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La escritora bogotana presentó Los Divinos, su nueva novela, inspirada en el crimen de Yuliana Samboní que estremeció a Colombia. Un relato apasionante sobre una sociedad que teme mirarse a sí misma.

Diciembre, 2016. Mientras las familias bogotanas se preparan para decorar sus casas y preparar buñuelos, un crimen espantoso sacude a Colombia hasta los cimientos.

Sorprende, en un país donde el lugar común es la indolencia, ver a una muchedumbre indignada lista para linchar al culpable, pero la atrocidad del crimen era tal que puso los pelos de punta a toda la población. Yuliana Samboní, una niña de apenas siete años, murió asesinada por un hombre de clase alta, Rafael Uribe Noguera, quien, en un estupor de drogas y alcohol, la secuestró, violó, asesinó y luego trató de esconder en el empotrado de su jacuzzi.

¿Cómo explicar algo tan espantoso? ¿Cómo seguir adelante? ¿Cómo lograr que no se nos olvide?

Quizá una forma sea la novela Los Divinos, de la escritora bogotana Laura Restrepo (1950), que explora, a través de la ficción, los hechos que rodearon el crimen más horrible que ha visto Colombia en los últimos años.

La novela narra la historia de un grupo de amigos, los Tutti Frutti (el 'Muñeco', el ?Hobbit?, el ?Duque?, ?Tarabeo? y el ?Píldora?), quienes mantienen un pacto de amistad desde su infancia en un colegio de clase alta de la capital, y que se enfrentan al crimen que uno de ellos, el ?Muñeco?, ha cometido contra una niña de bajos recursos. Bajo la mirada del ?Hobbit?, un miembro del grupo, se va desenredando una trama en la que se pone a prueba la amistad entre estos hombres, por supuesto, pero también el trato que desde estas esferas se da a la mujer, la relación con la ley (o el hecho de sentirse tan privilegiados hasta el punto que la ley no les toca), y, en general, la pregunta de si estamos realmente exentos de caer en el lado equivocado de la batalla entre el bien y el mal.

Diners conversó con la autora sobre la historia, las reflexiones que le produjo, y el reto que fue escribir de manera creíble a un grupo de muchachos de clase alta bogotana.

Usted ha dicho que es ?importante interpretar un episodio tan monstruoso como la muerte de Yuliana Samboní a través de la literatura de ficción?. También es una forma de recordarlo. Por ejemplo, si Gabriel García Márquez no hubiera escrito la masacre de las bananeras, ¿la recordaríamos de la misma forma?

Ese es un muy buen punto. Dicen que Alejandro Magno, a donde quiera que iba, llevaba a sus historiadores. Porque si las cosas no son contadas, es como si no hubieran sucedido, y él era consciente de su grandeza y de lo que estaba haciendo, pero también sabía que solamente a través de los historiadores iban a ser recordadas sus obras. Sí, es una manera de mantener alerta la conciencia y de mantener vivo un hecho que de alguna manera se hubiera borrado.

 

No tengo ni idea si este será o no el caso, pero de todas maneras el hecho mismo fue tan brutal, tan estremecedor, que queda grabado en la conciencia. Pero no sobra que quienes escribimos hagamos lo posible por dilucidar qué fue lo que sucedió para que eso no vuelva a suceder, además.

Si bien usted evitó la investigación periodística para hablar de ese Por Qué del crimen, sí hay una búsqueda de razones y una investigación social?

Más bien la investigación ha sido de toda una vida, porque la novela es sobre mi ciudad y sobre eso, digamos, una investigación que es vivida.

Sí necesité asesoría permanente de la generación que sigue. En primer lugar mi hijo y mis sobrinos, porque que el narrador habla en primera persona y es un varón que va llegando a los 40. Había todo un ejercicio de entender una psicología, de captar un mensaje. Tenía que saber cómo salirme de mi propio lenguaje y encontrar un lenguaje de otra generación. El lenguaje encierra toda una forma de vida.

Por ejemplo sus personajes hablan mucho en spanglish?

Creo que ese es uno de los ingredientes de nuestra cultura, aunque viene desde antes, pero también habla de nuestra manera de ser: de dónde sacamos los modelos.

Los Divinos, que lo son, son divinos en la medida en que se colocan por encima de la humanidad. Ellos son queridísimos, como repite varias veces el Hobbit irónicamente a lo largo de la novela, son carismáticos, son guapos, tienen todo lo que tienen que tener para ser amos del universo, y tienen esa característica: están levemente por encima.

Lo cual los lleva a desconocer o a menospreciar al resto de la humanidad. Y el modelo de personalidad y de vida que ellos llevan está marcado por un hedonismo a ultranza, una necesidad de darse gusto, de producirse a sí mismos satisfacciones, y de utilizar a los demás en la medida en que les brinda ese confort que ellos siempre están buscando.

Ese modelo tan individualista viene copiado de una cultura que se ha ido expandiendo en Norteamérica con efectos muy visibles, hasta en el poder. Hoy en día un personaje como Donald Trump es el narciso por excelencia, todas sus acciones parecen ser una forma de inflamar todavía más su ego.

Los personajes en la novela tienen un lema: ?Culto al trago, prepotencia con las hembras, alevosía con la mamá, desprecio por los débiles y relaciones mierdosas con la vida en general?.

Así sintetiza el ?Hobbit lo que él ve de su relación con sus amigos. Y si lo miramos como grupo social, como grupo humano, yo creo que apunta a una cultura no solamente de cierto sector colombiano sino de cierto modelo, hoy en día, universal, muy concomitante además con el tipo de economía que tenemos, con el consumismo, la competencia a ultranza por sobresalir.

