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Cronista excepcional, entrevistadora, columnista y crítica cultural, María Moreno (Buenos Aires, 1947) se inició escribiendo notas de vida cotidiana en el diario La Opinión y trabajó en distintos medios antes de fundar, en 1983, el periódico feminista 'Alfonsina'. El paso a la ficción lo dio en 1992, cuando publicó ?El affair Skeffington?, novela que ?a partir del supuesto hallazgo de un manuscrito? simulaba recrear la biografía de una escritora inédita, nacida en Estados Unidos y que emigró a la ?rive gauche? del Sena en 1923.

 
 Pensaron que era un libro de poemas con un prólogo molesto?, recuerda. ?Y yo acepté un poco ese equívoco. Es un juego ?vanguardista?, que fue muy interesante en su momento, pero con el cual ya no me identifico?.

A ese texto siguieron ?El petiso orejudo? (1994), un libro de no ficci√≥n acerca de un asesino serial de ni√Īos que sembr√≥ el terror en 1912, y t√≠tulos como ?A tontas y a locas? (2001), ?El fin del sexo y otras mentiras? (2002) y el volumen de entrevistas ?Vidas de vivos? (2005).

Hasta ese instante, Mar√≠a Moreno era una autora de culto. La consagraci√≥n internacional vino con ?Black out?, elegido uno de los mejores libros de 2016 por cr√≠ticos de Espa√Īa, Am√©rica Latina y de ?The New York Times?. Cruce de novela, cr√≥nica, ensayo y autobiograf√≠a, Moreno narra en √©l distintos episodios de su vida, desde su ni√Īez en el populoso barrio del Once hasta sus experiencias con el alcohol en bares que frecuentaba junto con sus colegas m√°s bohemios.

Se dice que sus textos escapan a los géneros tradicionales, son híbridos y no respetan convención alguna...

No es nada deliberado. Siempre escribí dentro de la crónica y utilicé todos los elementos posibles: desde el ensayo hasta algunos elementos académicos; el testimonio, el retrato. Mezclo todos los géneros, pero no me gusta la palabra híbrido; yo diría que es un género caníbal, que puede admitir todo tipo de procedimientos narrativos.

Moreno recuerda que cuando empez√≥ en el periodismo segu√≠a el modelo de los periodistas-escritores que trabajaban en los proyectos de Jacobo Timerman en la Argentina de los a√Īos 70, quienes ya utilizaban todos los elementos de la literatura. ?Pero se llamaban notas, no cr√≥nicas?, precisa. El uso del t√©rmino se conecta con la valorizaci√≥n que hizo m√°s tarde la Academia. ?Primero le interesaban los g√©neros puros, pero a partir de un momento se empez√≥ a ocupar de esa plebeya que es la cr√≥nica. Eso influy√≥ en el nuevo valor que se le dio, que es un poco falso o ambiguo. Yo no creo que haya un ?boom? de la cr√≥nica. S√≠ hay un intento del mercado de vender ciertos productos con ese plus: esto no es periodismo com√ļn, es cr√≥nica?.

El tipo de cr√≥nica que hizo en los 80 ten√≠a una ret√≥rica barroca y alusiones acad√©micas algo cr√≠pticas. ¬ŅEran tretas para despistar a la dictadura?

Yo podr√≠a contarte una √©pica de eso, ¬Ņno? Como de un barroco deliberado para eludir la censura. Pero no. En todo caso, eso no suced√≠a por mi voluntad. Los espacios censurados, la informaci√≥n controlada permit√≠an que un mont√≥n de escritores de la misma generaci√≥n encontr√°ramos en la prensa un lugar donde hacer laboratorio literario. Pero es una interpretaci√≥n ?a posteriori?. Un efecto colateral. La censura no se ocupaba de eso. Primero, porque la cr√≥nica no est√° en la tapa de los peri√≥dicos y las revistas. La censura se ocupa siempre de la pol√≠tica y del realismo. No se iba a meter con estos objetos extra√Īos; los dejaba pasar, justamente porque no ve√≠a una subversi√≥n efectiva en ellos.

Igual, seg√ļn recuerda, cuando llevaban sus notas al censor encargado de revisarlas, el militar que las le√≠a comentaba: ?tienen algo?, como diciendo que le molestaban, pero no pod√≠a ubicar exactamente cu√°l era ese malestar. ?Supongo que ve√≠a en el exceso de palabras un goce peligroso?, dice. ?Siempre quedaban esos espacios de resistencia?.

Si se comparan sus crónicas de los 80 con las que escribió desde el 97, el lenguaje cambia: ya no es tan suntuoso y el estilo es mucho más directo...

Yo hac√≠a un periodismo culposo. Mi objetivo era la obra paralela: tener una novela, hacer narrativa. Solamente que en relaci√≥n con mis amigos yo no ten√≠a obra. Eso que imaginaba no exist√≠a. Entonces hac√≠a un periodismo donde met√≠a elementos de esa otra zona que no pod√≠a desarrollar en ese momento. Creo que asimil√© la marca lacaniana y barroca de la √©poca. Y ahora pienso que me liber√© de ella. La verdad es que en Buenos Aires, un 90 por ciento de la poblaci√≥n es psicoanalista. En los 60 y 70, mis lecturas eran afrancesadas y me parece que despu√©s hay un encuentro con lo nacional, ligado, por ejemplo, a marcas nuevas, como conocer personalmente a David Vi√Īas.

