≠ mismos, a pesar de las circunstancias y, sobre todo, a pesar del mundo. Y ese mosaico trepidante y diverso de historias y personajes habla de m√°s cosas: de la traici√≥n que escondemos adentro frente al amor, de la inseguridad propia de sabernos parte de un peque√Īo mundo (las relaciones de pareja) que no deja de ser extra√Īo y sorpresivo, del desgaste de la vida cotidiana ante los ojos de sus protagonistas o del cambio (a veces humano, a veces inhumano) que hemos experimentado desde que todos nos apropiamos de la posibilidad de opinar sobre cualquier asunto. Todo esto, por supuesto, intercalado con situaciones en las que no falta el humor caracter√≠stico del autor y en las que no se esconden ciertas se√Īas a su oficio de opinador semanal: ?El humor debe venir de las situaciones aun cuando no sean evidentemente c√≥micas y debe ser una manera de encarar y de decir las cosas, una forma de ser en √ļltimas. La ficci√≥n y la literatura no tienen por qu√© temerle a ning√ļn tema, pues sus miradas renuevan, ¬†afectan, dan la vuelta a cualquier tema. Y no hay ning√ļn tema que sea superior o inferior al arte. Quiero decir: la literatura puede ser ajena a lo que est√° pasando ahora y hablar de lo que a su autor le d√© la gana, pero no tiene por qu√© hacerlo, y puede iluminar los debates y parodiar el presente de una manera muy precisa?.

C√≥mo perderlo todo no es ajena a los temas y al estilo que ha consolidado a Ricardo Silva Romero como uno de los autores m√°s le√≠dos del pa√≠s. Desde Sobre la tela de una ara√Īa hasta Historia oficial del amor, pasando por t√≠tulos como Todo va a estar bien o ensayos como Ficcionario, Silva Romero ha decantado una especie de cuerpo narrativo robusto, construido a base de una disciplina de trabajo propia de oficinista: ?Si algo ha cambiado fundamentalmente es que ya no me da verg√ľenza decir que soy escritor. Ya entiendo bien que cuando digo que soy 'escritor' no estoy diciendo que sea un buen escritor ni que sea un intelectual, como si la palabra misma fuera un aval y un t√≠tulo nobiliario impuesto por uno mismo, sino que simplemente me dedico al oficio de escribir.¬†

 

Noticia publicada por EL ESPECTADOR:   https://www.elespectador.com/noticias/noticias-de-cultura/las-novelas-son-el-territorio-de-la-ambiguedad-ricardo-silva-articulo-827985

 

 

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