Es que la competencia hace eso, hace que tengas que despreciar a los demás para poder valorarte a ti mismo. Tienes que aplastar a los otros. Recuerdo que Quino decía, o ponía a Mafalda a decir que para amasar una fortuna tienes que hacer harina a los demás. El narciso está siempre amasando su propia fortuna y su propio ego por cuenta de los demás.

¿Y quizá por eso produce tanto morbo su caída? En el caso real de Rafael Uribe Noguera la gente iba a pararse en la puerta de la clínica a gritar y a protestar, y a perseguir a su familia porque produce una especie de satisfacción morbosa ver esa caída?

Lo que pasa es que también por parte de los que están debajo hay mucha bronca, y con razón.

Es decir, ver cómo se pueden saltar las leyes como se les da la gana, hacen negocios como se les da la gana, cómo se meten el poder en la mano, compran elecciones, recurren a la fuerza cuando quieren vengarse? produce mucho malestar entre los que no pertenecen a ese grupo, aunque es posible que parte de esa población aspire a ser así. Tenemos un modelo ético, psicológico, pero al mismo tiempo produce bronca.Ver lo que había detrás de alguna manera es una revelación.

Ahora, para la propia gente que se acerca más socialmente o inclusive geográficamente en la distribución de la ciudad, también es estremecedor en la medida en que es revelador de cómo son ellos mismos, que es lo que le pasa al Hobbit.

Tuve la fortuna de que mucha gente joven me ha entrevistado en estos días a propósito del libro y ha sido muy interesante ver cómo han leído el libro. Un muchacho que trabaja por las redes me decía ?Mis amigos y yo nos parecemos mucho, y me desvelé anoche preguntándome cuál de nosotros será el Muñeco.?

Especialmente en ese uso del lenguaje
Exacto. Ese rasgo me parece importante. Entonces el lenguaje tenía que ser bogotano y de cierto estrato social. Esta es una ciudad profundamente compartimentada.

Ese tipo de compartimentalizaciones en la ciudad son muy marcadas, inclusive en el lenguaje. Alguien de un estrato dice una palabra que no encaja e inmediatamente es tenido como un ?outsider?, alguien de afuera, que no pertenece y que se está colando.

 

 La novela también trata de explicar el problema del mal, quizá eso es lo que más preocupa al narrador?

Desde el libro anterior, Pecado, yo ando con la sensación de que quizás los esquemas políticos se nos quedan cortos.

Observando en estos días la campaña electoral me refuerzo en esa idea, que la política tiene cierto espectro, pero el problema, diría que mundial, va mucho más allá y tiene que ver con asuntos del alma que no se miran en la política, y que los políticos son muy pudorosos a la hora de mencionar, como si hubiera una división tajante entre la vida pública y la vida personal de los ciudadanos.

Me parece que la ética tendría que ser un campo en el que anduviéramos y estudiáramos para poder entendernos a nosotros mismos.

Pensé: ?necesitamos una mirada mucho más íntima?. Eso también tiene que ver con la ficción. Los hechos no dan esa dimensión de intimidad, y ahí en esa dimensión ya no podemos hablar de clases sociales, de problemas políticos, de la estructura excluyente de la ciudad. Ahí tienes que hablar de lo que es bueno y lo que es malo, que es quizá una primera categoría instintiva que tienes adentro. Y al Hobbit le interesa, porque aunque él pertenece al grupo, es alguien que puede observar desde afuera y con visión crítica, él sabe que ellos vienen cultivando cierto tipo de conductas que no solo son aceptadas sino que son celebradas en el grupo, cierto tipo de maldosidades, como una delincuencia de pequeña escala, desde que son niños.

Está en la matonería, en el maltrato a las empleadas del servicio, en el abuso físico de las muchachas que, como él dice, ?nos enseñan a que no son respetables?, el mismo hecho de que las mujeres están divididas en dos categorías: las respetables, sus hermanas, las niñas que van a nuestras fiestas y estudian en colegios como el nuestro, y las que no son respetables, que son las que tocamos, manoseamos, y ni les preguntamos el nombre, y si lo dicen lo olvidamos. Entonces la pregunta del Hobbit es ?en qué momento esas pequeñas maldades desembocan en El mal?, que es ya ese crimen aterrador imposible de negar que comete el Muñeco con el crimen de la niña.

Hablemos de la dedicatoria del libro: ?Al día en que todos los hombres, a la par con las mujeres, se manifiesten en las calles contra el feminicidio?.

Coincide con que el narrador es un hombre y los protagonistas centrales son hombres.

La novela está centrada en personalidades masculinas porque me interesa ese diálogo con los hombres. Hoy en día afortunadamente hay una movilización mundial de toma de conciencia del maltrato a las mujeres, la violación, el feminicidio, y en menor medida, aunque ojalá creciente, del infanticidio también. Pero hasta tanto no sean los propios hombres quienen tomen conciencia del maltrato a la mujer, no se puede avanzar definitivamente.

Además hay muchos hombres buenos y es en complicidad con ellos, con los hombres que tienen conciencia de la igualdad de la mujer, que la respetan, que la admiran, que la quieren por lo que ella es, es con la complicidad de ellos como se podrá eliminar ese maltrato sistemático y tan asumido como si fuera natural a la mujer, ni siquiera hablando de los crímenes o las violaciones. Hablemos del pequeño maltrato de todos los días, que es el caldo de cultivo para los grandes males que también afloran.

 

Publicado por Revista Diners: https://revistadiners.com.co/ocio/55991_laura-restrepo-si-quieres-ver-a-un-monstruo-mirate-al-espejo/

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