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Un buen n√ļmero de p√°ginas de ?Black out? reproduce una cr√≥nica del a√Īo 2000 titulada ?La pasarela del alcohol?. Todas son reflexiones y experiencias relacionadas con la bebida. Desde an√©cdotas de borrachos hasta hip√≥tesis acerca del potencial liberador de los bares. Mar√≠a Moreno escribi√≥ ?Black out? a partir de aquel texto, y gran parte de los materiales agregados son el desarrollo de las ideas contenidas en esa cr√≥nica o sus demostraciones. En t√©rminos simples, las 18 p√°ginas del texto original se encuentran disgregadas a trav√©s de las 400 que conforman la novela.

Ha escrito que no le tiene miedo al plagio ni menos al autoplagio, y que recicla muchos de sus textos...

Tengo un imaginario de Robin Hood ahí: me encanta entregarle a la empresa periodística variaciones de lo mismo. Es una especie de boicot o de robarle a un ladrón, por así decirlo. Plagio, me autoplagio y me dejo plagiar. No me parece un tema defender la propiedad de autoría. No soy latifundista de mi obra.

¬ŅPor qu√© eligi√≥ el seud√≥nimo de Mar√≠a Moreno teniendo un apellido como Forero, que la hace mucho m√°s distinguible?

Si bien mi fantasía era ser escritora fuera del periódico, en formato libro, después empecé a escribir unas notas de vida cotidiana que consideraba menores. La primera fue ?Fruterías nocturnas?. Entonces le hice una broma a mi exmarido: usé su apellido y mi nombre verdadero. Como suele pasar, el seudónimo genera efectos de estilo y de libertad, por lo cual cada vez fui más María Moreno y produje mucho más con ese nombre. Después ya quedó. Ahora es una consigna, ni siquiera es un nombre. Tuve otros seudónimos o, mejor dicho, heterónimos, con personalidades distintas: Rosita Falcón, que era una anciana jubilada, y un varón, machista paradójico, que se llamaba Juan González Carvallo.
 

Plagio, me autoplagio y me dejo plagiar. No me parece un tema defender la propiedad de autoría. No soy latifundista de mi obra

¬ŅRecibir el Premio Manuel Rojas la hizo pensar en los escritores chilenos que hab√≠a le√≠do?

Le√≠ ?Hijo de ladr√≥n? hace ya muchos a√Īos. La obra de un ?anti-establishment?. En mi juventud he le√≠do mucho, luego del sarampi√≥n nerudiano tradicional ?con versos de memoria y embobamientos rom√°nticos?, a escritores chilenos en los cuales advert√≠a la huella ?beat?, como Fernando Alegr√≠a y Antonio Sk√°rmeta. De hecho, mi ?on the road? lo hice por Chile.

¬ŅDe qu√© escritores chilenos se siente m√°s cerca? ¬ŅPedro Lemebel? ¬ŅDiamela Eltit? ¬ŅCynthia Rimsky? ¬ŅLina Meruane?

Diste en el clavo. Todos ellos, en cuanto tienen un trabajo de tajeado de la lengua y, al mismo tiempo, una suntuosidad que, creo, viene del modernismo que, en la Argentina, Borges convirti√≥ en un cierto tab√ļ como legado con su imperativo de econom√≠a y austeridad casi puritano. Agregar√≠a a Nelly Richard en cuanto a su teor√≠a cr√≠tica y un inter√©s com√ļn sobre feminismo y disidencia sexual en un cruce que jaquea el saber acad√©mico y privilegia la escritura como intervenci√≥n pol√≠tica.

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Actualmente, Mar√≠a Moreno da clases de cr√≥nica en la Universidad Nacional de las Artes y acompa√Īa proyectos individuales, para lo que se puso un nombre divertido: ?Partera de obra?. Es algo que le interesa cada vez m√°s.¬†?No diferencio como acci√≥n pol√≠tico-literaria la escritura de la edici√≥n ?afirma?. Mi proyecto es eyectarme como cronista para ser el soporte de textos no tanto de ficci√≥n como de los que producen los nuevos ?raros? de Dar√≠o: los disidentes sexuales, los artistas pol√≠ticos del presente, todo tr√°nsfuga literario?.

Los dos t√≠tulos m√°s recientes de Mar√≠a Moreno extreman rasgos de su escritura. ?Oraci√≥n? (2018) revuelve nuevamente los g√©neros textuales ?empezando por la literatura y el periodismo? al releer las cartas de Rodolfo Walsh a partir del enfrentamiento con el ej√©rcito en que muri√≥ su hija Vicki, en 1976. ?Panfleto? (2019), en tanto, compila sus art√≠culos de 40 a√Īos en torno a er√≥tica y feminismo.

Hoy trabaja en un libro sobre el suicidio, que por ahora se llama ?Leche negra del alba?, como el verso de Paul Celan. ?Tendré que volver a los clásicos de la filosofía, así que tengo bastante trabajo, ya que no cuento con una formación académica?, dice. ?Siguiendo a Jean Améry, estoy tratando de pensar el suicidio fuera del campo de la psicología y de la sociología como una decisión que es preciso desdramatizar. Quisiera relacionar la cuestión del aborto, la reasignación de género, la eutanasia y la muerte voluntaria como oposiciones al totalitarismo biológico. Es ambicioso, seguramente un tema que tiene que ver con mi vejez, con un futuro más corto que me hace interesarme por las diferentes formas de despedirse?.

Noticia publicada en EL TIEMPO:  https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/entrevista-a-la-escritora-argentina-maria-moreno-460480

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